El pinchazo del ‘renacimiento nuclear’

La industria ha intentado relanzar la tecnología nuclear con grandes campañas de publicidad y presiones, apoyándose en un supuesto ecologismo, dado que no produce emisiones de CO2 ni otros gases contaminantes en su funcionamiento, aunque sí en su construcción. Esto es lo que se ha llamado el ‘renacer nuclear’.

Sin embargo, recientemente el Consejo de Seguridad Nuclear ha decidido no prorrogar más la posible vuelta al funcionamiento de la planta Quercus (Salamanca) de fabricación de concentrados de uranio, propiedad de Enusa, y desmantelarla definitivamente. Hoy el precio del uranio ha caído casi un 70 %, y no parece que se vaya a recuperar.

A esto se suma la pérdida de interés por la renovación de la licencia de la central nuclear de Garoña por parte de sus actuales propietarios, Iberdrola y Endesa. De manera que en esto ha quedado en nuestro país lo que se dio en llamar ‘el renacimiento nuclear‘, en los años pre-Fukushima.

No es por Fukushima

Investigadores del MIT han abordado esta cuestión, analizando el porqué de ese supuesto renacimiento, y hasta qué punto el accidente de Fukushima le ha afectado (Economics of Energy & Environmental Policy, Vol. 1, No. 2). Las conclusiones, después de un extenso análisis de la situación internacional, son:

1. El llamado ‘renacimiento nuclear’ en realidad nunca ha existido.

2. Fukushima apenas ha tenido efectos.

Ambas conclusiones llevan a una tercera pregunta, ¿por qué? En las dos últimas décadas prácticamente no se ha puesto en funcionamiento ni construido ninguna central nuclear en el mundo. Teniendo en cuenta que el período de entrada en funcionamiento es de unos 10 años, y que su vida útil puede rondar los 50, de no comenzar un programa masivo de construcción de centrales, esta tecnología de producción de electricidad entrará en un declive irremisible.

La producción nuclear no cuaja

Pero ¿ha sido real el ‘renacimiento nuclear’ antes de Fukushima? Lo cierto es que en los países de la OCDE prácticamente no empezó a construirse ninguna central, y la mayor parte de la actividad consistió en extender licencias para operar algunos años.

Fuera de la OCDE, la actividad se ha reducido fundamentalmente a algunos países de Asia (especialmente China, y también India y algún otro de la ex Unión Soviética). En todo caso, en China, el país donde más centrales se están construyendo, se prevé que suministren un máximo del 6 % de la electricidad cuando entren en funcionamiento, una cifra modesta. El interés probablemente se fundamenta en las fuertes necesidades energéticas de estos países emergentes, y en una relativa minusvaloración de sus costes económicos y de seguridad.

Este panorama ha sido poco afectado por el accidente de Fukushima, en contra de lo que pueda parecer desde Europa. Ciertamente, Alemania, Suiza, Italia y Bélgica han visto modificados sus planes. Y por supuesto Japón. Pero en el contexto mundial el impacto ha sido menor. Y la principal explicación de estos hechos no es otra que los elevadísimos costes económicos, y la enorme cantidad de incertidumbres asociadas a su construcción y operación (después de 60 años, siguen requiriendo apoyos masivos de dinero público). Además, por razones técnicas, y en el mejor de los casos, la nuclear solo puede suministrar un 20-25  % de la electricidad.

Las oscuras razones para construir centrales nucleares

¿Por qué, entonces, se han construido nucleares en el pasado? Esta legítima pregunta solo tiene una respuesta, avalada por la realidad y pocas veces o nunca reconocida por los gobiernos: el desarrollo de armamento nuclear a partir de los residuos. Filtraciones, desclasificaciones de documentos secretos y una simple correlación entre los países con nucleares operativas y disponibilidad de armamento nuclear así lo avalan.

Y en España, también se ha sabido que entraba en los planes del franquismo iniciar este programa militar en 1975, y concretamente en las instalaciones actuales del Ceder-Ciemat en Lubia (Soria).

Afortunadamente en España, el PP se ha quedado solo en el apoyo de esta tecnología, porque vistos los antecedentes es lícito suponer lo peor.

El coste de las energías renovables: una visión estática y dinámica

Según los dos últimos ministros de energía españoles el elevado coste de las energías renovables justifica la supresión de las primas asignadas a su desarrollo, en contraposición de lo que se está haciendo no solo en la Unión Europea sino en el resto del mundo.

Es decir, que mientras nuestros socios apuestan por las energías renovables, los gobiernos de los dos grandes partidos (PSOE y PP) lo hacen por una política que las condena a su desaparición.

Muchos son los argumentos que se han dado para justificar la necesidad de la investigación y la inversión en energías renovables. Nosotros, desde nuestra perspectiva de economistas, queremos añadir dos más: uno estático y otro dinámico.

El argumento estático: el ‘merit order effect’

La discusión estática se centra en la comparación entre los beneficios que obtienen los consumidores por la utilización de energías renovables y el coste asociado a su uso, en lo que se ha denominado el merit order effect, o empleo de las energías renovables como contrapunto a los picos de demanda energético.

Para comentar cómo funciona utilizaremos un gráfico. Supongamos que la oferta de energía es como la de ese gráfico, de forma que las primeras unidades se producen a coste prácticamente cero (hidráulica, nuclear…) y, a medida que aumenta la producción, el coste por unidad producida aumenta.

Esta oferta se enfrenta a una demanda a corto y medio plazo rígida —la elasticidad es cero, que diríamos los economistas, porque es imposible sustituirla al menos en ese plazo—, dando lugar a unos precios y cantidades de equilibrio que hemos denominado p1 y X1. Es aquí donde entran las renovables, que se introducen a coste cero y permiten situar la producción de la energía convencional y los precios en p2 y X2, siendo la diferencia X1–X2 la cantidad ofrecida por las energías renovables.

La comparación ahora es inmediata: los consumidores han ganado el rectángulo p1p2AB y el coste de la energía renovable será lo que se pague de prima por la cantidad de energía renovable empleada: prima*(X1-X2). Lo único necesario es saber si el ahorro de los consumidores es superior al coste de la producción y en ese caso la utilización de energía renovable es beneficiosa socialmente.

El argumento dinámico

En un trabajo sobre las energías renovables de Yoram Krozer, de la Universidad de Twente (Holanda), se demuestra que el saldo en Europa es positivo; es decir, que las energías renovables producen más beneficios que los gastos que generan. Sin entrar a discutir los datos, la lógica de su argumentación es insoslayable.

1. La energía procedente del petróleo y los combustibles fósiles, no renovables, se está agotando rápidamente.

2. Existen ciclos en los precios del petróleo, pero la tendencia es al crecimiento continuado, dado el agotamiento de sus reservas.

3. Se debería invertir e investigar en energías renovables desde ahora mismo, y no esperar a que el petróleo vaya camino de su agotamiento y, en consecuencia, su precio sea mucho más elevado.

4. Esto permitiría evitar crisis como la de 1973 y la próxima que se nos avecina.

Un simple argumento económico para finalizar. A la hora de valorar cualquier fuente de energía se debería tener en cuenta no su coste actual, sino su coste presente descontado. Es decir, para justificar el uso de una energía u otra debería tenerse en cuenta no solo su precio actual sino el precio de futuros. Y parece evidente que mientras la investigación está reduciendo los costes de las energías renovables, los de las no renovables seguirán creciendo continuadamente.

Claro que eso supondría racionalizar el uso de la energía y tener en cuenta el interés general. Y no parece que los miembros socialistas y del PP de los consejos de administración del duopolio eléctrico estén a favor de defender los intereses de los ciudadanos españoles por encima de los suyos.

Chávez y el petróleo

Chávez heredó una Venezuela corrupta políticamente, que exportaba un volumen alto de petróleo, pero con serios problemas de déficit comercial. Durante los últimos 14 años, la producción y exportación han disminuido en volumen, pero debido al fuerte aumento de los precios originado en el aumento de la demanda mundial, las rentas percibidas por la venta de petróleo han aumentado considerablemente. Ello le ha permitido practicar una política social que desde luego ha tenido algún éxito, como es reducir los niveles de pobreza, y aumentar su influencia en la zona (notablemente, sosteniendo con petróleo a Cuba). Pero, a la vez, el petróleo que se extrae es cada vez más caro, de menor calidad, y también en cantidades menores.

Una política con graves consecuencias económicas

Su política ha tenido otras consecuencias muy graves en el resto de la economía: el peso del sector privado se ha reducido enormemente, a la vez que el sector petrolífero ha aumentado en importancia; dos terceras partes de los bienes consumidos se importan, pagándolos con las rentas del petróleo; la economía sumergida es aproximadamente el 50% del total. En otras palabras, que la Venezuela de Chávez, aparte de otras consideraciones, solo es sostenible económicamente con un aumento sostenido del precio del petróleo, y del consumo mundial, y todo ello suponiendo que dispongan de reservas suficientes, explotables en un plazo corto de tiempo.

A la larga, aumenta el desempleo

Lo ocurrido en Venezuela es una variante exagerada de lo que se dio en llamar ‘mal holandés‘, a raíz del descubrimiento y explotación de petróleo en Holanda alrededor de 1975, consecuencia de los aumentos del precio del petróleo provocados por la OPEP en 1973 y 1977. Muy resumidamente, lo que ocurre es que el sector del petróleo atrae recursos, se revaloriza la moneda, y los costes salariales aumentan en toda la economía, pues tienden a homogeneizarse. El resto de sectores disminuye beneficios y exportaciones, lo que genera desempleo y pérdida de recursos. Suele ocurrir, también, que los gobiernos, como parte de la política de reparto de los beneficios del descubrimiento, subvencionen el consumo interno de derivados del petróleo, lo que favorece el consumo excesivo y el despilfarro. Cuando el petróleo comienza a escasear, las empresas extractoras, dado que poseen las técnicas de perforación, tratan de maximizar su beneficio explotando petróleo y gas no convencionales, cada vez más difíciles de extraer, más caros, y con riesgos mucho mayores de accidentes graves (plataformas marinas, ‘fracking‘, etc.).

Ya hay antecedentes

Con variantes, pero esto es lo que ha ocurrido en las pasadas décadas en un buen número de países, com Libia, Irak, y de manera muy marcada recientemente, Irán y la propia Venezuela. Rusia y Nigeria, son dos ejemplos más que por el momento han evitado el problema exportando gas natural encontrado cerca de los  yacimientos petrolíferos.

El punto final de este oscuro panorama, es que si ahora la demanda mundial se dirige a otras fuentes de energía, como parece ser la tendencia, los precios pueden caer, lo que haría que las costosas plataformas marinas y otras instalaciones dejaran de ser rentables (algunos analistas hablan de un umbral mínimo de rentabilidad de 100 dólares el barril). Ello llevaría a la bancarrota completa de Venezuela.

Renovables y ahorro: 1 + 1 = 4

El REN21, una organización internacional independiente dedicada a analizar y publicar informes sobre el estado y  la evolución prevista de las renovables en el mundo, ha publicado recientemente su Renewables Global Status Report para 2011. En él se destaca que, pese a la crisis europea y las inseguridades en los mercados financieros mundiales, la inversión mundial en energías renovables creció un 17 %. Más concretamente, en electricidad y por cuarto año consecutivo, la mitad de las nuevas inversiones lo fueron en energía renovable, y precisamente en Europa en su mayor parte.

Renovables: más por menos

Este año, además, el informe apunta un nuevo aspecto. Cuando se establecen objetivos para renovables suelen ir acompañados de recomendaciones simultáneas sobre ahorro de energía en varios frentes. Pero en el caso de las renovables, no se trata simplemente de la sustitución de energías fósiles y nuclear convencionales por renovables, sino que son precisamente las renovables las que permiten obtener los mismos servicios energéticos con menor volumen de energía. En otras palabras, más por menos.

Hay dos ejemplos inmediatos de cómo ocurre esto:

  1. El autoconsumo
  2. El transporte

El ahorro del autoconsumo

El ahorro se produce por dos razones, y la primera es que se evitan las pérdidas por el transporte de energía a través de las redes eléctricas, que pueden llegar a suponer el 10 o el 15 % de la electricidad total, y que se pierde en generación de calor no recuperable. Pero es que, además, se evita el despliegue de costosísimas redes y su posterior gestión, siempre compleja.

Dada la intermitencia de las renovables, esta solución generalmente tiene que ir acompañada de dispositivos de almacenamiento energético para adaptarlas a los patrones de la demanda. En el caso del autoconsumo estricto, los excedentes no pueden ser almacenados en la red ni tampoco vendidos. Pero existen ya métodos cada vez más asequibles y eficientes de almacenamiento en pilas tradicionales de ion-litio, y se están desarrollando rápidamente las pilas de hidrógeno y el almacenamiento en depósitos de aire comprimido, lo que puede llegar a garantizar el suministro durante algunas semanas.

El ahorro del transporte

En el transporte de personas y mercancías el ahorro se produce porque el motor de combustión tradicional, por más eficiente y avanzado que sea, pierde el 80 % de la energía generada en calor no recuperable. En el caso del motor eléctrico, por contraste, esta pérdida se reduce al 20 %. Más todavía, se están investigando y desarrollando activamente soluciones renovables para el transporte marítimo. De hecho, existen ya diseños que utilizan las velas tradicionales con paneles fotovoltaicos incorporados, e incluso extensas velas que podrían desplegarse a gran altura, empleando nuevos materiales para su diseño y enlace con las embarcaciones (de hecho, alguno de estos diseños están ya funcionamiento en Australia).

Y finalmente, y si tenemos en cuenta que un dispositivo de almacenamiento para la energía generada en régimen de autoconsumo pueden ser los propios vehículos híbridos o eléctricos privados, el ahorro es doble: 1+1=4.

Cuesta trabajo creer que personas con poder decisorio, y a las que se les suponen unos conocimientos básicos de economía, no entiendan argumentos tan sencillos y las innumerables ventajas de las renovables.

Los consumidores pagamos más impuestos a la energía para satisfacer al ‘lobby’ eléctrico

El Consejo de Ministros del viernes 14 de septiembre aprobó una serie de impuestos sobre las energías, destinados a eliminar el llamado «déficit de tarifa», aunque no el mecanismo regulatorio que lo ha generado. Por recordar brevemente los problemas energéticos de España, pueden resumirse en:

  1. Dependencia exterior del 90 % (incluyendo la nuclear), cuando en Europa es del 55%.
  2. Falta de competencia.
  3. Aislamiento internacional.

El paquete de medidas aprobado es puramente recaudatorio y no resuelve ninguno de los problemas energéticos de España, y se destina exclusivamente a satisfacer las presiones del ‘lobby’ eléctrico.

Freno a la insensatez del ministro

No obstante, también se pueden extraer una serie de conclusiones relevantes al respecto. La primera es que no es la reforma de Soria, y la cuestión es de quién es y todo apunta a que el ministro Montoro ha tenido algo que ver, y que el propio Rajoy le ha apoyado finalmente. Esto es positivo, pues han parado por el momento la insensatez del ministro Soria.

Pero parece muy probable que hayan influido las presiones internacionales: el embajador de EE.UU. podría haber advertido sobre represalias en su país a las empresas españolas y los fondos internacionales con subir la prima de riesgo. Pero sobre todo puede haber influido Bruselas, ya que después del apoyo prometido del BCE, y del apoyo acordado a la Banca, las condiciones macroeconómicas se conocen, pero otras solo se han filtrado parcialmente; y entre estas están las relativas a energía, que serían: acabar con el déficit de tarifa, pero también aumentar la competencia, poner impuestos a los ‘windfall profits’ de nucleares e hidráulicas y favorecer a las renovables. Hay, pues, razones para un moderado optimismo respecto a próximas reformas.

Nos toca pagar a los consumidores

¿Y los efectos de estos impuestos? Todo indica que los que recaen en el gas serán trasladados fácilmente a los consumidores de electricidad, y que como el carbón, las nucleares e hidráulicas cobran el mismo precio que el gas, recuperarán una parte de los nuevos impuestos que soportan. Similarmente, los aplicados al petróleo y derivados (no se entiende bien por qué denominados «céntimo verde») también serán trasladados con facilidad a los consumidores.

¿Y los impuestos que recaen sobre las renovables? Precisamente estas energías, como cobran primas fuera de mercado, no van a poder trasladar nada. Así, la carga de los impuestos va a recaer finalmente sobre consumidores y renovables, como siempre.

Miedo al autoconsumo

Pero hay más aspectos relevantes: ¿podemos esperar que esto termine con el victimismo de las eléctricas de Unesa contra las renovables? La respuesta es no, pues su gran temor es que el enorme descenso de coste de la fotovoltaica y otras abra la puerta al autoconsumo, que siguen frenando con apoyo de Soria (de hecho, ya han criticado los impuestos que les tocan).

De paso comprobaremos, una vez más, que las renovables nada tienen que ver con el  déficit de tarifa, pues acabado este los ataques seguirán, y probablemente con mayor virulencia.

Para concluir, se trata de una reforma puramente impositiva que no resuelve ningún problema energético de España, solo destinada a satisfacer al lobby eléctrico. Pero tampoco es la reforma de Soria, que pretendía acabar con la energía solar, y muy especialmente con la fotovoltaica, arruinando a decenas de miles de familias. Parece que puede haber pesado decisivamente la opinión de Bruselas, y dado que son muy favorables a la competencia y las renovables, las razones para el pesimismo generalizado se suavizan… Pero Soria sigue siendo ministro.

Las eléctricas perjudican a España y a ellas mismas

El reciente descenso de la prima de riesgo, derivada del anuncio de Draghi para comprar deuda española e italiana, ha propiciado una vuelta a los mercados de emisión de las grandes empresas españolas, bancos y eléctricas, especialmente, que no lo hacían desde hace tiempo y que han podido financiarse a tipos bastante más bajos también.

Si el euro quiebra…

La principal razón es que si el euro quiebra, los préstamos a las empresas españolas pasarían a estar denominados en euro-pesetas, o algo similar. Pero el gran riesgo de esta nueva moneda es que sufriera una fuerte depreciación, lo que conllevaría la consiguiente pérdida para los prestamistas.

Además de este riesgo, otros costes implicados en el coste de la financiación empresarial, son el riesgo de la entidad concreta, el «’riesgo-país» en general, tal como es percibido por los mercados, y mucho más difícil de concretar, el grado de seguridad jurídica de las inversiones.

Los trasvases de fondos

Otros aspectos muy relevantes, aunque más coyunturales, pueden ser trasvases de fondos de un país a otro, precisamente debidos a la percepción por el mercado de los riesgos anteriores, y también movimientos puramente especulativos; es decir, que se esté apostando por la quiebra de un país y su salida del euro, y por consiguiente se trate de forzarla.

Respecto a los trasvases, en el caso español han sido muy elevados en los últimos meses —pudiendo suponer hasta el 20 o 30 % del PIB—, y han contribuido asimismo al descenso del tipo al que se financia la deuda pública alemana, así como simultáneamente a un aumento del correspondiente español.

Finalmente, los movimientos especulativos existen sin ninguna duda, aunque son de difícil cuantificación, y en ningún caso constituyen la causa completa de la elevada prima de riesgo española, que tiene otra explicación mucho más sencilla. Pero si bien el «efecto Draghi» ha sido crucial, no podemos confiar más en él, y el resto de la tarea corresponde a España.

Las eléctricas deben moderar su discurso

En el caso del mercado eléctrico, la inseguridad jurídica generada por los continuos ataques a las renovables y muy particularmente a la fotovoltaica, además de la insistencia de las grandes eléctricas en confundir el ‘déficit de tarifa’, cuyo origen es regulatorio, con el verdadero coste de la producción de energía, y que según ellas el estado y la sociedad debe pagarles pero no lo hace, aumenta esta percepción de inseguridad jurídica. Y por un giro no esperado probablemente por dichas empresas, aumenta la prima de riesgo y el coste para España en general, pero también para ellas.

Es muy difícil poner datos concretos en estos riesgos, pero no cabe duda de que son reales y nada despreciables, especialmente en tiempos de nerviosismo financiero tan alto como los actuales. ¿Conclusión?: las grandes eléctricas deberían ser conscientes de que con sus declaraciones contra la FV y sobre el «déficit de tarifa», además de perjudicar considerablemente a España y a los españoles, se perjudican a ellas mismas. Solo por esto deberían, como mínimo, moderar su «discurso».

La Economía Verde: una alternativa sostenible y eficiente de creación de empleo

En un reciente informe publicado por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) se sostiene que una de las fuentes que puede dinamizar la economía española y crear empleo es la economía verde, que podría llegar a generar más de un millón de puestos de trabajo en 2020.

Más puestos de trabajo

Una primera cuestión que hay que aclarar es que cuando hablamos de economía verde debemos tener una visión amplia, ya que no nos referimos tan solo a los sectores de las energías renovables y el reciclaje, sino también a la movilidad sostenible y a la reconversión de sectores tradicionales como la construcción. Es en todos ellos y a través de la aplicación de los principios de la sostenibilidad y la eficiencia energética donde se pueden encontrar yacimientos de empleo. Repasemos brevemente lo que pueden aportar cada uno de ellos según la OIT.

¿Qué intereses defiende el Gobierno?

Las energías renovables cuentan con cerca de 150.000 empleos entre directos e indirectos. Las expectativas para 2020 suponen que el empleo directo podría alcanzar los 125.000 trabajadores, con un incremento del 85 %. Si, además, tenemos en cuenta que las renovables pueden producirse en España, mientras que tanto la nuclear como los combustibles sólidos tienen que importarse, no se entiende la política de castigo del actual gobierno, salvo por la defensa de intereses que nada tienen que ver con el interés general.

Otros sectores en los que la creación de empleo verde puede ser muy importante son el transporte sostenible, la transformación del sector de la construcción, la gestión de residuos y la industria básica, y dentro de ella las industrias del hierro y el acero, el aluminio, el cemento y el papel.

Sectores de creación de empleo

En el primero de los casos la estimación es que el empleo del transporte sostenible podría incrementarse en un 40 % hasta los 770.000 trabajadores. Y en el segundo se trataría de acometer un plan de rehabilitación de edificios que supusiera la mejora de la eficiencia energética, teniendo en cuenta que este sector acumula cerca de medio millón de desempleados para los que dicho plan podría ser una fuente de reconversión y empleo.

Por su parte, la gestión de residuos es el sector que mayor volumen de puestos de trabajo verdes genera, suponiendo en la actualidad 110.000, y es el principal nicho de futuro. Y en la industria básica solo citar que la producción reciclada de acero representó en 2008 el 88 % de la total y la industria papelera recuperó más de 5 millones de toneladas de papel usado, lo que supone más del 70 % del papel y cartón que se consume en España, situándonos a la cabeza del reciclaje en Europa tan solo por detrás de Alemania.

Fuentes inagotables de energía

En definitiva, la apuesta por la sostenibilidad, por la eficiencia energética y, consecuentemente, por la economía verde puede ser no solo una vía de creación de empleo para nuestro país, sino que podría transformar su estructura productiva a medio plazo, permitiéndole además aprovechar sus fuentes inagotables de energía: el sol, el viento, las mareas…

Pero para ello es precisa una política valiente y no supeditada a los intereses de las grandes compañías eléctricas y petrolíferas. Justo todo lo contrario de lo que ha hecho hasta ahora el ministro Soria.