Energía y seguridad (I): Gastos militares

Una economía mundial basada en las energías fósiles, dada la concentración de estos recursos en lugares y países muy específicos, plantea retos constantes para asegurar el suministro energético.

Energía y seguridad

Como ejemplo significativo de los retos que plantean las energías fósiles hay que destacar los ingentes gastos militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico para asegurar el suministro de petróleo y gas. Para el período 1976-2007 se han estimado en 6,8 billones de dólares USA (1) —billones españoles, es decir, millones de millones, equivalentes, aproximadamente, a cinco veces el PIB español—.

De paso, podemos notar que si a esto unimos las subvenciones que han recibido este tipo de energías, estimadas en 340.000 millones de dólares USA, en el mundo en conjunto, solo en el año 2007, la afirmación repetida hasta la saciedad de que las energías fósiles son baratas en relación a las renovables resulta cuando menos completamente carente de fundamento y muestra una total desinformación al respecto. Y ello sin tener en cuenta todas las externalidades negativas, que solo en polución la OMS ha calculado recientemente que ocasiona unos 7 millones de fallecimientos al año en el mundo.

La solución solar

En contraposición, y también por poner algún ejemplo muy relevante, un plan energético basado en energía solar que podría suministrar el 70 % de toda la electricidad consumida en USA y un porcentaje similar en Europa, se ha estimado que costaría alrededor de 0,4 billones de USD en subvenciones y otro tanto en inversiones, una ínfima fracción de todos los gastos militares señalados anteriormente. Por ofrecer más ejemplos significativos, en el período 1970-2008 la inversión pública en investigación nuclear en los países de la OCDE fue de 500.000 millones de euros —la mitad del PIB español aproximadamente—, mientras que en fotovoltaica no llegó a los 10.000, menos del 2 % de la inversión en nuclear.

Estos datos son prueba evidente de un fallo dramático en política energética a nivel internacional de alcance histórico, a pesar del reconocimiento hace ya más de treinta años por parte del presidente de EE.UU., Jimmy Carter (2), de las grandes ventajas que ofrece una opción energética solar. La historia posterior es bien conocida: la presidencia de R. Reagan se sometió incondicionalmente a los intereses de los grandes grupos petrolíferos y del capital financiero de Wall Street. Resultado hoy día, sin entrar en detalles, crisis energética mundial sin precedentes, e igualmente crisis económica en los países de la OCDE, los más avanzados del mundo, especialmente en Europa.

(1) R.Stern (2010) United States cost of military force projection in the Persian Gulf, 1976–2007 Energy Policy, 38, pp. 2816-2825.
(2) J. Carter (1979) Solar Energy: Message from the President of the United States. Transmitting Proposals for a National Solar Energy Strategy, H. Doc. 96-154.
 

Ignacio Mauleón

Apuntes para una reforma eléctrica

Medidas que se deberían tomar para reformar el sector eléctrico de acuerdo con el creciente clamor social.

Reforma eléctrica

Después de innumerables parches, entre los cuales la última reforma eléctrica es otro más, el equipo actual al frente de Industria solo ha conseguido aumentar la confusión y el conflicto. Baste con recordar el episodio de la subasta de final de diciembre que fue anulada por el ministro. Parece poco probable, por tanto, que este equipo consiga resolver el problema, y conviene ir diseñando una hoja de ruta de lo que podría ser una verdadera reforma. En todo caso, hay que coincidir con especialistas del sector en que no queda otra solución que eliminar toda la legislación existente y empezar de cero.

El estado de la situación

El diagnóstico del problema es bien conocido: dependencia exterior que ronda el 90 % incluyendo el combustible nuclear, falta total de competencia y libre mercado en todos los ámbitos, con un sector dominado casi totalmente por un oligopolio en manos de multinacionales extranjeras, y que obtiene unos beneficios fabulosos en promedio el doble que en Europa, imbricación muy estrecha de las compañías eléctricas con los poderes del estado, una electricidad cara, una supuesta deuda de la sociedad con las eléctricas denominada ‘déficit de tarifa’, y un recibo de la luz difícil de entender intencionadamente, que incluye diversos costes y pagos poco conocidos como la pagos por ‘respaldo’ que no se usan, el coste de las subvenciones a las centrales de gas que no funcionan, los pagos por interrumpibilidad que llevan 5 años sin necesitarse, y la única parte conocida y que se publicita sin cesar por el oligopolio: las primas a las renovables. Además, una sobreinversión desmedida en centrales de gas que no son necesarias, exclusivamente achacable a un mayúsculo error de gestión del oligopolio, unas centrales hidroeléctricas y nucleares totalmente amortizadas y que se calcula que obtienen rentabilidades de 2 o 3 por uno en el caso de las nucleares, y que pueden llegar hasta 20 por 1 en las hidráulicas, y una fotovoltaica que ya es rentable y solo necesita que no se la frene legalmente.

Algunas propuestas fundamentales

1. Eliminar nucleares e hidráulicas del sistema de subastas, y remunerarlas con la misma rentabilidad que se dice razonable, para las renovables, o sistema equivalente. Algo similar se hace, por ejemplo, en el Reino Unido. Esto permitiría un descenso inmediato del coste de la electricidad para el consumidor final, a la vez que reduciría muy considerablemente el riesgo de generación del déficit de tarifa, pues los costes de distribuidoras y comercializadoras caerían radicalmente. Los beneficios del oligopolio descenderían, sin duda, pero no supondría ningún peligro dado que en la actualidad su rentabilidad casi dobla la europea.

2. Cambio radical del entramado institucional de las grandes compañías eléctricas. Una posibilidad, amparada por el art. 128 de la Constitución, es la intervención directa, o incluso la nacionalización, conveniente y justamente compensada, naturalmente (no olvidemos que esta medida, por radical que parezca, se ha aplicado con cierta frecuencia en el sistema bancario). Sin embargo, esta solución extrema puede y debe intentar evitarse, para acercarnos a un sistema verdaderamente competitivo y de libre mercado que pueda introducir eficiencia a todos los niveles.

Por otra parte, no existe ninguna razón económica que justifique la existencia de economías de escala en los grandes conglomerados energéticos, y por ende la nacionalización: ¿qué tiene que ver una nuclear con una central de ciclo combinado, o con una hidráulica?, y ¿cuál es la relación entre estas dos últimas?; ¿por qué dos centrales hidraúlicas o de otro tipo son más eficientes que una?

La única razón por la cual existen los grandes conglomerados energéticos actuales es política, y concretamente deriva del interés en crear grupos empresariales favorables y devolver favores prestados. Gabriel Tortella ofrece una interesante exposición histórica de esta cuestión desde la guerra civil del siglo pasado, y también considera la nacionalización como opción; varios países europeos la adoptaron, o estaba en vigor a mediados del siglo pasado.

La solución sería por, tanto, reducir la concentración de la oferta actualmente en pocas manos, y hay medios legales suficientes para hacerlo. Lo mejor, desde luego, sería una solución pactada.

Y tampoco debe olvidarse la actual concentración vertical en el mercado de energía, en el que suministradores y oferentes coinciden, de hecho, a través de empresas solo aparentemente distintas. Esta divisón entre oferentes y demandantes debe ser real, y la situación actual radicalmente cambiada

3. Otro conjunto de medidas de carácter más institucional, pero igualmente necesarias.

En primer lugar acabar con el ‘déficit de tarifa’, algo a lo que la primera medida contribuiría decisivamente, una quita, pues es altamente discutible su legitimidad, y desde luego eliminar la legislación perversa que permite su aparición (esto requeriría una liberalización completa de la distribución y comercialización, claro está). La legalidad y justificación de dicho déficit está puesta además en cuestión por un nutrido grupo de expertos, todos ellos han ocupado cargos de responsabilidad en el sistema eléctrico.

Devolución del exceso de Costes de Transición a la Competencia, que fueron cobrados indebidamente y nadie reclamó. Asimismo, los denominados peajes se pueden y deben reducir, simplificándolos en primer lugar; los pagos por interrumpibilidad y respaldo solo deben incluirse si efectivamente esos servicios se utilizan; las subvenciones a las centrales de gas deben desaparecer; las primas a las renovables se deben acompasar a los incrementos de eficiencia del mercado, y de paso, los costes extrapeninsulares se pueden disminuir con facilidad permitiendo el desarrollo de energías renovables en las islas, mucho más baratas que el actual sistema basado en combustibles fósiles.

Finalmente, aunque no menos importante, la legalidad que se ha quebrado completamente para las renovables debe restablecerse de inmediato: esto es de justicia, además de que es imprescindible para ayudar a mejorar la maltrecha imagen internacional de la seguridad jurídica para las inversiones, y en general para cualquier tipo de emprendimiento económico.

Propuestas complementarias

Un segundo conjunto de medidas, no menos importantes, pero probablemente más conocidas, y que se incluyen aquí al objeto de ir avanzando colectivamente hacia un panorama global de la reforma necesaria son las siguientes:

1. Restablecer de inmediato la posibilidad de expansión de las renovables, y muy en particular el autoconsumo fotovoltaico, tanto para consumidores finales, incluyendo la edificación en general, y grandes instituciones públicas y privadas como hospitales, instituciones educativas, ayuntamientos y edificaciones del Estado, como para pequeñas y medianas empresas. Esto permitiría introducir, además, competencia en el mercado, ahorraría en inversión en redes eléctricas, etc.

2. Dentro del apoyo a las renovables, favorecer la minihidráulica y la biomasa. Especialmente esta última es una energía útil de respaldo a las renovables, además de que revitalizaría los sectores agrícola y forestal.

3. Favorecer la expansión de los vehículos híbridos y eléctricos a todos los niveles, pero alimentados con electricidad renovable, proveniente especialmente del autoconsumo.

4. Apoyar la regeneración energética de edificios, fundamentalmente eliminando trabas administrativas y acompasándonos a la legislación europea en esta materia.

5. Aumentar las interconexiones con países limítrofes, especialmente Francia y Portugal, que además de estar obligado de cara a la formación del mercado europeo de la electricidad, sería altamente beneficioso para la penetración de las renovables, y en un futuro próximo nos permitiría ser exportadores de energía solar. Y en este contexto, aumentar las conexiones también con el norte de África.

6. Permitir y favorecer que las centrales de ciclo combinado se desmonten y se instalen en otros países, siempre que devuelvan las subvenciones concedidas, claro está. Y por supuesto, nada de hibernación pagada por los consumidores, otra vez a través de los peajes

Un futuro próximo

Y seguro que hay más, pero estas medidas son un pequeño resumen a vuela pluma, de las que gran parte de la sociedad está ya demandando. Quizás las más novedosas sean la 1 y la 2; pero entrados en materia, hemos visto la oportunidad para sistematizar unas cuantas adicionales, unas más conocidas que otras, pero con matices importantes. El conjunto de medidas incluidas en el apartado 3 también son más o menos conocidas, aunque de nuevo algunas de ellas muy poco, debido a la confusión intencionada en el término peajes del sistema. Y como siempre, este pequeño esquema-aportación, se ha planteado pensando en un futuro próximo que debemos ir perfilando para dentro de no mucho tiempo, si nada se tuerce irremediable y poco probablemente.

Ignacio Mauleón

El gas: un respaldo ni necesario ni fiable

El gas no es una energía de respaldo necesaria y su dependencia puede tener unos costes políticos inaceptables. 

Gas

Una de las razones por las que el gas es imprescindible, según sus defensores, es precisamente porque es la garantía del respaldo a la intermitencia e inseguridad de las renovables. Este es un mantra repetido hasta el aburrimiento por el oligopolio energético, basándose en su fuerte control de los medios informativos.

Sin embargo, y afortunadamente para los consumidores y pequeños y medianos empresarios en general, es simplemente una falsedad. En este post la desmontaremos en dos pasos: primero, repasaremos la supuesta necesidad de respaldo de las renovables; y, segundo, analizaremos la supuesta capacidad de respaldo del gas.

El respaldo a las renovables no es imprescindible

Vayamos con el primer punto. El planteamiento más extremo suele hacer referencia a una hipotética confluencia de eventos en la que no hay sol ni viento, poca capacidad hidráulica debido a una prolongada sequía, fuerte demanda de electricidad, además de averías varias en centrales nucleares: aparentemente la respuesta es obvia, acudir a las centrales de gas, fácilmente adaptables a una respuesta rápida ante esta caída de la capacidad de oferta, se supone que imprevista. Sencillo y obvio ¿no?

Lo malo para sus defensores, y bueno para todos los demás, es que es una argumentación, por llamarla de alguna manera, radicalmente falsa.

Empecemos por el principio: desde que existen registros históricos mínimamente fiables, ¿se ha producido alguna situación de ese tipo en España? Parece bastante improbable, desde luego, y habría que empezar por demostrar fehacientemente que es una posibilidad real, aunque sea muy poco probable. Hasta la fecha, que se sepa, nadie lo ha hecho. A este respecto es oportuno señalar que según la Agencia Internacional de la Energía es suficiente una ratio de una unidad de respaldo por cinco de renovables: en España en este momento hay instalados aproximadamente 32 Gw renovables y 25 Gw de gas, mucho más que suficiente de acuerdo a este criterio, por consiguiente.

Pero incluso aunque se diera la fatal confluencia de eventos mencionada, hay múltiples opciones de respaldo a las renovables alternativas al gas, incluido el almacenamiento de energía. Una respuesta inmediata y evidente es el recurso a la biomasa, que se debería promocionar por múltiples razones, la gran hidráulica —nunca se ha registrado un año en el que estén completamente vacíos los grandes pantanos—, y la solar de concentración termoeléctrica. Por no repetirnos, remitimos al lector a posts anteriores en este mismo blog (Autoconsumo, la visión larga, La FV y la solar térmica, Conectando el sol, 100% renovables no es posible).

Y además, algunas otras no mencionadas previamente: las interconexiones con países colindantes que deberían incrementarse, en particular con Francia y Portugal, obligatorias además de cara a la formación del mercado eléctrico europeo. Y sin olvidar, por supuesto, al norte de África, especialmente Marruecos, país que está apostando fuertemente por la energía solar, y en el que es difícil creer que pueda haber un día sin sol en todo su territorio.

Y respecto al almacenamiento, el desarrollo e implantación de vehículos híbridos o eléctricos puede ofrecer también un respaldo inmediato. Más todavía, algunos autores afirman que la investigación en almacenamiento de la energía fotovoltaica está intencionadamente frenada, precisamente por las multinacionales cuyo negocio es la energía fósil. De hecho, periódicamente aparecen noticias en algunos medios no muy conocidos con propuestas verdaderamente intrigantes y sugerentes al respecto.

Por último, se puede adaptar la demanda, y precisamente se destinan a unas pocas empresas grandes consumidoras de electricidad unos pagos para que reduzcan su demanda en caso de necesidad, pagos o costes de interrumpibilidad que están incluidos, de nuevo, en la parte fija del recibo de la luz, los denominados peajes, y que curiosamente llevan al menos cinco años sin utilizarse.

El gas no ofrece un respaldo fiable

Y ahora otro punto poco discutido, que hasta los defensores de las renovables suelen aceptar algo ingenuamente: la capacidad de respaldo del gas, que se da por supuesta. Para comenzar, a muy corto plazo esa capacidad no existe, pues a diferencia de la hidráulica cuya respuesta ante variaciones de la demanda se da en escasos segundos, las centrales de gas necesitan unos minutos para variar su potencia, para lo que se requiere adicionalmente mantenerlas en funcionamiento aunque sea a baja potencia, pues de otro modo el tiempo de respuesta y su coste se amplia considerablemente. Así, el gas no puede ofrecer una respuesta a muy corto plazo, para lo cual es necesario buscar otra alternativa, generalmente la hidráulica, aunque también el almacenamiento por medio de aire comprimido, e incluso sistemas de discos de inercia.

Y consideremos un horizonte más largo, y en concreto, ¿cuál es la capacidad de almacenamiento del gas? La reciente experiencia del proyecto Cástor frente a las costas de Tarragona la pone seriamente en cuestión. No parece probable que el almacenamiento de reservas suficientes a un coste asumible pueda extenderse más allá de 30 o 40 días.

¿Y a partir de ahí?, pues es bastante claro que dependeríamos de que las compañías suministradoras continuaran haciéndolo: es decir, que simplemente esto nos hipoteca políticamente. En el norte de Europa la hipoteca es con Rusia, país que ya hemos visto repetidamente cómo emplea esta capacidad de control sobre países limítrofes que desean independizarse completamente, o unirse a Europa —un ejemplo reciente es Ucrania—. Y en España con Argelia en primer lugar —aproximadamente el 50% de nuestras importaciones de gas provienen de dicho país—, país potencialmente inestable políticamente: el 50 % de su población es menor de 30 años, y la paz social se sostiene con fuertes subsidios obtenidos de la venta de energía fósil y el sometimiento a una férrea dictadura; además, está fuertemente expuesto al terrorismo islamista, uno de cuyos principales objetivos parece ser precisamente España, de acuerdo a diversa documentación incautada en varias operaciones militares.

Otro 30% de las importaciones provienen de Catar, que probablemente es más estable políticamente, pero en el que se da la circunstancia de que a través de su fondo estatal de inversiones se ha convertido en el principal accionista de una de las empresas del oligopolio que apostó fuertemente por el gas en España. A título de anécdota, este país es precisamente uno de los principales inversores mundiales en renovables en este momento. Y por último, no está de más notar que en Nueva Inglaterra (USA), estado que obtiene un 50 % de su electricidad del gas, en una situación de emergencia el sistema eléctrico falló estrepitosamente .

Ni necesario ni fiable

En definitiva, el gas no es una energía de respaldo, ni necesaria –las renovables se bastan por sí mismas combinándolas adecuadamente–, ni que garantice nada, ni en el muy corto plazo –pocos segundos–, ni tampoco en el medio y largo plazo –a partir de 1, o como máximo 2 meses–. Y además, impone unos condicionamientos políticos que pueden ser inaceptables.

Ignacio Mauleón

No queremos plataformas petrolíferas en las costas de Ibiza y Formentera

El BOE del día 4 publica la autorización a una compañía petrolera escocesa, Cairn Energy, para realizar prospecciones entre el golfo de Valencia e Ibiza.

Cairn Energy

A mucha gente no le gusta que hagan prospecciones y coloquen plataformas petrolíferas a 20 km de las costas de Ibiza y Formentera, por eso vamos a intentar que esto no ocurra.

Toda la zona se ha movilizado para impedir que esto siga adelante por las desastrosas consecuencias medioambientales que puede tener en el área. En Ibiza, la ONG Mar Blava gestiona la recogida de firmas y alegaciones.

Se puede firmar on line. Es algo testimonial, pero poco efectivo. Las administraciones no hacen caso. Aun así, siempre es mejor que nada.

Lo más efectivo es presentar alegaciones por escrito, en papel y con registro de entrada. Las administraciones están obligadas a responder. Encontraréis la información de cómo hacerlo pinchando aquí. Hay que descargar e imprimir POR TRIPLICADO este escrito de una página, rellenarlo con los datos y firmarlo. Como hay que presentarlo por registro oficial, puede hacerlo cada uno de manera individual. Leed antes las instrucciones presentar estas alegaciones.
El plazo termina el día 10, así que quien quiera colaborar debería hacerlo de inmediato, para que dé tiempo a presentar todos los escritos.

Demasiado gas

La mala gestión del oligopolio eléctrico llevó a una sobreinversión en centrales de gas, un error que estamos pagando todos. 

Centrales de gas

Uno de los aspectos más notables de la actual crisis energética es el funcionamiento al 10 % de las centrales eléctricas de gas, de lo cual se quejan amargamente sus propietarias, las grandes eléctricas (‘Mucho gas para tan poca luz‘).

Solo esto debería estar ocasionando graves pérdidas a dichas compañías, de modo que la queja parece justificada. Aparentemente. Para analizarlo en detalle vayamos al origen.

A principios de este siglo y amparándose en el considerable crecimiento económico de España como resultado de la burbuja inmobiliaria, se consideró al gas natural como una opción energética conveniente: menos contaminante que el carbón, más barato, y cuyas centrales de generación eléctrica se constuyen en plazos cortos —de 6 a 12 meses— y sin grandes costes por comparación a otras centrales.

Si a esto se añade una financiación barata y abundante, y fuertes incentivos estatales que permitían recuperar hasta un 30 o 40 % de la inversión, la explosión inversora estaba servida, como así ocurrió efectivamente. Dicho sea de paso, las subvenciones están contabilizadas dentro del término de los costes fijos del recibo eléctrico, los denominados peajes, que pagamos todos los consumidores. En pleno estallido de la crisis y hasta muy recientemente –casi hasta 2011– se siguieron instalando centrales de ciclo combinado por un importe total de unos 15 mil millones de euros, y con una potencia de 27 gigawatios, que resulta en 0,55 euros por watio instalado. Conviene señalar que hoy día el precio de los paneles fotovoltaicos ronda esa cifra y que el combustible, el sol, es gratis, por comparación al gas que hay que pagarlo: en otras palabras, se mire como se mire, la fotovoltaica es hoy por hoy mucho más barata que el gas.

Persecución a las renovables

El estallido de una crisis que dura ya 5 años, y se prevé que dure varios más, ha reducido la demanda de electricidad, y con ella las operaciones del conjunto de estas centrales al 10 % aproximado de su potencia instalada, ante lo cual las empresas propietarias han reaccionando culpando a las renovables de ser el compendio de los males de todo el sistema energético, y consiguiendo que gobiernos de diversa índole las hayan sometido a una persecución inmisericorde.

Los supuestos argumentos son bien conocidos: las renovables necesitan el respaldo del gas, son muy caras, y en definitiva son un lujo innecesario (el problema del supuesto respaldo se analizará en detalle en un próximo post).

Sin entrar en una disección detallada del sistema energético español, estas afirmaciones acerca de las grandes pérdidas en las que están incurriendo a causa del gas chocan con los altísimos beneficios obtenidos por el oligopolio, que este año alcanzarán unos 12 mil millones de euros, a los que habría que añadir el supuesto préstamo que hacen a la sociedad de otros 5 mil millones, a través del denominado déficit de tarifa, que recoge unos costes nominales no retribuidos, y que según el oligopolio son reales. En total, unos 17 mil millones, aproximadamente un 1,7 % del PIB español que obtienen las multinacionales del oligopolio, cuatro de ellas extranjeras, y otra dominada por el emirato de Catar.

Pocas dudas caben hoy de que la crisis era previsible ya en 2008, como muchos economistas lo venían advirtiendo, pues el crecimiento exagerado de España se basaba en pilares poco firmes y con signos evidentes de no sostenibilidad: la burbuja inmobiliaria, que entre otras cosas generó el fuerte déficit externo con el consiguiente endeudamiento, fundamentalmente con bancos alemanes y franceses. Y dentro de esta burbuja se generaron otras, como es precisamente la extraordinaria sobreinversión en centrales de gas, burbuja que entre otras cosas nos obliga a invertir en almacenamientos subterráneos a precios disparatados e inseguros, y a participar en infraestructuras faraónicas, como el gasoducto del Magreb.

Un problema de mala gestión

El problema con el oligopolio eléctrico, por las razones antedichas, es simplemente de una mala gestión, que ahora quieren hacer pagar a los consumidores y pequeños y medianos empresarios.

Este oligopolio, de hecho, está estrechamente imbricado con el Estado –las puertas giratorias–, y su negocio está siempre basado en sustanciosas subvenciones más o menos encubiertas como en el caso del gas, y en ejercer su poder quasi monopolístico frente a un modelo de capitalismo eficiente y competitivo: la misma Comisión Nacional de los Mercados, aunque ha retirado la acusación de manipulación de la última subasta que fija el precio al consumidor para el trimestre próximo, ha sugerido que hubo movimientos extraños, y retiradas de capacidad ofrecida no justificadas. En román paladino: manipulación del mercado.

Y si todo falla, siempre está de nuevo el recurso a papá Estado para culpar a los demás –las renovables en particular–, y exigir compensaciones por lo que no son otra cosa que sus errores de gestión: pretenden, por ejemplo, hibernar sus centrales de gas, y que esos costes sean financiados, aumentando, de nuevo, el recibo de la luz a través de los peajes, ni más ni menos.

Este comportamiento es bien conocido en economía, de acuerdo al cual grandes empresas se arriesgan mas de lo debido, y si el riesgo se materializa negativamente, se recurre al apoyo del Estado, pues se trata de empresas demasiado grandes para caer –moral hazard; a la banca se le suele acusar de practicarlo–. Más aún, si aparecen competidores más eficientes en el mercado, se busca el apoyo del Estado para que directamente prohíba su actividad o la haga inviable, como es el caso del autoconsumo fotovoltaico.

El oligopolio eléctrico no es competitivo ni eficiente

El análisis presentado en este post es necesariamente incompleto, pero permite extraer algunas conclusiones inmediatas. La primera es que el oligopolio eléctrico ni funciona en régimen de libre competencia, pues está fuertemente apoyado por el Estado, ni tampoco es competitivo ni eficiente desde una perspectiva liberal-capitalista. La respuesta es que, además de otras medidas, hay que modificar este sistema, pues la liberalización a medias no ha funcionado, y la mejor solución en el plano institucional sería introducir competitividad troceando las grandes empresas.

No existe ninguna razón económica que justifique la supuesta eficiencia de los grandes conglomerados actualmente existentes, y en particular no están justificados por presuntas economías de escala –a mayor tamaño más eficiencia–: dos centrales nucleares no son más eficientes que una, y una más una central hidráulica tampoco son más eficientes que por separado. Y afortunadamente, pues si así fuera la única opción justificable económicamente sería directamente la nacionalización.

Pero lo que está fuera de toda duda es que el actual sistema de privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas es hoy, con la crisis que estamos padeciendo, más inaceptable que nunca.

La segunda conclusión es que los actuales gestores de las empresas del oligopolio han mostrado una manifiesta incapacidad de gestión en un entorno de capitalismo libre y competitivo, y sus accionistas deberían considerar seriamente sustituirlos. Esto sería positivo, tanto para ellos como para toda la sociedad.

Y finalmente, no se trata de mucho gas para tan poca luz, sino, simplemente, de demasiado gas y pocas renovables (las ventajas y necesidad de las renovables ya han sido analizadas en detalle en este mismo blog, y en numerosísimas publicaciones de otros autores).

Ignacio Mauleón

Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

La solución renovable es posible, pero los fuertes intereses continúan poniendo en peligro la economía, la seguridad y el futuro. Por eso existe Cástor o Fukushima.

Cambio climático y energias renovables

El reciente fiasco del proyecto de almacenamiento de gas en el depósito subterráneo Cástor, está revelando mucho más de lo que pudiera parecer. En primer lugar, que la apuesta de España comenzada por el PSOE y mantenida por el PP, por convertirse en un importador-consumidor-exportador de gas, tiene un fallo gravísimo que nunca se ha querido reconocer: el almacenamiento. Y si esto no es posible, ¿dónde queda la seguridad en el suministro?, ¿y el supuesto respaldo a la intermitencia de las renovables?, ¿qué ocurre si Argelia, país que nos suministra cerca del 50% del gas que importamos, estalla socialmente? Esta última posibilidad es más que real: dominados por un régimen militar dictatorial, presionados por el terrorismo islamista, uno de cuyos objetivos prioritarios reconocidos por ellos es precisamente España, y rodeados por países muy inestables (Libia, Egipto, Túnez… ).

Un segundo aspecto puesto de relieve es que almacenar gas a presión en antiguos pozos de petróleo, o minas abandonadas, en definitiva yacimientos bajo tierra, es enormemente inseguro, y puede provocar seísmos y hasta explosiones. Pero esto, a su vez, implica dos cosas más: 1) la técnica de ‘fracturación hidráulica’ o ‘fracking’, es enormemente arriesgada, pues precisamente se basa en inyectar agua a alta presión con componentes químicos nunca del todo aclarados, y que se sospecha que pueden incluir hasta residuos radioactivos, y, 2) todas las técnicas de recuperación y almacenamiento de carbono, que supuestamente nos permitirían seguir ‘quemando’ combustibles fósiles, aparte de sus enormes costes económicos, presentan un enorme riesgo inesperado que las pone definitivamente en cuestión.

Un panorama alarmante

Si a todo esto añadimos el desastre nuclear de Fukushima, cuya peligrosidad no hace sino aumentar varios años después, y el último informe del IPCC (organismo mundial para estudiar el cambio climático), en el que alertan de que las previsiones han empeorado sustancialmente respecto al análisis presentado hace unos años, el panorama energético empieza a ser alarmante por momentos. En resumen, no podemos apostar ni por el gas ni por la nuclear, y si seguimos quemando carbón y petróleo, la alternativa es aprovechar precisamente el cambio climático para explotar los recursos del Ártico accesibles con el deshielo, y quemar todavía más petróleo (la estrategia de Rusia). Es decir, directos a un panorama con suerte incierto, y muy probablemente catastrófico —el clima no negocia—.

¿Y qué decir de España que no se haya dicho ya? Quizá se pueda añadir que estamos persiguiendo y sustituyendo las renovables, especialmente la solar, y apostando por el gas, comprando por ejemplo el 30% de nuestro suministro a través de una multinacional hispano-catarí al emirato de Catar. ¿Y qué hacen los emiratos árabes con todos estos capitales? Estimado lector, probablemente ya lo has adivinado: invertir masivamente en renovables.

Y siguiendo con España y aunque se trate de una cuestión colateral, el Tribunal Supremo acaba de confirmar que el Estado debe mantener la indemnización de 1.700 millones de euros a le empresa que promueve Cástor si finalmente el proyecto se aparca, tal como estaba estipulado en el contrato firmado en su día. Detrás de esta empresa aparece el nombre de una poderosa constructora, y también un poderosísimo empresario español. Y, ciertamente, parece que la indemnización debería pagarse, pero esto no cuadra del todo con las decenas de miles de reclamaciones presentadas en diversos tribunales españoles por inversores nacionales e internacionales, todas sistemáticamente rechazadas, basándose en disquisiciones inverosímiles acerca del sencillísimo concepto de retroactividad, y literalmente inventándose una supuesta rentabilidad razonable, que está muy por debajo de la evaluación internacional del 10% después de impuestos y de inflación (véanse, por ejemplo, los informes sobre costes renovables de IRENA, los del World Energy Council, o los del Fraunhofer Institute).

Sí hay salida

Finalmente, lo más dramático de esta situación es que hay salida, como se ha puesto de manifiesto en numerosos informes desde hace ya dos o tres años: la solución renovable. Y ya a estas alturas todos, los que estamos a favor y los que se oponen, sabemos por qué no se sigue en algunos países esa vía. Pero, admitámoslo, los grandes cambios económicos y sociales en la historia de la humanidad siempre se han producido con fuertes convulsiones, que desgraciadamente muchas veces han traído consecuencias dramáticas. Esperemos que en esta ocasión surjan líderes capaces de superar el cortoplacismo y facilitar una transición lo más ordenada y pacífica posible.

Ignacio Mauleón

Vehículos eléctricos: el principio del fin del petróleo

Mientras que el petróleo no tiene futuro, los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. 

volpe

“No entiendo por qué la gente se asusta de las nuevas ideas. A mí me asustan las viejas”, John Cage, músico y artista del siglo XX. Esta reveladora frase puede servir para explicar cómo está actualmente el sector del vehículo eléctrico en estos momentos en España, y quizás también en Europa. El vehículo de motor convencional lleva tanto tiempo apegado a nuestro imaginario personal que al ciudadano de a pie aún le cuesta ver las evidentes ventajas del eléctrico. Es algo tan obvio que no nos lo acabamos de creer. Las pocas informaciones que aparecen en los medios de comunicación sobre vehículos eléctricos no ayudan. Que aún no están muy desarrollados, que tienen poca autonomía, que todavía son muy caros… Estos argumentos son peligrosos porque se están convirtiendo en tópicos, pero son fácilmente rebatibles.

El petróleo no tiene futuro

Las grandes firmas llevan años y años desarrollando modelos eléctricos porque saben que el petróleo no tiene futuro y que las Administraciones van a ser cada vez más duras con el tema de la emisión de gases. El vehículo híbrido puede que sea una transición hacia el eléctrico pero no es la solución, la evidencia acabará imponiéndose.

Lo de la autonomía es un argumento un tanto maniqueo. Un vehículo eléctrico tiene menos autonomía que uno de gasolina, cierto. Pero pensemos en los desplazamientos que realizamos la mayoría de nosotros a diario en nuestros vehículos: para ir a trabajar, para ir a comprar… ¿Cuántos kilómetros hacemos al día? ¿Realmente es tan importante la autonomía de un vehículo? Además la investigación e innovación en baterías y sistemas de recarga avanzan a un ritmo parecido al de las nuevas tecnologías.

En cuanto al precio, hay que decir que las diferencias de los vehículos eléctricos respecto a los de gasolina no son desorbitadas, y que está demostrado que el mantenimiento de un vehículo eléctrico es hasta tres veces más barato que el de un híbrido. Si lo comparamos con uno de gasolina, el ahorro es más que evidente. Un vehículo eléctrico apenas incorpora elementos mecánicos, lo que le hace prescindir de revisiones rutinarias de cambio de aceite, filtros, etc.

Crecimiento exponencial en ventas

Las ventas de vehículos 100% eléctricos aumentan cada año. Es cierto que nos movemos en cifras muy reducidas aún, sobre todo en coches. Pero el aumento es siempre exponencial. En 2012 se vendieron en España 22 coches eléctricos y solo en el mes de septiembre de este año ya se llevan vendidas 44 unidades. En motos eléctricas también estamos hablando de aumentos superiores al 100% en ventas respecto al año pasado. Pero todavía no vemos una “invasión” de vehículos eléctricos en nuestras ciudades. ¿Por qué? La mayoría diría que aún es pronto, que se trata de un mercado joven o que es difícil arrancar el sector a causa de la crisis. Pero lo cierto es que ya tardamos y que se trata precisamente de un sector por el que apostar e invertir, porque si algo tienen los vehículos eléctricos es futuro. Y ahora es el momento.

Muchos expertos del sector coinciden en que la irrupción definitiva de los vehículos eléctricos en el mercado particular ha de pasar irremediablemente por tres fases. En la primera fase las administraciones públicas deben apostar claramente por el vehículo eléctrico en sus flotas municipales. Esto ya está pasando. Todavía está por ver si se trata de una apuesta clara o un simple gesto ecologista para ser los más modernos. Pero, por ejemplo, en Barcelona más de la mitad de los vehículos de la flota municipal ya son 100% eléctricos, y hace poco la empresa municipal de transportes (TMB) anunció que disponía de un autobús eléctrico en fase de pruebas para incorporarlo a la linea comercial.

Una segunda fase pasa por que las grandes compañías incorporen vehículos eléctricos en sus flotas. Esto también está pasando aunque en menor medida que en las administraciones. Seur ya cuenta con un servicio de motos eléctricas en Madrid para el reparto de paquetería de menor tamaño.

Y la tercera fase antes de normalizar el vehículo eléctrico entre los particulares pasa por que las pequeñas y medianas empresas incorporen los vehículos eléctricos para sus desplazamientos. Algunas empresas han tenido visión de futuro y ya lo están haciendo.

Todos lo queremos

Según la empresa de estudios de mercado GfK, el 46% de los conductores españoles optaría por un coche eléctrcio en su próxima adquisición. En definitiva, se trata de dejarse llevar por la evidencia y dar el paso hacia el cambio. Más de 100 años apegados al petróleo son muchos y seguro que no va a ser rápido, los vehículos de gasolina no van a desaparecer mañana, pero los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. Así que cuanto antes nos quitemos la venda de los ojos, mejor para todos.

Vehículos eléctricos