Las nucleares se defienden

Decir que la energía nuclear sale barata es un disparate. No hay que olvidar los altísimos costes iniciales de la inversión, los del desmantelamiento tras su vida útil y los de asegurar los riesgos, con independencia de que ocurran accidentes o no.

Las nucleares se defienden

Uno de los argumentos más ‘graciosos’ que he leído recientemente acerca de las bondades de la energía nuclear es más o menos el siguiente: una vez construidas las plantas y en funcionamiento, el coste de la electricidad producida es mínimo, puesto que el uranio que se requiere es barato proporcionalmente; además se puede almacenar fácilmente debido a su escaso volumen, de modo que garantiza la independencia energética ante los posibles vaivenes políticos del día a día; por último, no genera CO2 ni ningún otro tipo de gas dañino para la atmósfera. Por comparación, las centrales de gas que están substituyendo a las nucleares, requieren un combustible caro, difícil de almacenar, contaminante, y que frecuentemente requiere ser importado de países inestables, como ejemplo, Ucrania y Rusia.

Un argumento económicamente ‘ingenuo’

Desde el punto de vista de un economista, la ‘ingenuidad’ de este argumento es sorprendente: ¿cómo es posible olvidarse del coste inicial de la inversión? Es un elemento básico a tener en cuenta en cualquier plan, junto con los costes operativos. Y si lo tenemos en cuenta, el coste de la nuclear se dispara: el precio de la electricidad de la última central planeada en UK, por ejemplo, se calcula que será el doble del de mercado. Por contra, el coste de construcción y plazos de una central de gas son mucho menores, y el precio final de la electricidad es mucho más barato. Además, las nucleares generan muchísimos residuos y gases tóxicos en su construcción, y para terminar, está pendiente de resolver el problema del almacenamiento de los residuos altamente tóxicos que generan: por tanto, simplemente producen otro tipo de contaminación, posiblemente incluso peor, y en conjunto son extraordinariamente caras. Y respecto a la independencia, la oferta de uranio está bastante concentrada en el mundo, en gran medida en exrepúblicas soviéticas y Canadá.

Pero todavía hay más. Si el argumento es que el coste de operación es bajo, y que el combustible es fácilmente almacenable y ofrece independencia energética, ¿cuál es la ventaja respecto a la solar, o la eólica? El coste de generación de las renovables es cercano a cero, especialmente la fotovoltaica, y el combustible está siempre ahí, y no depende de la oferta exterior. Claro, pero las renovables son intermitentes, argumentará el defensor de la nuclear, mientras que esta ofrece energía constantemente. Pero esto es otra vez un problema, porque la demanda de energía es muy variable, mientras que la nuclear genera energía constante, y no es posible modificarla a corto o muy corto plazo: el problema, por tanto, es el opuesto a las renovables, y si bien es cierto que esto es un problema técnico real, las nucleares también lo tienen, aunque por razones opuestas.

¿Y los riesgos?

Y siguiendo con los costes, ¿qué ocurre con los riesgos? Los accidentes, ocurran o no, tienen que ser asegurados, y las aseguradoras privadas cubren solamente un volumen determinado, que como se ha demostrado en los accidentes ocurridos, es muy insuficiente. Y entonces, ¿quién cubre, y por tanto paga, el siniestro si ocurre? Pues evidentemente el Estado, es decir, los sufridos consumidores a través de impuestos.

Una pregunta es, en consecuencia, por qué muchos estados insisten en esta fuente energética. Y, ‘alas’, los residuos de las centrales se pueden usar y usan para construir armamento atómico. Es fácil observar superficialmente la alta correlación entre países con energía nuclear y armamento atómico: un ejemplo reciente es el Reino Unido con su insistencia en una central extraordinariamente más cara que cualquier otra alternativa, incluidas las renovables.

La tozuda realidad

Para terminar, dos observaciones: 1) la sensatez, o simplemente la fuerza de la necesidad, en este caso se está imponiendo, y la energía nuclear, al menos como fuente de generación de electricidad, está desapareciendo en el mundo; 2) la energía nuclear, aunque técnicamente un descubrimiento asombroso de la humanidad, es un descubrimiento fallido en gran medida, y muestra de forma abrumadora que la técnica no es neutra necesariamente, siendo los humanos los que le damos un uso correcto o no. El resultado final de la técnica puede fallar exactamente igual que fallan las, a veces y muy injustamente minusvaloradas, ciencias sociales, incluida por supuesto la economía.

Ignacio Mauleón

Apoyo a la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético

El próximo 27 de julio a las 12.30 h en el Congreso de los Diputados, los partidos políticos de la oposición, con el apoyo de sindicatos, consumidores, asociaciones empresariales, ambientalistas y representantes de los movimientos sociales, firmaremos en un acto público nuestro compromiso con el derecho cívico al autoconsumo de energía y la petición de retirada del proyecto de RD de Autoconsumo.

TodoSobreEnergia apoya la iniciativa  de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y publica el documento sobre  EL AUTOCONSUMO Y EL AVANCE HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO ENERGÉTICO SOSTENIBLE, elaborado por UNEF: AUTOCONSUMO_MODELO_SOSTENIBLE

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No es solo cuestión de petróleo

Que REPSOL abandone las prospecciones petrolíferas en Canarias es una magnífica noticia, pero no podemos estar tranquilos…

Prospecciones en Canarias

Foto: Greenpeace

Esta semana hemos conocido que REPSOL ha decidido abandonar sus prospecciones petrolíferas en Canarias, ya que el hallazgo de gas es insuficiente. Ante esta buena noticia para Canarias, para los que estamos a favor de la preservación del medioambiente y para cualquier ciudadano que defienda la democracia frente a la imposición de las mayorías absolutas, tres consideraciones.

La primera es ¿por qué se realizaron las prospecciones? ¿Tenían el Ministerio que dirige el Sr. Soria y la compañía Repsol alguna información adicional a la del Gobierno canario y la de todos los que le precedieron para creer que en esa zona había petróleo cuando nunca antes se había defendido esa hipótesis? A la vista de los resultados es evidente que no, por lo que la primera conclusión debería ser que los responsables de la concesión del permiso de explotación y de sus costes habrían de dimitir.

La segunda está relacionada con la política energética española. El Ministerio de Soria se ha centrado en la búsqueda a ultranza de fuentes de petróleo —de hecho Repsol tiene la posibilidad de realizar prospecciones en otros territorios españoles, y parece ser que se está planteando hacerlo en el Golfo de Vizcaya— cuando el precio de este ha caído en picado, lo que hace todavía más difícil que las extracciones sean económicamente rentables. Ya lo intentó con el fracking y ahora con las prospecciones enfrente de la costa canaria. Pero eso sí, ha negado, niega y seguirá negando la posibilidad de potenciar las fuentes de energía en las que España tiene una capacidad de producción prácticamente ilimitada: la solar y la maremotriz. En vez de apoyar una política que potencie la investigación en este tipo de energías con el objeto de hacerlas competitivas con el resto de fuentes, el Sr. Soria las rechaza y opta por buscar, donde no hay, energías convencionales. Así no es extraño que algunos piensen que la política energética del Gobierno está dirigida no por los intereses de los españoles, sino por los de aquellos que facilitarán a los políticos un sillón en el consejo de administración en cuanto dejen el cargo.

Una acción antisocial

Finalmente, las prospecciones de Repsol y la actitud prepotente del Sr. Soria y su Gobierno han supuesto una malísima campaña de marketing. Para Repsol porque le va a costar desligar su imagen de una acción que no solo no le ha resultado rentable —lo que desde el punto de vista accionarial no dice mucho de sus directivos—, sino, sobre todo, porque aparece unido a una acción antisocial, en contra de lo manifestado por la inmensa mayoría de los canarios. Para el Gobierno y el PP porque han demostrado su verdadero talante y lo poco que les importan la opinión de los españoles y los efectos de su política sobre ellos: los canarios, su Gobierno y los movimientos sociales han puesto de manifiesto claramente su oposición —solicitando un referéndum al que se opuso, lo que nuevamente es una “gran acción” de marketing—; tampoco pareció importarles destruir la principal fuente de riqueza y empleo de Canarias, el turismo.

Repsol podrá corregir su error con campañas de marketing que la unan a la defensa del medioambiente, e incluso con el patrocinio de actividades deportivo/turísticas en Canarias. Pero el Gobierno difícilmente podrá hacer olvidar su actitud. Mal negocio económico, pero especialmente de marketing social.

José Luis Calvo UNED

Hibridízate (y II)

Los vehículos híbridos son el futuro, pero su energía tiene que salir de fuentes renovables y del autoconsumo.

Coches híbridos

En un post anterior, Hibridízate (I), se analizaba esta cuestión desde el punto de vista del consumidor. Ahora consideramos el punto de vista del planificador energético, lo cual requiere un enfoque algo diferente.

Por múltiples razones económicas y medioambientales es una opción clara de futuro y que hay que apoyar con incentivos, dado que los descensos de costes, como en cualquier industria, se obtienen con investigación pero también en gran medida con el despliegue y la implantación.

Electricidad renovable y con autoconsumo

Por las misma razones, no tendría ningún sentido apoyar esta vía de no ser que la electricidad se genere por medio de fuentes renovables: de otro modo se estaría apoyando simplemente un cambio de modelo de tipo de vehículo por otro, sin ninguna ventaja de ninguna clase, ni económica ni medioambiental. En otras palabras, la substitución del petróleo y derivados, por electricidad generada probablemente a partir del gas en el caso español. Además, es también bastante obvio que la opción preferible es que esta energía provenga del autoconsumo, basado en energía renovable por supuesto —fundamentalmente fotovoltaica, y también eólica, aunque esto depende de la disponibilidad de cada una de ellas, obviamente—.

El autoconsumo en este terreno tiene también otras enormes ventajas a considerar. Primero, las baterías de los vehículos cuando no están en uso pueden utilizarse como almacenamiento de energía, ayudando a la estabilidad de la red de distribución eléctrica, y así permitiendo una mayor integración de las renovables en general al acomodar su intermitencia. Y segundo, evitan en gran medida la inversión en costosísimas redes de repostaje, eliminando además las pérdidas de tiempo que conllevarían las operaciones de recarga.

¿Híbridos o eléctricos?

Otro aspecto a considerar es la elección entre híbridos o eléctricos. Aquí puede que lo más conveniente sea apostar inicialmente por el desarrollo de los híbridos, basados en bajos consumos de combustibles tradicionales, y por una combinación de electricidad/diésel, que resulta más económica que con gasolina tradicional. La mejor opción, por supuesto, es que este combustible fuera de origen bio, bien sea biodiésel o etanol.

La opción completamente eléctrica está todavía algo más lejana técnicamente, y apostar sólo por ella puede incluso que ralentice la introducción en general de la electricidad en el transporte individual, pues la experiencia acumulada con los híbridos seguro que será de gran ayuda.

Transporte público y ciudades concentradas

Hay también otras cuestiones algo más generales que deben ser consideradas por el planificador. Por ejemplo, algunos argumentan que esta opción no hace más que prolongar un modelo de transporte que debería abandonarse, o limitarse al menos. Se argumenta, principalmente, que favorece el modelo de ciudad disperso, y que esto conlleva una serie de costes muy importantes de todo tipo frente a un modelo concentrado.

Desde luego es un argumento cierto en parte, pero también lo es que el modelo de ciudad disperso es una opción muy aceptada por la población. Siempre que este coste sea asumible, por tanto, no hay razón para descartarlo. En este contexto, el transporte público, y también basado en electricidad renovable se debe apoyar, y facilitar la disminución del uso de vehículos privados y su sustitución por otros más eficientes, como bicis o incluso motos, eléctricas sin duda.

Hay muchos otros aspectos de esta discusión, y no es este el lugar para abordarlos: baste con señalar que no parece de ningún modo un argumento suficiente para evitar el apoyo al vehículo eléctrico individual, hoy por hoy.

El otro punto, muy relacionado con el anterior, es que la producción y venta mundial de vehículos individuales sigue aumentando sin freno aparente, especialmente en las economías emergentes. Esta tendencia parece imparable, y también es una oportunidad al abrir mercados de exportación para países con industrias maduras, como puede ser precisamente el caso español.

El caso noruego

Una breve nota final para comentar el caso de Noruega, país donde más se ha implantado este tipo de vehículo con gran diferencia.

En este país la electricidad es prácticamente toda renovable-hidráulica, y muy barata, y se ha desplegado una red de repostaje suficiente. Esto hace innecesaria la conveniencia del autoconsumo, pues no es preciso para estabilizar la red, ya que la hidráulica es la energía más gestionable de todas. Y además tampoco se plantea ningún problema económico especial de sustitución de energía fósil e importada por renovable nacional, como es el caso español sin ir más lejos. De hecho, Noruega es el tercer exportador mundial de petróleo, sólo por detrás de Arabia Saudí y Rusia. Eso no les ha llevado, sin embargo, a cometer el error de favorecer su consumo interno, y el precio de la gasolina ronda los 2 € por litro, considerablemente más que en otros países, lo que también ha favorecido la penetración del vehículo eléctrico. El apoyo público a través de una amplia batería de incentivos de varios tipos también es importante, y esto es lo que más han valorado los consumidores. El único punto subrayado en este post que aquí no aparece es la implantación de vehículos alternativos como las bicis o motos, pero puede que las condiciones climáticas lo dificulten. En conjunto, por tanto, nada contrario al análisis efectuado aquí.

Hay que apoyarlo

Desde el punto de vista del planificador energético es una opción que claramente hay que apoyar, bien entendido que debe basarse en energía renovable y generada por medio del autoconsumo hasta donde sea posible. Y finalmente que debe ir acompañada de apoyo a formas alternativas de transporte, como el público y otros vehículos individuales más económicos como la bici, motos eléctricas, o vehículos de pequeño tamaño para desplazamientos cortos.

Ignacio Mauleón

El ‘fracking’: ni seguro ni barato

El fracking es una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos, que puede generar graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Fracking

Aunque personalmente creo que casi todo está dicho, de nuevo el fracking parece resurgir en el debate energético. En un reciente post, un articulista favorable en general a las renovables apoya esta técnica, y menciona explícitamente un comentario que hice a su entrada. Por eso vuelvo sobre ello, aunque ya se ha comentado extensamente en posts anteriores de este blog.

Probablemente la manera correcta de abordar la discusión sobre el fracking es empezar por el principio, es decir, un planteamiento general del problema. Y este es, sencillamente, que esta técnica no es más que la última apuesta de una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos por definición. Y que además pueden generar –y han generado como es bien sabido–, graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Pero vayamos a algunos detalles para concluir con un argumento que considero incuestionable: la eficacia económica.

Empecemos por los riesgos

La discusión parece ser inacabable, pero los riesgos son precisamente eso, riesgos, y por tanto desconocidos y no previsibles por definición. Quienes los minimizan suelen argumentar que «si se practica con las debidas precauciones…», etc. Lo mismo se dice de la nuclear y ya hemos visto históricamente qué ha ocurrido. Y al hablar de riesgos nos referimos como mínimo a contaminación ambiental, terremotos, y daños a la salud.

Sigamos con aspectos económicos

Se argumenta que el fracking «es competitivo». No sé muy bien a qué se refieren, porque como expongo enseguida hay opciones mucho más eficientes. También se argumenta que puesto que el gas se encontraría dentro del país nos liberaría de la dependencia extranjera. No se puede evitar sonreír ante semejante argumento: el fracking lo van a implementar, en su caso, empresas petrolíferas, que son las que disponen de la tecnología, y o bien son directamente extranjeras –norteamericanas y canadienses en particular–, o están en manos de extranjeros: resultado, las ganancias irán al exterior, de modo que nuestra balanza de pagos se resentirá igualmente que si comprásemos el gas fuera.

Y por último, que el fracking crea empleo. Pero ¿qué clase de empleo? Para aplicar esta técnica se requiere personal muy especializado que no existe en España, de modo que habría que buscarlo en el exterior. El empleo que podría crear sería similar a parte de lo que crea el turismo: camareros, limpiadoras, etc., nada especialmente estable.

Pero, admitamos for the sake of the argument, si se me permite la pedantería, o por hacer de abogado del diablo:

  1. que el deterioro del clima es una invención perversa de ecologistas con oscuras intenciones
  2. que los riesgos del fracking no existen o no están claros, y en todo caso que se pueden controlar
  3. que efectivamente hay mucho gas de esquistos en España.

No cabe duda de que las tres condiciones, por separado, y mucho más en conjunto, es difícilmente creíble que se den. Pero sigamos.

Apostemos por la fotovoltaica

El talón de Aquiles de toda esta argumentación, para los escépticos, es que hoy día hay ya energías renovables mucho más baratas: la fotovoltaica sin ir más lejos, y cada vez lo es más, y además nos da independencia energética, crea empleo muy cualificado, y permitiría a los autoproductores dedicar sus ahorros a otros usos. El binomio despliegue-reducción de costes, es un círculo virtuoso que está dando un resultado espectacular: hoy, ya, 1/2 € el w no es raro, y la caída sigue; por eso tampoco es correcto anteponer la i+D+i al despliegue, estando comprobado además que va paralela al despliegue, y que se desarrolla por las propias empresas. Y lo mismo con la investigación sobre eficiencia.

Para comprobar lo anterior propongo una alternativa: que supriman los pagos por capacidad de las centrales de gas, que devuelvan las enormes subvenciones a las CCC –30 o 40 % en algunos casos de los costes de construcción–, y que asuman con pólizas de seguro privadas a precios de mercado por tanto todos los riesgos que puedan generarse —no como las nucleares que sólo pagan una parte—. Y paralelamente, que se permita el autoconsumo FV con una legislación razonable sobre balance neto, y en particular, que se elimine la persecución gubernamental y las multas. Y por supuesto que se concedan todos los permisos que se soliciten para construir megaparques FV, lo mismo que se conceden permisos de exploración para búsqueda de gas.

Esto pondría ambas técnicas en condiciones de igualdad de oportunidades por así decirlo, es decir, libre mercado. Lo demás es el abuso habitual de los grandes monopolios energéticos, que ni siquiera son nacionales tampoco, pues están todos de una manera u otra en manos extranjeras.

Por último, hay otros argumentos más sutiles, como que se reducen las emisiones de CO2: si se sustituye por carbón desde luego, pero no es el caso en España, pues el carbón no es muy relevante, aunque sí en USA.

¿‘Fracking’ o renovables?

Pero si la opción es invertir en fracking o en renovables, está claro que las renovables son mejores, pues no emiten nada ¿o tampoco así se admite la superioridad renovable?

Y decir que es una energía de transición… Es cierto que esto lo defienden algunos grupos ecologistas como energía de acompañamiento hacia un mundo 100 % renovable. Pero eso podría aplicarse al gas importado que ya está disponible directamente, y no a un hipotético gas que como pronto empezaría a estar disponible dentro de 3 o más años, con suerte.

Por último, que sea una energía de acompañamiento y transición, y aunque entraña riesgos evidentes, podría admitirse siempre que que, 1) no suponga desviar recursos de ninguna inversión renovable, y, 2) que ayude a reducir emisiones de CO2.

Ignacio Mauleón

Acordarse de Santa Bárbara cuando truena

Las alarmas se disparan siempre ante la inestabilidad política en los países suministradores de petróleo y gas, pero solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena…

Gas o energías renovables

La escalada de tensión en Iraq, con la consiguiente inestabilidad del mercado del petróleo y aumento inmediato en su precio, otra vez ha disparado todas las alarmas. Si a esto le añadimos la crisis de Ucrania con su amenaza sobre el gas ruso suministrado a Europa, la alarma es todavía mayor. Y aunque algún país como EEUU haya conseguido independizarse relativamente del petróleo del Medio Oriente substituyéndolo por petróleo mejicano y canadiense, no es esta la situación de Europa, fuertemente dependiente de Oriente Medio.

Intereses que ocultan la solución

Ante esto los ojos se vuelven inevitablemente, una vez más, hacia las renovables. Pero de nuevo topamos con los intereses de los grandes grupos energéticos basados en las energías fósiles y nucleares, y en la explotación de mercados cautivos defendidos a ultranza con presiones políticas de todo tipo. Y nos encontramos, una vez más, con la monserga mediática habitual en contra de las renovables: que si son caras, que si suben el precio de la electricidad, que si generan energía inestable, etc.

Un añadido reciente a esta reatahíla es que la pérdida de competitividad europea se debe a la apuesta por las renovables para combatir el cambio climático. Curioso, pues esa supuesta pérdida, en todo caso se basa en la fortaleza del euro, que tampoco ha impedido que las exportaciones alemanas sigan aumentando notablemente, e incluso las españolas.

Los beneficios de las eléctricas, intocables

Pero esta vez la joya la ha puesto J. M. Soria, a la sazón ministro de Industria. En un reciente artículo en El País —edición papel y para suscriptores—, afirmaba que la lucha contra el cambio climático no es sostenible si económicamente no es viable. Pero resulta que las renovables, el instrumento clave en esta batalla, son ya enormemente rentables a corto plazo, incluso excluyendo sus ventajas sobre el cambio climático. Por repetir argumentos archiconocidos: generan empleo directo e indirecto y de alta calidad, reducen el déficit exterior, aumentan la independencia energética, disminuyen la incertidumbre de los precios de la energía fósil, rebajan el precio de la electricidad y un largo etcétera. Pero, ¡ay!, tienen un problema insoluble: atacan la base de los inmensos beneficios de las compañías energéticas tradicionales: ¿por qué sino un decreto sobre el autoconsumo, al que no solo priva de derechos elementales de participación en la red de distribución, sino que lo criminaliza con amenazas de multas millonarias?

Y por último, ¿es que algún economista serio puede discutir el enorme coste puramente económico que está teniendo ya el cambio climático, en forma de variabilidad del tiempo y acontecimientos meteorológicos extremos —inundaciones, sequías pertinaces, ciclones, etc.—, con las consiguientes pérdidas humanas, de cosechas, destrucción de infraestructuras, cortes en el suministro de la electricidad, etc.?

Ignacio Mauleón

Hibridízate (I)

Puede que las campañas a favor de los vehículos híbridos y eléctricos tengan trampas ocultas. ¿Conviene ser cautos antes de comprar un coche que funcione con electricidad?

Coches eléctricos y coches híbridos

Hace algún tiempo que los fabricantes de vehículos están llevando adelante una campaña para favorecer la introducción de la electricidad en general como fuente de energía para el transporte, y especialmente para automóviles individuales (vehículos híbridos y eléctricos). Algunas empresas eléctricas se han sumado a la iniciativa, e incluso han desarrollado acuerdos con fabricantes de vehículos. Y aunque, en principio, desde el punto de vista medioambiental y energético resulta una apuesta muy razonable, hay, o puede haber, trampas ocultas que se intentarán analizar en este post.

La cuestión se puede abordar desde dos puntos de vista más o menos diferenciados: el del consumidor y el del planificador energético. Este primer post se dedica al punto de vista del consumidor individual, y el del planificador energético se analizara en un post próximo.

Punto de vista del consumidor

Desde el punto de vista del consumidor individual, en principio la decisión depende del coste, y aquí hay que considerar tanto el desembolso inicial como los gastos posteriores, principalmente en combustible y mantenimiento, y el kilometraje esperable. Y además, en el caso de estos vehículos, está claro que su utilidad depende mucho de otros factores, como son la facilidad de repostaje, autonomía, etc.

Respecto al desembolso inicial, hoy por hoy en general es alto, aunque suele haber ayudas públicas y también de los concesionarios. De todas formas y en el caso español, para que sean fiables las ayudas públicas deben estar dirigidas a la adquisición del vehículo, dada la enorme inseguridad jurídica al respecto que se ha visto recientemente en el sector energético.

En cuanto al combustible, actualmente y más en España, es arriesgado hacer proyecciones sobre el precio futuro de la electricidad, entre otras cosas porque está muy condicionado por decisiones políticas. Tampoco es fácil predecir el precio de los combustibles tradicionales derivados del petróleo, gasolina y diésel, dado que aunque los factores de los que depende son bien conocidos, la situación mundial es de gran complejidad y no es este el lugar para analizarlos, pues requiere un extenso estudio.

Los aspectos relevantes en cuanto a autonomía y repostaje son mejor conocidos: en general son más utilizables los híbridos, y lo serían mucho más si se permitiera el autoconsumo eléctrico de origen renovable. Y por último, también hay que tener en cuenta que la investigación en este campo es muy activa, de modo que los modelos de vehículos concretos disponibles hoy pueden quedar obsoletos muy rápidamente.

Las campañas de publicidad, desde este punto de vista, no son más que otra estrategia comercial para persuadirnos de las ventajas de estos modelos, y al poco tiempo hacerlo igualmente con las de próximos modelos que seguro que aparecerán en el mercado. No olvidemos que algo de esto es lo que ha pasado con los diésel, y muy especialmente en España, donde se han introducido muy rápidamente, justo para convencernos ahora de que emiten gases muy contaminantes —lo que solo es cierto para los modelos antiguos—, y que es mejor cambiar a híbridos o eléctricos.

Esperar y ver

En conjunto, por tanto, la situación es de considerable incertidumbre. Pasos fundamentales que clarificarían la situación es que se permita el autoconsumo eléctrico con energía renovable, que permita las recargas de baterías a domicilio. Además, un marco creíble de medidas de apoyo público es también casi imprescindible para compensar los altos precios. Y la elección en todo caso debería centrarse en vehículos de pequeño tamaño para trayectos cortos, de modo que no se tenga que depender del repostaje, y sin descartar otras opciones, complementarias o alternativas como bicis, eléctricas o no, y motos híbridas. Y aunque es claro que el futuro va en esa dirección, de no ser que se le vaya a dar un uso intensivo que asegure su rentabilidad en relación a otras opciones muy rápidamente, digamos uno o dos años, lo más aconsejable probablemente es esperar y ver.

Ignacio Mauleón