Vehículos eléctricos: el principio del fin del petróleo

Mientras que el petróleo no tiene futuro, los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. 

volpe

“No entiendo por qué la gente se asusta de las nuevas ideas. A mí me asustan las viejas”, John Cage, músico y artista del siglo XX. Esta reveladora frase puede servir para explicar cómo está actualmente el sector del vehículo eléctrico en estos momentos en España, y quizás también en Europa. El vehículo de motor convencional lleva tanto tiempo apegado a nuestro imaginario personal que al ciudadano de a pie aún le cuesta ver las evidentes ventajas del eléctrico. Es algo tan obvio que no nos lo acabamos de creer. Las pocas informaciones que aparecen en los medios de comunicación sobre vehículos eléctricos no ayudan. Que aún no están muy desarrollados, que tienen poca autonomía, que todavía son muy caros… Estos argumentos son peligrosos porque se están convirtiendo en tópicos, pero son fácilmente rebatibles.

El petróleo no tiene futuro

Las grandes firmas llevan años y años desarrollando modelos eléctricos porque saben que el petróleo no tiene futuro y que las Administraciones van a ser cada vez más duras con el tema de la emisión de gases. El vehículo híbrido puede que sea una transición hacia el eléctrico pero no es la solución, la evidencia acabará imponiéndose.

Lo de la autonomía es un argumento un tanto maniqueo. Un vehículo eléctrico tiene menos autonomía que uno de gasolina, cierto. Pero pensemos en los desplazamientos que realizamos la mayoría de nosotros a diario en nuestros vehículos: para ir a trabajar, para ir a comprar… ¿Cuántos kilómetros hacemos al día? ¿Realmente es tan importante la autonomía de un vehículo? Además la investigación e innovación en baterías y sistemas de recarga avanzan a un ritmo parecido al de las nuevas tecnologías.

En cuanto al precio, hay que decir que las diferencias de los vehículos eléctricos respecto a los de gasolina no son desorbitadas, y que está demostrado que el mantenimiento de un vehículo eléctrico es hasta tres veces más barato que el de un híbrido. Si lo comparamos con uno de gasolina, el ahorro es más que evidente. Un vehículo eléctrico apenas incorpora elementos mecánicos, lo que le hace prescindir de revisiones rutinarias de cambio de aceite, filtros, etc.

Crecimiento exponencial en ventas

Las ventas de vehículos 100% eléctricos aumentan cada año. Es cierto que nos movemos en cifras muy reducidas aún, sobre todo en coches. Pero el aumento es siempre exponencial. En 2012 se vendieron en España 22 coches eléctricos y solo en el mes de septiembre de este año ya se llevan vendidas 44 unidades. En motos eléctricas también estamos hablando de aumentos superiores al 100% en ventas respecto al año pasado. Pero todavía no vemos una “invasión” de vehículos eléctricos en nuestras ciudades. ¿Por qué? La mayoría diría que aún es pronto, que se trata de un mercado joven o que es difícil arrancar el sector a causa de la crisis. Pero lo cierto es que ya tardamos y que se trata precisamente de un sector por el que apostar e invertir, porque si algo tienen los vehículos eléctricos es futuro. Y ahora es el momento.

Muchos expertos del sector coinciden en que la irrupción definitiva de los vehículos eléctricos en el mercado particular ha de pasar irremediablemente por tres fases. En la primera fase las administraciones públicas deben apostar claramente por el vehículo eléctrico en sus flotas municipales. Esto ya está pasando. Todavía está por ver si se trata de una apuesta clara o un simple gesto ecologista para ser los más modernos. Pero, por ejemplo, en Barcelona más de la mitad de los vehículos de la flota municipal ya son 100% eléctricos, y hace poco la empresa municipal de transportes (TMB) anunció que disponía de un autobús eléctrico en fase de pruebas para incorporarlo a la linea comercial.

Una segunda fase pasa por que las grandes compañías incorporen vehículos eléctricos en sus flotas. Esto también está pasando aunque en menor medida que en las administraciones. Seur ya cuenta con un servicio de motos eléctricas en Madrid para el reparto de paquetería de menor tamaño.

Y la tercera fase antes de normalizar el vehículo eléctrico entre los particulares pasa por que las pequeñas y medianas empresas incorporen los vehículos eléctricos para sus desplazamientos. Algunas empresas han tenido visión de futuro y ya lo están haciendo.

Todos lo queremos

Según la empresa de estudios de mercado GfK, el 46% de los conductores españoles optaría por un coche eléctrcio en su próxima adquisición. En definitiva, se trata de dejarse llevar por la evidencia y dar el paso hacia el cambio. Más de 100 años apegados al petróleo son muchos y seguro que no va a ser rápido, los vehículos de gasolina no van a desaparecer mañana, pero los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. Así que cuanto antes nos quitemos la venda de los ojos, mejor para todos.

Vehículos eléctricos

Anuncios

Autoconsumo: una regulación imPopular contra los intereses de España

La política energética del Gobierno está diseñada para defender los intereses de determinados grupos eléctricos y en contra de los intereses generales de España y sus ciudadanos.

Gobierno contra renovables

Imagínese que vive usted en un pueblo típico de la costa española con un sol y una playa magníficos. La lógica dicta que una buena opción sería dedicarse al turismo y la pesca. Pero el alcalde tiene otra idea: decide que cierra todas las playas, echa brea en ellas y exige que todos vistan de traje (a ser posible negro). Y para rizar el rizo solo hay una sastrería, la de un amigo del alcalde, y este obliga a todos a que paguen parte de los costes de instalación del sastre, vayan a hacerse el traje allí o a aprovechen uno que tenían en el armario cogiendo polvo. Pues algo muy similar es lo que ha hecho el actual gobierno impopular con el Real Decreto 1611/2011 que cercena el autoconsumo.

No voy a detenerme en los múltiples extravíos de ese RD que, en contra de lo que está sucediendo en todo el mundo y muy especialmente en la UE, trata de eliminar la posibilidad de que los españoles produzcan y consuman su propia energía, sin estar supeditados a los intereses y precios del oligopolio eléctrico. Un fantástico análisis se puede encontrar en el magnífico artículo de Antonio Barrero sobre el autoconsumo (nº 124 de Energías Renovables). Si bien no puedo dejar de citar el aberrante peaje de respaldo, que obliga a los productores/consumidores a pagar por una red eléctrica que no utilizan. Porque lo relevante que quiero señalar en este post es que esta política energética está diseñada en defensa de los intereses de determinados grupos eléctricos y en contra de los intereses generales de España y sus ciudadanos. Les daré tres argumentos.

Ataque descarado a las energías alternativas

En primer lugar, hay que destacar no ya solo la renuncia, sino el ataque descarado del ministerio de Soria a las energías alternativas, sobre todo la fotovoltaica, a las que desde su llegada ha ido poniendo trabas continuadas. Dado el potencial que tiene nuestro país en ese tipo de energías no solo no debería ir en contra de su desarrollo sino que el Gobierno debería fomentar la investigación en ellas y su implantación. Como señala Jordi Serrano, responsable de ventas de REC en España y Portugal, «…la energía solar para autoconsumo es un modelo especialmente atractivo en España por los bajos costes de los sistemas FV y los altos niveles de radiación solar».

A ello hay que sumar nuestra dependencia exterior de las energías convencionales, de las que importamos la práctica totalidad, por lo que un avance en las energías limpias y producidas en España permitiría mejorar nuestra balanza de pagos y el medioambiente. Lo dicho, no solo no atacarlas sino fomentar su investigación —si es que el Gobierno impopular recuerda a qué corresponde el acrónimo I+D— y su utilización es lo que defiende los intereses de España entendida como un colectivo de ciudadanos/consumidores.

Defensa de los ‘derechos históricos de las Eléctricas’

En segundo lugar la defensa cerrada que el ministro Soria hace de los intereses del oligopolio eléctrico, que ni siquiera se puede justificar en la protección de una empresa nacional, ya que el mayor accionista de Iberdrola es un fondo soberano catarí. Sorprende además que un equipo económico asentado en la más estricta tradición neoclásica/neoconservadora en la que el elemento fundamental de su ADN es la competencia, limite esta para proteger algo contra lo que —al menos teóricamente— han prometido luchar denodadamente: el poder de mercado. Aunque en este caso una clara justificación la podemos encontrar en las palabras de Fernando Romero, gerente de EDF Solar, cuando afirma que la política del Gobierno trata de proteger «los derechos históricos de las Eléctricas, que llevan operando en el país varias décadas, financiando campañas electorales, a partidos y siendo lugar de jubilación de exministros. Estos intereses, puramente privados, con ánimo de lucro, manejan a sus anchas los reales decretos que condicionan a un país». Simplemente repasemos los Consejos de Administración del oligopolio eléctrico y veremos el porqué del RD y la falta de crítica del PSOE. Nueva conclusión: se protegen los intereses de un oligopolio en contra de los del resto de los españoles.

Si quisieran, podrían crear empleo

Por último, la inconsistencia de esta política energética con el apoyo a las pymes y emprendedores con los que se llenan la boca los políticos impopulares. El autoconsumo permitiría acceder a este tipo de empresas a la generación de energía eléctrica, lo que supondría un ahorro en costes importantes así como una mejora en la gestión de dicha energía al ser de generación propia. Además, el desarrollo de este sector, basado en pequeñas instalaciones, es un caldo de cultivo idóneo para emprendedores y empresas de reducido tamaño. Dicho en román paladino: el autoconsumo supone la potenciación de las pymes y emprendedores y la creación de empleo (algo que creíamos estaba en el programa electoral del PP).

En definitiva, el RD 1611/2011 es un clavo más en el ataúd que con gran insistencia está fabricando el gobierno impopular para las energías limpias en España. Pero no es solo eso: es un ataque contra los intereses de todos los españoles y nuestro futuro. Ante esto esperemos que, como nuevamente dice Fernando Romero: «…estamos ante un cambio energético a nivel mundial, ante una nueva filosofía que ellos no van a poder cambiar ni mucho menos detener o anular…». ¡Qué ganas tengo de que se acabe esta legislatura!

José Luis Calvo

¡Ya puedes apuntarte a nuestro curso!

Curso de Experto Universitario en Economía de la Energía de la UNED. ¡Ya puedes apuntarte a nuestro curso! Tienes toda la información aquí.

Curso Uned Economía de la Energía

El Curso de Experto Universitario en Economía de la Energía de la UNED proporciona una titulación útil y apasionante, que podrás conseguir desde tu domicilio, sin desplazamientos, con la metodología propia de la UNED: atención personalizada, plataformas on-line, evaluación y contacto constante con el profesorado.

Autoconsumo y desarrollo de renovables

La idea de este curso de Economía de la Energía es que el alumno conozca el amplio abanico de energías renovables, y  que estudie los aspectos relacionados, como el autoconsumo y el desarrollo de las renovables en el mundo, y muy particularmente en Latinoamérica, que es la zona que mayor interés puede tener para empresas y profesionales españoles.

Puedes descargarte el programa del curso de Economía de la Energía y proceder a la matrícula.

Escríbenos si tienes alguna duda a todosobreenergia@gmail.com o dirígete a nosotros desde la página de contacto. Estaremos encantados de atenderte.

100 % renovables no es posible

Se dice a menudo que tener una energía 100 % renovable no es posible, pero ¿es cierto?, y ¿en qué se basan para afirmarlo?

Renovable cien por cien

«100 % renovables no es posible» es algo que con frecuencia se oye en algunos círculos en España, en general próximos al Gobierno y a las multinacionales energéticas que dominan el mercado.

Comencemos por el principio analizando brevemente el contexto del problema energético. En primer lugar, el cambio climático, a juzgar por lo que afirma la inmensa mayoría de los científicos dedicados a su estudio, es un hecho, y amenazador (véanse los recientes informes del IPCC al respecto). Además, recientemente se ha argumentado que la variabilidad por zonas geográficas, y virulencia de los cambios aumenta las emisiones de CO2.

En segundo lugar, la época de los combustibles fósiles baratos se ha acabado. Cada vez es más difícil técnicamente encontrarlos y explotarlos, lo que resulta en un coste creciente y en mayores riesgos en su extracción. Un buen ejemplo de ello es el llamado «gas no convencional», explotable mediante la peligrosísima técnica del fracking, que entraña riesgos que todavía ni siquiera somos capaces de evaluar.

La energía nuclear es cara, peligrosa y no gestionable

La alternativa siguiente es la nuclear, tal como se planteó en sus orígenes después de la II Guerra Mundial en USA, precisamente por quienes sostenían que el petróleo se acababa. Se ha demostrado repetidamente a lo largo de 60 años, sin embargo, que es una energía cara –hoy todavía requiere fuerte apoyo económico gubernamental–, peligrosa, y con multitud de riesgos para la salud y los ecosistemas. Además, no es gestionable –no se puede adaptar a las variaciones de la demanda–, y conlleva el gravísimo peligro añadido de que sus residuos se pueden emplear, y se emplean, para la elaboración de material bélico nuclear. De hecho, muchos analistas consideran que esta es la única razón de los gobiernos para defenderla.

Por último, tampoco hay recursos suficientes. Una buena muestra de la inviabilidad es el caso de China, que es el país que planea una mayor inversión nuclear en el mundo con gran diferencia, y aun así solo aspira a cubrir alrededor del 8 % de su energía con esta fuente. Y respecto a las promesas de energía inagotable a partir de la llamada «fusión nuclear», durante 60 años siguen siendo solamente eso, promesas.

Renovables, la única alternativa

Parece evidente, por tanto, que sea posible o no, la única alternativa que nos queda son las renovables. Y la siguiente pregunta es: ¿son suficientes? Las renovables tienen problemas que no tienen algunas fuentes tradicionales, especialmente su intermitencia y variabilidad. Pero también una enorme ventaja, y es que su oferta es a efectos prácticos ilimitada, gratis, y suficiente en términos agregados para satisfacer la demanda mundial de energía actual, y por muchos años venideros.

Respecto a la variabilidad, sus detractores han exagerado este problema hasta límites fuera del más puro sentido común. El problema se ve muy atenuado cuando se combinan varias, pues su variabilidad es diferente: por ejemplo, la eólica y la solar se complementan en estaciones –más sol y menos viento en verano, y al revés en invierno–, y más sol y menos viento durante el día, y al revés por la noche.

Más todavía, hay muchas fuentes renovables que son perfectamente almacenables y gestionables, como la bioenergía en general, la hidráulica, y algo más lejanas en el tiempo pero cada vez más cerca, la marina y la geotérmica.

Por último el almacenamiento: hay ya medios disponibles, como la hidráulica por bombeo, las sales fundidas de las centrales termosolares, baterías de vehículos, e incluso las células de hidrógeno. Además, la intermitencia de las renovables no es obstáculo para su aplicación en la desalinización de agua marina, y la escasez de agua empieza a ser un problema amenazador. Finalmente, otro aspecto que no se ha mencionado: los parques fotovoltaicos y eólicos se pueden diseñar con un ‘extra’ de capacidad, que se pueda regular y ser retribuido como pagos por capacidad, en lugar de hacerlo a las costosísimas centrales gasistas de ciclo combinado.

Desde luego, hay que diferenciar entre los diferentes usos de la energía –electricidad, transporte y calor–, y tener en cuenta los ajustes en el tiempo y el espacio –a nivel horario, y en zonas restringidas–. Pero con redes eléctricas suficientes que combinen energía de diferente procedencia, y especialmente con el autoconsumo, no parece que vaya a haber graves problemas.

Probablemente es pronto para decir hoy día si la solución 100 % renovable es posible o no, pues esto será una cuestión de experimentación práctica, pero lo que está claro a partir de la experiencia acumulada hasta ahora es que es mucho más viable de lo que se creía. Y si no lo es, razón de más para ahorrar los escasos combustibles fósiles.

El coste de las renovables

La siguiente cuestión clave es cuál es el puro coste económico de esta opción, es decir, su viabilidad económica más allá de que la técnica sea posible.

Hasta hace poco se suponía que la solución renovable solo era posible con fuerte apoyo gubernamental, dados los altos costes de cada técnica concreta, y que iba a ser necesaria una gran inversión en redes eléctricas capaces de transportar energía a grandes distancias –viento del norte de Europa, y sol del sur–. Buenos ejemplos de este análisis son los del WWF en 2011, de GreenPeace, e incluso del UKERC en Inglaterra (UK ERC, Report:S3097_inner 20/04/2009).

La situación hoy día es bien distinta sin embargo: los costes individuales han caído de forma espectacular, especialmente en la solar fotovoltaica, y el autoconsumo demuestra que se puede prescindir en gran medida de las redes eléctricas, con lo cual no se requieren grandes inversiones. No solo eso, sino que el almacenamiento de electricidad en vehículos privados puede ayudar a estabilizar la oferta y demanda de las redes.

Los intereses creados en contra de las renovables

Así, nos encontramos con que la realidad ha ido muy por delante de las previsiones y en la dirección muy favorable a las renovables. No es de extrañar por esto que la reacción de los oligopolios basados en las energías fósiles esté siendo tan virulenta, y estén desplegando tantos esfuerzos en conseguir legislación favorable por procedimientos más que discutibles .

En definitiva, nos encontramos con que los subsidios permanentes a las energías fósiles, después de muchas décadas solo retornan mayor escasez, precios cada vez mayores, e inseguridad de la oferta, mientras que apenas dos décadas de apoyos a las renovables han conseguido todo lo contrario. Más aún, la experiencia acumulada, y todas las simulaciones y estudios científicos realizados al respecto muestran la viabilidad de la solución renovable. Por tanto, decir a día de hoy que una solución renovable no es viable es directamente pura ignorancia, o peor, defender unos oscuros e inconfesables intereses creados, que lastran la recuperación de la economía y nos alejan del futuro, una vez más.

La solución renovable debe ir acompañada de medidas da ahorro y eficiencia, y posiblemente de cambios hacia un modo de vida más sostenible. Pero la discusión no es si la solución renovable es viable o no: es, simplemente, nuestra única opción. La cuestión es por tanto, cómo se lleva a cabo y a qué ritmo, bien entendido que debe ser el máximo posible. Y en particular, cada vez se necesita menos apoyo político; muy al contrario, lo que se requiere es que la política no interfiera como lo está haciendo.

Ignacio Mauleón

Energía fotovoltaica y energía solar termoeléctrica ¿competidoras o complementarias?

Las dos tecnologías solares más importantes no deben verse como rivales sino todo lo contrario.

energía solar fotovoltaica y termoelectrica

El descenso espectacular del precio de los paneles fotovoltaicos (FV) está cambiando drásticamente el panorama energético mundial. Además de generar grandes recelos entre los productores tradicionales de energía, un efecto adicional ha sido la sustitución de concursos para la construcción de plantas solares termoeléctricas (STE), por plantas fotovoltaicas (FV). En respuesta, recientemente la Alianza Mundial por la STE (CSP Alliance) ha publicado un documento en el que se recogen numerosas investigaciones que ponen en valor muchas de las ventajas no tenidas en cuenta de la STE con almacenamiento de energía (The Economic and Reliability Benefits of CSP with Thermal Energy Storage, Dec. 2012).

La medición del coste

El punto de partida es que el método más extendido para valorar una planta de generación de electricidad, el LCOE, o coste por Kw, es una medida muy limitada, cuando no directamente errónea. Este método se basa en dividir el precio, por ejemplo, de un panel FV de un Kw de potencia, por el número total esperado de horas de funcionamiento, con lo cual da una medida del coste del Kwh (por ejemplo, 600€ por Kw/(1500 horas de sol x 25 años) = 0.016€ Kwh). Para un consumidor puede que sea una medida relevante, pues se puede comparar con el precio más o menos estable pagado a la empresa suministradora. Pero para un productor que vende energía en el mercado mayorista no, ya que el precio de la electricidad varía mucho a lo largo del día, entre diferentes días de la semana, etc.

Posibilidad de almacenamiento

Por otra parte, ese precio no tiene en cuenta los posibles beneficios adicionales que puede ofrecer determinado tipo de energía, como es precisamente el caso con la energía generada en plantas STE con almacenamiento. Estas plantas almacenan la energía solar en depósitos de sales fundidas con muy pocas pérdidas, que posteriormente se pueden emplear en generar electricidad en la turbina de la instalación. Las ventajas del almacenamiento con este método son muchas. Sin entrar en grandes detalles, lo cierto es que puede proveer energía casi instantáneamente ante un aviso del operador de la red eléctrica, y todas las veces que sean necesarias a lo largo del día. Además, pueden generar energía a otros plazos más dilatados, como pueden ser varios minutos, etc. Y tampoco tienen restricciones respecto al volumen a suministrar, dentro del límite de la cantidad almacenada. Las ventajas respecto a otros tipos de energía ‘gestionables’ son, por tanto, muy considerables.

Y en el contexto en el que estamos, precisamente una gran ventaja es que pueden paliar la intermitencia de las energías solar FV y eólica —aunque esta intermitencia haya sido muy exagerada, tendenciosamente—. Y también, dicho sea de paso, la inflexibilidad de otras plantas no gestionables, especialmente la nuclear pero también las de carbón. Por este motivo, además de generar beneficios directos y medibles en un hipotético mercado completamente liberalizado, que desde luego no es el español, generan otros como es permitir el despliegue de otras tecnologías renovables.

En suma, que hay que medir su contribución en términos de una valoración conjunta de todos los costes y beneficios que genera en todo el sistema eléctrico (‘net system costs‘). La valoración LCOE sería válida al principio del despliegue de las renovables, cuando quizá lo más importante fuera buscar la energía más barata. Pero una vez que la penetración de las renovables es considerable, este método de valoración alternativo es más adecuado. Desde luego, tampoco hay que olvidar en esta comparación que este mismo criterio de ‘coste-beneficio’ se debe aplicar al resto de las tecnologías: por ejemplo, la FV está especialmente adaptada al autoconsumo lo que tiene importantes ventajas desde varios puntos de vista.

Por otra parte las ventajas de la STE con almacenamiento, hoy por hoy, se prolongan durante plazos cortos (1 o 2 días), ya que el almacenamiento de energía suele ser de unas horas (de 2 a 10 de la potencia de la planta), y si no hay radiación solar directa, esta energía se consume completamente. Una posibilidad muy interesante, no obstante, es la ‘hibridación’, en el sentido de que la misma turbina puede emplear otro tipo de combustible, como gas o biomasa, en cuyo caso sería ya completamente gestionable (es decir, que puede variar su producción de energía a voluntad), y además seguiría siendo completamente renovable en el caso de la biomasa.

FV y STE, ¿competidoras o complementarias?

Y volviendo al tema central de este post, ¿es competitiva con la FV? Desde luego, la FV tiene ventajas innegables, empezando por su bajísimo coste, y además es escalable, de modo que sirve tanto para el auto consumo en pequeña escala, como para volúmenes importantes de producción para ser suministrados a grandes centros de consumo a través de la red eléctrica. Y también, se adapta bastante al perfil de la demanda diurna, de modo que contribuye al descenso en el precio de las horas punta —lo que se ha comprobado recientemente en Alemania—. Pero no es almacenable, y precisamente esta es la gran ventaja de la STE con todo lo que eso implica, aunque en el resto de los aspectos esté en desventaja (solo adaptable para grandes volúmenes de varios MGw, es cara hoy por hoy, y con pocas perspectivas de que sus costes desciendan mucho, pues requiere ‘mucha’ obra civil). Hay otros sistemas de almacenamiento de energía a gran escala, y particularmente la hidráulica de bombeo. Pero de nuevo la gran ventaja de la STE es que se almacena la energía directamente en calor y sin que sea necesaria su conversión previa a electricidad, lo que convierte a este método en más eficiente.

La conclusión de esta comparación es inmediata: ¿por qué no combinar la FV para generación y consumo inmediato, y la STE para almacenar energía y suministrarla diferidamente? Esta combinación sería altamente efectiva y casi sin competencia en el mundo de la energía, al menos para lugares con radiación solar suficiente, y más si se ‘hibridan’ con biomasa. El único problema sigue siendo, claro está, el relativo alto coste de la STE, pero de nuevo, eso se puede compensar con el bajísimo coste de la FV. Existe ya algún estudio muy reciente que demuestra que una determinada combinación de las dos tecnologías es la opción más eficiente, por encima de la FV o la STE por separado (Mills and Wiser, Lawrence Berkeley National Laboratory, LBNL‐5933E, Dec. 2012.).

Para resumir: las dos tecnologías solares más importantes, FV y STE con almacenamiento, no deben verse como competidoras sino más bien al contrario; y la razón es que las ventajas y desventajas de cada una se compensan entre sí. Y respecto al coste, el relativo alto coste de la STE se compensa con el muy bajo de la FV. Y como conclusión, se equivocan los reguladores que optan definitivamente solo por la FV olvidando la STE, sin hablar demasiado del caso español, en el que después de la casi aniquilación de la FV, ahora se persigue también a la STE.

Ignacio Mauleón

Una proposición alemana

Los costes sociales de la austeridad empiezan a ser insoportables. Aunque traten de convencernos de que no hay solución, sí la hay: los sindicatos alemanes han lanzado una propuesta de inversiones.

Proposición Alemania contra la crisis

La política de austeridad a la que se está sometiendo a la Europa del Sur, recortes indiscriminados y significativos del gasto público y aumento generalizado de impuestos, no está consiguiendo sus objetivos, reducir el déficit y la deuda pública, sino más bien al contrario. La razón es sencilla: se reduce la actividad, y por tanto la recaudación, y aumenta el desempleo y los gastos asociados por su cobertura. Nadie parece saber dónde acaba, si es que lo hace, este círculo vicioso que puede acabar por engullir todo nuestro modelo económico y social. Y aunque podamos estar de acuerdo en que era necesario un recorte, no se está haciendo de modo imparcial, y se está perjudicando a la parte más vulnerable de la sociedad y aprovechando para favorecer a una minoría al imponer un modelo muy concreto de sociedad. El resultado es que los costes sociales empiezan a ser insoportables.

Sí se puede

Quizás lo peor es que están intentando convencernos de que no hay alternativa, y casi están consiguiendo anestesiar a la sociedad. Pero la hay. Y precisamente en este caso viene de Alemania, el país impulsor principal de la política de austeridad, y no del gobierno, ni de los empresarios, sino de los sindicatos. Y curiosamente, la propuesta no es un conjunto de reivindicaciones sindicales habituales, sino una propuesta de inversiones (DGB Confederation of German Trade Unions, Un Plan Marshall para Europa). El punto de partida es que se considera que Europa tiene todos los recursos económicos, financieros y humanos disponibles para salir de esta situación y volver a una senda de crecimiento sostenible que garantice «el modo de vida europeo», y todos los valores de nuestra sociedad.

La propuesta consta de dos apartados: 1) capítulo de inversiones, y 2) propuesta de financiación. Respecto a las inversiones, proponen dedicar aproximadamente el 60 % del total a energías renovables, y del resto, un elevado porcentaje a temas relacionados. Por ejemplo, renovación energética de los edificios —ahorro y reconversión al consumo de renovables—, transporte —electrificación y transporte público—, gestión y aprovechamiento de residuos urbanos, y gestión del agua. Otros capítulos muy importantes son las inversiones en redes de fibra óptica y telecomunicaciones en general, biotecnología, etc.

Respecto a las renovables, se destaca la generación distribuida y redes inteligentes —en otras palabras, autoconsumo con balance neto especialmente—, almacenamiento, el despliegue conjunto de todas ellas, aprovechamiento energético de residuos, etc.

Mención especial merece la gestión del agua: en Europa, y en el mundo en general, hay una escasez importante que va a ir en aumento. Dado que cerca del 70 % de la población vive en las proximidades de las costas, este es un campo especialmente adaptable a la aplicación de la energía renovable: la desalinización, que no requiere una energía constante y puede hacerse con una energía intermitente que no necesita almacenamiento, como precisamente es la renovable.

Fondo para la recuperación

El talón de Aquiles de esta propuesta y similares es la financiación pues está claro que el Estado no puede hacerlo directamente. La propuesta incorpora un mecanismo de financiación detallado y viable, y aquí estriba una de sus grandes aportaciones. Se señala, en primer lugar, que en Europa hay un volumen muy importante de liquidez que no se invierte porque no existen alternativas claras, seguras, y aceptablemente rentables. Esta liquidez está colocada hoy día en gran parte en efectivo —monedas y billetes—, depósitos bancarios a corto plazo, e incluso deuda pública. Todo este volumen se podría canalizar hacia las inversiones propuestas si se garantiza la seguridad y se ofrece una rentabilidad aceptable. Y esto puede hacerse estableciendo un Fondo para la recuperación, como una institución europea independiente, directamente controlada por el parlamento europeo y no dependiente ni de la banca ni de los gobiernos nacionales. Dicho fondo recibiría las aportaciones y las invertiría, gestionando también directamente los pagos de intereses.

Otra línea de financiación sería la tasa Robin Hood, o tasa Tobin, aceptada ya por 12 países europeos, aplicada a las transacciones financieras: parece completamente justificado además en este contexto, que quien nos ha traído a la actual situación, la especulación incontrolada de bancos y sistema financiero en general, sea quien contribuya a la solución, al menos algo, y especialmente dado que se niegan a prestar a la economía real, en particular a las pymes.

Finalmente, y aunque esto pueda ser más discutible, proponen un impuesto del 3 % para patrimonios individuales superiores a medio millón de euros, y superiores a un millón para matrimonios —impuesto a los ricos—. Este último punto puede generar mucha más controversia, pero también se admitirá que es el sector de la población que mejor está sorteando la crisis: en España sin ir más lejos, el número de ricos está aumentando mientras que la inmensa mayoría de la población, trabajadores, funcionarios, profesionales —médicos, profesores, jueces, etc.— y clases medias altas y bajas, la están pagando literalmente con sueldos inferiores y mayores impuestos.

Se supone dentro de esta propuesta, también, que la seguridad y rentabilidad garantizadas permitirían una financiación con muy baja prima de riesgo, y que  se generaría un volumen importante de inversión privada atraída por las nuevas oportunidades, etc., en otras palabras: efectos multiplicadores. Es interesante poner números a la propuesta. Utilizando los multiplicadores fiscales de la OCDE y estimaciones del volumen de financiación que podría generar directa e indirectamente dicho Fondo, el PIB europeo podría aumentar rápidamente y estabilizarse en una senda de crecimiento del 3 % sostenible a largo plazo. Además, se generarían de 10 a 11 millones de empleos directos, solo con las inversiones propuestas y en un plazo relativamente corto. También nos permitiría resolver el problema de falta de recursos energéticos y reducir a cero las importaciones de energía, lo que tendría ventajas políticas adicionales incuestionables.

Plan de inversiones

Por otra parte, esto es lo que permitiría abordar definitivamente el problema de las cuentas públicas: más actividad significa mayor recaudación fiscal, menores gastos en la cobertura por desempleo, y menores primas de riesgo. Y con el tiempo, estabilización de la deuda pública y reducción de su volumen. Y aunque esto no esté dentro de la propuesta, parece cada vez más claro que el problema no reside en un «mercado de trabajo inflexible», con muchos privilegios laborales, etc.: las reformas supuestamente liberales introducidas solo han conseguido aumentar el desempleo a niveles insoportables. El problema reside, más bien, por el lado de la demanda de bienes, y el gran freno está en la falta de competencia favorecida por monopolios y oligopolios de todo tipo (reconocido por el presidente de la Comisión Nacional de la Competencia), que están presentes en absolutamente todo nuestro modelo económico actual, y que nada tiene que ver con la tan falsamente cacareada libertad de mercado y capitalismo competitivo. Para los lectores que conozcan siquiera algo del sistema energético esto no será ninguna novedad, desde luego.

Este plan, sorprendentemente viniendo de los sindicatos, y precisamente alemanes, incide en este punto y de manera muy concreta: el mercado de bienes en general, y la ausencia de demanda. Y no proponen reivindicaciones directamente sindicales, sino un plan de inversiones, especialmente en energías renovables. Y por último, y esta es la aportación más importante, proponen un novedoso sistema de financiación perfectamente factible y detallado.

Políticas cortas de miras

Hay varias reflexiones finales que pueden hacerse. En primer lugar, cada vez hay más voces a favor de las renovables: los países emergentes, especialmente Latinoamérica, Obama y los EE.UU., Arabia Saudí y Oriente Medio, los países del norte y sur de África, y por supuesto la mayoría de los países europeos, y ahora también los sindicatos más poderosos de Europa. En segundo lugar, y si es tan obvio ¿quién o qué lo está impidiendo?, y la respuesta es también clara: monopolios y oligopolios de todo tipo, que se resisten a la competencia con todo tipo de medidas, incluidas presiones directas a los gobiernos que estos en muchos casos aceptan. Pero esta política es similar a la de la austeridad. A corto plazo les permite mantener sus gigantescos beneficios, pero si la sociedad y la economía continúan empobreciéndose, más pronto que tarde no quedarán consumidores que puedan adquirir sus productos y servicios.

Ignacio Mauleón

Las energías renovables SÍ crean empleo

Al menos en Estados Unidos, un país que apuesta por las energías renovables y ofrece datos que constatan la creación de empleo.

Renovables y empleo

Ante las aterradoras cifras de desempleo en nuestro país —incluso descontando la posibilidad de que estén enmascaradas por una economía sumergida importante—, las autoridades económicas, tanto nacionales como europeas,  parecen paralizadas y se limitan a afirmar que el problema es que las recetas aplicadas hasta ahora no han tenido éxito porque son una precondición para el crecimiento, o que hay que seguir aplicándolas con mayor intensidad.

Las renovables crean empleo

Desde muchos foros, incluido este blog, se viene insistiendo en que un sector evidente y de futuro para crear empleo es el energético, y concretamente el renovable. Por qué no se hace es una pregunta obvia, y también la respuesta es tristemente obvia: la defensa de los intereses creados de unos pocos frente a los intereses de la mayoría. Más o menos lo mismo que viene ocurriendo en España desde principios del siglo XIX, y que impidió que se llevara a cabo la revolución industrial y el advenimiento del verdadero capitalismo de mercado libre y competitivo, que aquí ha sido frenado por la creación de monopolios de todo tipo que limitan toda posibilidad de competencia real.

Se dirá, quizá, que todo lo anterior respecto al empleo son solo hipótesis no demostradas. Como ejemplo de la capacidad de empleo de este sector, y dado que en España es difícil evaluarlo, aparte de la constante y fortísima destrucción de empleo que se está dando, se reproducen aquí unos datos concretos que confirman todo lo dicho. Los datos corresponden a una evaluación realizada en agosto de 2012 en Estados Unidos, país que bajo la dirección de su nueva administración está dando un fuerte impulso al sector, sabedor de que es el futuro en todos los sentidos, económico y político.

Se podrá argumentar que poco tiene que ver la economía estadounidense con la española, especialmente en cuanto a tamaño. Pero también es verdad que allí están empezando en este campo, mientras que aquí hasta hace poco tiempo teníamos una industria renovable puntera en el mundo y en pleno desarrollo en todos los sentidos. Industria que, además, es la que forzosamente se ha visto obligada a emigrar, entre otros países a EEUU, y que precisamente está contribuyendo allí muy significativamente al desarrollo de este sector.

Los datos de Estados Unidos

Los hechos (datos de agosto de 2012):

1. Solamente en los tres primeros meses de 2012, se crearon 46.000 nuevos empleos asociados a proyectos de energía limpia. (Fuente: Environmental Entrepreneurs).

2. La industria eólica en Estados Unidos emplea más de 75.000 personas. (Fuente: American Wind Energy Association).

3. La industria solar en Estados Unidos emplea más de 100.000 norteamericanos. (Fuente: Solar Foundation).

4. Más de 400.000 personas trabajan en la industria de biofuels en EEUU. (Fuente: Renewable Fuels Association).

5. Hay, al menos, 200.000 personas trabajando en la industria hidráulica en USA (Fuente: Navigant Consulting).

6. 25.000 norteamericanos trabajan en la industria geotermal en EEUU (Fuente: TechNewsWorld).

7. 155.000 norteamericanos estaban empleados por suministradores de componentes limpios y eficientes para automóviles en 2011 (Fuente: NRDC/NWF/UAW).

8. La industria norteamericana de la biomasa genera más de 15.000 empleos, muchos de ellos en áreas rurales (Fuente: Biomass Power Association).

9. El creciente sector de la construcción verde genera 661.000 empleos – un tercio del empleo en la industria de la construcción y el diseño (Fuente: McGraw Hill).

10. El sector de la energía limpia emplea más de 71.000 trabajadores en casi 5.000 empresas en EEUU.

11. En el segundo cuatrimestre de 2012 se anunciaron 37.400 empleos en energías limpias.

12. Doce nuevos proyectos eólicos, planean crear aproximadamente 23.000 nuevos empleos.

En resumen, a principios de 2012 había al menos un millón de empleos en las energías limpias en EEUU de todos los niveles, desde instaladores a ingenieros. El sector contribuye fuerte y crecientemente a la economía norteamericana. Aquí, y en el período de la crisis, al revés, cuando precisamente es uno de los sectores que podría contribuir muy significativamente a salir de ella.

Ignacio Mauleón