El coste de las renovables en cifras

En un post anterior sobre el coste de las renovables, se explicaba que hay al menos dos razones por las que las renovables no solo no son caras —merit-order effect—, sino que son la opción más barata si se tiene en cuenta que el precio de los combustibles fósiles, especialmente el petróleo, va a seguir una tendencia al alza imparable.

Las renovables son competitivas

Precisamente la Asociación Internacional de las Energías Renovables, IRENA, acaba de publicar una serie de estudios muy documentados y elaborados con datos concretos sobre este punto. La conclusión general es que, a fecha de hoy, muchas energías renovables son ya competitivas a precios de mercado con las fósiles, aunque depende mucho de cada tecnología concreta y de cada caso (país, zona geográfica, tipo de mercado, etc.). Las conclusiones generales para los 5 tipos analizados están resumidas en este gráfico tomado de la publicación directamente.

GRÁFICO_COSTE_RENOVABLES

Sin entrar en una discusión detallada del gráfico, que tampoco tiene sentido pues los datos cambian muy rápidamente, se puede ver que en ‘islas’ (parte superior sombreada en azul), las renovables son todas ya competitivas, aunque varía mucho entre casos (la banda es muy ancha). Por ejemplo, en las Canarias la solar y la eólica ya lo son. En zonas continentales hay también muchos casos similares, y particularmente la biomasa, y especialmente la hidráulica, que es la energía más barata de todas las que existen (fósiles y renovables), en cualquier lugar, además de gozar de otras enormes ventajas como ser fácilmente gestionable, lo que ayuda a estabilizar la red eléctrica sin ningún coste, por contraposición a las centrales de gas de ciclo combinado, que hacen lo mismo peor y a mucho mayor coste (caso español); esta ventaja también la posee la  fotovoltaica.

El gráfico no tiene en cuenta otro tipo de externalidades, como efectos medioambientales, o posibles apoyos gubernamentales.

Por otra parte, se ha calculado por el denominado método del LCOE, que básicamente es un método para tener en cuenta todos los costes e ingresos futuros y compararlos con la inversión inicial. Tampoco se han incorporado la más que probable alza sistemática del precio de los combustibles fósiles en el futuro, ni la importantísima reducción de costes que suponen las renovables en forma de autoconsumo, pues no requieren ya la inversión en caras, inestables, y altamente expuestas a todo tipo de riesgos, redes de distribución eléctricas (recordemos el reciente huracán Sandy). Y se ha considerado una «aversión al riesgo» alta, que perjudica mucho al cálculo de la rentabilidad renovable —el tipo de interés de descuento—.

En resumen, y sin entrar a valorar aspectos técnicos en detalle, lo que queda claro de esta foto, es que las renovables ya en 2010 no eran caras.

El ‘círculo virtuoso’

IRENA subraya muchos otros aspectos importantísimos, pero quizás el principal es que esto no es más que la foto fija de un proceso de reducción de costes verdaderamente asombroso: un círculo virtuoso, que se basa en aumentos de la inversión, reducciones de costes y nuevas inversiones. Las inversiones iniciales pueden ser costosas y requerir apoyo gubernamental, pero a partir de ahí y si tienen éxito, el interés generado hace que la investigación mejore la técnica, y que la aplicación práctica se haga más eficiente (diseño y construcción de cadenas de montaje, como ha sido el caso de la FV). Esto genera más recursos, que destinados a nuevas inversiones alimentan el ciclo.

De hecho, la mitad de la capacidad de generación eléctrica añadida a nivel mundial en los dos últimos años ha sido en renovables, y la inversión en fotovoltaica en particular ha crecido el 70 % en 2011.

En definitiva, estamos sumidos mundialmente, lo quieran los políticos españoles o no, en una auténtica revolución industrial, basada en la extensión y substitución de las energías fósiles-sucias, por renovables-limpias.

Hagamos números

No se puede acabar este post sin mencionar aunque sea brevemente, el impacto más general en la economía de la opción renovable. En un país como España, que importa el 90% de la energía que consume (incluyendo la nuclear), el coste de pagar a nuestros suministradores intermediados por el oligopolio energético nacional, ronda el 4,5 % del PIB anualmente. Por hacer una comparación breve, equivale al 80 % de lo que ingresamos por el turismo, aproximadamente. En números, unos 45 mil millones de euros. En los cálculos más fantasiosos, el coste anual de las renovables no llega a 7 mil millones, menos de la sexta parte, y no va a aumentar en el futuro, mientras que la factura exterior sí, y mucho.

Además, reducir esos pagos al exterior tendría unos efectos indirectos positivos en el crecimiento y el empleo incalculables: 1) Un análisis serio de multiplicadores macroeconómicos, no realizado en detalle todavía, aunque impreciso y difícil daría ese resultado (esto revela un análisis somero). 2) En sentido figurado, lo que es claro es que los beneficios serían espectacularmente altos.

Muchas cuestiones quedan en el tintero, pero baste por ahora con destacar que en este contexto España se enfrenta a una encrucijada: 1) subirse al tren, e incluso liderarlo, como ocurría antes de que el anterior ministro socialista de industria comenzara su cruzada contra las renovables, continuada por su homólogo del PP; o, 2) que el tren, más pronto que tarde nos arrolle y de nuevo, tristemente, España se quede fuera del núcleo que lidera el cambio económico, como ha ocurrido históricamente desde el siglo XVI, y muy particularmente en los siglos XIX y XX.

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Renovables y ahorro: 1 + 1 = 4

El REN21, una organización internacional independiente dedicada a analizar y publicar informes sobre el estado y  la evolución prevista de las renovables en el mundo, ha publicado recientemente su Renewables Global Status Report para 2011. En él se destaca que, pese a la crisis europea y las inseguridades en los mercados financieros mundiales, la inversión mundial en energías renovables creció un 17 %. Más concretamente, en electricidad y por cuarto año consecutivo, la mitad de las nuevas inversiones lo fueron en energía renovable, y precisamente en Europa en su mayor parte.

Renovables: más por menos

Este año, además, el informe apunta un nuevo aspecto. Cuando se establecen objetivos para renovables suelen ir acompañados de recomendaciones simultáneas sobre ahorro de energía en varios frentes. Pero en el caso de las renovables, no se trata simplemente de la sustitución de energías fósiles y nuclear convencionales por renovables, sino que son precisamente las renovables las que permiten obtener los mismos servicios energéticos con menor volumen de energía. En otras palabras, más por menos.

Hay dos ejemplos inmediatos de cómo ocurre esto:

  1. El autoconsumo
  2. El transporte

El ahorro del autoconsumo

El ahorro se produce por dos razones, y la primera es que se evitan las pérdidas por el transporte de energía a través de las redes eléctricas, que pueden llegar a suponer el 10 o el 15 % de la electricidad total, y que se pierde en generación de calor no recuperable. Pero es que, además, se evita el despliegue de costosísimas redes y su posterior gestión, siempre compleja.

Dada la intermitencia de las renovables, esta solución generalmente tiene que ir acompañada de dispositivos de almacenamiento energético para adaptarlas a los patrones de la demanda. En el caso del autoconsumo estricto, los excedentes no pueden ser almacenados en la red ni tampoco vendidos. Pero existen ya métodos cada vez más asequibles y eficientes de almacenamiento en pilas tradicionales de ion-litio, y se están desarrollando rápidamente las pilas de hidrógeno y el almacenamiento en depósitos de aire comprimido, lo que puede llegar a garantizar el suministro durante algunas semanas.

El ahorro del transporte

En el transporte de personas y mercancías el ahorro se produce porque el motor de combustión tradicional, por más eficiente y avanzado que sea, pierde el 80 % de la energía generada en calor no recuperable. En el caso del motor eléctrico, por contraste, esta pérdida se reduce al 20 %. Más todavía, se están investigando y desarrollando activamente soluciones renovables para el transporte marítimo. De hecho, existen ya diseños que utilizan las velas tradicionales con paneles fotovoltaicos incorporados, e incluso extensas velas que podrían desplegarse a gran altura, empleando nuevos materiales para su diseño y enlace con las embarcaciones (de hecho, alguno de estos diseños están ya funcionamiento en Australia).

Y finalmente, y si tenemos en cuenta que un dispositivo de almacenamiento para la energía generada en régimen de autoconsumo pueden ser los propios vehículos híbridos o eléctricos privados, el ahorro es doble: 1+1=4.

Cuesta trabajo creer que personas con poder decisorio, y a las que se les suponen unos conocimientos básicos de economía, no entiendan argumentos tan sencillos y las innumerables ventajas de las renovables.