El ‘fracking’: ni seguro ni barato

El fracking es una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos, que puede generar graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Fracking

Aunque personalmente creo que casi todo está dicho, de nuevo el fracking parece resurgir en el debate energético. En un reciente post, un articulista favorable en general a las renovables apoya esta técnica, y menciona explícitamente un comentario que hice a su entrada. Por eso vuelvo sobre ello, aunque ya se ha comentado extensamente en posts anteriores de este blog.

Probablemente la manera correcta de abordar la discusión sobre el fracking es empezar por el principio, es decir, un planteamiento general del problema. Y este es, sencillamente, que esta técnica no es más que la última apuesta de una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos por definición. Y que además pueden generar –y han generado como es bien sabido–, graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Pero vayamos a algunos detalles para concluir con un argumento que considero incuestionable: la eficacia económica.

Empecemos por los riesgos

La discusión parece ser inacabable, pero los riesgos son precisamente eso, riesgos, y por tanto desconocidos y no previsibles por definición. Quienes los minimizan suelen argumentar que «si se practica con las debidas precauciones…», etc. Lo mismo se dice de la nuclear y ya hemos visto históricamente qué ha ocurrido. Y al hablar de riesgos nos referimos como mínimo a contaminación ambiental, terremotos, y daños a la salud.

Sigamos con aspectos económicos

Se argumenta que el fracking «es competitivo». No sé muy bien a qué se refieren, porque como expongo enseguida hay opciones mucho más eficientes. También se argumenta que puesto que el gas se encontraría dentro del país nos liberaría de la dependencia extranjera. No se puede evitar sonreír ante semejante argumento: el fracking lo van a implementar, en su caso, empresas petrolíferas, que son las que disponen de la tecnología, y o bien son directamente extranjeras –norteamericanas y canadienses en particular–, o están en manos de extranjeros: resultado, las ganancias irán al exterior, de modo que nuestra balanza de pagos se resentirá igualmente que si comprásemos el gas fuera.

Y por último, que el fracking crea empleo. Pero ¿qué clase de empleo? Para aplicar esta técnica se requiere personal muy especializado que no existe en España, de modo que habría que buscarlo en el exterior. El empleo que podría crear sería similar a parte de lo que crea el turismo: camareros, limpiadoras, etc., nada especialmente estable.

Pero, admitamos for the sake of the argument, si se me permite la pedantería, o por hacer de abogado del diablo:

  1. que el deterioro del clima es una invención perversa de ecologistas con oscuras intenciones
  2. que los riesgos del fracking no existen o no están claros, y en todo caso que se pueden controlar
  3. que efectivamente hay mucho gas de esquistos en España.

No cabe duda de que las tres condiciones, por separado, y mucho más en conjunto, es difícilmente creíble que se den. Pero sigamos.

Apostemos por la fotovoltaica

El talón de Aquiles de toda esta argumentación, para los escépticos, es que hoy día hay ya energías renovables mucho más baratas: la fotovoltaica sin ir más lejos, y cada vez lo es más, y además nos da independencia energética, crea empleo muy cualificado, y permitiría a los autoproductores dedicar sus ahorros a otros usos. El binomio despliegue-reducción de costes, es un círculo virtuoso que está dando un resultado espectacular: hoy, ya, 1/2 € el w no es raro, y la caída sigue; por eso tampoco es correcto anteponer la i+D+i al despliegue, estando comprobado además que va paralela al despliegue, y que se desarrolla por las propias empresas. Y lo mismo con la investigación sobre eficiencia.

Para comprobar lo anterior propongo una alternativa: que supriman los pagos por capacidad de las centrales de gas, que devuelvan las enormes subvenciones a las CCC –30 o 40 % en algunos casos de los costes de construcción–, y que asuman con pólizas de seguro privadas a precios de mercado por tanto todos los riesgos que puedan generarse —no como las nucleares que sólo pagan una parte—. Y paralelamente, que se permita el autoconsumo FV con una legislación razonable sobre balance neto, y en particular, que se elimine la persecución gubernamental y las multas. Y por supuesto que se concedan todos los permisos que se soliciten para construir megaparques FV, lo mismo que se conceden permisos de exploración para búsqueda de gas.

Esto pondría ambas técnicas en condiciones de igualdad de oportunidades por así decirlo, es decir, libre mercado. Lo demás es el abuso habitual de los grandes monopolios energéticos, que ni siquiera son nacionales tampoco, pues están todos de una manera u otra en manos extranjeras.

Por último, hay otros argumentos más sutiles, como que se reducen las emisiones de CO2: si se sustituye por carbón desde luego, pero no es el caso en España, pues el carbón no es muy relevante, aunque sí en USA.

¿‘Fracking’ o renovables?

Pero si la opción es invertir en fracking o en renovables, está claro que las renovables son mejores, pues no emiten nada ¿o tampoco así se admite la superioridad renovable?

Y decir que es una energía de transición… Es cierto que esto lo defienden algunos grupos ecologistas como energía de acompañamiento hacia un mundo 100 % renovable. Pero eso podría aplicarse al gas importado que ya está disponible directamente, y no a un hipotético gas que como pronto empezaría a estar disponible dentro de 3 o más años, con suerte.

Por último, que sea una energía de acompañamiento y transición, y aunque entraña riesgos evidentes, podría admitirse siempre que que, 1) no suponga desviar recursos de ninguna inversión renovable, y, 2) que ayude a reducir emisiones de CO2.

Ignacio Mauleón

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Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

La solución renovable es posible, pero los fuertes intereses continúan poniendo en peligro la economía, la seguridad y el futuro. Por eso existe Cástor o Fukushima.

Cambio climático y energias renovables

El reciente fiasco del proyecto de almacenamiento de gas en el depósito subterráneo Cástor, está revelando mucho más de lo que pudiera parecer. En primer lugar, que la apuesta de España comenzada por el PSOE y mantenida por el PP, por convertirse en un importador-consumidor-exportador de gas, tiene un fallo gravísimo que nunca se ha querido reconocer: el almacenamiento. Y si esto no es posible, ¿dónde queda la seguridad en el suministro?, ¿y el supuesto respaldo a la intermitencia de las renovables?, ¿qué ocurre si Argelia, país que nos suministra cerca del 50% del gas que importamos, estalla socialmente? Esta última posibilidad es más que real: dominados por un régimen militar dictatorial, presionados por el terrorismo islamista, uno de cuyos objetivos prioritarios reconocidos por ellos es precisamente España, y rodeados por países muy inestables (Libia, Egipto, Túnez… ).

Un segundo aspecto puesto de relieve es que almacenar gas a presión en antiguos pozos de petróleo, o minas abandonadas, en definitiva yacimientos bajo tierra, es enormemente inseguro, y puede provocar seísmos y hasta explosiones. Pero esto, a su vez, implica dos cosas más: 1) la técnica de ‘fracturación hidráulica’ o ‘fracking’, es enormemente arriesgada, pues precisamente se basa en inyectar agua a alta presión con componentes químicos nunca del todo aclarados, y que se sospecha que pueden incluir hasta residuos radioactivos, y, 2) todas las técnicas de recuperación y almacenamiento de carbono, que supuestamente nos permitirían seguir ‘quemando’ combustibles fósiles, aparte de sus enormes costes económicos, presentan un enorme riesgo inesperado que las pone definitivamente en cuestión.

Un panorama alarmante

Si a todo esto añadimos el desastre nuclear de Fukushima, cuya peligrosidad no hace sino aumentar varios años después, y el último informe del IPCC (organismo mundial para estudiar el cambio climático), en el que alertan de que las previsiones han empeorado sustancialmente respecto al análisis presentado hace unos años, el panorama energético empieza a ser alarmante por momentos. En resumen, no podemos apostar ni por el gas ni por la nuclear, y si seguimos quemando carbón y petróleo, la alternativa es aprovechar precisamente el cambio climático para explotar los recursos del Ártico accesibles con el deshielo, y quemar todavía más petróleo (la estrategia de Rusia). Es decir, directos a un panorama con suerte incierto, y muy probablemente catastrófico —el clima no negocia—.

¿Y qué decir de España que no se haya dicho ya? Quizá se pueda añadir que estamos persiguiendo y sustituyendo las renovables, especialmente la solar, y apostando por el gas, comprando por ejemplo el 30% de nuestro suministro a través de una multinacional hispano-catarí al emirato de Catar. ¿Y qué hacen los emiratos árabes con todos estos capitales? Estimado lector, probablemente ya lo has adivinado: invertir masivamente en renovables.

Y siguiendo con España y aunque se trate de una cuestión colateral, el Tribunal Supremo acaba de confirmar que el Estado debe mantener la indemnización de 1.700 millones de euros a le empresa que promueve Cástor si finalmente el proyecto se aparca, tal como estaba estipulado en el contrato firmado en su día. Detrás de esta empresa aparece el nombre de una poderosa constructora, y también un poderosísimo empresario español. Y, ciertamente, parece que la indemnización debería pagarse, pero esto no cuadra del todo con las decenas de miles de reclamaciones presentadas en diversos tribunales españoles por inversores nacionales e internacionales, todas sistemáticamente rechazadas, basándose en disquisiciones inverosímiles acerca del sencillísimo concepto de retroactividad, y literalmente inventándose una supuesta rentabilidad razonable, que está muy por debajo de la evaluación internacional del 10% después de impuestos y de inflación (véanse, por ejemplo, los informes sobre costes renovables de IRENA, los del World Energy Council, o los del Fraunhofer Institute).

Sí hay salida

Finalmente, lo más dramático de esta situación es que hay salida, como se ha puesto de manifiesto en numerosos informes desde hace ya dos o tres años: la solución renovable. Y ya a estas alturas todos, los que estamos a favor y los que se oponen, sabemos por qué no se sigue en algunos países esa vía. Pero, admitámoslo, los grandes cambios económicos y sociales en la historia de la humanidad siempre se han producido con fuertes convulsiones, que desgraciadamente muchas veces han traído consecuencias dramáticas. Esperemos que en esta ocasión surjan líderes capaces de superar el cortoplacismo y facilitar una transición lo más ordenada y pacífica posible.

Ignacio Mauleón

O ‘fracking’ o renovables

La discusión sigue.

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En algunos medios se está presentado como una discusión «entre iguales», por así decirlo. No deja de ser un avance en un país como España, donde se apoya muy favorablemente al ‘fracking’ y literalmente se persigue a las renovables. Pero España es quizá el mejor ejemplo de que son dos opciones radicalmente opuestas, y eso lo ha determinado precisamente el actual ejecutivo, no los defensores de las renovables.

Aparentemente ambas opciones ofrecen ventajas parecidas: empleo, crecimiento, independencia energética, etc. Pero el ‘fracking’, además de costoso y altamente contaminante, no es una apuesta de futuro sino (quizá), la última apuesta de un modelo basado en la energía fósil destinado a desaparecer que intenta rentabilizar al máximo sus inversiones ya realizadas.

Tampoco el gas obtenido por esta vía es una fuente de energía necesaria en la transición a un modelo «más renovable»: por mucho que insistan, cada vez es más evidente que la penetración de las renovables a gran escala es posible, incluso con una red eléctrica no diseñada para ellas.

Por último, hay otras energías renovables que pueden cumplir perfecta y probablemente mejor el complemento de ‘gestionabilidad’, para suplir la intermitencia de la solar y la eólica: la hidráulica (la mejor), como demuestran Noruega y Dinamarca, la biomasa, el biogás (en Alemania hay 3.000 plantas por comparación a 30 en España), e incluso la geotérmica.

Ignacio Mauleón

A vueltas con el ‘fracking’

¿El ‘fracking’ es una técnica cara, insegura y contaminate o una forma de reducir nuestra dependencia energética?

peligros del fracking

Recientemente se ha publicado en el diario El País un artículo favorable a esta técnica para extraer gas no convencional, en el que se dice que parte del problema para su aceptación en España y Europa es que no estamos bien informados. Además, se nos relatan de nuevo todas sus enormes ventajas: que es abundante, barato, seguro, y que reduciría nuestra dependencia energética, crearía empleo, etc. Como ejemplo se pone a EE.UU., país que según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) va a ser autosuficiente energéticamente en pocos años. Vaya, que si nos quedamos con esto, hay que ser realmente ciego y sordo ante lo obvio y negarse al ‘fracking’.

Pero resulta que gracias a que sí estamos bien informados, pues hay abundantes informes libremente disponibles en la web, sabemos que la realidad es mucho más compleja.

Resulta incuestionable, en primer lugar, que esta técnica es cara, insegura, contaminante y no solo para el medioambiente, pues además contamina el agua del subsuelo, y consume agua no reutilizable. La cuestión, claro está, es si estas características son importantes, como cree mucha gente, y entre otros el que suscribe, o solo un detalle mínimo, como sostienen sus defensores.

Pero aun aceptando esto último, hay al menos dos motivos que desaconsejan el fracking:

1. Consume agua y contamina el subsuelo, en mayor o menor grado; y lo grave es que el problema de la escasez de agua en el mundo es ya una realidad y lo va a ser cada vez más

2. Existen otras fuentes energéticas que poseen todas las bondades que suponen los defensores del ‘fracking’, y ninguno de sus inconvenientes y me refiero, claro está, a las energías renovables.

Podemos tener energía barata y segura

Estas fuentes energéticas no consumen agua ni contaminan, pero el principal problema, que repiten machaconamente sus detractores, es que son caras y muy variables. Es comprensible hasta cierto punto este desconocimiento, pues estas tecnologías están avanzando a tal velocidad que es difícil estar al día, incluso para los expertos. Pero el argumento del coste, simplemente no es cierto: hoy día la fotovoltaica es probablemente ya la energía más barata que existe, o lo va a ser muy pronto; otro tanto puede decirse de la minihidráulica y de los pellets de bio-masa; y la geotermia de baja temperatura y la minieólica están bajando sus costes también rápidamente.

Y respecto a las acusaciones, también repetitivas de que son intermitentes, que no se integran fácilmente en la red, etc., son fácilmente rebatibles y lo han sido ya en la teoría y en la práctica. La mayor parte de ellas se contestan, simplemente, teniendo en cuenta que una gran ventaja de las renovables es que al haber tanta variedad los inconvenientes de un tipo se compensan con las ventajas de otro. Basta pues, con tomarlas en conjunto.

Y un par de observaciones para acabar: 1) la AIE es conocida por sus sonados fracasos predictivos, y, 2) habría que preguntarse por qué en ‘el paraíso del fracking’, EE.UU, la actual Administración está apostando intensivamente por las energías renovables, al igual que los grandes países productores mundiales de petróleo y gas, especialmente en Oriente Medio. Incluso la industria cinematográfica está en contra del fracking (capítulos de las series Rizzoly Isles y de CSI Las Vegas, y la película Promised Land).

Ignacio Mauleón

El ‘fracking’, una perforación con consecuencias

El día 22 de septiembre se celebró el Día Mundial contra el Fracking, convocatoria secundada en España por todas las organizaciones ecologistas para denunciar su fuerte impacto medioambiental.

Esta técnica consiste, a grandes rasgos, en perforar el subsuelo para después inyectar agua a presión en grandes cantidades, con componentes químicos disueltos, lo que provocaría resquebrajamientos o fracturas —fracking— de las rocas y recuperar el gas pizarra o no convencional que se desprenda de pequeñas cavidades.

Una perforación con consecuencias

El fracking es una técnica muy agresiva con el medioambiente por una larga lista de motivos:

  • Contamina el subsuelo, y posiblemente el agua potable.
  • Se producen filtraciones de gas a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global.
  • El agua empleada no es reutilizable al llevar componentes químicos.
  • Ha ocasionado ligeros terremotos.

Pero, ¿es sólo el medioambiente? La existencia de este gas se conocía desde hace décadas, aunque su alto coste derivado de la complejidad técnica y su menor rendimiento energético desaconsejaban su explotación. Al aumentar los precios de los fósiles convencionales debido a que los yacimientos más baratos se acaban, lo que obliga a explorar otros con un coste cada vez mayor, el gas pizarra podría llegar a ser competitivo. Son, por tanto, las multinacionales del petróleo y el gas, que dominan las técnicas de perforación y han realizado grandes inversiones en ellas, las que apoyan este nuevo combustible.

El negocio que se agota

Que el petróleo y el gas convencionales se están acabando, al menos a un coste asumible, lo saben los grandes productores antes que nadie: como ejemplo, Arabia Saudí está invirtiendo en paneles fotovoltaicos a gran escala, y participando en otros proyectos solares en Marruecos; el emirato de Abu Dabi promociona una ciudad completamente abastecida por energía fotovoltaica, etc. Por tanto, la industria energética tradicional está buscando a través del gas pizarra prolongar su modelo de negocio, y terminar de explotar al máximo los fósiles e inversiones tradicionales.

No cabe duda de que este gas no convencional tiene ventajas, y la principal es que está muy distribuido por el mundo, lo que acabaría en parte con la división entre países importadores y exportadores. En EE.UU. se han encontrado grandes ‘yacimientos’, y también en Europa: País Vasco en España y Polonia.

Pero su viabilidad técnica y económica a gran escala no está completamente demostrada, incluso olvidando los costes ambientales (ejemplo, las dificultades que está encontrando Argentina para financiar la explotación del yacimiento de Vacas Muertas). Es perfectamente posible que, como con la energía nuclear, no se trate más que de otra cortina de humo lanzada por la industria petrolera y gasística tradicional para seguir controlando el negocio de la energía y explotarlo al máximo, mientras ralentizan todo lo posible el despliegue de la energía renovable hasta que puedan controlarlo también.

Se les va de las manos…

Este empeño, en todo caso, ya no es tan fácil, pues una característica esencial de las renovables es que no requieren grandes inversiones, y son asequibles a pequeñas y medianas empresas, instituciones como ayuntamientos, centros educativos, etc., y en general a pequeños y medianos consumidores.

Y en nuestro país, donde contamos con la mayor reserva de radiación solar de Europa, el ministro Soria, siguiendo la estela del anterior socialista, sigue persiguiendo obsesivamente esa rica fuente para España, pero tan perjudicial para el oligopolio eléctrico, a juzgar por sus insistentes ataques.