Apoyo a la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético

El próximo 27 de julio a las 12.30 h en el Congreso de los Diputados, los partidos políticos de la oposición, con el apoyo de sindicatos, consumidores, asociaciones empresariales, ambientalistas y representantes de los movimientos sociales, firmaremos en un acto público nuestro compromiso con el derecho cívico al autoconsumo de energía y la petición de retirada del proyecto de RD de Autoconsumo.

TodoSobreEnergia apoya la iniciativa  de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y publica el documento sobre  EL AUTOCONSUMO Y EL AVANCE HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO ENERGÉTICO SOSTENIBLE, elaborado por UNEF: AUTOCONSUMO_MODELO_SOSTENIBLE

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Acordarse de Santa Bárbara cuando truena

Las alarmas se disparan siempre ante la inestabilidad política en los países suministradores de petróleo y gas, pero solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena…

Gas o energías renovables

La escalada de tensión en Iraq, con la consiguiente inestabilidad del mercado del petróleo y aumento inmediato en su precio, otra vez ha disparado todas las alarmas. Si a esto le añadimos la crisis de Ucrania con su amenaza sobre el gas ruso suministrado a Europa, la alarma es todavía mayor. Y aunque algún país como EEUU haya conseguido independizarse relativamente del petróleo del Medio Oriente substituyéndolo por petróleo mejicano y canadiense, no es esta la situación de Europa, fuertemente dependiente de Oriente Medio.

Intereses que ocultan la solución

Ante esto los ojos se vuelven inevitablemente, una vez más, hacia las renovables. Pero de nuevo topamos con los intereses de los grandes grupos energéticos basados en las energías fósiles y nucleares, y en la explotación de mercados cautivos defendidos a ultranza con presiones políticas de todo tipo. Y nos encontramos, una vez más, con la monserga mediática habitual en contra de las renovables: que si son caras, que si suben el precio de la electricidad, que si generan energía inestable, etc.

Un añadido reciente a esta reatahíla es que la pérdida de competitividad europea se debe a la apuesta por las renovables para combatir el cambio climático. Curioso, pues esa supuesta pérdida, en todo caso se basa en la fortaleza del euro, que tampoco ha impedido que las exportaciones alemanas sigan aumentando notablemente, e incluso las españolas.

Los beneficios de las eléctricas, intocables

Pero esta vez la joya la ha puesto J. M. Soria, a la sazón ministro de Industria. En un reciente artículo en El País —edición papel y para suscriptores—, afirmaba que la lucha contra el cambio climático no es sostenible si económicamente no es viable. Pero resulta que las renovables, el instrumento clave en esta batalla, son ya enormemente rentables a corto plazo, incluso excluyendo sus ventajas sobre el cambio climático. Por repetir argumentos archiconocidos: generan empleo directo e indirecto y de alta calidad, reducen el déficit exterior, aumentan la independencia energética, disminuyen la incertidumbre de los precios de la energía fósil, rebajan el precio de la electricidad y un largo etcétera. Pero, ¡ay!, tienen un problema insoluble: atacan la base de los inmensos beneficios de las compañías energéticas tradicionales: ¿por qué sino un decreto sobre el autoconsumo, al que no solo priva de derechos elementales de participación en la red de distribución, sino que lo criminaliza con amenazas de multas millonarias?

Y por último, ¿es que algún economista serio puede discutir el enorme coste puramente económico que está teniendo ya el cambio climático, en forma de variabilidad del tiempo y acontecimientos meteorológicos extremos —inundaciones, sequías pertinaces, ciclones, etc.—, con las consiguientes pérdidas humanas, de cosechas, destrucción de infraestructuras, cortes en el suministro de la electricidad, etc.?

Ignacio Mauleón

Energía y seguridad (I): Gastos militares

Una economía mundial basada en las energías fósiles, dada la concentración de estos recursos en lugares y países muy específicos, plantea retos constantes para asegurar el suministro energético.

Energía y seguridad

Como ejemplo significativo de los retos que plantean las energías fósiles hay que destacar los ingentes gastos militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico para asegurar el suministro de petróleo y gas. Para el período 1976-2007 se han estimado en 6,8 billones de dólares USA (1) —billones españoles, es decir, millones de millones, equivalentes, aproximadamente, a cinco veces el PIB español—.

De paso, podemos notar que si a esto unimos las subvenciones que han recibido este tipo de energías, estimadas en 340.000 millones de dólares USA, en el mundo en conjunto, solo en el año 2007, la afirmación repetida hasta la saciedad de que las energías fósiles son baratas en relación a las renovables resulta cuando menos completamente carente de fundamento y muestra una total desinformación al respecto. Y ello sin tener en cuenta todas las externalidades negativas, que solo en polución la OMS ha calculado recientemente que ocasiona unos 7 millones de fallecimientos al año en el mundo.

La solución solar

En contraposición, y también por poner algún ejemplo muy relevante, un plan energético basado en energía solar que podría suministrar el 70 % de toda la electricidad consumida en USA y un porcentaje similar en Europa, se ha estimado que costaría alrededor de 0,4 billones de USD en subvenciones y otro tanto en inversiones, una ínfima fracción de todos los gastos militares señalados anteriormente. Por ofrecer más ejemplos significativos, en el período 1970-2008 la inversión pública en investigación nuclear en los países de la OCDE fue de 500.000 millones de euros —la mitad del PIB español aproximadamente—, mientras que en fotovoltaica no llegó a los 10.000, menos del 2 % de la inversión en nuclear.

Estos datos son prueba evidente de un fallo dramático en política energética a nivel internacional de alcance histórico, a pesar del reconocimiento hace ya más de treinta años por parte del presidente de EE.UU., Jimmy Carter (2), de las grandes ventajas que ofrece una opción energética solar. La historia posterior es bien conocida: la presidencia de R. Reagan se sometió incondicionalmente a los intereses de los grandes grupos petrolíferos y del capital financiero de Wall Street. Resultado hoy día, sin entrar en detalles, crisis energética mundial sin precedentes, e igualmente crisis económica en los países de la OCDE, los más avanzados del mundo, especialmente en Europa.

(1) R.Stern (2010) United States cost of military force projection in the Persian Gulf, 1976–2007 Energy Policy, 38, pp. 2816-2825.
(2) J. Carter (1979) Solar Energy: Message from the President of the United States. Transmitting Proposals for a National Solar Energy Strategy, H. Doc. 96-154.
 

Ignacio Mauleón

El gas: un respaldo ni necesario ni fiable

El gas no es una energía de respaldo necesaria y su dependencia puede tener unos costes políticos inaceptables. 

Gas

Una de las razones por las que el gas es imprescindible, según sus defensores, es precisamente porque es la garantía del respaldo a la intermitencia e inseguridad de las renovables. Este es un mantra repetido hasta el aburrimiento por el oligopolio energético, basándose en su fuerte control de los medios informativos.

Sin embargo, y afortunadamente para los consumidores y pequeños y medianos empresarios en general, es simplemente una falsedad. En este post la desmontaremos en dos pasos: primero, repasaremos la supuesta necesidad de respaldo de las renovables; y, segundo, analizaremos la supuesta capacidad de respaldo del gas.

El respaldo a las renovables no es imprescindible

Vayamos con el primer punto. El planteamiento más extremo suele hacer referencia a una hipotética confluencia de eventos en la que no hay sol ni viento, poca capacidad hidráulica debido a una prolongada sequía, fuerte demanda de electricidad, además de averías varias en centrales nucleares: aparentemente la respuesta es obvia, acudir a las centrales de gas, fácilmente adaptables a una respuesta rápida ante esta caída de la capacidad de oferta, se supone que imprevista. Sencillo y obvio ¿no?

Lo malo para sus defensores, y bueno para todos los demás, es que es una argumentación, por llamarla de alguna manera, radicalmente falsa.

Empecemos por el principio: desde que existen registros históricos mínimamente fiables, ¿se ha producido alguna situación de ese tipo en España? Parece bastante improbable, desde luego, y habría que empezar por demostrar fehacientemente que es una posibilidad real, aunque sea muy poco probable. Hasta la fecha, que se sepa, nadie lo ha hecho. A este respecto es oportuno señalar que según la Agencia Internacional de la Energía es suficiente una ratio de una unidad de respaldo por cinco de renovables: en España en este momento hay instalados aproximadamente 32 Gw renovables y 25 Gw de gas, mucho más que suficiente de acuerdo a este criterio, por consiguiente.

Pero incluso aunque se diera la fatal confluencia de eventos mencionada, hay múltiples opciones de respaldo a las renovables alternativas al gas, incluido el almacenamiento de energía. Una respuesta inmediata y evidente es el recurso a la biomasa, que se debería promocionar por múltiples razones, la gran hidráulica —nunca se ha registrado un año en el que estén completamente vacíos los grandes pantanos—, y la solar de concentración termoeléctrica. Por no repetirnos, remitimos al lector a posts anteriores en este mismo blog (Autoconsumo, la visión larga, La FV y la solar térmica, Conectando el sol, 100% renovables no es posible).

Y además, algunas otras no mencionadas previamente: las interconexiones con países colindantes que deberían incrementarse, en particular con Francia y Portugal, obligatorias además de cara a la formación del mercado eléctrico europeo. Y sin olvidar, por supuesto, al norte de África, especialmente Marruecos, país que está apostando fuertemente por la energía solar, y en el que es difícil creer que pueda haber un día sin sol en todo su territorio.

Y respecto al almacenamiento, el desarrollo e implantación de vehículos híbridos o eléctricos puede ofrecer también un respaldo inmediato. Más todavía, algunos autores afirman que la investigación en almacenamiento de la energía fotovoltaica está intencionadamente frenada, precisamente por las multinacionales cuyo negocio es la energía fósil. De hecho, periódicamente aparecen noticias en algunos medios no muy conocidos con propuestas verdaderamente intrigantes y sugerentes al respecto.

Por último, se puede adaptar la demanda, y precisamente se destinan a unas pocas empresas grandes consumidoras de electricidad unos pagos para que reduzcan su demanda en caso de necesidad, pagos o costes de interrumpibilidad que están incluidos, de nuevo, en la parte fija del recibo de la luz, los denominados peajes, y que curiosamente llevan al menos cinco años sin utilizarse.

El gas no ofrece un respaldo fiable

Y ahora otro punto poco discutido, que hasta los defensores de las renovables suelen aceptar algo ingenuamente: la capacidad de respaldo del gas, que se da por supuesta. Para comenzar, a muy corto plazo esa capacidad no existe, pues a diferencia de la hidráulica cuya respuesta ante variaciones de la demanda se da en escasos segundos, las centrales de gas necesitan unos minutos para variar su potencia, para lo que se requiere adicionalmente mantenerlas en funcionamiento aunque sea a baja potencia, pues de otro modo el tiempo de respuesta y su coste se amplia considerablemente. Así, el gas no puede ofrecer una respuesta a muy corto plazo, para lo cual es necesario buscar otra alternativa, generalmente la hidráulica, aunque también el almacenamiento por medio de aire comprimido, e incluso sistemas de discos de inercia.

Y consideremos un horizonte más largo, y en concreto, ¿cuál es la capacidad de almacenamiento del gas? La reciente experiencia del proyecto Cástor frente a las costas de Tarragona la pone seriamente en cuestión. No parece probable que el almacenamiento de reservas suficientes a un coste asumible pueda extenderse más allá de 30 o 40 días.

¿Y a partir de ahí?, pues es bastante claro que dependeríamos de que las compañías suministradoras continuaran haciéndolo: es decir, que simplemente esto nos hipoteca políticamente. En el norte de Europa la hipoteca es con Rusia, país que ya hemos visto repetidamente cómo emplea esta capacidad de control sobre países limítrofes que desean independizarse completamente, o unirse a Europa —un ejemplo reciente es Ucrania—. Y en España con Argelia en primer lugar —aproximadamente el 50% de nuestras importaciones de gas provienen de dicho país—, país potencialmente inestable políticamente: el 50 % de su población es menor de 30 años, y la paz social se sostiene con fuertes subsidios obtenidos de la venta de energía fósil y el sometimiento a una férrea dictadura; además, está fuertemente expuesto al terrorismo islamista, uno de cuyos principales objetivos parece ser precisamente España, de acuerdo a diversa documentación incautada en varias operaciones militares.

Otro 30% de las importaciones provienen de Catar, que probablemente es más estable políticamente, pero en el que se da la circunstancia de que a través de su fondo estatal de inversiones se ha convertido en el principal accionista de una de las empresas del oligopolio que apostó fuertemente por el gas en España. A título de anécdota, este país es precisamente uno de los principales inversores mundiales en renovables en este momento. Y por último, no está de más notar que en Nueva Inglaterra (USA), estado que obtiene un 50 % de su electricidad del gas, en una situación de emergencia el sistema eléctrico falló estrepitosamente .

Ni necesario ni fiable

En definitiva, el gas no es una energía de respaldo, ni necesaria –las renovables se bastan por sí mismas combinándolas adecuadamente–, ni que garantice nada, ni en el muy corto plazo –pocos segundos–, ni tampoco en el medio y largo plazo –a partir de 1, o como máximo 2 meses–. Y además, impone unos condicionamientos políticos que pueden ser inaceptables.

Ignacio Mauleón

Demasiado gas

La mala gestión del oligopolio eléctrico llevó a una sobreinversión en centrales de gas, un error que estamos pagando todos. 

Centrales de gas

Uno de los aspectos más notables de la actual crisis energética es el funcionamiento al 10 % de las centrales eléctricas de gas, de lo cual se quejan amargamente sus propietarias, las grandes eléctricas (‘Mucho gas para tan poca luz‘).

Solo esto debería estar ocasionando graves pérdidas a dichas compañías, de modo que la queja parece justificada. Aparentemente. Para analizarlo en detalle vayamos al origen.

A principios de este siglo y amparándose en el considerable crecimiento económico de España como resultado de la burbuja inmobiliaria, se consideró al gas natural como una opción energética conveniente: menos contaminante que el carbón, más barato, y cuyas centrales de generación eléctrica se constuyen en plazos cortos —de 6 a 12 meses— y sin grandes costes por comparación a otras centrales.

Si a esto se añade una financiación barata y abundante, y fuertes incentivos estatales que permitían recuperar hasta un 30 o 40 % de la inversión, la explosión inversora estaba servida, como así ocurrió efectivamente. Dicho sea de paso, las subvenciones están contabilizadas dentro del término de los costes fijos del recibo eléctrico, los denominados peajes, que pagamos todos los consumidores. En pleno estallido de la crisis y hasta muy recientemente –casi hasta 2011– se siguieron instalando centrales de ciclo combinado por un importe total de unos 15 mil millones de euros, y con una potencia de 27 gigawatios, que resulta en 0,55 euros por watio instalado. Conviene señalar que hoy día el precio de los paneles fotovoltaicos ronda esa cifra y que el combustible, el sol, es gratis, por comparación al gas que hay que pagarlo: en otras palabras, se mire como se mire, la fotovoltaica es hoy por hoy mucho más barata que el gas.

Persecución a las renovables

El estallido de una crisis que dura ya 5 años, y se prevé que dure varios más, ha reducido la demanda de electricidad, y con ella las operaciones del conjunto de estas centrales al 10 % aproximado de su potencia instalada, ante lo cual las empresas propietarias han reaccionando culpando a las renovables de ser el compendio de los males de todo el sistema energético, y consiguiendo que gobiernos de diversa índole las hayan sometido a una persecución inmisericorde.

Los supuestos argumentos son bien conocidos: las renovables necesitan el respaldo del gas, son muy caras, y en definitiva son un lujo innecesario (el problema del supuesto respaldo se analizará en detalle en un próximo post).

Sin entrar en una disección detallada del sistema energético español, estas afirmaciones acerca de las grandes pérdidas en las que están incurriendo a causa del gas chocan con los altísimos beneficios obtenidos por el oligopolio, que este año alcanzarán unos 12 mil millones de euros, a los que habría que añadir el supuesto préstamo que hacen a la sociedad de otros 5 mil millones, a través del denominado déficit de tarifa, que recoge unos costes nominales no retribuidos, y que según el oligopolio son reales. En total, unos 17 mil millones, aproximadamente un 1,7 % del PIB español que obtienen las multinacionales del oligopolio, cuatro de ellas extranjeras, y otra dominada por el emirato de Catar.

Pocas dudas caben hoy de que la crisis era previsible ya en 2008, como muchos economistas lo venían advirtiendo, pues el crecimiento exagerado de España se basaba en pilares poco firmes y con signos evidentes de no sostenibilidad: la burbuja inmobiliaria, que entre otras cosas generó el fuerte déficit externo con el consiguiente endeudamiento, fundamentalmente con bancos alemanes y franceses. Y dentro de esta burbuja se generaron otras, como es precisamente la extraordinaria sobreinversión en centrales de gas, burbuja que entre otras cosas nos obliga a invertir en almacenamientos subterráneos a precios disparatados e inseguros, y a participar en infraestructuras faraónicas, como el gasoducto del Magreb.

Un problema de mala gestión

El problema con el oligopolio eléctrico, por las razones antedichas, es simplemente de una mala gestión, que ahora quieren hacer pagar a los consumidores y pequeños y medianos empresarios.

Este oligopolio, de hecho, está estrechamente imbricado con el Estado –las puertas giratorias–, y su negocio está siempre basado en sustanciosas subvenciones más o menos encubiertas como en el caso del gas, y en ejercer su poder quasi monopolístico frente a un modelo de capitalismo eficiente y competitivo: la misma Comisión Nacional de los Mercados, aunque ha retirado la acusación de manipulación de la última subasta que fija el precio al consumidor para el trimestre próximo, ha sugerido que hubo movimientos extraños, y retiradas de capacidad ofrecida no justificadas. En román paladino: manipulación del mercado.

Y si todo falla, siempre está de nuevo el recurso a papá Estado para culpar a los demás –las renovables en particular–, y exigir compensaciones por lo que no son otra cosa que sus errores de gestión: pretenden, por ejemplo, hibernar sus centrales de gas, y que esos costes sean financiados, aumentando, de nuevo, el recibo de la luz a través de los peajes, ni más ni menos.

Este comportamiento es bien conocido en economía, de acuerdo al cual grandes empresas se arriesgan mas de lo debido, y si el riesgo se materializa negativamente, se recurre al apoyo del Estado, pues se trata de empresas demasiado grandes para caer –moral hazard; a la banca se le suele acusar de practicarlo–. Más aún, si aparecen competidores más eficientes en el mercado, se busca el apoyo del Estado para que directamente prohíba su actividad o la haga inviable, como es el caso del autoconsumo fotovoltaico.

El oligopolio eléctrico no es competitivo ni eficiente

El análisis presentado en este post es necesariamente incompleto, pero permite extraer algunas conclusiones inmediatas. La primera es que el oligopolio eléctrico ni funciona en régimen de libre competencia, pues está fuertemente apoyado por el Estado, ni tampoco es competitivo ni eficiente desde una perspectiva liberal-capitalista. La respuesta es que, además de otras medidas, hay que modificar este sistema, pues la liberalización a medias no ha funcionado, y la mejor solución en el plano institucional sería introducir competitividad troceando las grandes empresas.

No existe ninguna razón económica que justifique la supuesta eficiencia de los grandes conglomerados actualmente existentes, y en particular no están justificados por presuntas economías de escala –a mayor tamaño más eficiencia–: dos centrales nucleares no son más eficientes que una, y una más una central hidráulica tampoco son más eficientes que por separado. Y afortunadamente, pues si así fuera la única opción justificable económicamente sería directamente la nacionalización.

Pero lo que está fuera de toda duda es que el actual sistema de privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas es hoy, con la crisis que estamos padeciendo, más inaceptable que nunca.

La segunda conclusión es que los actuales gestores de las empresas del oligopolio han mostrado una manifiesta incapacidad de gestión en un entorno de capitalismo libre y competitivo, y sus accionistas deberían considerar seriamente sustituirlos. Esto sería positivo, tanto para ellos como para toda la sociedad.

Y finalmente, no se trata de mucho gas para tan poca luz, sino, simplemente, de demasiado gas y pocas renovables (las ventajas y necesidad de las renovables ya han sido analizadas en detalle en este mismo blog, y en numerosísimas publicaciones de otros autores).

Ignacio Mauleón

Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

La solución renovable es posible, pero los fuertes intereses continúan poniendo en peligro la economía, la seguridad y el futuro. Por eso existe Cástor o Fukushima.

Cambio climático y energias renovables

El reciente fiasco del proyecto de almacenamiento de gas en el depósito subterráneo Cástor, está revelando mucho más de lo que pudiera parecer. En primer lugar, que la apuesta de España comenzada por el PSOE y mantenida por el PP, por convertirse en un importador-consumidor-exportador de gas, tiene un fallo gravísimo que nunca se ha querido reconocer: el almacenamiento. Y si esto no es posible, ¿dónde queda la seguridad en el suministro?, ¿y el supuesto respaldo a la intermitencia de las renovables?, ¿qué ocurre si Argelia, país que nos suministra cerca del 50% del gas que importamos, estalla socialmente? Esta última posibilidad es más que real: dominados por un régimen militar dictatorial, presionados por el terrorismo islamista, uno de cuyos objetivos prioritarios reconocidos por ellos es precisamente España, y rodeados por países muy inestables (Libia, Egipto, Túnez… ).

Un segundo aspecto puesto de relieve es que almacenar gas a presión en antiguos pozos de petróleo, o minas abandonadas, en definitiva yacimientos bajo tierra, es enormemente inseguro, y puede provocar seísmos y hasta explosiones. Pero esto, a su vez, implica dos cosas más: 1) la técnica de ‘fracturación hidráulica’ o ‘fracking’, es enormemente arriesgada, pues precisamente se basa en inyectar agua a alta presión con componentes químicos nunca del todo aclarados, y que se sospecha que pueden incluir hasta residuos radioactivos, y, 2) todas las técnicas de recuperación y almacenamiento de carbono, que supuestamente nos permitirían seguir ‘quemando’ combustibles fósiles, aparte de sus enormes costes económicos, presentan un enorme riesgo inesperado que las pone definitivamente en cuestión.

Un panorama alarmante

Si a todo esto añadimos el desastre nuclear de Fukushima, cuya peligrosidad no hace sino aumentar varios años después, y el último informe del IPCC (organismo mundial para estudiar el cambio climático), en el que alertan de que las previsiones han empeorado sustancialmente respecto al análisis presentado hace unos años, el panorama energético empieza a ser alarmante por momentos. En resumen, no podemos apostar ni por el gas ni por la nuclear, y si seguimos quemando carbón y petróleo, la alternativa es aprovechar precisamente el cambio climático para explotar los recursos del Ártico accesibles con el deshielo, y quemar todavía más petróleo (la estrategia de Rusia). Es decir, directos a un panorama con suerte incierto, y muy probablemente catastrófico —el clima no negocia—.

¿Y qué decir de España que no se haya dicho ya? Quizá se pueda añadir que estamos persiguiendo y sustituyendo las renovables, especialmente la solar, y apostando por el gas, comprando por ejemplo el 30% de nuestro suministro a través de una multinacional hispano-catarí al emirato de Catar. ¿Y qué hacen los emiratos árabes con todos estos capitales? Estimado lector, probablemente ya lo has adivinado: invertir masivamente en renovables.

Y siguiendo con España y aunque se trate de una cuestión colateral, el Tribunal Supremo acaba de confirmar que el Estado debe mantener la indemnización de 1.700 millones de euros a le empresa que promueve Cástor si finalmente el proyecto se aparca, tal como estaba estipulado en el contrato firmado en su día. Detrás de esta empresa aparece el nombre de una poderosa constructora, y también un poderosísimo empresario español. Y, ciertamente, parece que la indemnización debería pagarse, pero esto no cuadra del todo con las decenas de miles de reclamaciones presentadas en diversos tribunales españoles por inversores nacionales e internacionales, todas sistemáticamente rechazadas, basándose en disquisiciones inverosímiles acerca del sencillísimo concepto de retroactividad, y literalmente inventándose una supuesta rentabilidad razonable, que está muy por debajo de la evaluación internacional del 10% después de impuestos y de inflación (véanse, por ejemplo, los informes sobre costes renovables de IRENA, los del World Energy Council, o los del Fraunhofer Institute).

Sí hay salida

Finalmente, lo más dramático de esta situación es que hay salida, como se ha puesto de manifiesto en numerosos informes desde hace ya dos o tres años: la solución renovable. Y ya a estas alturas todos, los que estamos a favor y los que se oponen, sabemos por qué no se sigue en algunos países esa vía. Pero, admitámoslo, los grandes cambios económicos y sociales en la historia de la humanidad siempre se han producido con fuertes convulsiones, que desgraciadamente muchas veces han traído consecuencias dramáticas. Esperemos que en esta ocasión surjan líderes capaces de superar el cortoplacismo y facilitar una transición lo más ordenada y pacífica posible.

Ignacio Mauleón

Autoconsumo: una regulación imPopular contra los intereses de España

La política energética del Gobierno está diseñada para defender los intereses de determinados grupos eléctricos y en contra de los intereses generales de España y sus ciudadanos.

Gobierno contra renovables

Imagínese que vive usted en un pueblo típico de la costa española con un sol y una playa magníficos. La lógica dicta que una buena opción sería dedicarse al turismo y la pesca. Pero el alcalde tiene otra idea: decide que cierra todas las playas, echa brea en ellas y exige que todos vistan de traje (a ser posible negro). Y para rizar el rizo solo hay una sastrería, la de un amigo del alcalde, y este obliga a todos a que paguen parte de los costes de instalación del sastre, vayan a hacerse el traje allí o a aprovechen uno que tenían en el armario cogiendo polvo. Pues algo muy similar es lo que ha hecho el actual gobierno impopular con el Real Decreto 1611/2011 que cercena el autoconsumo.

No voy a detenerme en los múltiples extravíos de ese RD que, en contra de lo que está sucediendo en todo el mundo y muy especialmente en la UE, trata de eliminar la posibilidad de que los españoles produzcan y consuman su propia energía, sin estar supeditados a los intereses y precios del oligopolio eléctrico. Un fantástico análisis se puede encontrar en el magnífico artículo de Antonio Barrero sobre el autoconsumo (nº 124 de Energías Renovables). Si bien no puedo dejar de citar el aberrante peaje de respaldo, que obliga a los productores/consumidores a pagar por una red eléctrica que no utilizan. Porque lo relevante que quiero señalar en este post es que esta política energética está diseñada en defensa de los intereses de determinados grupos eléctricos y en contra de los intereses generales de España y sus ciudadanos. Les daré tres argumentos.

Ataque descarado a las energías alternativas

En primer lugar, hay que destacar no ya solo la renuncia, sino el ataque descarado del ministerio de Soria a las energías alternativas, sobre todo la fotovoltaica, a las que desde su llegada ha ido poniendo trabas continuadas. Dado el potencial que tiene nuestro país en ese tipo de energías no solo no debería ir en contra de su desarrollo sino que el Gobierno debería fomentar la investigación en ellas y su implantación. Como señala Jordi Serrano, responsable de ventas de REC en España y Portugal, «…la energía solar para autoconsumo es un modelo especialmente atractivo en España por los bajos costes de los sistemas FV y los altos niveles de radiación solar».

A ello hay que sumar nuestra dependencia exterior de las energías convencionales, de las que importamos la práctica totalidad, por lo que un avance en las energías limpias y producidas en España permitiría mejorar nuestra balanza de pagos y el medioambiente. Lo dicho, no solo no atacarlas sino fomentar su investigación —si es que el Gobierno impopular recuerda a qué corresponde el acrónimo I+D— y su utilización es lo que defiende los intereses de España entendida como un colectivo de ciudadanos/consumidores.

Defensa de los ‘derechos históricos de las Eléctricas’

En segundo lugar la defensa cerrada que el ministro Soria hace de los intereses del oligopolio eléctrico, que ni siquiera se puede justificar en la protección de una empresa nacional, ya que el mayor accionista de Iberdrola es un fondo soberano catarí. Sorprende además que un equipo económico asentado en la más estricta tradición neoclásica/neoconservadora en la que el elemento fundamental de su ADN es la competencia, limite esta para proteger algo contra lo que —al menos teóricamente— han prometido luchar denodadamente: el poder de mercado. Aunque en este caso una clara justificación la podemos encontrar en las palabras de Fernando Romero, gerente de EDF Solar, cuando afirma que la política del Gobierno trata de proteger «los derechos históricos de las Eléctricas, que llevan operando en el país varias décadas, financiando campañas electorales, a partidos y siendo lugar de jubilación de exministros. Estos intereses, puramente privados, con ánimo de lucro, manejan a sus anchas los reales decretos que condicionan a un país». Simplemente repasemos los Consejos de Administración del oligopolio eléctrico y veremos el porqué del RD y la falta de crítica del PSOE. Nueva conclusión: se protegen los intereses de un oligopolio en contra de los del resto de los españoles.

Si quisieran, podrían crear empleo

Por último, la inconsistencia de esta política energética con el apoyo a las pymes y emprendedores con los que se llenan la boca los políticos impopulares. El autoconsumo permitiría acceder a este tipo de empresas a la generación de energía eléctrica, lo que supondría un ahorro en costes importantes así como una mejora en la gestión de dicha energía al ser de generación propia. Además, el desarrollo de este sector, basado en pequeñas instalaciones, es un caldo de cultivo idóneo para emprendedores y empresas de reducido tamaño. Dicho en román paladino: el autoconsumo supone la potenciación de las pymes y emprendedores y la creación de empleo (algo que creíamos estaba en el programa electoral del PP).

En definitiva, el RD 1611/2011 es un clavo más en el ataúd que con gran insistencia está fabricando el gobierno impopular para las energías limpias en España. Pero no es solo eso: es un ataque contra los intereses de todos los españoles y nuestro futuro. Ante esto esperemos que, como nuevamente dice Fernando Romero: «…estamos ante un cambio energético a nivel mundial, ante una nueva filosofía que ellos no van a poder cambiar ni mucho menos detener o anular…». ¡Qué ganas tengo de que se acabe esta legislatura!

José Luis Calvo