Las nucleares se defienden

Decir que la energía nuclear sale barata es un disparate. No hay que olvidar los altísimos costes iniciales de la inversión, los del desmantelamiento tras su vida útil y los de asegurar los riesgos, con independencia de que ocurran accidentes o no.

Las nucleares se defienden

Uno de los argumentos más ‘graciosos’ que he leído recientemente acerca de las bondades de la energía nuclear es más o menos el siguiente: una vez construidas las plantas y en funcionamiento, el coste de la electricidad producida es mínimo, puesto que el uranio que se requiere es barato proporcionalmente; además se puede almacenar fácilmente debido a su escaso volumen, de modo que garantiza la independencia energética ante los posibles vaivenes políticos del día a día; por último, no genera CO2 ni ningún otro tipo de gas dañino para la atmósfera. Por comparación, las centrales de gas que están substituyendo a las nucleares, requieren un combustible caro, difícil de almacenar, contaminante, y que frecuentemente requiere ser importado de países inestables, como ejemplo, Ucrania y Rusia.

Un argumento económicamente ‘ingenuo’

Desde el punto de vista de un economista, la ‘ingenuidad’ de este argumento es sorprendente: ¿cómo es posible olvidarse del coste inicial de la inversión? Es un elemento básico a tener en cuenta en cualquier plan, junto con los costes operativos. Y si lo tenemos en cuenta, el coste de la nuclear se dispara: el precio de la electricidad de la última central planeada en UK, por ejemplo, se calcula que será el doble del de mercado. Por contra, el coste de construcción y plazos de una central de gas son mucho menores, y el precio final de la electricidad es mucho más barato. Además, las nucleares generan muchísimos residuos y gases tóxicos en su construcción, y para terminar, está pendiente de resolver el problema del almacenamiento de los residuos altamente tóxicos que generan: por tanto, simplemente producen otro tipo de contaminación, posiblemente incluso peor, y en conjunto son extraordinariamente caras. Y respecto a la independencia, la oferta de uranio está bastante concentrada en el mundo, en gran medida en exrepúblicas soviéticas y Canadá.

Pero todavía hay más. Si el argumento es que el coste de operación es bajo, y que el combustible es fácilmente almacenable y ofrece independencia energética, ¿cuál es la ventaja respecto a la solar, o la eólica? El coste de generación de las renovables es cercano a cero, especialmente la fotovoltaica, y el combustible está siempre ahí, y no depende de la oferta exterior. Claro, pero las renovables son intermitentes, argumentará el defensor de la nuclear, mientras que esta ofrece energía constantemente. Pero esto es otra vez un problema, porque la demanda de energía es muy variable, mientras que la nuclear genera energía constante, y no es posible modificarla a corto o muy corto plazo: el problema, por tanto, es el opuesto a las renovables, y si bien es cierto que esto es un problema técnico real, las nucleares también lo tienen, aunque por razones opuestas.

¿Y los riesgos?

Y siguiendo con los costes, ¿qué ocurre con los riesgos? Los accidentes, ocurran o no, tienen que ser asegurados, y las aseguradoras privadas cubren solamente un volumen determinado, que como se ha demostrado en los accidentes ocurridos, es muy insuficiente. Y entonces, ¿quién cubre, y por tanto paga, el siniestro si ocurre? Pues evidentemente el Estado, es decir, los sufridos consumidores a través de impuestos.

Una pregunta es, en consecuencia, por qué muchos estados insisten en esta fuente energética. Y, ‘alas’, los residuos de las centrales se pueden usar y usan para construir armamento atómico. Es fácil observar superficialmente la alta correlación entre países con energía nuclear y armamento atómico: un ejemplo reciente es el Reino Unido con su insistencia en una central extraordinariamente más cara que cualquier otra alternativa, incluidas las renovables.

La tozuda realidad

Para terminar, dos observaciones: 1) la sensatez, o simplemente la fuerza de la necesidad, en este caso se está imponiendo, y la energía nuclear, al menos como fuente de generación de electricidad, está desapareciendo en el mundo; 2) la energía nuclear, aunque técnicamente un descubrimiento asombroso de la humanidad, es un descubrimiento fallido en gran medida, y muestra de forma abrumadora que la técnica no es neutra necesariamente, siendo los humanos los que le damos un uso correcto o no. El resultado final de la técnica puede fallar exactamente igual que fallan las, a veces y muy injustamente minusvaloradas, ciencias sociales, incluida por supuesto la economía.

Ignacio Mauleón

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El gas: un respaldo ni necesario ni fiable

El gas no es una energía de respaldo necesaria y su dependencia puede tener unos costes políticos inaceptables. 

Gas

Una de las razones por las que el gas es imprescindible, según sus defensores, es precisamente porque es la garantía del respaldo a la intermitencia e inseguridad de las renovables. Este es un mantra repetido hasta el aburrimiento por el oligopolio energético, basándose en su fuerte control de los medios informativos.

Sin embargo, y afortunadamente para los consumidores y pequeños y medianos empresarios en general, es simplemente una falsedad. En este post la desmontaremos en dos pasos: primero, repasaremos la supuesta necesidad de respaldo de las renovables; y, segundo, analizaremos la supuesta capacidad de respaldo del gas.

El respaldo a las renovables no es imprescindible

Vayamos con el primer punto. El planteamiento más extremo suele hacer referencia a una hipotética confluencia de eventos en la que no hay sol ni viento, poca capacidad hidráulica debido a una prolongada sequía, fuerte demanda de electricidad, además de averías varias en centrales nucleares: aparentemente la respuesta es obvia, acudir a las centrales de gas, fácilmente adaptables a una respuesta rápida ante esta caída de la capacidad de oferta, se supone que imprevista. Sencillo y obvio ¿no?

Lo malo para sus defensores, y bueno para todos los demás, es que es una argumentación, por llamarla de alguna manera, radicalmente falsa.

Empecemos por el principio: desde que existen registros históricos mínimamente fiables, ¿se ha producido alguna situación de ese tipo en España? Parece bastante improbable, desde luego, y habría que empezar por demostrar fehacientemente que es una posibilidad real, aunque sea muy poco probable. Hasta la fecha, que se sepa, nadie lo ha hecho. A este respecto es oportuno señalar que según la Agencia Internacional de la Energía es suficiente una ratio de una unidad de respaldo por cinco de renovables: en España en este momento hay instalados aproximadamente 32 Gw renovables y 25 Gw de gas, mucho más que suficiente de acuerdo a este criterio, por consiguiente.

Pero incluso aunque se diera la fatal confluencia de eventos mencionada, hay múltiples opciones de respaldo a las renovables alternativas al gas, incluido el almacenamiento de energía. Una respuesta inmediata y evidente es el recurso a la biomasa, que se debería promocionar por múltiples razones, la gran hidráulica —nunca se ha registrado un año en el que estén completamente vacíos los grandes pantanos—, y la solar de concentración termoeléctrica. Por no repetirnos, remitimos al lector a posts anteriores en este mismo blog (Autoconsumo, la visión larga, La FV y la solar térmica, Conectando el sol, 100% renovables no es posible).

Y además, algunas otras no mencionadas previamente: las interconexiones con países colindantes que deberían incrementarse, en particular con Francia y Portugal, obligatorias además de cara a la formación del mercado eléctrico europeo. Y sin olvidar, por supuesto, al norte de África, especialmente Marruecos, país que está apostando fuertemente por la energía solar, y en el que es difícil creer que pueda haber un día sin sol en todo su territorio.

Y respecto al almacenamiento, el desarrollo e implantación de vehículos híbridos o eléctricos puede ofrecer también un respaldo inmediato. Más todavía, algunos autores afirman que la investigación en almacenamiento de la energía fotovoltaica está intencionadamente frenada, precisamente por las multinacionales cuyo negocio es la energía fósil. De hecho, periódicamente aparecen noticias en algunos medios no muy conocidos con propuestas verdaderamente intrigantes y sugerentes al respecto.

Por último, se puede adaptar la demanda, y precisamente se destinan a unas pocas empresas grandes consumidoras de electricidad unos pagos para que reduzcan su demanda en caso de necesidad, pagos o costes de interrumpibilidad que están incluidos, de nuevo, en la parte fija del recibo de la luz, los denominados peajes, y que curiosamente llevan al menos cinco años sin utilizarse.

El gas no ofrece un respaldo fiable

Y ahora otro punto poco discutido, que hasta los defensores de las renovables suelen aceptar algo ingenuamente: la capacidad de respaldo del gas, que se da por supuesta. Para comenzar, a muy corto plazo esa capacidad no existe, pues a diferencia de la hidráulica cuya respuesta ante variaciones de la demanda se da en escasos segundos, las centrales de gas necesitan unos minutos para variar su potencia, para lo que se requiere adicionalmente mantenerlas en funcionamiento aunque sea a baja potencia, pues de otro modo el tiempo de respuesta y su coste se amplia considerablemente. Así, el gas no puede ofrecer una respuesta a muy corto plazo, para lo cual es necesario buscar otra alternativa, generalmente la hidráulica, aunque también el almacenamiento por medio de aire comprimido, e incluso sistemas de discos de inercia.

Y consideremos un horizonte más largo, y en concreto, ¿cuál es la capacidad de almacenamiento del gas? La reciente experiencia del proyecto Cástor frente a las costas de Tarragona la pone seriamente en cuestión. No parece probable que el almacenamiento de reservas suficientes a un coste asumible pueda extenderse más allá de 30 o 40 días.

¿Y a partir de ahí?, pues es bastante claro que dependeríamos de que las compañías suministradoras continuaran haciéndolo: es decir, que simplemente esto nos hipoteca políticamente. En el norte de Europa la hipoteca es con Rusia, país que ya hemos visto repetidamente cómo emplea esta capacidad de control sobre países limítrofes que desean independizarse completamente, o unirse a Europa —un ejemplo reciente es Ucrania—. Y en España con Argelia en primer lugar —aproximadamente el 50% de nuestras importaciones de gas provienen de dicho país—, país potencialmente inestable políticamente: el 50 % de su población es menor de 30 años, y la paz social se sostiene con fuertes subsidios obtenidos de la venta de energía fósil y el sometimiento a una férrea dictadura; además, está fuertemente expuesto al terrorismo islamista, uno de cuyos principales objetivos parece ser precisamente España, de acuerdo a diversa documentación incautada en varias operaciones militares.

Otro 30% de las importaciones provienen de Catar, que probablemente es más estable políticamente, pero en el que se da la circunstancia de que a través de su fondo estatal de inversiones se ha convertido en el principal accionista de una de las empresas del oligopolio que apostó fuertemente por el gas en España. A título de anécdota, este país es precisamente uno de los principales inversores mundiales en renovables en este momento. Y por último, no está de más notar que en Nueva Inglaterra (USA), estado que obtiene un 50 % de su electricidad del gas, en una situación de emergencia el sistema eléctrico falló estrepitosamente .

Ni necesario ni fiable

En definitiva, el gas no es una energía de respaldo, ni necesaria –las renovables se bastan por sí mismas combinándolas adecuadamente–, ni que garantice nada, ni en el muy corto plazo –pocos segundos–, ni tampoco en el medio y largo plazo –a partir de 1, o como máximo 2 meses–. Y además, impone unos condicionamientos políticos que pueden ser inaceptables.

Ignacio Mauleón

No queremos plataformas petrolíferas en las costas de Ibiza y Formentera

El BOE del día 4 publica la autorización a una compañía petrolera escocesa, Cairn Energy, para realizar prospecciones entre el golfo de Valencia e Ibiza.

Cairn Energy

A mucha gente no le gusta que hagan prospecciones y coloquen plataformas petrolíferas a 20 km de las costas de Ibiza y Formentera, por eso vamos a intentar que esto no ocurra.

Toda la zona se ha movilizado para impedir que esto siga adelante por las desastrosas consecuencias medioambientales que puede tener en el área. En Ibiza, la ONG Mar Blava gestiona la recogida de firmas y alegaciones.

Se puede firmar on line. Es algo testimonial, pero poco efectivo. Las administraciones no hacen caso. Aun así, siempre es mejor que nada.

Lo más efectivo es presentar alegaciones por escrito, en papel y con registro de entrada. Las administraciones están obligadas a responder. Encontraréis la información de cómo hacerlo pinchando aquí. Hay que descargar e imprimir POR TRIPLICADO este escrito de una página, rellenarlo con los datos y firmarlo. Como hay que presentarlo por registro oficial, puede hacerlo cada uno de manera individual. Leed antes las instrucciones presentar estas alegaciones.
El plazo termina el día 10, así que quien quiera colaborar debería hacerlo de inmediato, para que dé tiempo a presentar todos los escritos.

Demasiado gas

La mala gestión del oligopolio eléctrico llevó a una sobreinversión en centrales de gas, un error que estamos pagando todos. 

Centrales de gas

Uno de los aspectos más notables de la actual crisis energética es el funcionamiento al 10 % de las centrales eléctricas de gas, de lo cual se quejan amargamente sus propietarias, las grandes eléctricas (‘Mucho gas para tan poca luz‘).

Solo esto debería estar ocasionando graves pérdidas a dichas compañías, de modo que la queja parece justificada. Aparentemente. Para analizarlo en detalle vayamos al origen.

A principios de este siglo y amparándose en el considerable crecimiento económico de España como resultado de la burbuja inmobiliaria, se consideró al gas natural como una opción energética conveniente: menos contaminante que el carbón, más barato, y cuyas centrales de generación eléctrica se constuyen en plazos cortos —de 6 a 12 meses— y sin grandes costes por comparación a otras centrales.

Si a esto se añade una financiación barata y abundante, y fuertes incentivos estatales que permitían recuperar hasta un 30 o 40 % de la inversión, la explosión inversora estaba servida, como así ocurrió efectivamente. Dicho sea de paso, las subvenciones están contabilizadas dentro del término de los costes fijos del recibo eléctrico, los denominados peajes, que pagamos todos los consumidores. En pleno estallido de la crisis y hasta muy recientemente –casi hasta 2011– se siguieron instalando centrales de ciclo combinado por un importe total de unos 15 mil millones de euros, y con una potencia de 27 gigawatios, que resulta en 0,55 euros por watio instalado. Conviene señalar que hoy día el precio de los paneles fotovoltaicos ronda esa cifra y que el combustible, el sol, es gratis, por comparación al gas que hay que pagarlo: en otras palabras, se mire como se mire, la fotovoltaica es hoy por hoy mucho más barata que el gas.

Persecución a las renovables

El estallido de una crisis que dura ya 5 años, y se prevé que dure varios más, ha reducido la demanda de electricidad, y con ella las operaciones del conjunto de estas centrales al 10 % aproximado de su potencia instalada, ante lo cual las empresas propietarias han reaccionando culpando a las renovables de ser el compendio de los males de todo el sistema energético, y consiguiendo que gobiernos de diversa índole las hayan sometido a una persecución inmisericorde.

Los supuestos argumentos son bien conocidos: las renovables necesitan el respaldo del gas, son muy caras, y en definitiva son un lujo innecesario (el problema del supuesto respaldo se analizará en detalle en un próximo post).

Sin entrar en una disección detallada del sistema energético español, estas afirmaciones acerca de las grandes pérdidas en las que están incurriendo a causa del gas chocan con los altísimos beneficios obtenidos por el oligopolio, que este año alcanzarán unos 12 mil millones de euros, a los que habría que añadir el supuesto préstamo que hacen a la sociedad de otros 5 mil millones, a través del denominado déficit de tarifa, que recoge unos costes nominales no retribuidos, y que según el oligopolio son reales. En total, unos 17 mil millones, aproximadamente un 1,7 % del PIB español que obtienen las multinacionales del oligopolio, cuatro de ellas extranjeras, y otra dominada por el emirato de Catar.

Pocas dudas caben hoy de que la crisis era previsible ya en 2008, como muchos economistas lo venían advirtiendo, pues el crecimiento exagerado de España se basaba en pilares poco firmes y con signos evidentes de no sostenibilidad: la burbuja inmobiliaria, que entre otras cosas generó el fuerte déficit externo con el consiguiente endeudamiento, fundamentalmente con bancos alemanes y franceses. Y dentro de esta burbuja se generaron otras, como es precisamente la extraordinaria sobreinversión en centrales de gas, burbuja que entre otras cosas nos obliga a invertir en almacenamientos subterráneos a precios disparatados e inseguros, y a participar en infraestructuras faraónicas, como el gasoducto del Magreb.

Un problema de mala gestión

El problema con el oligopolio eléctrico, por las razones antedichas, es simplemente de una mala gestión, que ahora quieren hacer pagar a los consumidores y pequeños y medianos empresarios.

Este oligopolio, de hecho, está estrechamente imbricado con el Estado –las puertas giratorias–, y su negocio está siempre basado en sustanciosas subvenciones más o menos encubiertas como en el caso del gas, y en ejercer su poder quasi monopolístico frente a un modelo de capitalismo eficiente y competitivo: la misma Comisión Nacional de los Mercados, aunque ha retirado la acusación de manipulación de la última subasta que fija el precio al consumidor para el trimestre próximo, ha sugerido que hubo movimientos extraños, y retiradas de capacidad ofrecida no justificadas. En román paladino: manipulación del mercado.

Y si todo falla, siempre está de nuevo el recurso a papá Estado para culpar a los demás –las renovables en particular–, y exigir compensaciones por lo que no son otra cosa que sus errores de gestión: pretenden, por ejemplo, hibernar sus centrales de gas, y que esos costes sean financiados, aumentando, de nuevo, el recibo de la luz a través de los peajes, ni más ni menos.

Este comportamiento es bien conocido en economía, de acuerdo al cual grandes empresas se arriesgan mas de lo debido, y si el riesgo se materializa negativamente, se recurre al apoyo del Estado, pues se trata de empresas demasiado grandes para caer –moral hazard; a la banca se le suele acusar de practicarlo–. Más aún, si aparecen competidores más eficientes en el mercado, se busca el apoyo del Estado para que directamente prohíba su actividad o la haga inviable, como es el caso del autoconsumo fotovoltaico.

El oligopolio eléctrico no es competitivo ni eficiente

El análisis presentado en este post es necesariamente incompleto, pero permite extraer algunas conclusiones inmediatas. La primera es que el oligopolio eléctrico ni funciona en régimen de libre competencia, pues está fuertemente apoyado por el Estado, ni tampoco es competitivo ni eficiente desde una perspectiva liberal-capitalista. La respuesta es que, además de otras medidas, hay que modificar este sistema, pues la liberalización a medias no ha funcionado, y la mejor solución en el plano institucional sería introducir competitividad troceando las grandes empresas.

No existe ninguna razón económica que justifique la supuesta eficiencia de los grandes conglomerados actualmente existentes, y en particular no están justificados por presuntas economías de escala –a mayor tamaño más eficiencia–: dos centrales nucleares no son más eficientes que una, y una más una central hidráulica tampoco son más eficientes que por separado. Y afortunadamente, pues si así fuera la única opción justificable económicamente sería directamente la nacionalización.

Pero lo que está fuera de toda duda es que el actual sistema de privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas es hoy, con la crisis que estamos padeciendo, más inaceptable que nunca.

La segunda conclusión es que los actuales gestores de las empresas del oligopolio han mostrado una manifiesta incapacidad de gestión en un entorno de capitalismo libre y competitivo, y sus accionistas deberían considerar seriamente sustituirlos. Esto sería positivo, tanto para ellos como para toda la sociedad.

Y finalmente, no se trata de mucho gas para tan poca luz, sino, simplemente, de demasiado gas y pocas renovables (las ventajas y necesidad de las renovables ya han sido analizadas en detalle en este mismo blog, y en numerosísimas publicaciones de otros autores).

Ignacio Mauleón

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El PP da marcha atrás sobre el 38,3 % a los presupuestos

Después de la mal llamada «reforma energética» de Soria, que ha consistido en una nueva ronda de impuestos destinada a cubrir el denominado «déficit de tarifa», la valoración ha sido casi unánime: no es una reforma, solo va a cubrir el denominado «déficit de tarifa», y las grandes eléctricas van a trasladar el coste a los consumidores. Al final, quienes van a pagar serán los más débiles, los de siempre: consumidores e inversores en renovables, y en menor medida las empresas de renovables.

La subida de la luz

Constatado esto, cuando las grandes eléctricas han admitido con todo descaro que efectivamente van a trasladar los impuestos, el problema es que esto implica una subida de la luz, que complica aún más su ya muy deteriorada imagen en la ciudadanía. ¿Solución?, cargamos los impuestos en el recibo de la luz, pero lo descargamos, trasladando partidas a los presupuestos del Estado. Dicho y hecho: Soria propone la enmienda en el trámite parlamentario, y el 38,3 % (vaya casualidad, que coincide casi al céntimo con los impuestos que iban a pagar las eléctricas), de las primas a las renovables (el villano número 1), pasan al presupuesto.

Hay que reconocer que la jugada es maestra: las grandes eléctricas no se ven afectadas por los impuestos, el recibo de la luz continúa igual, y siguen pagando los inversores en renovables y ciudadanos en general, vía presupuestos. Así, ahora las renovables, además de ser culpables del precio de la luz, serán culpables del déficit del Estado.

Los astronómicos beneficios de las eléctricas

Desde luego, la ronda de impuestos de Soria probablemente cubrirá el «déficit de tarifa» de este año, pero no de los venideros: eso solo se conseguiría derogando la ley que lo genera, que básicamente reconoce y garantiza unos precios acordes con unos costes que no son ciertos, pues vemos cómo, año tras año, las eléctricas, en su mayor parte en manos extranjeras, obtienen beneficios astronómicos, mientras casi toda la sociedad española sufre angustiosamente la crisis. Y la derogación no sería en absoluto retroactiva, pero no se va a hacer con este gobierno, pues las eléctricas han encontrado una fabulosa fuente de ingresos extra con este mecanismo. Y se debe acabar con el mito y engaño masivo a la sociedad, de que las primas suben el precio de la electricidad y son la causa del «déficit de tarifa»: hasta Moody’s ha reconocido que es justo al revés, que bajan el precio, y en España está archidemostrado que la correlación entre primas y déficit de tarifa es nula.

Donde dije digo…

Sorprendentemente, y cuando ya se daba por hecho, el PP ha retirado la propuesta en la aprobación de la reforma. Ello solo puede deberse a presiones exteriores, probablemente de todos los implicados —inversores internacionales y nacionales, y la propia comisión europea, que viene denunciando la inseguridad jurídica de las renovables en España hace tiempo—. Pero no pensemos que las eléctricas no van a seguir presionando: al presidente de Iberdrola le ha faltado tiempo para amenazar, diciendo que España no se puede permitir pagar 70.000 euros de aquí a 2020 en primas a las renovables. ¿Y qué hay de los cerca de 400.000 millones que nos gastaremos en importar petróleo, gas y uranio, si no tenemos renovables? Esta cantidad supone aproximadamente un 4 % del PIB todos los años, algo que efectivamente no nos lo podemos permitir, especialmente si tenemos en cuenta que los precios del petróleo y gas van a aumentar, y mucho, los próximos años.

En este contexto, finalmente, propongo dos cosas: leer el artículo de Soledad Gallego (‘Las calles por donde no nos dejan pasear‘, El País, 11/11/2012), y por favor, que nos intervengan de una vez, pues Bruselas tiene claro que el autoconsumo y las renovables son la clave: más vale estar en manos extranjeras, por doloroso que sea, que en las de enemigos de la mayoría de los españoles.

¿Cómo afectará la intervención al mercado eléctrico?

El reciente anuncio por parte del presidente del Banco Central Europeo (BCE) de compras ilimitadas de deuda pública española e italiana y otros países con problemas, unido a la afirmación (esta vez parece que contundente) de la irreversibilidad del euro, ha bastado para una caída espectacular de la prima de riesgo española.

Las condiciones que se avecinan

Sin entrar en demasiados detalles financieros, lo que está claro esta vez es que la compra se hará con condiciones, como obviamente cabría esperar. Algunas de estas condiciones, de carácter macroeconómico, han trascendido, pero parece que hay muchas más de las que no se sabe nada, y que pueden afectar profundamente a los aspectos microeconómicos y empresariales de España.

En el tema energético, en concreto, se ha filtrado que Bruselas quiere limitar el derecho de veto español a la compra de empresas eléctricas por empresas europeas. En definitiva, que nos van a prestar a condición de que vendamos nuestros activos, lo que pone de manifiesto que Europa sí cree en la economía española, y han visto una oportunidad de oro en los problemas que tenemos de financiación.

La siguiente pregunta es qué mas condiciones puede haber y cómo nos pueden afectar. Desde luego, la política energética de la Comisión Europea, y también de Alemania, poco o nada tiene que ver con la situación española (no hablemos de política energética española como tal, porque no existe).

Bruselas apuesta por las renovables

Bruselas apuesta por un mercado eléctrico competitivo desde hace años, favorable a las renovables, y totalmente contrario a la inseguridad jurídica y a las medidas retroactivas aplicadas por España al sector fotovoltaico en particular. Dadas las potencialidades abrumadoras de esta fuente de energía en España, es más que probable que Alemania quiera invertir directamente, y que presione a España en ese sentido; pero simultáneamente, no va a tolerar ningún tipo de inseguridad jurídica respecto al futuro.

Y respecto a las grandes compañías energéticas españolas, ¿nos afecta?: está claro que a los altos ejecutivos y accionistas sí, pero están ya en manos extranjeras en gran medida, de modo que los enormes beneficios que obtiene en España no repercuten excesivamente en nuestro país.

La dudosa legitimidad del déficit de tarifa

Además, Bruselas y Alemania favorecen ampliamente el autoconsumo energético, frenado actualmente por los intereses de esas compañías. Desde luego, sería preferible que permanecieran en manos españolas, siempre que defendieran los intereses de España además de los suyos. Pero no parece ser este el caso: los enormes beneficios obtenidos en los últimos 3 años, casi 22 mil millones de euros, contrastan con la asfixia financiera de España, y más en detalle, con que 20 millones de consumidores paguemos un recibo de la luz un 70% más caro que en 2006 (fuente Anpier). Y a pesar de ello siguen insistiendo en que se les debe un supuesto ‘déficit de tarifa’, que es puramente regulatorio y de dudosa legitimidad, pues se originó para protegerlos de los riesgos del mercado, que no solo no se han materializado, sino que han jugado a su favor.

En definitiva, que la prima de riesgo de España baje, ¿hará bajar también el riesgo de la industria FV y mejorará la competencia en el mercado eléctrico, abriendo simultáneamente la puerta al autoconsumo, limitando la inseguridad regulatoria en este sector, y muy particularmente en el FV? Es pronto para el optimismo pero, aunque la reforma energética saliera adelante como está planteada, puede que finalmente sí.