100 % renovables no es posible

Se dice a menudo que tener una energía 100 % renovable no es posible, pero ¿es cierto?, y ¿en qué se basan para afirmarlo?

Renovable cien por cien

«100 % renovables no es posible» es algo que con frecuencia se oye en algunos círculos en España, en general próximos al Gobierno y a las multinacionales energéticas que dominan el mercado.

Comencemos por el principio analizando brevemente el contexto del problema energético. En primer lugar, el cambio climático, a juzgar por lo que afirma la inmensa mayoría de los científicos dedicados a su estudio, es un hecho, y amenazador (véanse los recientes informes del IPCC al respecto). Además, recientemente se ha argumentado que la variabilidad por zonas geográficas, y virulencia de los cambios aumenta las emisiones de CO2.

En segundo lugar, la época de los combustibles fósiles baratos se ha acabado. Cada vez es más difícil técnicamente encontrarlos y explotarlos, lo que resulta en un coste creciente y en mayores riesgos en su extracción. Un buen ejemplo de ello es el llamado «gas no convencional», explotable mediante la peligrosísima técnica del fracking, que entraña riesgos que todavía ni siquiera somos capaces de evaluar.

La energía nuclear es cara, peligrosa y no gestionable

La alternativa siguiente es la nuclear, tal como se planteó en sus orígenes después de la II Guerra Mundial en USA, precisamente por quienes sostenían que el petróleo se acababa. Se ha demostrado repetidamente a lo largo de 60 años, sin embargo, que es una energía cara –hoy todavía requiere fuerte apoyo económico gubernamental–, peligrosa, y con multitud de riesgos para la salud y los ecosistemas. Además, no es gestionable –no se puede adaptar a las variaciones de la demanda–, y conlleva el gravísimo peligro añadido de que sus residuos se pueden emplear, y se emplean, para la elaboración de material bélico nuclear. De hecho, muchos analistas consideran que esta es la única razón de los gobiernos para defenderla.

Por último, tampoco hay recursos suficientes. Una buena muestra de la inviabilidad es el caso de China, que es el país que planea una mayor inversión nuclear en el mundo con gran diferencia, y aun así solo aspira a cubrir alrededor del 8 % de su energía con esta fuente. Y respecto a las promesas de energía inagotable a partir de la llamada «fusión nuclear», durante 60 años siguen siendo solamente eso, promesas.

Renovables, la única alternativa

Parece evidente, por tanto, que sea posible o no, la única alternativa que nos queda son las renovables. Y la siguiente pregunta es: ¿son suficientes? Las renovables tienen problemas que no tienen algunas fuentes tradicionales, especialmente su intermitencia y variabilidad. Pero también una enorme ventaja, y es que su oferta es a efectos prácticos ilimitada, gratis, y suficiente en términos agregados para satisfacer la demanda mundial de energía actual, y por muchos años venideros.

Respecto a la variabilidad, sus detractores han exagerado este problema hasta límites fuera del más puro sentido común. El problema se ve muy atenuado cuando se combinan varias, pues su variabilidad es diferente: por ejemplo, la eólica y la solar se complementan en estaciones –más sol y menos viento en verano, y al revés en invierno–, y más sol y menos viento durante el día, y al revés por la noche.

Más todavía, hay muchas fuentes renovables que son perfectamente almacenables y gestionables, como la bioenergía en general, la hidráulica, y algo más lejanas en el tiempo pero cada vez más cerca, la marina y la geotérmica.

Por último el almacenamiento: hay ya medios disponibles, como la hidráulica por bombeo, las sales fundidas de las centrales termosolares, baterías de vehículos, e incluso las células de hidrógeno. Además, la intermitencia de las renovables no es obstáculo para su aplicación en la desalinización de agua marina, y la escasez de agua empieza a ser un problema amenazador. Finalmente, otro aspecto que no se ha mencionado: los parques fotovoltaicos y eólicos se pueden diseñar con un ‘extra’ de capacidad, que se pueda regular y ser retribuido como pagos por capacidad, en lugar de hacerlo a las costosísimas centrales gasistas de ciclo combinado.

Desde luego, hay que diferenciar entre los diferentes usos de la energía –electricidad, transporte y calor–, y tener en cuenta los ajustes en el tiempo y el espacio –a nivel horario, y en zonas restringidas–. Pero con redes eléctricas suficientes que combinen energía de diferente procedencia, y especialmente con el autoconsumo, no parece que vaya a haber graves problemas.

Probablemente es pronto para decir hoy día si la solución 100 % renovable es posible o no, pues esto será una cuestión de experimentación práctica, pero lo que está claro a partir de la experiencia acumulada hasta ahora es que es mucho más viable de lo que se creía. Y si no lo es, razón de más para ahorrar los escasos combustibles fósiles.

El coste de las renovables

La siguiente cuestión clave es cuál es el puro coste económico de esta opción, es decir, su viabilidad económica más allá de que la técnica sea posible.

Hasta hace poco se suponía que la solución renovable solo era posible con fuerte apoyo gubernamental, dados los altos costes de cada técnica concreta, y que iba a ser necesaria una gran inversión en redes eléctricas capaces de transportar energía a grandes distancias –viento del norte de Europa, y sol del sur–. Buenos ejemplos de este análisis son los del WWF en 2011, de GreenPeace, e incluso del UKERC en Inglaterra (UK ERC, Report:S3097_inner 20/04/2009).

La situación hoy día es bien distinta sin embargo: los costes individuales han caído de forma espectacular, especialmente en la solar fotovoltaica, y el autoconsumo demuestra que se puede prescindir en gran medida de las redes eléctricas, con lo cual no se requieren grandes inversiones. No solo eso, sino que el almacenamiento de electricidad en vehículos privados puede ayudar a estabilizar la oferta y demanda de las redes.

Los intereses creados en contra de las renovables

Así, nos encontramos con que la realidad ha ido muy por delante de las previsiones y en la dirección muy favorable a las renovables. No es de extrañar por esto que la reacción de los oligopolios basados en las energías fósiles esté siendo tan virulenta, y estén desplegando tantos esfuerzos en conseguir legislación favorable por procedimientos más que discutibles .

En definitiva, nos encontramos con que los subsidios permanentes a las energías fósiles, después de muchas décadas solo retornan mayor escasez, precios cada vez mayores, e inseguridad de la oferta, mientras que apenas dos décadas de apoyos a las renovables han conseguido todo lo contrario. Más aún, la experiencia acumulada, y todas las simulaciones y estudios científicos realizados al respecto muestran la viabilidad de la solución renovable. Por tanto, decir a día de hoy que una solución renovable no es viable es directamente pura ignorancia, o peor, defender unos oscuros e inconfesables intereses creados, que lastran la recuperación de la economía y nos alejan del futuro, una vez más.

La solución renovable debe ir acompañada de medidas da ahorro y eficiencia, y posiblemente de cambios hacia un modo de vida más sostenible. Pero la discusión no es si la solución renovable es viable o no: es, simplemente, nuestra única opción. La cuestión es por tanto, cómo se lleva a cabo y a qué ritmo, bien entendido que debe ser el máximo posible. Y en particular, cada vez se necesita menos apoyo político; muy al contrario, lo que se requiere es que la política no interfiera como lo está haciendo.

Ignacio Mauleón

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Las energías renovables SÍ crean empleo

Al menos en Estados Unidos, un país que apuesta por las energías renovables y ofrece datos que constatan la creación de empleo.

Renovables y empleo

Ante las aterradoras cifras de desempleo en nuestro país —incluso descontando la posibilidad de que estén enmascaradas por una economía sumergida importante—, las autoridades económicas, tanto nacionales como europeas,  parecen paralizadas y se limitan a afirmar que el problema es que las recetas aplicadas hasta ahora no han tenido éxito porque son una precondición para el crecimiento, o que hay que seguir aplicándolas con mayor intensidad.

Las renovables crean empleo

Desde muchos foros, incluido este blog, se viene insistiendo en que un sector evidente y de futuro para crear empleo es el energético, y concretamente el renovable. Por qué no se hace es una pregunta obvia, y también la respuesta es tristemente obvia: la defensa de los intereses creados de unos pocos frente a los intereses de la mayoría. Más o menos lo mismo que viene ocurriendo en España desde principios del siglo XIX, y que impidió que se llevara a cabo la revolución industrial y el advenimiento del verdadero capitalismo de mercado libre y competitivo, que aquí ha sido frenado por la creación de monopolios de todo tipo que limitan toda posibilidad de competencia real.

Se dirá, quizá, que todo lo anterior respecto al empleo son solo hipótesis no demostradas. Como ejemplo de la capacidad de empleo de este sector, y dado que en España es difícil evaluarlo, aparte de la constante y fortísima destrucción de empleo que se está dando, se reproducen aquí unos datos concretos que confirman todo lo dicho. Los datos corresponden a una evaluación realizada en agosto de 2012 en Estados Unidos, país que bajo la dirección de su nueva administración está dando un fuerte impulso al sector, sabedor de que es el futuro en todos los sentidos, económico y político.

Se podrá argumentar que poco tiene que ver la economía estadounidense con la española, especialmente en cuanto a tamaño. Pero también es verdad que allí están empezando en este campo, mientras que aquí hasta hace poco tiempo teníamos una industria renovable puntera en el mundo y en pleno desarrollo en todos los sentidos. Industria que, además, es la que forzosamente se ha visto obligada a emigrar, entre otros países a EEUU, y que precisamente está contribuyendo allí muy significativamente al desarrollo de este sector.

Los datos de Estados Unidos

Los hechos (datos de agosto de 2012):

1. Solamente en los tres primeros meses de 2012, se crearon 46.000 nuevos empleos asociados a proyectos de energía limpia. (Fuente: Environmental Entrepreneurs).

2. La industria eólica en Estados Unidos emplea más de 75.000 personas. (Fuente: American Wind Energy Association).

3. La industria solar en Estados Unidos emplea más de 100.000 norteamericanos. (Fuente: Solar Foundation).

4. Más de 400.000 personas trabajan en la industria de biofuels en EEUU. (Fuente: Renewable Fuels Association).

5. Hay, al menos, 200.000 personas trabajando en la industria hidráulica en USA (Fuente: Navigant Consulting).

6. 25.000 norteamericanos trabajan en la industria geotermal en EEUU (Fuente: TechNewsWorld).

7. 155.000 norteamericanos estaban empleados por suministradores de componentes limpios y eficientes para automóviles en 2011 (Fuente: NRDC/NWF/UAW).

8. La industria norteamericana de la biomasa genera más de 15.000 empleos, muchos de ellos en áreas rurales (Fuente: Biomass Power Association).

9. El creciente sector de la construcción verde genera 661.000 empleos – un tercio del empleo en la industria de la construcción y el diseño (Fuente: McGraw Hill).

10. El sector de la energía limpia emplea más de 71.000 trabajadores en casi 5.000 empresas en EEUU.

11. En el segundo cuatrimestre de 2012 se anunciaron 37.400 empleos en energías limpias.

12. Doce nuevos proyectos eólicos, planean crear aproximadamente 23.000 nuevos empleos.

En resumen, a principios de 2012 había al menos un millón de empleos en las energías limpias en EEUU de todos los niveles, desde instaladores a ingenieros. El sector contribuye fuerte y crecientemente a la economía norteamericana. Aquí, y en el período de la crisis, al revés, cuando precisamente es uno de los sectores que podría contribuir muy significativamente a salir de ella.

Ignacio Mauleón

Eólica y nuclear, ¿son incompatibles?

Una acertada gestión de las energías renovables podrían hacer innecesario el apoyo de centrales de gas o de otro tipo.

Compatibles eólica y nuclear

En un artículo reciente de Energías Renovables, titulado «La mentira nuclear» , el autor señalaba que, el pasado 29 de marzo, las nucleares redujeron un 20 % su capacidad en un plazo de 8 horas y media. El autor concluía que esto demuestra que las nucleares españolas son gestionables, o regulables, y que por tanto cuando hay “exceso” de producción eólica se pueden parar, y no hay razón técnica para que la eólica pierda esos ingresos.

Como es casi un lugar común sostener que las nucleares solo pueden operar en modalidad de carga base (es decir, invariable prácticamente), este hecho vendría a demostrar una vez más que siempre son las energías renovables las que salen desfavorecidas en favor de las energías convencionales. Y, efectivamente, pues resulta que se pagan sumas importantes a las centrales de ciclo combinado de gas simplemente para que estén disponibles (stand by) por si falla la producción renovable, dada su natural variabilidad como consecuencia del tiempo atmosférico. Y en este proceso, además, se consume gas. Pero si son las renovables las que producen “demasiado”, se desconectan para que las nucleares puedan seguir obteniendo sus ingresos regulares (a saber, sus fabulosos windfall profits, o beneficios caídos del cielo).

¿Son las nucleares gestionables o no?

Un estudio profundo de la Unión Europea sobre esta cuestión, basado en numerosos informes, entre ellos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, y otros privados particularmente franceses, analiza las especificaciones técnicas de las nucleares, así como su funcionamiento práctico (Load-following operating mode at Nuclear Power Plants (NPPs) and incidence on Operation and Maintenance (O&M) costs. Compatibility with wind power variability, European Commission, JRC, 2010). Una primera conclusión es que, efectivamente, para sucesos puntuales tales como los ocurridos en España en varias ocasiones de “exceso” de producción eólica, las nucleares sí son gestionables, de manera que no habría ninguna razón técnica que impida reducir su producción y acomodar la eólica. Por tanto, el articulista tiene razón, y del mismo modo que se paga a las CCC de gas para que estén en stand by, también se podría compensar a la eólica por tener que reducir su producción. Quién tendría que pagar esa compensación es otra cuestión, pero en principio parece claro que todo señala a las nucleares y a sus windfall profits.

Primera conclusión: es cierto que, una vez más, se penaliza injustamente a las renovables, tal y como se afirma en el artículo citado al principio. Pero se plantean ahora, además, otras dos cuestiones:

1) Si las nucleares son gestionables, esto sería una propiedad importante a su favor que debería ser tenida en cuenta.

2) Si las renovables, en particular la eólica, son tan variables e intermitentes, eso es un gran obstáculo para su despliegue a gran escala.

La respuesta a ambas y a sus múltiple implicaciones no se puede dar completa aquí. Sin embargo, en el mismo estudio citado se puede ver que la gestionabilidad de las nucleares, 1) es muy limitada técnicamente, 2) es altamente costosa, en términos de ingresos perdidos, y 3) está sujeta a una casuística muy compleja que la hace muy susceptible al error humano por especializados que sean los gestores (recuérdese que algo de esto es lo que ocurrió en los accidentes de Chernobil, Three Mile Islands, e incluso Fukushima, pues no pudieron parar los reactores aun sabiendo que el tsunami se acercaba).

Segunda conclusión: las nucleares son solo limitadamente gestionables, nunca van a poder suministrar una parte importante del consumo eléctrico, y solo pueden funcionar, en la práctica, en modalidad de carga base con pequeñas variaciones puntuales. Se suele citar al respecto el caso de Francia, que produce energía eléctrica nuclear equivalente al 75 % de la que consume; pero olvidan sistemáticamente añadir que exporta a países colindantes aproximadamente dos tercios de esa electricidad, de modo que finalmente solo consume alrededor de un 25 % de electricidad de origen nuclear.

Por tanto: la energía nuclear, además de los inconveniente bien conocidos, es arriesgada, cara (reconocido por el propio presidente de Unesa), ecológicamente peligrosa (gestión de los residuos), y plantea un problema técnico insoluble como es su escasa gestionablilidad, lo que impedirá siempre que suministre una parte importante del consumo eléctrico.

Soluciones a la intermitencia de las renovables

Respecto a la segunda cuestión, la intermitencia de las renovables y en particular la eólica, en el estudio citado y en muchos otros se puede ver que ha sido enormemente exagerada por sus enemigos. De hecho, y como muestran los estudios individuales sobre varios países como Alemania, Dinamarca, Suecia y EE.UU., la producción de energía eólica se suaviza enormemente, una vez que se distribuye sobre un área geográfica amplia. Los aumentos de demanda, por otra parte, pueden satisfacerse simplemente teniendo capacidad en reserva (stand by), que se les podría retribuir igual que se hace con las CCC de gas o/y almacenando energía, por ejemplo en sistemas hidráulicos de bombeo. Es oportuno señalar al respecto que existen muy amplios proyectos de inversiones en este sistema de almacenamiento energético en todo el mundo, excepto en España, claro.

Y respecto a las fuertes caídas de producción, en el pasado se debían a que los aerogeneradores no podían soportar velocidades superiores a los 25 m./s., algo que hoy día se acerca a los 45m./s. Es cierto que en casos concretos de vientos huracanados hay problemas. Pero de nuevo, la solución está en que las renovables hay que considerarlas en su conjunto y si añadimos la solar en sus dos modalidades, fotovoltaica, y termoeléctrica, esta variabilidad disminuye drásticamente y cada vez se hace más gestionable.

En resumen, y como tercera conclusión: el problema de la intermitencia e imprevisibilidad de la eólica y las renovables en general se resuelve casi totalmente ampliando el despliegue de energías renovables, no limitándolo. Todo lo demás son distorsiones no científicas e interesadas.

Debe subrayarse, por último, que las afirmaciones anteriores son algo más que opiniones, y que están apoyadas por la experiencia reciente de la gestión de redes eléctricas y en encuestas a sus responsables. Para resumir:

1) Los episodios puntuales ocurridos en España de desconexión de parques eólicos para no reducir la producción nuclear, con el consiguiente coste para esa energía renovable, probablemente no están justificados.

2) La nuclear es moderadamente gestionable, pero con unos costes y riesgos demasiado altos, lo cual hace imposible que satisfaga nunca una parte importante de la demanda eléctrica.

3) La eólica, y las renovables en general, son mucho menos intermitentes de lo que se suele decir interesadamente, y pueden acercarse cada vez más a una solución completamente gestionable por sí mismas, sin ninguna necesidad de apoyos por parte de las centrales de gas o de otro tipo.

Ignacio Mauleón

De primos, primas y la fotovoltaica…

En España se han recortado las posibilidades de instalar más fotovoltaica y los derechos de los inversores.

Primas y fotovoltaica

Un tiempo atrás apareció un artículo en un medio digital con el sugerente título «Los primos con las primas». Nada más leer el titular se intuía de qué se trataba: los inversores en fotovoltaica son unos especuladores «cazaprimas» aprovechados, que toda la sociedad está pagando.

El artículo no es nada más que otro eslabón en la cadena de intoxicaciones interesadas que se vienen lanzando contra la FV desde 2010: por ejemplo, que se producía de noche acoplando grupos electrógenos de gasoil, lo que fue desmentido rotundamente por las inspecciones y reconocido por la CNE, pero no publicitado en los medios; que es la causa del «déficit de tarifa», cuando existía antes, y sigue existiendo después del brutal recorte retroactivo de tarifas; o en el mejor de los casos, que fue un fallo en la legislación, cuando desde el propio BOE se pidió el apoyo de los ahorradores privados para desarrollar esta energía.

Intoxica que algo queda

El artículo resulta interesante porque es un buen compendio de todas las intoxicaciones que se vienen publicando con mucha eficacia entre la población en general. Y todo con un doble objetivo: 1) desviar la atención del verdadero problema, o sea, de los enormes beneficios que obtiene el oligopolio eléctrico, y 2) frenar el desarrollo de las renovables, y muy en particular de la FV, pues supone una amenaza grave a su negocio. Casi lo que más se dice es que la FV suministra el 3 % de la electricidad y que recibe el 8 % de las primas —o más, tal como se suelen manipular los datos—. Un perfecto ejemplo de cómo tomar la parte por el todo puede ser no ajustarse a la verdad.

Aunque por sabido no deja de ser menos cierto, cabe recordar que la FV ha recibido primas durante 5 o 6 años, mientras que otras renovables llevan recibiéndolas cerca de 30, y algunas fósiles como el carbón más de dos siglos, al menos en algunos países, incluido España.

Los costes de la FV

Como hay que empezar por algún lado, sea por el lado de los costes. Según el IPCC, organismo internacional auspiciado por la ONU que agrupa a la inmensa mayoría de los científicos mundiales expertos en clima, el coste de la FV ha descendido ininterrumpidamente en los últimos 35 años (de 65 a 0,6 USD por W  de 1976 a 2012, una caída total del 99,83 %, y a un ritmo del 14 % anual calculado sobre el coste del año anterior). Y precisamente en este proceso un impulso clave fue el que dio y sigue dando Alemania, con fuerte apoyo de primas, y por el cual llevaban instalados 30 Gw a final de 2012 —equivalente a 10 o 12 nucleares de tamaño medio de 1 Gw.; en España hay 8—.

España se sumó hasta hace poco liderando el proceso mundial junto con Alemania y a partir de aquí el descenso de costes ha sido sencillamente espectacular: hasta ese momento la producción de paneles era casi artesanal, pero visto el interés, en Alemania se diseñaron cadenas de producción cuya tecnología se exportó a China, país que la implantó masivamente, con lo que los costes continuaron cayendo rápidamente.

Este suele ser el proceso normal con todo avance en I+D, promocionado por cualquier Estado. Pero lo razonable y lo que siempre se hace, es aprovechar esa posición de liderazgo para seguir invirtiendo y vendiendo la tecnología y el know-how a otros países, con lo cual el coste inicial de las primas, que desde luego se debe seguir pagando a los inversores iniciales que arriesgaron su patrimonio, se diluye rápidamente en toda la energía generada. Desarrollos obvios en este caso son legislar el autoconsumo con balance neto, y favorecer el ahorro energético en edificios, cumpliendo de paso las directivas europeas en este campo.

España es diferente

Pero no. En España somos más originales, y no solo se cortaron las posibilidades de instalar más FV, sino que se han recortado brutalmente los derechos adquiridos de todos los inversores, conculcando principios elementales de un Estado de Derecho según numerosos juristas internacionales. Este impulso inicial, además, está siendo aprovechado absolutamente por los restantes países del mundo, que están instalando energía FV de un modo explosivo (100 Gw a final de 2012, equivalente a 25-30 nucleares mínimo, y sigue aumentando exponencialmente).

Aquí no acaba todo. Estos ahorradores iniciales fueron atraídos por garantías y promesas publicadas explícitamente en el BOE —no un «hueco legal», como algunos pretenden— y por promotores que obtuvieron ya sus beneficios, y se aseguraron unas magníficas rentas por gestionar las instalaciones con un coste prácticamente nulo. Es más, la banca aprovechó para convencer a muchos de ellos que el gran beneficio se obtenía al «apalancarse»; es decir, pedir un préstamo para invertir más, que luego había que proteger obligatoriamente con una oscura operación financiera, los swapps, que nadie entendía muy bien, avalando todo ello con el patrimonio personal. Como los ingresos estaban avalados por el Estado, supuestamente inversión de riesgo mínimo, y el swapp protegía el préstamo de variaciones de tipo de interés, todo era perfecto. Al poco tiempo, no obstante, y con lo que presumiblemente fue una manipulación coordinada de los mercados financieros, los tipos de interés cayeron abruptamente, con lo que el coste de esa operación se convirtió en prohibitivo.

Los sufridos inversores

Aún más, el Estado, por medio de su entonces ministro de industria socialista decidió recortar un 30 % los ingresos prometidos a estas inversiones, argumentando que todavía obtenían una «rentabilidad razonable». Y más todavía, el ministro del PP, acaba de imponer un impuesto adicional del 7 % a los ingresos —ni siquiera a los beneficios—, y ha modificado el procedimiento de cálculo de las primas. Todo ello ha resultado en una disminución de los ingresos del 40 % mínimo. Pero además, y dado que se ha utilizado la vía del Real Decreto Ley —vía que está prevista para situaciones excepcionales en el ordenamiento jurídico español—, todas estas medidas no se pueden recurrir directamente, con lo cual negocio para los abogados, y mayores costes para los sufridos inversores. Y en el contexto de esta debacle, el Gobierno sigue amenazando con más recortes, que previsiblemente no acabarán con la nueva reforma eléctrica.

No es de extrañar que estén empezando a aparecer fondos buitre que hacen ofertas para comprar estas inversiones, siempre con pérdidas muy considerables sobre la inversión inicial. Y lo peor, que algunos de ellos han fichado ejecutivos de las eléctricas.

Los bancos siguen cobrando regularmente sus préstamos —por ahora—, y los intereses adicionales de los swaps, los promotores de los parques hicieron ya su negocio y ahora cobran por la gestión, los despachos de abogados tienen una nueva fuente de ingresos, la inversión FV va a ayudar a España a cumplir sus compromisos con Europa, y además la inversión en renovables genera innumerables beneficios de otro tipo a la economía española (véase el informe Deloitte-APPA). Los inversores, por su parte, corren el riesgo de ver ejecutados los avales bancarios y perder sus propiedades y ahorros.

Y, sí, los primos con las primas, ¿pero quiénes son los primos? Fiarse del Estado, de la banca, de los medios informativos, y en general de las instituciones, y ser engañado por todos, ¿es eso ser un primo en España? Parece que sí.

Ignacio Mauleón

¿Por qué tener una política energética contraria a nuestros intereses?

La política energética en España desprecia nuestros recursos y va en contra de nuestras necesidades.

Intereses en la política energetica

¿Existe realmente una política energética en España? Para responder a esta pregunta comencemos por la definición de la política económica y para qué sirve. Según la Wikipedia, la política económica «es el conjunto de estrategias y acciones que formulan los gobiernos y en general el Estado para conducir e influir sobre la economía de los países».

Sus objetivos pueden ser genéricos como «la igualdad, independencia, libertad y justicia», si bien desde el punto de vista económico serían «el pleno empleo, el desarrollo económico, el equilibrio económico exterior, la estabilidad cíclica y del nivel de precios». Hasta aquí todos conformes.

Veamos en qué se parece esto con lo que hacen y han hecho los últimos Gobiernos españoles.

Lo que deberíamos hacer

En primer lugar analicemos los objetivos del desarrollo y equilibrio económico exterior. Lo lógico desde esta perspectiva es que los Gobiernos tratasen de que los costes de la energía para el país fueran los mínimos y que nuestra factura energética exterior fuera lo menos posible.

Si partimos de que España tiene una fortísima dependencia de la energía procedente del exterior, con cerca de un 80 % de nuestro consumo energético importado —el 99 % del gas, el 99,5 % del petróleo y el 100 % del uranio—, el doble objetivo de la política económica debería llevarnos a intentar sustituir la energía importada por otra producida en nuestro país.

Si además tenemos una materia prima óptima e inagotable, las más de 2.000 horas de sol anuales de media, y 3.167 km de costa, todo parece indicar que la política energética debería estar orientada a la inversión y desarrollo de las tecnologías alternativas —fotovoltaica, mareamotriz, eólica…— con el objetivo de sustituir las fósiles.

Lo que hacemos

¿Es esto lo que se está haciendo? Justo todo lo contrario, ya que las energías verdes están sufriendo una auténtica persecución tanto por el actual Gobierno popular como por su antecesor socialista.

Además, el desarrollo y producción de energías nacionales que sustituyan a las importadas ayudaría a otro de los objetivos de la política económica: la creación de empleo.

Cuarto objetivo de política económica a tener en cuenta: la estabilidad de precios. O mejor, que los precios sean los menores y la cantidad producida la más próxima a la que demandan los consumidores. Esto es la definición del equilibrio en competencia perfecta. Por lo tanto, lo que debe hacerse —más aun un Gobierno que se autodenomina liberal— es intentar acercar el mercado lo máximo posible a esa situación de competencia perfecta, donde ninguna de la empresas tiene poder de mercado.

Nuevamente la pregunta: ¿lo está haciendo el Gobierno? Y la misma respuesta: no. Todo lo contrario, la política energética de los Gobiernos del PP y del PSOE ha sido la de proteger al oligopolio que domina el mercado, intentando de todas las formas posibles, incluso algunas rozando la ilegalidad como ha puesto de manifiesto la UE, evitar la regulación del autoconsumo, la mejor forma de introducir esa competencia y permitir a los consumidores producir su propia energía como ya sucede en Europa.

No nos representan

A la vista de esta situación alguien podría preguntarse ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? La respuesta quizás puede encontrarse en los consejos de administración de los oligopolistas energéticos e incluso en los papeles de Bárcenas.

Y mientras tanto los ministros sí nos ofrecen su versión de lo que es ahorro energético: quitarnos la corbata en verano o darnos duchas de agua fría. Como siempre nos ocurre a los de Teoría Económica, no podemos terminar la exposición sin unas conclusiones, o si lo prefieren, sin un corolario: los intereses particulares de los dos grandes partidos que han regido España no tienen nada que ver con los de los ciudadanos. Quizás va siendo hora de sustituirlos por alguien que sí nos represente o de autoorganizarnos para representarnos.

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A vueltas con el ‘fracking’

¿El ‘fracking’ es una técnica cara, insegura y contaminate o una forma de reducir nuestra dependencia energética?

peligros del fracking

Recientemente se ha publicado en el diario El País un artículo favorable a esta técnica para extraer gas no convencional, en el que se dice que parte del problema para su aceptación en España y Europa es que no estamos bien informados. Además, se nos relatan de nuevo todas sus enormes ventajas: que es abundante, barato, seguro, y que reduciría nuestra dependencia energética, crearía empleo, etc. Como ejemplo se pone a EE.UU., país que según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) va a ser autosuficiente energéticamente en pocos años. Vaya, que si nos quedamos con esto, hay que ser realmente ciego y sordo ante lo obvio y negarse al ‘fracking’.

Pero resulta que gracias a que sí estamos bien informados, pues hay abundantes informes libremente disponibles en la web, sabemos que la realidad es mucho más compleja.

Resulta incuestionable, en primer lugar, que esta técnica es cara, insegura, contaminante y no solo para el medioambiente, pues además contamina el agua del subsuelo, y consume agua no reutilizable. La cuestión, claro está, es si estas características son importantes, como cree mucha gente, y entre otros el que suscribe, o solo un detalle mínimo, como sostienen sus defensores.

Pero aun aceptando esto último, hay al menos dos motivos que desaconsejan el fracking:

1. Consume agua y contamina el subsuelo, en mayor o menor grado; y lo grave es que el problema de la escasez de agua en el mundo es ya una realidad y lo va a ser cada vez más

2. Existen otras fuentes energéticas que poseen todas las bondades que suponen los defensores del ‘fracking’, y ninguno de sus inconvenientes y me refiero, claro está, a las energías renovables.

Podemos tener energía barata y segura

Estas fuentes energéticas no consumen agua ni contaminan, pero el principal problema, que repiten machaconamente sus detractores, es que son caras y muy variables. Es comprensible hasta cierto punto este desconocimiento, pues estas tecnologías están avanzando a tal velocidad que es difícil estar al día, incluso para los expertos. Pero el argumento del coste, simplemente no es cierto: hoy día la fotovoltaica es probablemente ya la energía más barata que existe, o lo va a ser muy pronto; otro tanto puede decirse de la minihidráulica y de los pellets de bio-masa; y la geotermia de baja temperatura y la minieólica están bajando sus costes también rápidamente.

Y respecto a las acusaciones, también repetitivas de que son intermitentes, que no se integran fácilmente en la red, etc., son fácilmente rebatibles y lo han sido ya en la teoría y en la práctica. La mayor parte de ellas se contestan, simplemente, teniendo en cuenta que una gran ventaja de las renovables es que al haber tanta variedad los inconvenientes de un tipo se compensan con las ventajas de otro. Basta pues, con tomarlas en conjunto.

Y un par de observaciones para acabar: 1) la AIE es conocida por sus sonados fracasos predictivos, y, 2) habría que preguntarse por qué en ‘el paraíso del fracking’, EE.UU, la actual Administración está apostando intensivamente por las energías renovables, al igual que los grandes países productores mundiales de petróleo y gas, especialmente en Oriente Medio. Incluso la industria cinematográfica está en contra del fracking (capítulos de las series Rizzoly Isles y de CSI Las Vegas, y la película Promised Land).

Ignacio Mauleón

Renovables y empleo

La inversión en energías renovables tendría efectos inmediatos en la tasa de desempleo y facilitaría el despegue de nuestra economía.

RENOVABLES_Y_EMPLEO

A nadie se le escapa que la situación socioeconómica española es dramática: con una tasa de desempleo superior al 25 %, la única política económica conocida del Gobierno es la reducción del déficit público, tanto por la vía de la disminución del gasto como por la del incremento de los impuestos.

Pero hay alternativas, destacando entre ellas la inversión en sectores nuevos y con futuro, uno de los cuales, a tenor de lo que ocurre en el mundo, es la economía verde y en concreto la inversión en energía renovable. Esta inversión, como cualquier otra, tiene efectos significativos en la economía y el empleo, algunos sencillos de cuantificar y otros más difícilmente. Queremos subrayar que aquí nos vamos a centrar solo en el aspecto diferencial de las energías renovables que otro tipo de inversión no aporta, siguiendo el análisis derivado de modelos económicos rigurosos aplicados internacionalmente, aunque no sea este el lugar para discutirlos en detalle —en concreto, modelos input-output, y modelos keynesianos de demanda, plenamente aplicables, dado el desempleo de recursos—.

Invertir en renovables tiene efectos inmediatos

Los efectos de la inversión se clasifican en directos, indirectos, e inducidos (Renewable Energy Jobs, IRENA 2011).

Los efectos directos de la inversión en energías renovables son inmediatos y claros: se requiere de aerogeneradores, paneles… para lo que son precisos ingenieros, operarios eléctricos, etc. Esto supone creación de empleo directo tanto en la fabricación como en la instalación.

Los efectos indirectos son los derivados de todas las adquisiciones realizadas en el primer paso: por ejemplo, un aerogenerador requiere acero y otros materiales eléctricos y metálicos para su construcción, además de transporte, preparación del terreno, etc., y por supuesto todo el personal requerido en estos procesos.

Estos dos tipos de efectos se pueden medir a través de las ‘Tablas Input-Output’, que están disponibles en la práctica totalidad de los países desarrollados. Y si bien al ser las renovables un sector nuevo la cuantificación de los coeficientes técnicos es complicada, lo que todos los estudios internacionales ponen de manifiesto es que la calidad y cantidad de empleo es mejor y mayor que el generado por otras inversiones: se demandan más empleos y con mayores cualificaciones profesionales, típicamente gran número de ingenieros superiores y operarios eléctricos especializados (véase el citado documento de IRENA).

Además, un punto clave aquí es que se trata de inversión nueva, es decir, que no se trata de sustituir un tipo de inversión por otro para después comparar cuál produce más efectos positivos: la actividad y empleo derivados en este caso son netos directamente —no hay costes de oportunidad—.

Efectos que generan rentas

Estos efectos directos e indirectos generan pagos a los empleados e ingresos a los empresarios, es decir, rentas, que a su vez estos destinarán a ahorrar, a sufragar impuestos y a adquirir otro tipo de bienes en general. Esto es lo que se denomina efectos inducidos, que aunque se sabe que pueden ser muy importantes, la medición concreta es difícil.

En el caso de las renovables, y especialmente en España, es clave tener en cuenta que nuestra dependencia energética del exterior ronda el 90 %: así, cualquier inversión en este sector crea empleos netos en España. Asimismo, la parte de renta dedicada a importar energía ahora se dedicará a adquirir bienes nacionales de todo tipo con los consiguientes efectos multiplicadores en la economía en general. Si además se consigue desarrollar una industria nacional, el efecto se dejará notar en un aumento en las exportaciones de bienes de inversión directamente, por ejemplo, aerogeneradores, o paneles solares. Y no solo eso, también las empresas pueden exportar conocimiento del sector obteniendo contratos en el exterior, como de hecho está ocurriendo, beneficios que al menos en parte revertirán en el país de origen, España en este caso.

Estos dos efectos son particularmente relevantes en las renovables, pues al tratarse de un sector nuevo y en fuerte expansión mundial, las empresas españolas todavía tienen ventaja comparativa.

Está claro, también, que esto solo es válido para los países que primero inviertan en renovables, como ha sido hasta hace poco el español. Debe señalarse asimismo, el ahorro de emisiones de CO2, lo que también supone un descenso en el pago que hay que realizar a Bruselas anualmente por este concepto.

Efectos financieros

Los efectos más difíciles de medir, pero muy importantes, son los financieros. En primer lugar está la cuestión obvia de cómo se financia esta opción activa de política económica. Puede ser vía ayudas estatales o préstamos del sistema financiero. Y aunque si se demanda más crédito en la economía esto supondría un aumento de los tipos de interés, la pertenencia a un área monetaria en la que España representa alrededor del 11 % del PIB, no puede dar origen a un aumento relevante.

Mucho más importante en el contexto actual puede ser el efecto sobre la prima de riesgo: en el momento en que se empiece a crecer y crear empleo, a generar el sentimiento de que España ha optado por una política económica proactiva, el riesgo-país disminuye —aunque solo sea por la reducción de la incertidumbre—, lo que inevitablemente tendrá que ser tenido en cuenta por los inversores internacionales, especuladores o no. Además, el déficit público disminuirá por el descenso de subsidios por desempleo, aumento de impuestos generados por la actividad renovable, etc. Este último efecto, aunque de muy difícil medición, puede llegar a ser enormemente relevante, pues implica que todas las empresas podrán financiarse más fácilmente en los mercados nacionales e internacionales, invirtiendo y creando más empleo y actividad en todos los sectores.

Un último aspecto a tener en cuenta: el autoconsumo residencial y para pymes industriales es ya factible y rentable en casi toda la península y en las islas Canarias y Baleares, de modo que empresas y particulares podrían financiarlo sin necesidad de ningún apoyo estatal ni préstamo bancario. Además, la Comisión Europea acaba de triplicar los fondos dedicados a financiar proyectos de renovación energética de edificios. Es falso e interesado que las renovables son caras y que aumentan los costes energéticos y particularmente el de la electricidad.

En este post solo hemos resaltado los efectos diferenciales de inversión en renovables por comparación a otro tipo de inversión, y es evidente que aunque en algunos casos son de difícil medición, pueden llegar a ser importantísimos. La última pregunta que queda es sencilla: ¿por qué la política energética del Gobierno está en contra de la competencia en el sector y de las energías renovables? ¿Por qué ha optado por imponer barreras administrativas al autoconsumo? ¿Por qué no aprovecha las ayudas europeas? Por qué, por qué, por qué…

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