El ‘fracking’: ni seguro ni barato

El fracking es una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos, que puede generar graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Fracking

Aunque personalmente creo que casi todo está dicho, de nuevo el fracking parece resurgir en el debate energético. En un reciente post, un articulista favorable en general a las renovables apoya esta técnica, y menciona explícitamente un comentario que hice a su entrada. Por eso vuelvo sobre ello, aunque ya se ha comentado extensamente en posts anteriores de este blog.

Probablemente la manera correcta de abordar la discusión sobre el fracking es empezar por el principio, es decir, un planteamiento general del problema. Y este es, sencillamente, que esta técnica no es más que la última apuesta de una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos por definición. Y que además pueden generar –y han generado como es bien sabido–, graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Pero vayamos a algunos detalles para concluir con un argumento que considero incuestionable: la eficacia económica.

Empecemos por los riesgos

La discusión parece ser inacabable, pero los riesgos son precisamente eso, riesgos, y por tanto desconocidos y no previsibles por definición. Quienes los minimizan suelen argumentar que «si se practica con las debidas precauciones…», etc. Lo mismo se dice de la nuclear y ya hemos visto históricamente qué ha ocurrido. Y al hablar de riesgos nos referimos como mínimo a contaminación ambiental, terremotos, y daños a la salud.

Sigamos con aspectos económicos

Se argumenta que el fracking «es competitivo». No sé muy bien a qué se refieren, porque como expongo enseguida hay opciones mucho más eficientes. También se argumenta que puesto que el gas se encontraría dentro del país nos liberaría de la dependencia extranjera. No se puede evitar sonreír ante semejante argumento: el fracking lo van a implementar, en su caso, empresas petrolíferas, que son las que disponen de la tecnología, y o bien son directamente extranjeras –norteamericanas y canadienses en particular–, o están en manos de extranjeros: resultado, las ganancias irán al exterior, de modo que nuestra balanza de pagos se resentirá igualmente que si comprásemos el gas fuera.

Y por último, que el fracking crea empleo. Pero ¿qué clase de empleo? Para aplicar esta técnica se requiere personal muy especializado que no existe en España, de modo que habría que buscarlo en el exterior. El empleo que podría crear sería similar a parte de lo que crea el turismo: camareros, limpiadoras, etc., nada especialmente estable.

Pero, admitamos for the sake of the argument, si se me permite la pedantería, o por hacer de abogado del diablo:

  1. que el deterioro del clima es una invención perversa de ecologistas con oscuras intenciones
  2. que los riesgos del fracking no existen o no están claros, y en todo caso que se pueden controlar
  3. que efectivamente hay mucho gas de esquistos en España.

No cabe duda de que las tres condiciones, por separado, y mucho más en conjunto, es difícilmente creíble que se den. Pero sigamos.

Apostemos por la fotovoltaica

El talón de Aquiles de toda esta argumentación, para los escépticos, es que hoy día hay ya energías renovables mucho más baratas: la fotovoltaica sin ir más lejos, y cada vez lo es más, y además nos da independencia energética, crea empleo muy cualificado, y permitiría a los autoproductores dedicar sus ahorros a otros usos. El binomio despliegue-reducción de costes, es un círculo virtuoso que está dando un resultado espectacular: hoy, ya, 1/2 € el w no es raro, y la caída sigue; por eso tampoco es correcto anteponer la i+D+i al despliegue, estando comprobado además que va paralela al despliegue, y que se desarrolla por las propias empresas. Y lo mismo con la investigación sobre eficiencia.

Para comprobar lo anterior propongo una alternativa: que supriman los pagos por capacidad de las centrales de gas, que devuelvan las enormes subvenciones a las CCC –30 o 40 % en algunos casos de los costes de construcción–, y que asuman con pólizas de seguro privadas a precios de mercado por tanto todos los riesgos que puedan generarse —no como las nucleares que sólo pagan una parte—. Y paralelamente, que se permita el autoconsumo FV con una legislación razonable sobre balance neto, y en particular, que se elimine la persecución gubernamental y las multas. Y por supuesto que se concedan todos los permisos que se soliciten para construir megaparques FV, lo mismo que se conceden permisos de exploración para búsqueda de gas.

Esto pondría ambas técnicas en condiciones de igualdad de oportunidades por así decirlo, es decir, libre mercado. Lo demás es el abuso habitual de los grandes monopolios energéticos, que ni siquiera son nacionales tampoco, pues están todos de una manera u otra en manos extranjeras.

Por último, hay otros argumentos más sutiles, como que se reducen las emisiones de CO2: si se sustituye por carbón desde luego, pero no es el caso en España, pues el carbón no es muy relevante, aunque sí en USA.

¿‘Fracking’ o renovables?

Pero si la opción es invertir en fracking o en renovables, está claro que las renovables son mejores, pues no emiten nada ¿o tampoco así se admite la superioridad renovable?

Y decir que es una energía de transición… Es cierto que esto lo defienden algunos grupos ecologistas como energía de acompañamiento hacia un mundo 100 % renovable. Pero eso podría aplicarse al gas importado que ya está disponible directamente, y no a un hipotético gas que como pronto empezaría a estar disponible dentro de 3 o más años, con suerte.

Por último, que sea una energía de acompañamiento y transición, y aunque entraña riesgos evidentes, podría admitirse siempre que que, 1) no suponga desviar recursos de ninguna inversión renovable, y, 2) que ayude a reducir emisiones de CO2.

Ignacio Mauleón

Acordarse de Santa Bárbara cuando truena

Las alarmas se disparan siempre ante la inestabilidad política en los países suministradores de petróleo y gas, pero solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena…

Gas o energías renovables

La escalada de tensión en Iraq, con la consiguiente inestabilidad del mercado del petróleo y aumento inmediato en su precio, otra vez ha disparado todas las alarmas. Si a esto le añadimos la crisis de Ucrania con su amenaza sobre el gas ruso suministrado a Europa, la alarma es todavía mayor. Y aunque algún país como EEUU haya conseguido independizarse relativamente del petróleo del Medio Oriente substituyéndolo por petróleo mejicano y canadiense, no es esta la situación de Europa, fuertemente dependiente de Oriente Medio.

Intereses que ocultan la solución

Ante esto los ojos se vuelven inevitablemente, una vez más, hacia las renovables. Pero de nuevo topamos con los intereses de los grandes grupos energéticos basados en las energías fósiles y nucleares, y en la explotación de mercados cautivos defendidos a ultranza con presiones políticas de todo tipo. Y nos encontramos, una vez más, con la monserga mediática habitual en contra de las renovables: que si son caras, que si suben el precio de la electricidad, que si generan energía inestable, etc.

Un añadido reciente a esta reatahíla es que la pérdida de competitividad europea se debe a la apuesta por las renovables para combatir el cambio climático. Curioso, pues esa supuesta pérdida, en todo caso se basa en la fortaleza del euro, que tampoco ha impedido que las exportaciones alemanas sigan aumentando notablemente, e incluso las españolas.

Los beneficios de las eléctricas, intocables

Pero esta vez la joya la ha puesto J. M. Soria, a la sazón ministro de Industria. En un reciente artículo en El País —edición papel y para suscriptores—, afirmaba que la lucha contra el cambio climático no es sostenible si económicamente no es viable. Pero resulta que las renovables, el instrumento clave en esta batalla, son ya enormemente rentables a corto plazo, incluso excluyendo sus ventajas sobre el cambio climático. Por repetir argumentos archiconocidos: generan empleo directo e indirecto y de alta calidad, reducen el déficit exterior, aumentan la independencia energética, disminuyen la incertidumbre de los precios de la energía fósil, rebajan el precio de la electricidad y un largo etcétera. Pero, ¡ay!, tienen un problema insoluble: atacan la base de los inmensos beneficios de las compañías energéticas tradicionales: ¿por qué sino un decreto sobre el autoconsumo, al que no solo priva de derechos elementales de participación en la red de distribución, sino que lo criminaliza con amenazas de multas millonarias?

Y por último, ¿es que algún economista serio puede discutir el enorme coste puramente económico que está teniendo ya el cambio climático, en forma de variabilidad del tiempo y acontecimientos meteorológicos extremos —inundaciones, sequías pertinaces, ciclones, etc.—, con las consiguientes pérdidas humanas, de cosechas, destrucción de infraestructuras, cortes en el suministro de la electricidad, etc.?

Ignacio Mauleón

Hibridízate (I)

Puede que las campañas a favor de los vehículos híbridos y eléctricos tengan trampas ocultas. ¿Conviene ser cautos antes de comprar un coche que funcione con electricidad?

Coches eléctricos y coches híbridos

Hace algún tiempo que los fabricantes de vehículos están llevando adelante una campaña para favorecer la introducción de la electricidad en general como fuente de energía para el transporte, y especialmente para automóviles individuales (vehículos híbridos y eléctricos). Algunas empresas eléctricas se han sumado a la iniciativa, e incluso han desarrollado acuerdos con fabricantes de vehículos. Y aunque, en principio, desde el punto de vista medioambiental y energético resulta una apuesta muy razonable, hay, o puede haber, trampas ocultas que se intentarán analizar en este post.

La cuestión se puede abordar desde dos puntos de vista más o menos diferenciados: el del consumidor y el del planificador energético. Este primer post se dedica al punto de vista del consumidor individual, y el del planificador energético se analizara en un post próximo.

Punto de vista del consumidor

Desde el punto de vista del consumidor individual, en principio la decisión depende del coste, y aquí hay que considerar tanto el desembolso inicial como los gastos posteriores, principalmente en combustible y mantenimiento, y el kilometraje esperable. Y además, en el caso de estos vehículos, está claro que su utilidad depende mucho de otros factores, como son la facilidad de repostaje, autonomía, etc.

Respecto al desembolso inicial, hoy por hoy en general es alto, aunque suele haber ayudas públicas y también de los concesionarios. De todas formas y en el caso español, para que sean fiables las ayudas públicas deben estar dirigidas a la adquisición del vehículo, dada la enorme inseguridad jurídica al respecto que se ha visto recientemente en el sector energético.

En cuanto al combustible, actualmente y más en España, es arriesgado hacer proyecciones sobre el precio futuro de la electricidad, entre otras cosas porque está muy condicionado por decisiones políticas. Tampoco es fácil predecir el precio de los combustibles tradicionales derivados del petróleo, gasolina y diésel, dado que aunque los factores de los que depende son bien conocidos, la situación mundial es de gran complejidad y no es este el lugar para analizarlos, pues requiere un extenso estudio.

Los aspectos relevantes en cuanto a autonomía y repostaje son mejor conocidos: en general son más utilizables los híbridos, y lo serían mucho más si se permitiera el autoconsumo eléctrico de origen renovable. Y por último, también hay que tener en cuenta que la investigación en este campo es muy activa, de modo que los modelos de vehículos concretos disponibles hoy pueden quedar obsoletos muy rápidamente.

Las campañas de publicidad, desde este punto de vista, no son más que otra estrategia comercial para persuadirnos de las ventajas de estos modelos, y al poco tiempo hacerlo igualmente con las de próximos modelos que seguro que aparecerán en el mercado. No olvidemos que algo de esto es lo que ha pasado con los diésel, y muy especialmente en España, donde se han introducido muy rápidamente, justo para convencernos ahora de que emiten gases muy contaminantes —lo que solo es cierto para los modelos antiguos—, y que es mejor cambiar a híbridos o eléctricos.

Esperar y ver

En conjunto, por tanto, la situación es de considerable incertidumbre. Pasos fundamentales que clarificarían la situación es que se permita el autoconsumo eléctrico con energía renovable, que permita las recargas de baterías a domicilio. Además, un marco creíble de medidas de apoyo público es también casi imprescindible para compensar los altos precios. Y la elección en todo caso debería centrarse en vehículos de pequeño tamaño para trayectos cortos, de modo que no se tenga que depender del repostaje, y sin descartar otras opciones, complementarias o alternativas como bicis, eléctricas o no, y motos híbridas. Y aunque es claro que el futuro va en esa dirección, de no ser que se le vaya a dar un uso intensivo que asegure su rentabilidad en relación a otras opciones muy rápidamente, digamos uno o dos años, lo más aconsejable probablemente es esperar y ver.

Ignacio Mauleón

Energía y seguridad (II): Ucrania y la solución renovable

Gran parte del suministro europeo de gas procede de Rusia a través de Ucrania. La crisis venía anunciándose desde hace tiempo.

Gas Ucrania

La crisis de Ucrania

Con el trasfondo de los enormes costes militares expuestos en el post anterior ha terminado de ‘estallar’ la crisis de Ucrania con todas sus implicaciones energéticas para Europa, dado que gran parte del suministro de gas procede de Rusia a través de ese país —una crisis que venía gestándose hace tiempo, y que en gran medida estaba anunciada, o por lo menos el grave riesgo de que ocurriera—. Ante esto, la necesidad de una política energética europea conjunta se ha planteado más claramente que nunca, y se barajan tres opciones fundamentales.

La primera, como es ya habitual, basada en el gas no convencional o de esquistos —shale gas—, obtenido a través de la tecnología del fracking. Tendría la ventaja de que al ser el gas obtenido autóctono la dependencia exterior se reduciría drásticamente —Europa depende en más de un 50 % de energía importada—. Ya es de sobra conocido que esta técnica presenta riesgos graves, no es barata, y tampoco se sabe cuántas reservas existen en Europa. Además, la tecnología de perforación requerida la poseen las compañías petrolíferas tradicionales norteamericanas, lo que implica que Europa pasaría a depender de ellas, al menos tecnológicamente. Tampoco es una solución rápida, y llevaría al menos 4 o 5 años empezar a disponer de este gas en volúmenes significativos.

La segunda, especialmente importante para España, es importar gas natural del norte de África y otros países, y muy notablemente de Argelia —España importa en la actualidad aproximadamente el 50 % del gas de dicho país—. Como ya se puede suponer, esta es la opción preferida y defendida a ultranza por el olipolio energético español, y todo su entorno mediático.

Esta opción ‘pasa’ por España, y tendría sin duda ciertas ventajas comerciales, dado que se podrían emplear las instalaciones ya existentes para generar electricidad, almacenar gas, etc. Pero en todo caso sería un puro beneficio de intermediación, ya que España vendería electricidad generada con combustibles importados. Además, requeriría la inversión en conexiones eléctricas con Francia, algo que de nuevo llevaría cierto tiempo, de modo que esta solución tampoco sería inmediata.

Desde luego, las interconexiones eléctricas con el resto de Europa son convenientes para España, y necesarias en cualquier caso para establecer un mercado eléctrico europeo. Pero dado el escaso interés mostrado por Francia en el pasado, este sería otro obstáculo a superar. Se ha llegado a sugerir algo tan disparatado como que España debería apoyar a Francia en sus pretensiones de, por ejemplo, importar energía solar de Marruecos para allanar el camino diplomático. Por último, el gas es una energía insegura políticamente, cara, e innecesaria como energía de respaldo.

La tercera opción, obvia y defendida por una base social afortunadamente cada vez más amplia, es la renovable. Se trataría de apoyar y expandir todo lo posible las energías renovables autóctonas, eólica y solar especialmente, y sobre todo esta última, dado que está muy infra desarrollada y es claro que España posee una gran ventaja comparativa en este sentido con el resto de Europa: basta observar superficialmente un mapa de radiación solar europeo para comprobar que las zonas más soleadas en toda Europa son el sur de España y Portugal. Sus ventajas son también bien conocidas, y han sido expuestas y desarrolladas en varios posts anteriores -creación de empleo, reducción del déficit exterior y de la dependencia política externa, desarrollo de una economía más democrática y competitiva, ventajas medio ambientales, etc.

La inconsistencia de las críticas a la energía solar

Frente a sus posibles críticas, su intermetiencia y alto coste, repetidas machaconamente hasta el aburrimiento por todos los medios propagandísticos del oligopolio, baste señalar que el autoconsumo y la generación distribuida, además de la experiencia ya acumulada, muestran que la intermitencia no es un problema.

Y finalmente, respecto al coste, la fotovoltaica es ya competitiva para el sector residencial y pequeñas y medianas empresas: esta es precisamente la razón de las trabas insalvables que ha puesto la normativa contra el autoconsumo para proteger los intereses del oligopolio. Más aún, se calcula que este año se instalen en el mundo alrededor de 46 Gw, equivalentes a 15-16 nucleares de tamaño medio (1GW), con lo que la suma global instalada rondará los 180 Gw —casi el doble de la potencia eléctrica total española—. De continuar esta tendencia, y teniendo en cuenta las altas tasas de aprendizaje de esta tecnología cercanas al 22 %, podemos suponer que si al finalizar 2013 el coste estaba en el rango de 9-7 € por watio, al finalizar 2015 el watio puede rondar los 7-5 €. Será interesante ver cómo intenta parar el oligopolio el autoconsumo en esas condiciones, pero es poco probable que lo consiga incluso con apoyo legal.

Ignacio Mauleón

Energía y seguridad (I): Gastos militares

Una economía mundial basada en las energías fósiles, dada la concentración de estos recursos en lugares y países muy específicos, plantea retos constantes para asegurar el suministro energético.

Energía y seguridad

Como ejemplo significativo de los retos que plantean las energías fósiles hay que destacar los ingentes gastos militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico para asegurar el suministro de petróleo y gas. Para el período 1976-2007 se han estimado en 6,8 billones de dólares USA (1) —billones españoles, es decir, millones de millones, equivalentes, aproximadamente, a cinco veces el PIB español—.

De paso, podemos notar que si a esto unimos las subvenciones que han recibido este tipo de energías, estimadas en 340.000 millones de dólares USA, en el mundo en conjunto, solo en el año 2007, la afirmación repetida hasta la saciedad de que las energías fósiles son baratas en relación a las renovables resulta cuando menos completamente carente de fundamento y muestra una total desinformación al respecto. Y ello sin tener en cuenta todas las externalidades negativas, que solo en polución la OMS ha calculado recientemente que ocasiona unos 7 millones de fallecimientos al año en el mundo.

La solución solar

En contraposición, y también por poner algún ejemplo muy relevante, un plan energético basado en energía solar que podría suministrar el 70 % de toda la electricidad consumida en USA y un porcentaje similar en Europa, se ha estimado que costaría alrededor de 0,4 billones de USD en subvenciones y otro tanto en inversiones, una ínfima fracción de todos los gastos militares señalados anteriormente. Por ofrecer más ejemplos significativos, en el período 1970-2008 la inversión pública en investigación nuclear en los países de la OCDE fue de 500.000 millones de euros —la mitad del PIB español aproximadamente—, mientras que en fotovoltaica no llegó a los 10.000, menos del 2 % de la inversión en nuclear.

Estos datos son prueba evidente de un fallo dramático en política energética a nivel internacional de alcance histórico, a pesar del reconocimiento hace ya más de treinta años por parte del presidente de EE.UU., Jimmy Carter (2), de las grandes ventajas que ofrece una opción energética solar. La historia posterior es bien conocida: la presidencia de R. Reagan se sometió incondicionalmente a los intereses de los grandes grupos petrolíferos y del capital financiero de Wall Street. Resultado hoy día, sin entrar en detalles, crisis energética mundial sin precedentes, e igualmente crisis económica en los países de la OCDE, los más avanzados del mundo, especialmente en Europa.

(1) R.Stern (2010) United States cost of military force projection in the Persian Gulf, 1976–2007 Energy Policy, 38, pp. 2816-2825.
(2) J. Carter (1979) Solar Energy: Message from the President of the United States. Transmitting Proposals for a National Solar Energy Strategy, H. Doc. 96-154.
 

Ignacio Mauleón

Apuntes para una reforma eléctrica

Medidas que se deberían tomar para reformar el sector eléctrico de acuerdo con el creciente clamor social.

Reforma eléctrica

Después de innumerables parches, entre los cuales la última reforma eléctrica es otro más, el equipo actual al frente de Industria solo ha conseguido aumentar la confusión y el conflicto. Baste con recordar el episodio de la subasta de final de diciembre que fue anulada por el ministro. Parece poco probable, por tanto, que este equipo consiga resolver el problema, y conviene ir diseñando una hoja de ruta de lo que podría ser una verdadera reforma. En todo caso, hay que coincidir con especialistas del sector en que no queda otra solución que eliminar toda la legislación existente y empezar de cero.

El estado de la situación

El diagnóstico del problema es bien conocido: dependencia exterior que ronda el 90 % incluyendo el combustible nuclear, falta total de competencia y libre mercado en todos los ámbitos, con un sector dominado casi totalmente por un oligopolio en manos de multinacionales extranjeras, y que obtiene unos beneficios fabulosos en promedio el doble que en Europa, imbricación muy estrecha de las compañías eléctricas con los poderes del estado, una electricidad cara, una supuesta deuda de la sociedad con las eléctricas denominada ‘déficit de tarifa’, y un recibo de la luz difícil de entender intencionadamente, que incluye diversos costes y pagos poco conocidos como la pagos por ‘respaldo’ que no se usan, el coste de las subvenciones a las centrales de gas que no funcionan, los pagos por interrumpibilidad que llevan 5 años sin necesitarse, y la única parte conocida y que se publicita sin cesar por el oligopolio: las primas a las renovables. Además, una sobreinversión desmedida en centrales de gas que no son necesarias, exclusivamente achacable a un mayúsculo error de gestión del oligopolio, unas centrales hidroeléctricas y nucleares totalmente amortizadas y que se calcula que obtienen rentabilidades de 2 o 3 por uno en el caso de las nucleares, y que pueden llegar hasta 20 por 1 en las hidráulicas, y una fotovoltaica que ya es rentable y solo necesita que no se la frene legalmente.

Algunas propuestas fundamentales

1. Eliminar nucleares e hidráulicas del sistema de subastas, y remunerarlas con la misma rentabilidad que se dice razonable, para las renovables, o sistema equivalente. Algo similar se hace, por ejemplo, en el Reino Unido. Esto permitiría un descenso inmediato del coste de la electricidad para el consumidor final, a la vez que reduciría muy considerablemente el riesgo de generación del déficit de tarifa, pues los costes de distribuidoras y comercializadoras caerían radicalmente. Los beneficios del oligopolio descenderían, sin duda, pero no supondría ningún peligro dado que en la actualidad su rentabilidad casi dobla la europea.

2. Cambio radical del entramado institucional de las grandes compañías eléctricas. Una posibilidad, amparada por el art. 128 de la Constitución, es la intervención directa, o incluso la nacionalización, conveniente y justamente compensada, naturalmente (no olvidemos que esta medida, por radical que parezca, se ha aplicado con cierta frecuencia en el sistema bancario). Sin embargo, esta solución extrema puede y debe intentar evitarse, para acercarnos a un sistema verdaderamente competitivo y de libre mercado que pueda introducir eficiencia a todos los niveles.

Por otra parte, no existe ninguna razón económica que justifique la existencia de economías de escala en los grandes conglomerados energéticos, y por ende la nacionalización: ¿qué tiene que ver una nuclear con una central de ciclo combinado, o con una hidráulica?, y ¿cuál es la relación entre estas dos últimas?; ¿por qué dos centrales hidraúlicas o de otro tipo son más eficientes que una?

La única razón por la cual existen los grandes conglomerados energéticos actuales es política, y concretamente deriva del interés en crear grupos empresariales favorables y devolver favores prestados. Gabriel Tortella ofrece una interesante exposición histórica de esta cuestión desde la guerra civil del siglo pasado, y también considera la nacionalización como opción; varios países europeos la adoptaron, o estaba en vigor a mediados del siglo pasado.

La solución sería por, tanto, reducir la concentración de la oferta actualmente en pocas manos, y hay medios legales suficientes para hacerlo. Lo mejor, desde luego, sería una solución pactada.

Y tampoco debe olvidarse la actual concentración vertical en el mercado de energía, en el que suministradores y oferentes coinciden, de hecho, a través de empresas solo aparentemente distintas. Esta divisón entre oferentes y demandantes debe ser real, y la situación actual radicalmente cambiada

3. Otro conjunto de medidas de carácter más institucional, pero igualmente necesarias.

En primer lugar acabar con el ‘déficit de tarifa’, algo a lo que la primera medida contribuiría decisivamente, una quita, pues es altamente discutible su legitimidad, y desde luego eliminar la legislación perversa que permite su aparición (esto requeriría una liberalización completa de la distribución y comercialización, claro está). La legalidad y justificación de dicho déficit está puesta además en cuestión por un nutrido grupo de expertos, todos ellos han ocupado cargos de responsabilidad en el sistema eléctrico.

Devolución del exceso de Costes de Transición a la Competencia, que fueron cobrados indebidamente y nadie reclamó. Asimismo, los denominados peajes se pueden y deben reducir, simplificándolos en primer lugar; los pagos por interrumpibilidad y respaldo solo deben incluirse si efectivamente esos servicios se utilizan; las subvenciones a las centrales de gas deben desaparecer; las primas a las renovables se deben acompasar a los incrementos de eficiencia del mercado, y de paso, los costes extrapeninsulares se pueden disminuir con facilidad permitiendo el desarrollo de energías renovables en las islas, mucho más baratas que el actual sistema basado en combustibles fósiles.

Finalmente, aunque no menos importante, la legalidad que se ha quebrado completamente para las renovables debe restablecerse de inmediato: esto es de justicia, además de que es imprescindible para ayudar a mejorar la maltrecha imagen internacional de la seguridad jurídica para las inversiones, y en general para cualquier tipo de emprendimiento económico.

Propuestas complementarias

Un segundo conjunto de medidas, no menos importantes, pero probablemente más conocidas, y que se incluyen aquí al objeto de ir avanzando colectivamente hacia un panorama global de la reforma necesaria son las siguientes:

1. Restablecer de inmediato la posibilidad de expansión de las renovables, y muy en particular el autoconsumo fotovoltaico, tanto para consumidores finales, incluyendo la edificación en general, y grandes instituciones públicas y privadas como hospitales, instituciones educativas, ayuntamientos y edificaciones del Estado, como para pequeñas y medianas empresas. Esto permitiría introducir, además, competencia en el mercado, ahorraría en inversión en redes eléctricas, etc.

2. Dentro del apoyo a las renovables, favorecer la minihidráulica y la biomasa. Especialmente esta última es una energía útil de respaldo a las renovables, además de que revitalizaría los sectores agrícola y forestal.

3. Favorecer la expansión de los vehículos híbridos y eléctricos a todos los niveles, pero alimentados con electricidad renovable, proveniente especialmente del autoconsumo.

4. Apoyar la regeneración energética de edificios, fundamentalmente eliminando trabas administrativas y acompasándonos a la legislación europea en esta materia.

5. Aumentar las interconexiones con países limítrofes, especialmente Francia y Portugal, que además de estar obligado de cara a la formación del mercado europeo de la electricidad, sería altamente beneficioso para la penetración de las renovables, y en un futuro próximo nos permitiría ser exportadores de energía solar. Y en este contexto, aumentar las conexiones también con el norte de África.

6. Permitir y favorecer que las centrales de ciclo combinado se desmonten y se instalen en otros países, siempre que devuelvan las subvenciones concedidas, claro está. Y por supuesto, nada de hibernación pagada por los consumidores, otra vez a través de los peajes

Un futuro próximo

Y seguro que hay más, pero estas medidas son un pequeño resumen a vuela pluma, de las que gran parte de la sociedad está ya demandando. Quizás las más novedosas sean la 1 y la 2; pero entrados en materia, hemos visto la oportunidad para sistematizar unas cuantas adicionales, unas más conocidas que otras, pero con matices importantes. El conjunto de medidas incluidas en el apartado 3 también son más o menos conocidas, aunque de nuevo algunas de ellas muy poco, debido a la confusión intencionada en el término peajes del sistema. Y como siempre, este pequeño esquema-aportación, se ha planteado pensando en un futuro próximo que debemos ir perfilando para dentro de no mucho tiempo, si nada se tuerce irremediable y poco probablemente.

Ignacio Mauleón

El gas: un respaldo ni necesario ni fiable

El gas no es una energía de respaldo necesaria y su dependencia puede tener unos costes políticos inaceptables. 

Gas

Una de las razones por las que el gas es imprescindible, según sus defensores, es precisamente porque es la garantía del respaldo a la intermitencia e inseguridad de las renovables. Este es un mantra repetido hasta el aburrimiento por el oligopolio energético, basándose en su fuerte control de los medios informativos.

Sin embargo, y afortunadamente para los consumidores y pequeños y medianos empresarios en general, es simplemente una falsedad. En este post la desmontaremos en dos pasos: primero, repasaremos la supuesta necesidad de respaldo de las renovables; y, segundo, analizaremos la supuesta capacidad de respaldo del gas.

El respaldo a las renovables no es imprescindible

Vayamos con el primer punto. El planteamiento más extremo suele hacer referencia a una hipotética confluencia de eventos en la que no hay sol ni viento, poca capacidad hidráulica debido a una prolongada sequía, fuerte demanda de electricidad, además de averías varias en centrales nucleares: aparentemente la respuesta es obvia, acudir a las centrales de gas, fácilmente adaptables a una respuesta rápida ante esta caída de la capacidad de oferta, se supone que imprevista. Sencillo y obvio ¿no?

Lo malo para sus defensores, y bueno para todos los demás, es que es una argumentación, por llamarla de alguna manera, radicalmente falsa.

Empecemos por el principio: desde que existen registros históricos mínimamente fiables, ¿se ha producido alguna situación de ese tipo en España? Parece bastante improbable, desde luego, y habría que empezar por demostrar fehacientemente que es una posibilidad real, aunque sea muy poco probable. Hasta la fecha, que se sepa, nadie lo ha hecho. A este respecto es oportuno señalar que según la Agencia Internacional de la Energía es suficiente una ratio de una unidad de respaldo por cinco de renovables: en España en este momento hay instalados aproximadamente 32 Gw renovables y 25 Gw de gas, mucho más que suficiente de acuerdo a este criterio, por consiguiente.

Pero incluso aunque se diera la fatal confluencia de eventos mencionada, hay múltiples opciones de respaldo a las renovables alternativas al gas, incluido el almacenamiento de energía. Una respuesta inmediata y evidente es el recurso a la biomasa, que se debería promocionar por múltiples razones, la gran hidráulica —nunca se ha registrado un año en el que estén completamente vacíos los grandes pantanos—, y la solar de concentración termoeléctrica. Por no repetirnos, remitimos al lector a posts anteriores en este mismo blog (Autoconsumo, la visión larga, La FV y la solar térmica, Conectando el sol, 100% renovables no es posible).

Y además, algunas otras no mencionadas previamente: las interconexiones con países colindantes que deberían incrementarse, en particular con Francia y Portugal, obligatorias además de cara a la formación del mercado eléctrico europeo. Y sin olvidar, por supuesto, al norte de África, especialmente Marruecos, país que está apostando fuertemente por la energía solar, y en el que es difícil creer que pueda haber un día sin sol en todo su territorio.

Y respecto al almacenamiento, el desarrollo e implantación de vehículos híbridos o eléctricos puede ofrecer también un respaldo inmediato. Más todavía, algunos autores afirman que la investigación en almacenamiento de la energía fotovoltaica está intencionadamente frenada, precisamente por las multinacionales cuyo negocio es la energía fósil. De hecho, periódicamente aparecen noticias en algunos medios no muy conocidos con propuestas verdaderamente intrigantes y sugerentes al respecto.

Por último, se puede adaptar la demanda, y precisamente se destinan a unas pocas empresas grandes consumidoras de electricidad unos pagos para que reduzcan su demanda en caso de necesidad, pagos o costes de interrumpibilidad que están incluidos, de nuevo, en la parte fija del recibo de la luz, los denominados peajes, y que curiosamente llevan al menos cinco años sin utilizarse.

El gas no ofrece un respaldo fiable

Y ahora otro punto poco discutido, que hasta los defensores de las renovables suelen aceptar algo ingenuamente: la capacidad de respaldo del gas, que se da por supuesta. Para comenzar, a muy corto plazo esa capacidad no existe, pues a diferencia de la hidráulica cuya respuesta ante variaciones de la demanda se da en escasos segundos, las centrales de gas necesitan unos minutos para variar su potencia, para lo que se requiere adicionalmente mantenerlas en funcionamiento aunque sea a baja potencia, pues de otro modo el tiempo de respuesta y su coste se amplia considerablemente. Así, el gas no puede ofrecer una respuesta a muy corto plazo, para lo cual es necesario buscar otra alternativa, generalmente la hidráulica, aunque también el almacenamiento por medio de aire comprimido, e incluso sistemas de discos de inercia.

Y consideremos un horizonte más largo, y en concreto, ¿cuál es la capacidad de almacenamiento del gas? La reciente experiencia del proyecto Cástor frente a las costas de Tarragona la pone seriamente en cuestión. No parece probable que el almacenamiento de reservas suficientes a un coste asumible pueda extenderse más allá de 30 o 40 días.

¿Y a partir de ahí?, pues es bastante claro que dependeríamos de que las compañías suministradoras continuaran haciéndolo: es decir, que simplemente esto nos hipoteca políticamente. En el norte de Europa la hipoteca es con Rusia, país que ya hemos visto repetidamente cómo emplea esta capacidad de control sobre países limítrofes que desean independizarse completamente, o unirse a Europa —un ejemplo reciente es Ucrania—. Y en España con Argelia en primer lugar —aproximadamente el 50% de nuestras importaciones de gas provienen de dicho país—, país potencialmente inestable políticamente: el 50 % de su población es menor de 30 años, y la paz social se sostiene con fuertes subsidios obtenidos de la venta de energía fósil y el sometimiento a una férrea dictadura; además, está fuertemente expuesto al terrorismo islamista, uno de cuyos principales objetivos parece ser precisamente España, de acuerdo a diversa documentación incautada en varias operaciones militares.

Otro 30% de las importaciones provienen de Catar, que probablemente es más estable políticamente, pero en el que se da la circunstancia de que a través de su fondo estatal de inversiones se ha convertido en el principal accionista de una de las empresas del oligopolio que apostó fuertemente por el gas en España. A título de anécdota, este país es precisamente uno de los principales inversores mundiales en renovables en este momento. Y por último, no está de más notar que en Nueva Inglaterra (USA), estado que obtiene un 50 % de su electricidad del gas, en una situación de emergencia el sistema eléctrico falló estrepitosamente .

Ni necesario ni fiable

En definitiva, el gas no es una energía de respaldo, ni necesaria –las renovables se bastan por sí mismas combinándolas adecuadamente–, ni que garantice nada, ni en el muy corto plazo –pocos segundos–, ni tampoco en el medio y largo plazo –a partir de 1, o como máximo 2 meses–. Y además, impone unos condicionamientos políticos que pueden ser inaceptables.

Ignacio Mauleón