El déficit de tarifa: una contradicción económica

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Quiero partir de un hecho constatado: de todos los que intervenimos en este blog soy el que menos sabe de energía. Mis conocimientos sobre este sector son escasos, aunque trato de suplirlos con una buena dosis de sentido común y algunos conocimientos de economía adquiridos a lo largo de años de estudio. Dejo esto claro porque desde mi perspectiva de economista el tan traído y llevado déficit de tarifa es una contradicción económica de primer orden. Les daré dos razones.

1.

Cuando estudiaba Economía por la década de los ochenta del siglo pasado todos los manuales incorporaban unos sectores que, por definición, debían estar en manos del sector público, ya que presentaban rendimientos crecientes de escala. En estos sectores los costes marginales eran siempre decrecientes (dicho en términos sencillos cada nuevo usuario reduce el coste adicional) y no era posible establecer un precio de equilibrio. Nuevamente y para que se entienda: no hay forma humana de calcular el precio que se debe cargar a los consumidores. Por eso las autoridades debían intervenir y los sectores estaban regulados. El sector energético era uno de los más importantes.

2.

Si definimos los beneficios como la diferencia entre ingresos y costes (de manual), y el déficit de tarifa se genera porque los precios pagados por los consumidores son inferiores a los costes de generación (es decir, los costes son mayores que los ingresos), ¿cómo es posible que las empresas eléctricas repartan año tras año beneficios? Para mí esto es pura magia económica.

Después de analizarlo serenamente todo parece indicar que a la hora de calcular ese déficit de tarifa se emplean criterios cuando menos poco claros y desde luego no económicos. Si a eso añadimos la estrecha relación entre el cártel eléctrico y los poderes políticos, su actuación como grupo de presión contra todo aquello que limite su poder o su mercado —especialmente las renovables, el autoconsumo…—, todo parece indicar que cuando tratamos con las eléctricas no son los criterios económicos los que priman.

A lo mejor no sería mala idea recalcular el déficit de tarifa.

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Los consumidores pagamos más impuestos a la energía para satisfacer al ‘lobby’ eléctrico

El Consejo de Ministros del viernes 14 de septiembre aprobó una serie de impuestos sobre las energías, destinados a eliminar el llamado «déficit de tarifa», aunque no el mecanismo regulatorio que lo ha generado. Por recordar brevemente los problemas energéticos de España, pueden resumirse en:

  1. Dependencia exterior del 90 % (incluyendo la nuclear), cuando en Europa es del 55%.
  2. Falta de competencia.
  3. Aislamiento internacional.

El paquete de medidas aprobado es puramente recaudatorio y no resuelve ninguno de los problemas energéticos de España, y se destina exclusivamente a satisfacer las presiones del ‘lobby’ eléctrico.

Freno a la insensatez del ministro

No obstante, también se pueden extraer una serie de conclusiones relevantes al respecto. La primera es que no es la reforma de Soria, y la cuestión es de quién es y todo apunta a que el ministro Montoro ha tenido algo que ver, y que el propio Rajoy le ha apoyado finalmente. Esto es positivo, pues han parado por el momento la insensatez del ministro Soria.

Pero parece muy probable que hayan influido las presiones internacionales: el embajador de EE.UU. podría haber advertido sobre represalias en su país a las empresas españolas y los fondos internacionales con subir la prima de riesgo. Pero sobre todo puede haber influido Bruselas, ya que después del apoyo prometido del BCE, y del apoyo acordado a la Banca, las condiciones macroeconómicas se conocen, pero otras solo se han filtrado parcialmente; y entre estas están las relativas a energía, que serían: acabar con el déficit de tarifa, pero también aumentar la competencia, poner impuestos a los ‘windfall profits’ de nucleares e hidráulicas y favorecer a las renovables. Hay, pues, razones para un moderado optimismo respecto a próximas reformas.

Nos toca pagar a los consumidores

¿Y los efectos de estos impuestos? Todo indica que los que recaen en el gas serán trasladados fácilmente a los consumidores de electricidad, y que como el carbón, las nucleares e hidráulicas cobran el mismo precio que el gas, recuperarán una parte de los nuevos impuestos que soportan. Similarmente, los aplicados al petróleo y derivados (no se entiende bien por qué denominados «céntimo verde») también serán trasladados con facilidad a los consumidores.

¿Y los impuestos que recaen sobre las renovables? Precisamente estas energías, como cobran primas fuera de mercado, no van a poder trasladar nada. Así, la carga de los impuestos va a recaer finalmente sobre consumidores y renovables, como siempre.

Miedo al autoconsumo

Pero hay más aspectos relevantes: ¿podemos esperar que esto termine con el victimismo de las eléctricas de Unesa contra las renovables? La respuesta es no, pues su gran temor es que el enorme descenso de coste de la fotovoltaica y otras abra la puerta al autoconsumo, que siguen frenando con apoyo de Soria (de hecho, ya han criticado los impuestos que les tocan).

De paso comprobaremos, una vez más, que las renovables nada tienen que ver con el  déficit de tarifa, pues acabado este los ataques seguirán, y probablemente con mayor virulencia.

Para concluir, se trata de una reforma puramente impositiva que no resuelve ningún problema energético de España, solo destinada a satisfacer al lobby eléctrico. Pero tampoco es la reforma de Soria, que pretendía acabar con la energía solar, y muy especialmente con la fotovoltaica, arruinando a decenas de miles de familias. Parece que puede haber pesado decisivamente la opinión de Bruselas, y dado que son muy favorables a la competencia y las renovables, las razones para el pesimismo generalizado se suavizan… Pero Soria sigue siendo ministro.

Las eléctricas perjudican a España y a ellas mismas

El reciente descenso de la prima de riesgo, derivada del anuncio de Draghi para comprar deuda española e italiana, ha propiciado una vuelta a los mercados de emisión de las grandes empresas españolas, bancos y eléctricas, especialmente, que no lo hacían desde hace tiempo y que han podido financiarse a tipos bastante más bajos también.

Si el euro quiebra…

La principal razón es que si el euro quiebra, los préstamos a las empresas españolas pasarían a estar denominados en euro-pesetas, o algo similar. Pero el gran riesgo de esta nueva moneda es que sufriera una fuerte depreciación, lo que conllevaría la consiguiente pérdida para los prestamistas.

Además de este riesgo, otros costes implicados en el coste de la financiación empresarial, son el riesgo de la entidad concreta, el «’riesgo-país» en general, tal como es percibido por los mercados, y mucho más difícil de concretar, el grado de seguridad jurídica de las inversiones.

Los trasvases de fondos

Otros aspectos muy relevantes, aunque más coyunturales, pueden ser trasvases de fondos de un país a otro, precisamente debidos a la percepción por el mercado de los riesgos anteriores, y también movimientos puramente especulativos; es decir, que se esté apostando por la quiebra de un país y su salida del euro, y por consiguiente se trate de forzarla.

Respecto a los trasvases, en el caso español han sido muy elevados en los últimos meses —pudiendo suponer hasta el 20 o 30 % del PIB—, y han contribuido asimismo al descenso del tipo al que se financia la deuda pública alemana, así como simultáneamente a un aumento del correspondiente español.

Finalmente, los movimientos especulativos existen sin ninguna duda, aunque son de difícil cuantificación, y en ningún caso constituyen la causa completa de la elevada prima de riesgo española, que tiene otra explicación mucho más sencilla. Pero si bien el «efecto Draghi» ha sido crucial, no podemos confiar más en él, y el resto de la tarea corresponde a España.

Las eléctricas deben moderar su discurso

En el caso del mercado eléctrico, la inseguridad jurídica generada por los continuos ataques a las renovables y muy particularmente a la fotovoltaica, además de la insistencia de las grandes eléctricas en confundir el ‘déficit de tarifa’, cuyo origen es regulatorio, con el verdadero coste de la producción de energía, y que según ellas el estado y la sociedad debe pagarles pero no lo hace, aumenta esta percepción de inseguridad jurídica. Y por un giro no esperado probablemente por dichas empresas, aumenta la prima de riesgo y el coste para España en general, pero también para ellas.

Es muy difícil poner datos concretos en estos riesgos, pero no cabe duda de que son reales y nada despreciables, especialmente en tiempos de nerviosismo financiero tan alto como los actuales. ¿Conclusión?: las grandes eléctricas deberían ser conscientes de que con sus declaraciones contra la FV y sobre el «déficit de tarifa», además de perjudicar considerablemente a España y a los españoles, se perjudican a ellas mismas. Solo por esto deberían, como mínimo, moderar su «discurso».

¿Cómo afectará la intervención al mercado eléctrico?

El reciente anuncio por parte del presidente del Banco Central Europeo (BCE) de compras ilimitadas de deuda pública española e italiana y otros países con problemas, unido a la afirmación (esta vez parece que contundente) de la irreversibilidad del euro, ha bastado para una caída espectacular de la prima de riesgo española.

Las condiciones que se avecinan

Sin entrar en demasiados detalles financieros, lo que está claro esta vez es que la compra se hará con condiciones, como obviamente cabría esperar. Algunas de estas condiciones, de carácter macroeconómico, han trascendido, pero parece que hay muchas más de las que no se sabe nada, y que pueden afectar profundamente a los aspectos microeconómicos y empresariales de España.

En el tema energético, en concreto, se ha filtrado que Bruselas quiere limitar el derecho de veto español a la compra de empresas eléctricas por empresas europeas. En definitiva, que nos van a prestar a condición de que vendamos nuestros activos, lo que pone de manifiesto que Europa sí cree en la economía española, y han visto una oportunidad de oro en los problemas que tenemos de financiación.

La siguiente pregunta es qué mas condiciones puede haber y cómo nos pueden afectar. Desde luego, la política energética de la Comisión Europea, y también de Alemania, poco o nada tiene que ver con la situación española (no hablemos de política energética española como tal, porque no existe).

Bruselas apuesta por las renovables

Bruselas apuesta por un mercado eléctrico competitivo desde hace años, favorable a las renovables, y totalmente contrario a la inseguridad jurídica y a las medidas retroactivas aplicadas por España al sector fotovoltaico en particular. Dadas las potencialidades abrumadoras de esta fuente de energía en España, es más que probable que Alemania quiera invertir directamente, y que presione a España en ese sentido; pero simultáneamente, no va a tolerar ningún tipo de inseguridad jurídica respecto al futuro.

Y respecto a las grandes compañías energéticas españolas, ¿nos afecta?: está claro que a los altos ejecutivos y accionistas sí, pero están ya en manos extranjeras en gran medida, de modo que los enormes beneficios que obtiene en España no repercuten excesivamente en nuestro país.

La dudosa legitimidad del déficit de tarifa

Además, Bruselas y Alemania favorecen ampliamente el autoconsumo energético, frenado actualmente por los intereses de esas compañías. Desde luego, sería preferible que permanecieran en manos españolas, siempre que defendieran los intereses de España además de los suyos. Pero no parece ser este el caso: los enormes beneficios obtenidos en los últimos 3 años, casi 22 mil millones de euros, contrastan con la asfixia financiera de España, y más en detalle, con que 20 millones de consumidores paguemos un recibo de la luz un 70% más caro que en 2006 (fuente Anpier). Y a pesar de ello siguen insistiendo en que se les debe un supuesto ‘déficit de tarifa’, que es puramente regulatorio y de dudosa legitimidad, pues se originó para protegerlos de los riesgos del mercado, que no solo no se han materializado, sino que han jugado a su favor.

En definitiva, que la prima de riesgo de España baje, ¿hará bajar también el riesgo de la industria FV y mejorará la competencia en el mercado eléctrico, abriendo simultáneamente la puerta al autoconsumo, limitando la inseguridad regulatoria en este sector, y muy particularmente en el FV? Es pronto para el optimismo pero, aunque la reforma energética saliera adelante como está planteada, puede que finalmente sí.