Hibridízate (y II)

Los vehículos híbridos son el futuro, pero su energía tiene que salir de fuentes renovables y del autoconsumo.

Coches híbridos

En un post anterior, Hibridízate (I), se analizaba esta cuestión desde el punto de vista del consumidor. Ahora consideramos el punto de vista del planificador energético, lo cual requiere un enfoque algo diferente.

Por múltiples razones económicas y medioambientales es una opción clara de futuro y que hay que apoyar con incentivos, dado que los descensos de costes, como en cualquier industria, se obtienen con investigación pero también en gran medida con el despliegue y la implantación.

Electricidad renovable y con autoconsumo

Por las misma razones, no tendría ningún sentido apoyar esta vía de no ser que la electricidad se genere por medio de fuentes renovables: de otro modo se estaría apoyando simplemente un cambio de modelo de tipo de vehículo por otro, sin ninguna ventaja de ninguna clase, ni económica ni medioambiental. En otras palabras, la substitución del petróleo y derivados, por electricidad generada probablemente a partir del gas en el caso español. Además, es también bastante obvio que la opción preferible es que esta energía provenga del autoconsumo, basado en energía renovable por supuesto —fundamentalmente fotovoltaica, y también eólica, aunque esto depende de la disponibilidad de cada una de ellas, obviamente—.

El autoconsumo en este terreno tiene también otras enormes ventajas a considerar. Primero, las baterías de los vehículos cuando no están en uso pueden utilizarse como almacenamiento de energía, ayudando a la estabilidad de la red de distribución eléctrica, y así permitiendo una mayor integración de las renovables en general al acomodar su intermitencia. Y segundo, evitan en gran medida la inversión en costosísimas redes de repostaje, eliminando además las pérdidas de tiempo que conllevarían las operaciones de recarga.

¿Híbridos o eléctricos?

Otro aspecto a considerar es la elección entre híbridos o eléctricos. Aquí puede que lo más conveniente sea apostar inicialmente por el desarrollo de los híbridos, basados en bajos consumos de combustibles tradicionales, y por una combinación de electricidad/diésel, que resulta más económica que con gasolina tradicional. La mejor opción, por supuesto, es que este combustible fuera de origen bio, bien sea biodiésel o etanol.

La opción completamente eléctrica está todavía algo más lejana técnicamente, y apostar sólo por ella puede incluso que ralentice la introducción en general de la electricidad en el transporte individual, pues la experiencia acumulada con los híbridos seguro que será de gran ayuda.

Transporte público y ciudades concentradas

Hay también otras cuestiones algo más generales que deben ser consideradas por el planificador. Por ejemplo, algunos argumentan que esta opción no hace más que prolongar un modelo de transporte que debería abandonarse, o limitarse al menos. Se argumenta, principalmente, que favorece el modelo de ciudad disperso, y que esto conlleva una serie de costes muy importantes de todo tipo frente a un modelo concentrado.

Desde luego es un argumento cierto en parte, pero también lo es que el modelo de ciudad disperso es una opción muy aceptada por la población. Siempre que este coste sea asumible, por tanto, no hay razón para descartarlo. En este contexto, el transporte público, y también basado en electricidad renovable se debe apoyar, y facilitar la disminución del uso de vehículos privados y su sustitución por otros más eficientes, como bicis o incluso motos, eléctricas sin duda.

Hay muchos otros aspectos de esta discusión, y no es este el lugar para abordarlos: baste con señalar que no parece de ningún modo un argumento suficiente para evitar el apoyo al vehículo eléctrico individual, hoy por hoy.

El otro punto, muy relacionado con el anterior, es que la producción y venta mundial de vehículos individuales sigue aumentando sin freno aparente, especialmente en las economías emergentes. Esta tendencia parece imparable, y también es una oportunidad al abrir mercados de exportación para países con industrias maduras, como puede ser precisamente el caso español.

El caso noruego

Una breve nota final para comentar el caso de Noruega, país donde más se ha implantado este tipo de vehículo con gran diferencia.

En este país la electricidad es prácticamente toda renovable-hidráulica, y muy barata, y se ha desplegado una red de repostaje suficiente. Esto hace innecesaria la conveniencia del autoconsumo, pues no es preciso para estabilizar la red, ya que la hidráulica es la energía más gestionable de todas. Y además tampoco se plantea ningún problema económico especial de sustitución de energía fósil e importada por renovable nacional, como es el caso español sin ir más lejos. De hecho, Noruega es el tercer exportador mundial de petróleo, sólo por detrás de Arabia Saudí y Rusia. Eso no les ha llevado, sin embargo, a cometer el error de favorecer su consumo interno, y el precio de la gasolina ronda los 2 € por litro, considerablemente más que en otros países, lo que también ha favorecido la penetración del vehículo eléctrico. El apoyo público a través de una amplia batería de incentivos de varios tipos también es importante, y esto es lo que más han valorado los consumidores. El único punto subrayado en este post que aquí no aparece es la implantación de vehículos alternativos como las bicis o motos, pero puede que las condiciones climáticas lo dificulten. En conjunto, por tanto, nada contrario al análisis efectuado aquí.

Hay que apoyarlo

Desde el punto de vista del planificador energético es una opción que claramente hay que apoyar, bien entendido que debe basarse en energía renovable y generada por medio del autoconsumo hasta donde sea posible. Y finalmente que debe ir acompañada de apoyo a formas alternativas de transporte, como el público y otros vehículos individuales más económicos como la bici, motos eléctricas, o vehículos de pequeño tamaño para desplazamientos cortos.

Ignacio Mauleón

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A vueltas con el ‘fracking’

¿El ‘fracking’ es una técnica cara, insegura y contaminate o una forma de reducir nuestra dependencia energética?

peligros del fracking

Recientemente se ha publicado en el diario El País un artículo favorable a esta técnica para extraer gas no convencional, en el que se dice que parte del problema para su aceptación en España y Europa es que no estamos bien informados. Además, se nos relatan de nuevo todas sus enormes ventajas: que es abundante, barato, seguro, y que reduciría nuestra dependencia energética, crearía empleo, etc. Como ejemplo se pone a EE.UU., país que según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) va a ser autosuficiente energéticamente en pocos años. Vaya, que si nos quedamos con esto, hay que ser realmente ciego y sordo ante lo obvio y negarse al ‘fracking’.

Pero resulta que gracias a que sí estamos bien informados, pues hay abundantes informes libremente disponibles en la web, sabemos que la realidad es mucho más compleja.

Resulta incuestionable, en primer lugar, que esta técnica es cara, insegura, contaminante y no solo para el medioambiente, pues además contamina el agua del subsuelo, y consume agua no reutilizable. La cuestión, claro está, es si estas características son importantes, como cree mucha gente, y entre otros el que suscribe, o solo un detalle mínimo, como sostienen sus defensores.

Pero aun aceptando esto último, hay al menos dos motivos que desaconsejan el fracking:

1. Consume agua y contamina el subsuelo, en mayor o menor grado; y lo grave es que el problema de la escasez de agua en el mundo es ya una realidad y lo va a ser cada vez más

2. Existen otras fuentes energéticas que poseen todas las bondades que suponen los defensores del ‘fracking’, y ninguno de sus inconvenientes y me refiero, claro está, a las energías renovables.

Podemos tener energía barata y segura

Estas fuentes energéticas no consumen agua ni contaminan, pero el principal problema, que repiten machaconamente sus detractores, es que son caras y muy variables. Es comprensible hasta cierto punto este desconocimiento, pues estas tecnologías están avanzando a tal velocidad que es difícil estar al día, incluso para los expertos. Pero el argumento del coste, simplemente no es cierto: hoy día la fotovoltaica es probablemente ya la energía más barata que existe, o lo va a ser muy pronto; otro tanto puede decirse de la minihidráulica y de los pellets de bio-masa; y la geotermia de baja temperatura y la minieólica están bajando sus costes también rápidamente.

Y respecto a las acusaciones, también repetitivas de que son intermitentes, que no se integran fácilmente en la red, etc., son fácilmente rebatibles y lo han sido ya en la teoría y en la práctica. La mayor parte de ellas se contestan, simplemente, teniendo en cuenta que una gran ventaja de las renovables es que al haber tanta variedad los inconvenientes de un tipo se compensan con las ventajas de otro. Basta pues, con tomarlas en conjunto.

Y un par de observaciones para acabar: 1) la AIE es conocida por sus sonados fracasos predictivos, y, 2) habría que preguntarse por qué en ‘el paraíso del fracking’, EE.UU, la actual Administración está apostando intensivamente por las energías renovables, al igual que los grandes países productores mundiales de petróleo y gas, especialmente en Oriente Medio. Incluso la industria cinematográfica está en contra del fracking (capítulos de las series Rizzoly Isles y de CSI Las Vegas, y la película Promised Land).

Ignacio Mauleón

La (R)evolución energética en Alemania

REVOLUCION_ENERGETICA_ALEMANIA

Si se pregunta a alguien en España, relacionado con el mundo de la energía, cuál es su opinión acerca de la energía renovable, la respuesta será favorable. Muy diferente, no obstante, es si se pregunta por la proporción, la velocidad del cambio, y el cómo.

El objeto de este post es resumir los aspectos más importantes de lo que ya de por sí es un resumen, tal como está reflejado en un reportaje del periodista norteamericano O.G. Davidson sobre Alemania (Clean break).

La elección no es casual, pues Alemania es país líder en el mundo en este terreno, y ha llevado a cabo una auténtica (R)evolución, o cambio energético, en los últimos 30 años (Energywende), bastante desconocido, y que todavía no está terminado, aunque haya alcanzado objetivos impensables hace apenas 2 o 3 años.

Las respuestas a las 3 preguntas planteadas al principio, basadas en la experiencia de este país, en líneas generales son:

1. Es posible llegar al 100 % renovable.

2. El plazo siempre es mucho más corto de lo que prevén incluso los objetivos más ambiciosos de los políticos.

3. La participación de todos los ciudadanos es la clave, dándoles la oportunidad de ser productores de energía.

Y hay que insistir en que esto no son previsiones, sino hechos observados en Alemania.

Los alemanes supieron ver el cambio de modelo

Un primer punto destacable es que el cambio se ha basado aplicando tecnología y propuestas que EE.UU. rechazó hace más de 30 años. Cuando se produjo el primer shock del petróleo alrededor de 1972-3, el entonces presidente J. Carter decidió sustituirlo en parte por energía solar. La respuesta por parte de los productores árabes fue de gran preocupación, al igual que la de las compañías petrolíferas norteamericanas. Al poco tiempo R. Reagan ganó las elecciones, se despreciaron y cerraron todos los desarrollos solares incipientes, burlas hacia Carter y su política incluidas, y se apostó por el carbón, el gas y la nuclear.

Pero los alemanes recogieron la antorcha por así decirlo, compraron a precio de saldo las patentes ya desarrolladas en EE.UU., y continuaron con el cambio de modelo. Curiosidades históricas aparte, el hecho es que hoy Arabia Saudí acaba de anunciar su objetivo de ser renovable al 100 %  en dos o tres décadas, y que los EE.UU. están intentando llevar a cabo el mismo cambio que ellos lideraron, habiendo perdido claramente la ventaja competitiva del líder en favor de Alemania y Europa en general.

Respecto a Alemania, el despliegue de paneles solares, turbinas eólicas, y calderas de biomasa es masivo, y el 25 % de la electricidad es ya renovable. A subrayar, por ejemplo, que han alcanzado los 30 Gw de capacidad fotovoltaica instalada, equivalente a unas 13 centrales nucleares promedio en un día soleado, teniendo en cuenta la diferente tasa de utilización por las horas solares. Y esto en un país que recibe aproximadamente la misma radiación que Alaska.

Energía renovable en manos de pequeños productores

Un segundo punto decisivo es la participación ciudadana. En Alemania todos pueden ser productores de energía, por ejemplo, a través del autoconsumo y balance neto, o simplemente vendiéndola a la red. Esto ha sido apoyado por la ley, y por un programa de apoyo estatal novedoso basado en las Feed-in-Tariffs, o «primas» (siendo la gran ventaja que al salirse de los presupuestos del Estado, se da seguridad al inversor al margen de los vaivenes políticos, al menos en un país serio). Prácticamente nadie pone en duda el cambio climático, pero la verdadera razón por la que este movimiento se puso en marcha fue la posibilidad de obtener beneficios económicos, y el objetivo de independencia energética como país.

Inicialmente, además, las grandes compañías eléctricas (utilities), profetizaron toda suerte de calamidades: que sería inviable, que el precio de la electricidad subiría por las primas, que el suministro no quedaría garantizado, y que las industrias exportadoras se verían en peligro por el alza de los costes, negándose en consecuencia a que se aprobara el cambio legal. Pero la presión ciudadana constante, aunque fue un pequeño núcleo inicialmente, y que costó una década, lo consiguió. Hoy día el 65 % de la energía renovable está en manos de pequeños productores y solo el 5 % en las de grandes empresas eléctricas, el suministro eléctrico es el más seguro de Europa (la menor tasa de apagones y cortes ocasionales), la electricidad ha bajado de precio, y ni las empresas exportadoras ni la industria han perdido competitividad, como evidencian la continuada y fuerte capacidad exportadora industrial alemana.

Adiós a la energía nuclear

En tercer lugar, se ha añadido a todo lo anterior la apuesta por el abandono completo de la energía nuclear después de Fukushima (una decisión de «lunáticos», según The Economist). De nuevo las grandes eléctricas anunciaron grandes descalabros, como aumento del CO2 por necesidad de quemar más carbón, importaciones de electricidad, etc., y de nuevo, un año y medio después, han sido rotundamente desmentidos por los hechos: Alemania exporta electricidad, genera menos CO2, y se renuevan menos centrales térmicas de carbón que las que se cierran.

Muchos puntos fundamentales quedan en el tintero, y entre ellos un análisis más completo de las primas y el precio de la electricidad, los apoyos a las industrias exportadoras, ejemplos significativos de autoconsumo y participación ciudadana, como la bellísima abadía barroca de San Pedro en la Selva Negra, casos de transformaciones a ciudades verdes como el del gran puerto de Hamburgo, y finalmente, cómo se puede seguir su ejemplo en otros países, especialmente en Europa y España desde nuestro punto de vista. A este respecto, el mundo parece haber seguido su ejemplo, pues la mitad de la capacidad eléctrica instalada a partir de 2008 hasta hoy es renovable, y la FV ha crecido a ritmos del 70 % en 2001 y 2012.

España, como es bien sabido, desgraciadamente ha seguido el camino opuesto. Esperamos desarrollar estos y otros temas en futuros posts.

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Renovables y ahorro: 1 + 1 = 4

El REN21, una organización internacional independiente dedicada a analizar y publicar informes sobre el estado y  la evolución prevista de las renovables en el mundo, ha publicado recientemente su Renewables Global Status Report para 2011. En él se destaca que, pese a la crisis europea y las inseguridades en los mercados financieros mundiales, la inversión mundial en energías renovables creció un 17 %. Más concretamente, en electricidad y por cuarto año consecutivo, la mitad de las nuevas inversiones lo fueron en energía renovable, y precisamente en Europa en su mayor parte.

Renovables: más por menos

Este año, además, el informe apunta un nuevo aspecto. Cuando se establecen objetivos para renovables suelen ir acompañados de recomendaciones simultáneas sobre ahorro de energía en varios frentes. Pero en el caso de las renovables, no se trata simplemente de la sustitución de energías fósiles y nuclear convencionales por renovables, sino que son precisamente las renovables las que permiten obtener los mismos servicios energéticos con menor volumen de energía. En otras palabras, más por menos.

Hay dos ejemplos inmediatos de cómo ocurre esto:

  1. El autoconsumo
  2. El transporte

El ahorro del autoconsumo

El ahorro se produce por dos razones, y la primera es que se evitan las pérdidas por el transporte de energía a través de las redes eléctricas, que pueden llegar a suponer el 10 o el 15 % de la electricidad total, y que se pierde en generación de calor no recuperable. Pero es que, además, se evita el despliegue de costosísimas redes y su posterior gestión, siempre compleja.

Dada la intermitencia de las renovables, esta solución generalmente tiene que ir acompañada de dispositivos de almacenamiento energético para adaptarlas a los patrones de la demanda. En el caso del autoconsumo estricto, los excedentes no pueden ser almacenados en la red ni tampoco vendidos. Pero existen ya métodos cada vez más asequibles y eficientes de almacenamiento en pilas tradicionales de ion-litio, y se están desarrollando rápidamente las pilas de hidrógeno y el almacenamiento en depósitos de aire comprimido, lo que puede llegar a garantizar el suministro durante algunas semanas.

El ahorro del transporte

En el transporte de personas y mercancías el ahorro se produce porque el motor de combustión tradicional, por más eficiente y avanzado que sea, pierde el 80 % de la energía generada en calor no recuperable. En el caso del motor eléctrico, por contraste, esta pérdida se reduce al 20 %. Más todavía, se están investigando y desarrollando activamente soluciones renovables para el transporte marítimo. De hecho, existen ya diseños que utilizan las velas tradicionales con paneles fotovoltaicos incorporados, e incluso extensas velas que podrían desplegarse a gran altura, empleando nuevos materiales para su diseño y enlace con las embarcaciones (de hecho, alguno de estos diseños están ya funcionamiento en Australia).

Y finalmente, y si tenemos en cuenta que un dispositivo de almacenamiento para la energía generada en régimen de autoconsumo pueden ser los propios vehículos híbridos o eléctricos privados, el ahorro es doble: 1+1=4.

Cuesta trabajo creer que personas con poder decisorio, y a las que se les suponen unos conocimientos básicos de economía, no entiendan argumentos tan sencillos y las innumerables ventajas de las renovables.