Hibridízate (y II)

Los vehículos híbridos son el futuro, pero su energía tiene que salir de fuentes renovables y del autoconsumo.

Coches híbridos

En un post anterior, Hibridízate (I), se analizaba esta cuestión desde el punto de vista del consumidor. Ahora consideramos el punto de vista del planificador energético, lo cual requiere un enfoque algo diferente.

Por múltiples razones económicas y medioambientales es una opción clara de futuro y que hay que apoyar con incentivos, dado que los descensos de costes, como en cualquier industria, se obtienen con investigación pero también en gran medida con el despliegue y la implantación.

Electricidad renovable y con autoconsumo

Por las misma razones, no tendría ningún sentido apoyar esta vía de no ser que la electricidad se genere por medio de fuentes renovables: de otro modo se estaría apoyando simplemente un cambio de modelo de tipo de vehículo por otro, sin ninguna ventaja de ninguna clase, ni económica ni medioambiental. En otras palabras, la substitución del petróleo y derivados, por electricidad generada probablemente a partir del gas en el caso español. Además, es también bastante obvio que la opción preferible es que esta energía provenga del autoconsumo, basado en energía renovable por supuesto —fundamentalmente fotovoltaica, y también eólica, aunque esto depende de la disponibilidad de cada una de ellas, obviamente—.

El autoconsumo en este terreno tiene también otras enormes ventajas a considerar. Primero, las baterías de los vehículos cuando no están en uso pueden utilizarse como almacenamiento de energía, ayudando a la estabilidad de la red de distribución eléctrica, y así permitiendo una mayor integración de las renovables en general al acomodar su intermitencia. Y segundo, evitan en gran medida la inversión en costosísimas redes de repostaje, eliminando además las pérdidas de tiempo que conllevarían las operaciones de recarga.

¿Híbridos o eléctricos?

Otro aspecto a considerar es la elección entre híbridos o eléctricos. Aquí puede que lo más conveniente sea apostar inicialmente por el desarrollo de los híbridos, basados en bajos consumos de combustibles tradicionales, y por una combinación de electricidad/diésel, que resulta más económica que con gasolina tradicional. La mejor opción, por supuesto, es que este combustible fuera de origen bio, bien sea biodiésel o etanol.

La opción completamente eléctrica está todavía algo más lejana técnicamente, y apostar sólo por ella puede incluso que ralentice la introducción en general de la electricidad en el transporte individual, pues la experiencia acumulada con los híbridos seguro que será de gran ayuda.

Transporte público y ciudades concentradas

Hay también otras cuestiones algo más generales que deben ser consideradas por el planificador. Por ejemplo, algunos argumentan que esta opción no hace más que prolongar un modelo de transporte que debería abandonarse, o limitarse al menos. Se argumenta, principalmente, que favorece el modelo de ciudad disperso, y que esto conlleva una serie de costes muy importantes de todo tipo frente a un modelo concentrado.

Desde luego es un argumento cierto en parte, pero también lo es que el modelo de ciudad disperso es una opción muy aceptada por la población. Siempre que este coste sea asumible, por tanto, no hay razón para descartarlo. En este contexto, el transporte público, y también basado en electricidad renovable se debe apoyar, y facilitar la disminución del uso de vehículos privados y su sustitución por otros más eficientes, como bicis o incluso motos, eléctricas sin duda.

Hay muchos otros aspectos de esta discusión, y no es este el lugar para abordarlos: baste con señalar que no parece de ningún modo un argumento suficiente para evitar el apoyo al vehículo eléctrico individual, hoy por hoy.

El otro punto, muy relacionado con el anterior, es que la producción y venta mundial de vehículos individuales sigue aumentando sin freno aparente, especialmente en las economías emergentes. Esta tendencia parece imparable, y también es una oportunidad al abrir mercados de exportación para países con industrias maduras, como puede ser precisamente el caso español.

El caso noruego

Una breve nota final para comentar el caso de Noruega, país donde más se ha implantado este tipo de vehículo con gran diferencia.

En este país la electricidad es prácticamente toda renovable-hidráulica, y muy barata, y se ha desplegado una red de repostaje suficiente. Esto hace innecesaria la conveniencia del autoconsumo, pues no es preciso para estabilizar la red, ya que la hidráulica es la energía más gestionable de todas. Y además tampoco se plantea ningún problema económico especial de sustitución de energía fósil e importada por renovable nacional, como es el caso español sin ir más lejos. De hecho, Noruega es el tercer exportador mundial de petróleo, sólo por detrás de Arabia Saudí y Rusia. Eso no les ha llevado, sin embargo, a cometer el error de favorecer su consumo interno, y el precio de la gasolina ronda los 2 € por litro, considerablemente más que en otros países, lo que también ha favorecido la penetración del vehículo eléctrico. El apoyo público a través de una amplia batería de incentivos de varios tipos también es importante, y esto es lo que más han valorado los consumidores. El único punto subrayado en este post que aquí no aparece es la implantación de vehículos alternativos como las bicis o motos, pero puede que las condiciones climáticas lo dificulten. En conjunto, por tanto, nada contrario al análisis efectuado aquí.

Hay que apoyarlo

Desde el punto de vista del planificador energético es una opción que claramente hay que apoyar, bien entendido que debe basarse en energía renovable y generada por medio del autoconsumo hasta donde sea posible. Y finalmente que debe ir acompañada de apoyo a formas alternativas de transporte, como el público y otros vehículos individuales más económicos como la bici, motos eléctricas, o vehículos de pequeño tamaño para desplazamientos cortos.

Ignacio Mauleón

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¿Por qué las energías fósiles?

ENERGIAS_Fosiles

Puede haber y hay muchas justificaciones para las energías renovables.

La primera y quizá más obvia para muchos ciudadanos es contrarrestar el cambio climático. Como esto es una ‘externalidad’ no tenida en cuenta en la generación de energía fósil, el mercado falla, y ese coste hay que cargarlo de alguna manera a las energías fósiles, por ejemplo, subvencionando a las renovables con cargo a las fósiles. Si solo se trata de este aspecto, caben muchas matizaciones, y la primera de ellas es el cuestionamiento del mismo cambio climático. Desde luego, la inmensa mayoría de los científicos involucrados en el tema coinciden en que la probabilidad de que sea cierto y que tenga su origen en la actividad humana es muy alta. Además, habría que considerar cuál sería el coste de no preverlo y corregirlo, si llega a ocurrir efectivamente. En otras palabras, que el riesgo es demasiado alto, y en algún escenario extremo peligra nuestra propia supervivencia como especie.

Renovables y algo más

Pero por otra parte, cabe preguntarse si la única manera de corregir este problema es el desarrollo de la energía renovable, y la respuesta es claramente que no: bastaría con prorrogar y aumentar en lo posible la energía nuclear, sustituir las energías más contaminantes por gas, y aplicar métodos de captura y almacenamiento de carbono.

En este último apartado podría tener un papel importante la reforestación masiva: los bosques, aunque devuelven al medio ambiente el CO2 almacenado al completar su ciclo vital, también permiten alargar el período antes de su descomposición utilizando la madera para otros usos, como construcción y mobiliario. Y durante ese período, el CO2 se va descomponiendo y se absorbe en el océano en un período que oscila entre 30 y 90 años.

Entonces, ¿por qué renovables? Las respuestas son variadas, así como sus razones, económicas, políticas y puramente científicas, aunque todas se entrecruzan.

Razones científicas

En primer lugar las científicas. Los fósiles son combustibles finitos, y en algún momento tienen que acabarse, por alejado que esté dicho momento. Ya ocurre con fósiles conocidos (el petróleo ligero, el gas convencional), y desde luego en yacimientos concretos (en USA, por ejemplo).

Se suele argumentar que siempre aparecen nuevas variantes, como otro tipo de petróleos no convencionales en las profundidades marinas y gases no convencionales  (shale gas). Aunque esto es cierto, de nuevo en algún momento se acabarán.

Pero lo peor es que su capacidad energética resulta cada vez menor, la contaminación que generan cada vez mayor y los costes de extracción más elevados, de modo que se admite que se crearía un problema político de primer orden si su precios descienden, pues las costosas inversiones ya realizadas no serían rentables, y originarían gran inestabilidad política en países productores (Venezuela, Brasil, México, Noruega, Escocia, etc.).

En definitiva: es indiscutible que la época de fósiles baratos se ha acabado, y que a esos precios las renovables van a ser competitivas en poco tiempo, y algunas de hecho ya lo son (por ejemplo la fotovoltaica para autoconsumo, y esta y la eólica para lugares alejados como zonas  rurales e islas). No tener en cuenta esto puede llevar a guerras por los recursos, epidemias y migraciones masivas. No sería la primera vez que ocurre en la historia, aunque esta sí podría ser la definitiva, y de ahí la preocupación por este tema de instituciones tan poco sospechosas de radicalismo como los ejércitos norteamericano y alemán, por mencionar dos casos conocidos públicamente.

Razones económicas

En segundo lugar, las económicas. Para los países importadores, como los europeos, y especialmente España, el coste de importar energía fósil puede alcanzar volúmenes intolerables (4,5 % del PIB todos los años, aproximadamente). Cualquier modelo económico sencillo explica por qué eliminar, o simplemente reducir este volumen, supondría una gran aportación al bienestar de un país. Esto es aún más pronunciado en casos de equilibrio en el desempleo, como puede ser el europeo, y sobre todo el español; es decir, que la economía no sale por sí sola de esa situación de desempleo de los recursos. Se produce una falta de inversión, y en consecuencia, un fuerte desempleo, que solo tiene salida con la introducción de nuevas actividades donde invertir, industriales y de servicios, que además requerirán apoyo público.

En la situación actual, la economía verde, y dentro de ella la energía renovable, es una alternativa obvia mundialmente reconocida a tenor de su crecimiento (el 50% de la capacidad de generación eléctrica añadida en los últimos 4 años es renovable). Aunque efectivamente no es la única alternativa, es una de las más importantes. Debe subrayarse que cualquier empleo generado internamente en un país en estas condiciones es empleo neto, aunque ello suponga una pérdida de empleo en los países exportadores.

Finalmente, tampoco una situación de desequilibrio es necesariamente positiva para los países exportadores, puesto que entraña grandes riesgos.

Razones políticas

En tercer lugar, las políticas. Importar toda la energía, o parte, hace que un país sea dependiente del exterior, lo que implica estar expuesto a todo tipo de presiones políticas y de otro tipo. Los casos de Georgia, Ucrania, y Rumania, que importan grandes cantidades de gas de Rusia, son ejemplos cercanos de este problema.

Resumiendo, las razones para apoyar las energías renovables son al menos las siguientes:

  • Por el agotamiento de los combustibles fósiles, por lo menos a precios asequibles.
  • Para favorecer el crecimiento económico y el empleo, especialmente en países en recesión.
  • Con el fin de asegurar la independencia política.

Y este apoyo es necesario, dado que los mercados internacionales de energía hoy día son cualquier cosa menos capitalistas-competitivos: baste con mencionar que las energías fósiles reciben cuatro veces más subvenciones que las renovables; y aunque generan más energía, algunas, como el carbón, se descubrieron hace más de dos siglos, y cuesta entender por qué todavía reciben subvenciones, mientras se cuestionan las ayudas a la fotovoltaica, por ejemplo, que empezaron hace poco más de una década.

Todas son razones, por supuesto, desde el punto de vista de países que no disponen de grandes recursos energéticos fósiles. Pero incluso los que sí disponen, como es el caso de Arabia Saudí, que es el primer productor mundial de petróleo con gran diferencia, acaba de anunciar su objetivo de consumir principalmente energía de origen renovable, especialmente solar, en poco tiempo.

Solo este hecho debería bastar para obligarnos a reflexionar y llegar a la conclusión obvia de que la pregunta correcta no es: ¿por qué hay que apoyar a las renovables?, sino justamente la contraria: ¿por qué hay que seguir dependiendo de las energías fósiles?

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El coste de las renovables en cifras

En un post anterior sobre el coste de las renovables, se explicaba que hay al menos dos razones por las que las renovables no solo no son caras —merit-order effect—, sino que son la opción más barata si se tiene en cuenta que el precio de los combustibles fósiles, especialmente el petróleo, va a seguir una tendencia al alza imparable.

Las renovables son competitivas

Precisamente la Asociación Internacional de las Energías Renovables, IRENA, acaba de publicar una serie de estudios muy documentados y elaborados con datos concretos sobre este punto. La conclusión general es que, a fecha de hoy, muchas energías renovables son ya competitivas a precios de mercado con las fósiles, aunque depende mucho de cada tecnología concreta y de cada caso (país, zona geográfica, tipo de mercado, etc.). Las conclusiones generales para los 5 tipos analizados están resumidas en este gráfico tomado de la publicación directamente.

GRÁFICO_COSTE_RENOVABLES

Sin entrar en una discusión detallada del gráfico, que tampoco tiene sentido pues los datos cambian muy rápidamente, se puede ver que en ‘islas’ (parte superior sombreada en azul), las renovables son todas ya competitivas, aunque varía mucho entre casos (la banda es muy ancha). Por ejemplo, en las Canarias la solar y la eólica ya lo son. En zonas continentales hay también muchos casos similares, y particularmente la biomasa, y especialmente la hidráulica, que es la energía más barata de todas las que existen (fósiles y renovables), en cualquier lugar, además de gozar de otras enormes ventajas como ser fácilmente gestionable, lo que ayuda a estabilizar la red eléctrica sin ningún coste, por contraposición a las centrales de gas de ciclo combinado, que hacen lo mismo peor y a mucho mayor coste (caso español); esta ventaja también la posee la  fotovoltaica.

El gráfico no tiene en cuenta otro tipo de externalidades, como efectos medioambientales, o posibles apoyos gubernamentales.

Por otra parte, se ha calculado por el denominado método del LCOE, que básicamente es un método para tener en cuenta todos los costes e ingresos futuros y compararlos con la inversión inicial. Tampoco se han incorporado la más que probable alza sistemática del precio de los combustibles fósiles en el futuro, ni la importantísima reducción de costes que suponen las renovables en forma de autoconsumo, pues no requieren ya la inversión en caras, inestables, y altamente expuestas a todo tipo de riesgos, redes de distribución eléctricas (recordemos el reciente huracán Sandy). Y se ha considerado una «aversión al riesgo» alta, que perjudica mucho al cálculo de la rentabilidad renovable —el tipo de interés de descuento—.

En resumen, y sin entrar a valorar aspectos técnicos en detalle, lo que queda claro de esta foto, es que las renovables ya en 2010 no eran caras.

El ‘círculo virtuoso’

IRENA subraya muchos otros aspectos importantísimos, pero quizás el principal es que esto no es más que la foto fija de un proceso de reducción de costes verdaderamente asombroso: un círculo virtuoso, que se basa en aumentos de la inversión, reducciones de costes y nuevas inversiones. Las inversiones iniciales pueden ser costosas y requerir apoyo gubernamental, pero a partir de ahí y si tienen éxito, el interés generado hace que la investigación mejore la técnica, y que la aplicación práctica se haga más eficiente (diseño y construcción de cadenas de montaje, como ha sido el caso de la FV). Esto genera más recursos, que destinados a nuevas inversiones alimentan el ciclo.

De hecho, la mitad de la capacidad de generación eléctrica añadida a nivel mundial en los dos últimos años ha sido en renovables, y la inversión en fotovoltaica en particular ha crecido el 70 % en 2011.

En definitiva, estamos sumidos mundialmente, lo quieran los políticos españoles o no, en una auténtica revolución industrial, basada en la extensión y substitución de las energías fósiles-sucias, por renovables-limpias.

Hagamos números

No se puede acabar este post sin mencionar aunque sea brevemente, el impacto más general en la economía de la opción renovable. En un país como España, que importa el 90% de la energía que consume (incluyendo la nuclear), el coste de pagar a nuestros suministradores intermediados por el oligopolio energético nacional, ronda el 4,5 % del PIB anualmente. Por hacer una comparación breve, equivale al 80 % de lo que ingresamos por el turismo, aproximadamente. En números, unos 45 mil millones de euros. En los cálculos más fantasiosos, el coste anual de las renovables no llega a 7 mil millones, menos de la sexta parte, y no va a aumentar en el futuro, mientras que la factura exterior sí, y mucho.

Además, reducir esos pagos al exterior tendría unos efectos indirectos positivos en el crecimiento y el empleo incalculables: 1) Un análisis serio de multiplicadores macroeconómicos, no realizado en detalle todavía, aunque impreciso y difícil daría ese resultado (esto revela un análisis somero). 2) En sentido figurado, lo que es claro es que los beneficios serían espectacularmente altos.

Muchas cuestiones quedan en el tintero, pero baste por ahora con destacar que en este contexto España se enfrenta a una encrucijada: 1) subirse al tren, e incluso liderarlo, como ocurría antes de que el anterior ministro socialista de industria comenzara su cruzada contra las renovables, continuada por su homólogo del PP; o, 2) que el tren, más pronto que tarde nos arrolle y de nuevo, tristemente, España se quede fuera del núcleo que lidera el cambio económico, como ha ocurrido históricamente desde el siglo XVI, y muy particularmente en los siglos XIX y XX.

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El déficit de tarifa: una contradicción económica

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Quiero partir de un hecho constatado: de todos los que intervenimos en este blog soy el que menos sabe de energía. Mis conocimientos sobre este sector son escasos, aunque trato de suplirlos con una buena dosis de sentido común y algunos conocimientos de economía adquiridos a lo largo de años de estudio. Dejo esto claro porque desde mi perspectiva de economista el tan traído y llevado déficit de tarifa es una contradicción económica de primer orden. Les daré dos razones.

1.

Cuando estudiaba Economía por la década de los ochenta del siglo pasado todos los manuales incorporaban unos sectores que, por definición, debían estar en manos del sector público, ya que presentaban rendimientos crecientes de escala. En estos sectores los costes marginales eran siempre decrecientes (dicho en términos sencillos cada nuevo usuario reduce el coste adicional) y no era posible establecer un precio de equilibrio. Nuevamente y para que se entienda: no hay forma humana de calcular el precio que se debe cargar a los consumidores. Por eso las autoridades debían intervenir y los sectores estaban regulados. El sector energético era uno de los más importantes.

2.

Si definimos los beneficios como la diferencia entre ingresos y costes (de manual), y el déficit de tarifa se genera porque los precios pagados por los consumidores son inferiores a los costes de generación (es decir, los costes son mayores que los ingresos), ¿cómo es posible que las empresas eléctricas repartan año tras año beneficios? Para mí esto es pura magia económica.

Después de analizarlo serenamente todo parece indicar que a la hora de calcular ese déficit de tarifa se emplean criterios cuando menos poco claros y desde luego no económicos. Si a eso añadimos la estrecha relación entre el cártel eléctrico y los poderes políticos, su actuación como grupo de presión contra todo aquello que limite su poder o su mercado —especialmente las renovables, el autoconsumo…—, todo parece indicar que cuando tratamos con las eléctricas no son los criterios económicos los que priman.

A lo mejor no sería mala idea recalcular el déficit de tarifa.

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¿Arabia Saudí renovable?

Por sorprendente que pueda resultar, y como ya sugirió The Economist hace no mucho, así parece ser. Dado que Arabia es el mayor productor mundial de petróleo, que exporta el equivalente a 12,5 millones de barriles diarios, lo que supone más del 10 % de la demanda mundial, el anuncio es una fortísima llamada de atención sobre la sostenibilidad del modelo energético mundial, e incluso del orden económico.

Varios políticos saudíes relevantes han efectuado el anuncio. El discurso no ha sido único, pero de las declaraciones efectuadas se pueden extraer las siguientes conclusiones.

Cien por cien renovable

Primero, dado que esperan que su demanda interna de energía prácticamente absorba toda la producción actual en un par de décadas, es mucho más rentable vender petróleo a 100 USD el barril, que consumirlo internamente a precios muy subvencionados —como siempre en estos casos, para poder mantener un poder fuertemente autoritario sobre una sociedad arcaica—. Por ello, proponen otro modelo energético basado en energías renovables de todo tipo aunque con primacía solar, y en nuclear. Los objetivos, aunque no son precisos, resultan en todo caso muy ambiciosos y pretenden alcanzar el 100 % renovable en pocas décadas y en todo caso un 50 % en dos o máximo tres.

En segundo lugar y para llegar a este modelo, proponen un modelo inicial —dos años máximo—, de subvenciones directas, para pasar después al modelo de Feed in Tariffs; es decir, las «primas» españolas. El objetivo no es solo energético, y se pretende asimismo desarrollar una industria interna capaz de exportar tecnología y know-how en pocos años. Así, han anunciado con toda claridad que el coste de cada tecnología es solo un factor más a tener en cuenta, y que priman las tecnologías menos desarrolladas, ya que tienen mayor recorrido en la «curva de aprendizaje», como el CSP, o solar térmica de concentración, en la que por cierto España es líder mundial, y más concretamente las empresas Abengoa y Acciona. Por la misma razón, y con el objetivo de desarrollar una industria propia, los incentivos en forma de primas van a ser muy altos inicialmente, similares a las que se pagaron en España durante la calumniosamente llamada burbuja fotovoltaica.

Han sugerido, también, que en lugar de exportar petróleo podrían exportar bienes derivados, como plásticos, polímeros, fertilizantes, etc., con mucho mayor valor añadido, y que en su política de atraer inversiones extranjeras, de nuevo no van a primar necesariamente el precio, sino también el origen de las ofertas, y por supuesto que van a diversificar y que pretenden colaborar con todo el que tenga algo que aportar.

Los precios del petróleo no bajarán

Las lecciones que se pueden extraer de aquí son innumerables y de profundo calado y señalaremos algunas obvias y algo sorprendentes. Primero, dejan de lado completamente la discusión sobre al agotamiento del petróleo —peak oil como primera señal de alarma—, e incluso del cambio climático, dando ambas cuestiones implícitamente por supuestas. Por ello, los precios del petróleo van a mantenerse o seguir subiendo para siempre.

En segundo lugar, y como han subrayado insistentemente, no se trata solo de una política energética, sino también industrial, evitando el «mal holandés», e incluso global, pues todo indica que pretenden tener un papel en el terreno político mundial, y muy probablemente mantener su influencia en Oriente Medio. La apuesta por la nuclear efectivamente no tiene otra explicación, siendo el probable objetivo oculto desarrollar armamento nuclear.

La energía es fuente de riqueza económica

Como primer resumen, y desde el punto de vista estrictamente económico, la lección es contundente: olvidemos la discusión sobre el posible agotamiento del petróleo, la existencia del cambio climático, y el supuestamente coste alto de las renovables por comparación a las fósiles: solo son señuelos destinados a distraer a la opinión pública y a la sociedad (sin que ello obste para que los dos primeros puntos sean ciertos). Y, finalmente, la energía es la fuente principal de la riqueza económica hoy por hoy, e incluso de influencia política, y representan una oportunidad única.

¿Y en España?, después del esfuerzo realizado con la fotovoltaica, y ahora con la termosolar, ambas tecnologías son perseguidas con verdadera saña y ahínco por el actual ministro de Industria. Claro que teniendo en cuenta su probable destino profesional cuando finalice su mandato, y que las eléctricas españolas de español solo tienen el nombre, pues están en su mayoría en manos extranjeras, no es de extrañar que finalmente la política sea absurda, o más exactamente, nada de absurda, sino contraria a los intereses nacionales.

El PP da marcha atrás sobre el 38,3 % a los presupuestos

Después de la mal llamada «reforma energética» de Soria, que ha consistido en una nueva ronda de impuestos destinada a cubrir el denominado «déficit de tarifa», la valoración ha sido casi unánime: no es una reforma, solo va a cubrir el denominado «déficit de tarifa», y las grandes eléctricas van a trasladar el coste a los consumidores. Al final, quienes van a pagar serán los más débiles, los de siempre: consumidores e inversores en renovables, y en menor medida las empresas de renovables.

La subida de la luz

Constatado esto, cuando las grandes eléctricas han admitido con todo descaro que efectivamente van a trasladar los impuestos, el problema es que esto implica una subida de la luz, que complica aún más su ya muy deteriorada imagen en la ciudadanía. ¿Solución?, cargamos los impuestos en el recibo de la luz, pero lo descargamos, trasladando partidas a los presupuestos del Estado. Dicho y hecho: Soria propone la enmienda en el trámite parlamentario, y el 38,3 % (vaya casualidad, que coincide casi al céntimo con los impuestos que iban a pagar las eléctricas), de las primas a las renovables (el villano número 1), pasan al presupuesto.

Hay que reconocer que la jugada es maestra: las grandes eléctricas no se ven afectadas por los impuestos, el recibo de la luz continúa igual, y siguen pagando los inversores en renovables y ciudadanos en general, vía presupuestos. Así, ahora las renovables, además de ser culpables del precio de la luz, serán culpables del déficit del Estado.

Los astronómicos beneficios de las eléctricas

Desde luego, la ronda de impuestos de Soria probablemente cubrirá el «déficit de tarifa» de este año, pero no de los venideros: eso solo se conseguiría derogando la ley que lo genera, que básicamente reconoce y garantiza unos precios acordes con unos costes que no son ciertos, pues vemos cómo, año tras año, las eléctricas, en su mayor parte en manos extranjeras, obtienen beneficios astronómicos, mientras casi toda la sociedad española sufre angustiosamente la crisis. Y la derogación no sería en absoluto retroactiva, pero no se va a hacer con este gobierno, pues las eléctricas han encontrado una fabulosa fuente de ingresos extra con este mecanismo. Y se debe acabar con el mito y engaño masivo a la sociedad, de que las primas suben el precio de la electricidad y son la causa del «déficit de tarifa»: hasta Moody’s ha reconocido que es justo al revés, que bajan el precio, y en España está archidemostrado que la correlación entre primas y déficit de tarifa es nula.

Donde dije digo…

Sorprendentemente, y cuando ya se daba por hecho, el PP ha retirado la propuesta en la aprobación de la reforma. Ello solo puede deberse a presiones exteriores, probablemente de todos los implicados —inversores internacionales y nacionales, y la propia comisión europea, que viene denunciando la inseguridad jurídica de las renovables en España hace tiempo—. Pero no pensemos que las eléctricas no van a seguir presionando: al presidente de Iberdrola le ha faltado tiempo para amenazar, diciendo que España no se puede permitir pagar 70.000 euros de aquí a 2020 en primas a las renovables. ¿Y qué hay de los cerca de 400.000 millones que nos gastaremos en importar petróleo, gas y uranio, si no tenemos renovables? Esta cantidad supone aproximadamente un 4 % del PIB todos los años, algo que efectivamente no nos lo podemos permitir, especialmente si tenemos en cuenta que los precios del petróleo y gas van a aumentar, y mucho, los próximos años.

En este contexto, finalmente, propongo dos cosas: leer el artículo de Soledad Gallego (‘Las calles por donde no nos dejan pasear‘, El País, 11/11/2012), y por favor, que nos intervengan de una vez, pues Bruselas tiene claro que el autoconsumo y las renovables son la clave: más vale estar en manos extranjeras, por doloroso que sea, que en las de enemigos de la mayoría de los españoles.

El huracán Sandy y las energías renovables

Los huracanes en la costa este de EEUU no son raros, pero lo inusual del último, Sandy, ha sido su violencia y subsiguientes efectos devastadores en el suministro de energía en general, y muy especialmente la electricidad y el gas. Hay tres reflexiones importantes que se pueden hacer relacionadas con las energías renovables.

Cambio climático global

Primero, meteorólogos y analistas del clima coinciden en que la fuerza de Sandy ha sido aumentada a consecuencia del cambio climático global. Ahora se va manifestando con claridad que la consecuencia más inmediata y palpable de dicho cambio es la alteración en los patrones habituales de ciclos del clima: inundaciones, sequías, olas de frío y calor inusuales. Así, el efecto del aumento global de la temperatura está llegando mucho antes de lo previsto, y de manera grave. Solo un cambio rápido hacia un modelo de consumo energético basado en energías limpias puede, por lo menos, ralentizar y eventualmente detener este proceso.

Las energías convencionales, las más afectadas

Segundo, las energías convencionales se han visto enormemente afectadas: por ejemplo, ha habido cortes en el suministro de gas y electricidad, e incluso algunas nucleares han entrado en zonas de alerta, aunque no haya ocurrido ningún accidente.

Las renovables, por el contrario, especialmente solar y eólica, no han sufrido ningún daño, y pasadas las primeras horas en las que el huracán ha golpeado con fuerza, han entrado en funcionamiento de nuevo con normalidad.

Ello contrasta con las dificultades que han experimentado las centrales convencionales, por los cortes de suministro necesarios para producir energía, mientras que la fuente para producir energía en el caso de las renovables (sol y viento) está disponible de modo natural. Además, la sencillez de la generación de energía renovable hace que sea fácil de mantener y operar, frente a la complejidad de las fuentes tradicionales, fósiles y nuclear, lo que las hace mucho más vulnerables ante cualquier perturbación, como acaba de demostrar Sandy.

Islas de energía renovable

Tercero, la energía renovable se adapta fácilmente al autoconsumo energético, es decir, a la producción y consumo de energía en ‘islas’ energéticas independientes. Es obvio que esto la hace mucho más flexible y adaptable frente a perturbaciones y catástrofes naturales.

Un ejemplo muy notable ha sido la Universidad de Nueva York, que con una red propia e independiente de la general, alimentada por cogeneración de calor y electricidad, ha mantenido en todo momento el suministro eléctrico y la calefacción tras el paso de Sandy. Los teléfonos móviles y ordenadores portátiles han podido seguir funcionando, es decir, comunicaciones e internet han estado disponibles; igualmente con la iluminación, y la calefacción.

Esto contrasta fuertemente con gran parte de Nueva York, donde cientos de miles de personas han estado sin estos servicios durante varios días. La Universidad adoptó este modelo energético para ahorrar costes, e inicialmente estaba conectada a la red general, en forma de ‘balance neto’ (los excedentes eran vertidos a la red, a la vez que se tomaba electricidad de ella). Pero con el tiempo las mejoras en la gestión interna han permitido la independencia completa. También es cierto que para la cogeneración toman como fuente el gas natural, pero esto es fácilmente reemplazable por la biomasa y otras renovables (eólica, solar y geotérmica muy especialmente). Por último, este servicio solo ha estado disponible en el conjunto de edificios centrales y próximos entre ellos de la Universidad, pero la implicación no es que sea un caso marginal, sino justamente al contrario: extendiendo el modelo, el impacto del huracán habría sido mucho menor. Todos estos costes deberían ser tenidos en cuenta a la hora de comparaciones con las energías convencionales.

En resumen, para combatir el cambio climático y asegurar el suministro energético, solo hay una vía: las energías renovables y el autoconsumo. Negarse a ver esto es suicida, además de constituir un engaño a la sociedad por parte de los responsables de la política energética.