Energía y seguridad (I): Gastos militares

Una economía mundial basada en las energías fósiles, dada la concentración de estos recursos en lugares y países muy específicos, plantea retos constantes para asegurar el suministro energético.

Energía y seguridad

Como ejemplo significativo de los retos que plantean las energías fósiles hay que destacar los ingentes gastos militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico para asegurar el suministro de petróleo y gas. Para el período 1976-2007 se han estimado en 6,8 billones de dólares USA (1) —billones españoles, es decir, millones de millones, equivalentes, aproximadamente, a cinco veces el PIB español—.

De paso, podemos notar que si a esto unimos las subvenciones que han recibido este tipo de energías, estimadas en 340.000 millones de dólares USA, en el mundo en conjunto, solo en el año 2007, la afirmación repetida hasta la saciedad de que las energías fósiles son baratas en relación a las renovables resulta cuando menos completamente carente de fundamento y muestra una total desinformación al respecto. Y ello sin tener en cuenta todas las externalidades negativas, que solo en polución la OMS ha calculado recientemente que ocasiona unos 7 millones de fallecimientos al año en el mundo.

La solución solar

En contraposición, y también por poner algún ejemplo muy relevante, un plan energético basado en energía solar que podría suministrar el 70 % de toda la electricidad consumida en USA y un porcentaje similar en Europa, se ha estimado que costaría alrededor de 0,4 billones de USD en subvenciones y otro tanto en inversiones, una ínfima fracción de todos los gastos militares señalados anteriormente. Por ofrecer más ejemplos significativos, en el período 1970-2008 la inversión pública en investigación nuclear en los países de la OCDE fue de 500.000 millones de euros —la mitad del PIB español aproximadamente—, mientras que en fotovoltaica no llegó a los 10.000, menos del 2 % de la inversión en nuclear.

Estos datos son prueba evidente de un fallo dramático en política energética a nivel internacional de alcance histórico, a pesar del reconocimiento hace ya más de treinta años por parte del presidente de EE.UU., Jimmy Carter (2), de las grandes ventajas que ofrece una opción energética solar. La historia posterior es bien conocida: la presidencia de R. Reagan se sometió incondicionalmente a los intereses de los grandes grupos petrolíferos y del capital financiero de Wall Street. Resultado hoy día, sin entrar en detalles, crisis energética mundial sin precedentes, e igualmente crisis económica en los países de la OCDE, los más avanzados del mundo, especialmente en Europa.

(1) R.Stern (2010) United States cost of military force projection in the Persian Gulf, 1976–2007 Energy Policy, 38, pp. 2816-2825.
(2) J. Carter (1979) Solar Energy: Message from the President of the United States. Transmitting Proposals for a National Solar Energy Strategy, H. Doc. 96-154.
 

Ignacio Mauleón

Conectando el sol

Energía fotovoltaica

En una serie de estudios recientes, la EPIA (Asociación Europea de la Industria Fotovoltaica) ha analizado cómo se pueden integrar volúmenes importantes y crecientes de esta fuente de energía a las redes eléctricas de distribución actuales. Las conclusiones son particularmente interesantes, dado que hasta hace poco tiempo la energía fotovoltaica (FV) se consideraba muy marginal. Posteriormente, cuando empezó a desplegarse, se dijo que era muy cara, y ahora, cuando resulta evidente que es una de las energías más importantes del futuro, por el descenso espectacular de su coste, el argumento de las grandes eléctricas en todo el mundo es que no es posible integrarla en la red actual de distribución de electricidad, dada su escasa fiabilidad derivada de su intermitencia.

Necesitamos fuentes autóctonas

Pero la demanda energética en el mundo y en Europa va a seguir aumentando, y en este último caso es crucial contar con fuentes autóctonas, debido a la alta dependencia exterior, que ronda el 55-60 %.

A la vez, el impresionante descenso de costes de esta fuente, y el alza continuada y previsible del coste de las alternativas fósiles la han convertido en imprescindible.

Y aquí viene la gran pregunta: ¿es posible integrar fuentes de energías renovables variables e intermitentes, sin afectar a la seguridad de la oferta? La respuesta unánime de los operadores y distribuidores de electricidad en las redes actuales ha sido afirmativa, de acuerdo con la EPIA.

Aunque no siempre luce el sol…

El primer problema es la variabilidad a lo largo del día y de las estaciones. Por la noche no hay sol, en verano hay más que en invierno, y las nubes reducen su efectividad, aunque de ninguna manera la anulan. Este es un problema que se plantea en zonas pequeñas, pero «sumando» varias, se reduce rápidamente, como muestra la realidad. Sí es cierto que el perfil intradía es variable, pero es prácticamente fijo día a día, de modo que resulta perfectamente predecible con gran antelación, y así no requiere centrales convencionales de respaldo para suplir demandas ocasionales, lo que supone un ahorro importantísimo de costes.

Por otra parte, el problema de la variabilidad e intermitencia, si lo enfocamos teniendo en cuenta otras fuentes renovables disminuye drásticamente: por ejemplo, la eólica produce más por la noche y en invierno, precisamente los períodos en los que la FV produce menos, de modo que la producción conjunta es más estable y predecible. Si incluimos la hidráulica y la biomasa, que son perfectamente gestionables, es decir, cuya generación se puede controlar a voluntad, el problema se reduce aún más. Y no olvidemos la posibilidad de almacenar la electricidad y de adaptar el consumo a la generación.

Posibilidad de almacenamiento

En cuanto al almacenamiento, los avances mundiales están siendo particularmente rápidos, y ya se han descubierto importantes yacimientos de litio y se están poniendo en funcionamiento fábricas para producir baterías (particularmente en Bolivia, Argentina y otros países). Conforme sigue descendiendo su coste, además, el gasto en sistemas de almacenamiento es más asumible. El previsible despliegue de coches híbridos aumentará esta opción. Y el consumo se puede adaptar más a la generación en el tiempo, particularmente en el sector residencial. Finalmente, también es posible mantener una parte de la capacidad en posición de stand-by o espera para atender aumentos ocasionales de la demanda, aunque esta es una opción a evitar por su alto coste.

Desde el punto de vista de las redes de distribución, se suele decir que impone costes: por ejemplo, el autoconsumo, al evitar la distribución, también evita pagar el coste de las redes e impuestos asociados, que tendrían que pagar el resto de consumidores. Sin entrar demasiado en la debilidad de este «argumento», la FV genera grandes beneficios a la estabilidad de la red y logra importantes reducciones de costes generales. Al consumirse cerca de donde se produce, se evitan grandes y costosísimas inversiones en nuevas redes de distribución eléctrica que de otro modo Europa debería acometer. Se reducen asimismo los grandes riesgos derivados de los posibles fallos y averías de las redes, y un buen ejemplo reciente ha sido el huracán Sandy, y los continuos apagones y desconexiones de las redes a nivel local. Por último, y contando con las posibilidades de almacenamiento a nivel residencial, aumenta la estabilidad de la red. En conjunto, por tanto, el despliegue de la FV supondría grandes ventajas para la red actual, e incluso para los consumidores que no optaran por esta forma de consumo eléctrico.

Alemania toma el sol

Todas las consideraciones anteriores son las que explican por qué, incluso en condiciones muy desfavorables, las renovables, incluida la FV, están alcanzando altos grados de penetración, y como ejemplo el caso alemán: con la mitad de radiación solar que en España, han instalado ya más de 30 Gw de paneles solares FV, equivalentes a 13 centrales nucleares. Queda pendiente para futuros posts, el análisis de la Solar Térmica de Concentración, y la integración de los paneles en la edificación, dos aspectos cruciales para el mundo y en especial para España.

La inversión en fotovoltaica está creciendo en todo el mundo a tasas espectaculares, del 50-70 % anual sostenido en los últimos cuatro años. España mientras tanto, ha pasado del liderazgo a la cola en sólo dos años por la política antirrenovable del Gobierno, lo que es completamente inaceptable, sobre todo dada la ventaja de la que se partía y que se mantiene por los altos niveles de radiación solar. Más inaceptable resulta todavía si tenemos en cuenta que contamos con varias multinacionales, como Acciona y Abengoa, esta última líder mundial absoluto en tecnología termosolar.

Ignacio Mauleón