Energía fotovoltaica y energía solar termoeléctrica ¿competidoras o complementarias?

Las dos tecnologías solares más importantes no deben verse como rivales sino todo lo contrario.

energía solar fotovoltaica y termoelectrica

El descenso espectacular del precio de los paneles fotovoltaicos (FV) está cambiando drásticamente el panorama energético mundial. Además de generar grandes recelos entre los productores tradicionales de energía, un efecto adicional ha sido la sustitución de concursos para la construcción de plantas solares termoeléctricas (STE), por plantas fotovoltaicas (FV). En respuesta, recientemente la Alianza Mundial por la STE (CSP Alliance) ha publicado un documento en el que se recogen numerosas investigaciones que ponen en valor muchas de las ventajas no tenidas en cuenta de la STE con almacenamiento de energía (The Economic and Reliability Benefits of CSP with Thermal Energy Storage, Dec. 2012).

La medición del coste

El punto de partida es que el método más extendido para valorar una planta de generación de electricidad, el LCOE, o coste por Kw, es una medida muy limitada, cuando no directamente errónea. Este método se basa en dividir el precio, por ejemplo, de un panel FV de un Kw de potencia, por el número total esperado de horas de funcionamiento, con lo cual da una medida del coste del Kwh (por ejemplo, 600€ por Kw/(1500 horas de sol x 25 años) = 0.016€ Kwh). Para un consumidor puede que sea una medida relevante, pues se puede comparar con el precio más o menos estable pagado a la empresa suministradora. Pero para un productor que vende energía en el mercado mayorista no, ya que el precio de la electricidad varía mucho a lo largo del día, entre diferentes días de la semana, etc.

Posibilidad de almacenamiento

Por otra parte, ese precio no tiene en cuenta los posibles beneficios adicionales que puede ofrecer determinado tipo de energía, como es precisamente el caso con la energía generada en plantas STE con almacenamiento. Estas plantas almacenan la energía solar en depósitos de sales fundidas con muy pocas pérdidas, que posteriormente se pueden emplear en generar electricidad en la turbina de la instalación. Las ventajas del almacenamiento con este método son muchas. Sin entrar en grandes detalles, lo cierto es que puede proveer energía casi instantáneamente ante un aviso del operador de la red eléctrica, y todas las veces que sean necesarias a lo largo del día. Además, pueden generar energía a otros plazos más dilatados, como pueden ser varios minutos, etc. Y tampoco tienen restricciones respecto al volumen a suministrar, dentro del límite de la cantidad almacenada. Las ventajas respecto a otros tipos de energía ‘gestionables’ son, por tanto, muy considerables.

Y en el contexto en el que estamos, precisamente una gran ventaja es que pueden paliar la intermitencia de las energías solar FV y eólica —aunque esta intermitencia haya sido muy exagerada, tendenciosamente—. Y también, dicho sea de paso, la inflexibilidad de otras plantas no gestionables, especialmente la nuclear pero también las de carbón. Por este motivo, además de generar beneficios directos y medibles en un hipotético mercado completamente liberalizado, que desde luego no es el español, generan otros como es permitir el despliegue de otras tecnologías renovables.

En suma, que hay que medir su contribución en términos de una valoración conjunta de todos los costes y beneficios que genera en todo el sistema eléctrico (‘net system costs‘). La valoración LCOE sería válida al principio del despliegue de las renovables, cuando quizá lo más importante fuera buscar la energía más barata. Pero una vez que la penetración de las renovables es considerable, este método de valoración alternativo es más adecuado. Desde luego, tampoco hay que olvidar en esta comparación que este mismo criterio de ‘coste-beneficio’ se debe aplicar al resto de las tecnologías: por ejemplo, la FV está especialmente adaptada al autoconsumo lo que tiene importantes ventajas desde varios puntos de vista.

Por otra parte las ventajas de la STE con almacenamiento, hoy por hoy, se prolongan durante plazos cortos (1 o 2 días), ya que el almacenamiento de energía suele ser de unas horas (de 2 a 10 de la potencia de la planta), y si no hay radiación solar directa, esta energía se consume completamente. Una posibilidad muy interesante, no obstante, es la ‘hibridación’, en el sentido de que la misma turbina puede emplear otro tipo de combustible, como gas o biomasa, en cuyo caso sería ya completamente gestionable (es decir, que puede variar su producción de energía a voluntad), y además seguiría siendo completamente renovable en el caso de la biomasa.

FV y STE, ¿competidoras o complementarias?

Y volviendo al tema central de este post, ¿es competitiva con la FV? Desde luego, la FV tiene ventajas innegables, empezando por su bajísimo coste, y además es escalable, de modo que sirve tanto para el auto consumo en pequeña escala, como para volúmenes importantes de producción para ser suministrados a grandes centros de consumo a través de la red eléctrica. Y también, se adapta bastante al perfil de la demanda diurna, de modo que contribuye al descenso en el precio de las horas punta —lo que se ha comprobado recientemente en Alemania—. Pero no es almacenable, y precisamente esta es la gran ventaja de la STE con todo lo que eso implica, aunque en el resto de los aspectos esté en desventaja (solo adaptable para grandes volúmenes de varios MGw, es cara hoy por hoy, y con pocas perspectivas de que sus costes desciendan mucho, pues requiere ‘mucha’ obra civil). Hay otros sistemas de almacenamiento de energía a gran escala, y particularmente la hidráulica de bombeo. Pero de nuevo la gran ventaja de la STE es que se almacena la energía directamente en calor y sin que sea necesaria su conversión previa a electricidad, lo que convierte a este método en más eficiente.

La conclusión de esta comparación es inmediata: ¿por qué no combinar la FV para generación y consumo inmediato, y la STE para almacenar energía y suministrarla diferidamente? Esta combinación sería altamente efectiva y casi sin competencia en el mundo de la energía, al menos para lugares con radiación solar suficiente, y más si se ‘hibridan’ con biomasa. El único problema sigue siendo, claro está, el relativo alto coste de la STE, pero de nuevo, eso se puede compensar con el bajísimo coste de la FV. Existe ya algún estudio muy reciente que demuestra que una determinada combinación de las dos tecnologías es la opción más eficiente, por encima de la FV o la STE por separado (Mills and Wiser, Lawrence Berkeley National Laboratory, LBNL‐5933E, Dec. 2012.).

Para resumir: las dos tecnologías solares más importantes, FV y STE con almacenamiento, no deben verse como competidoras sino más bien al contrario; y la razón es que las ventajas y desventajas de cada una se compensan entre sí. Y respecto al coste, el relativo alto coste de la STE se compensa con el muy bajo de la FV. Y como conclusión, se equivocan los reguladores que optan definitivamente solo por la FV olvidando la STE, sin hablar demasiado del caso español, en el que después de la casi aniquilación de la FV, ahora se persigue también a la STE.

Ignacio Mauleón

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Autoconsumo y macroeconomía (4)

La implantación de las renovables y el autoconsumo tendría grandes beneficios para los consumidores y también para la economía española.

Autoconsumo y macroeconomia

El último post de esta serie sobre autoconsumo va a empezar recordando brevemente una historia ajena a la energía, aparentemente, que es la historia de los computadores.

Al mismo tiempo que crecía IBM, la gran empresa de computación, se desarrollaron los pequeños ordenadores y la computación, micro, mini, etc., y muy especialmente la empresa creada por Steve Jobs, Apple. Finalmente, IBM decidió que ese era un mercado interesante que estaba perdiendo y lanzó el primer PC IBM en 1981. Posteriormente incorporó el sistema operativo DOS de una pequeña empresa, Microsoft, propiedad entre otros de un joven informático, B. Gates. Durante bastantes años los PC de IBM compitieron en este mercado, aunque en seguida aparecieron los clónicos y siguieron desarrollándose otras marcas. Finalmente, IBM abandonó la computación personal para centrarse en la producción y venta de grandes computadoras, y todos los servicios informáticos asociados a ellas, incluido el desarrollo de software. Muchas de estas otras pequeñas empresas dedicadas a la computación personal no podían fabricar sus ordenadores, por lo que la producción acabó por trasladarse a países con costes menores, aunque no el diseño ni el software fundamental. Como resultado, hoy día casi todos los equipos microinformáticos los adquirimos en el exterior.

La historia aquí relatada no pasa de ser una breve, aunque ilustrativa, simplificación, e historias parecidas pueden encontrarse en muchos casos de la industria. Uno de ellos, paradigmático también, es el de la fotografía. Recuérdese la omnipresencia de Kodak en la época de la fotografía analógica, y su quiebra y desaparición con la fotografía digital, a la que no supo o pudo adaptarse.

Estas historias son un posible ejemplo de lo que el economista Schumpeter ya a principios del siglo pasado caracterizó como la «creación destructiva», un aspecto clave de la dinámica de la economía capitalista. Curiosamente, un analista político, Moisés Naím, ha llegado recientemente a parecidas conclusiones extendidas a todos los aspectos de la vida económica y política (The end of power).

Miedo al éxito

Pensemos ahora en la energía, y muy concretamente en la fotovoltaica. Quizás es oportuno comenzar señalando que la reciente ola crítica contra la energía FV en algunos países europeos y especialmente España, no se debe de ninguna manera a su fracaso, sino precisamente a todo lo contrario: su espectacular éxito que previsiblemente continúe debido al descenso de su coste. Este descenso se debe, como en todo proceso industrial, tanto al despliegue de la tecnología, que permite ir introduciendo innovaciones prácticas que surgen de su aplicación —learning by doing, o aprendizaje con la práctica—, como por las ventajas de la producción a escala en lugar de por procedimientos artesanales, por ejemplo en las grandes cadenas de montaje.

También, los beneficios económicos obtenidos en la implantación de esta energía revierten parcialmente en mayor investigación y rentabilidad.

En el caso de la FV estos descensos han sido de aproximadamente el 10 % anual sostenido durante los últimos 30 años según el IPCC —el organismo de la ONU encargado de analizar el cambio climático—, y es previsible que continúen, dado el enorme interés que esta tecnología está despertando en todo el mundo, y por mucho que en España se intente bloquear.

En la FV, además, otro factor favorable es su escalabilidad, es decir, que una instalación puede ir desde 1w hasta muchos MGw, algo que no ocurre, por ejemplo, con la nuclear. Esto facilita enormemente su implantación al requerir menos capital inicial y eliminar casi totalmente las barreras de entrada. De hecho así está siendo, y a diferencia de la eólica, que ha sido y es más controlable por grandes empresas, la FV ha sido introducida por pequeños y medianos propietarios e inversores.

Las renovables acabarán por imponerse

Ante este escenario de inevitable triunfo e implantación de las renovables a gran escala, como también hemos comentado en otros posts, caben dos posibilidades: sumarse a él y tratar de gestionarlo para que el cambio de modelo ocurra del modo más conveniente para todos, o intentar frenarlo, lo que es un empeño inútil a medio plazo, a menos que el autoconsumo se declare directamente ilegal, algo que además puede tener graves implicaciones para el interés general (gestión deficiente e incorrecta de las redes, apagones, pérdida de mercados de exportación …).

Pero como en el caso de IBM con el que se abría este post, las grandes compañías eléctricas también pueden encontrar su nicho de mercado en esta nueva situación: podrían convertirse en «agregadores de energía», proveer de material y servicios a los autoproductores, y por supuesto producir energía a gran escala en muchos casos todavía necesarios, gestionando simultáneamente las redes más clásicas.

En suma, que hay grandes beneficios para todos en este modelo, productores de todos los tamaños, y desde luego consumidores, y solo es cuestión de que no se quieran acaparar exclusivamente por alguno de los grupos de interés participantes en el mercado. Además, es verdad que también conviene tener grandes multinacionales energéticas radicadas en España y controladas por capital español: hay proyectos y negocios renovables definitivamente interesantes y que requieren grandes inversiones, en los que se debe participar: eólica marina, CSP, y otros que pudieran llegar. De todas formas, sería mejor que la propiedad de esas grandes corporaciones estuviera lo más distribuida posible, y por supuesto que no ataquen a pequeños productores ni exploten a los consumidores.

La implantación de las renovables, especialmente de las adaptables a bajos requerimientos de financiación, tendría otro tipo de beneficios macroeconómicos. Por supuesto, creación de empleo neto, reducción del déficit exterior, descenso de la prima de riesgo, y en general un aumento de la actividad económica que podría llegar a ser muy considerable. Todas estas ventajas son especialmente importantes en un contexto actual como es el de falta de demanda y actividad para salir de la crisis. Además, en la modalidad de autoconsumo no se requeriría ninguna financiación extra especial.

La manía de ahogar oportunidades

Pero en el caso español, adicionalmente, hay otro beneficio especialmente importante que podrían generar, como es el desarrollo de una clase empresarial de pequeños y medianos productores, e incluso de inversores directos en la industria, en lugar de en construcción o finanzas especulativas. En otras palabras, contribuir a la necesaria revolución industrial que debería haber tenido lugar a lo largo del siglo XIX, como en todos los países avanzados de Europa, y que todavía está pendiente en España. Aquí es un tópico decir que no existe espíritu empresarial, pero eso es una afirmación interesada y tendenciosamente falsa: lo que no existen son oportunidades, y cuando las hay se ahogan, como está ocurriendo con el sector FV.

Por último, merece un comentario el último intento, algo desesperado, de las energías tradicionales para impedir el desarrollo del modelo renovable alternativo, que no es otro que el denominado fracking: otra huida hacia adelante, y peligrosísima. Las renovables son mucho más baratas, seguras y ciertas, y el fracking no es más que el último intento, hoy por hoy, de una industria basada en la explotación de los combustibles fósiles y condenada a medio plazo a reconvertirse o desaparecer. Y la propaganda al respecto sobre EE.UU. es falsa, o al menos incompleta: la nueva administración está apostando más que nunca por las renovables, así como los mayores productores mundiales de petróleo (Arabia Saudí, Abu Dhabi, Dubai, los Emiratos Árabes Unidos…).

Ignacio Mauleón

Autoconsumo calorífico y cogeneración (3)

Las energías renovables permiten tener agua caliente y calefacción a mejor precio.

AUTOCONSUMO CALORIFICO

El autoconsumo energético, aunque hasta ahora se ha enfocado casi exclusivamente como eléctrico-fotovoltaico, tiene muchos más aspectos que se están desarrollando ya, y concretamente el calorífico. Es cierto que el calor en gran medida se obtiene del gas, mucho más barato que la electricidad, y que en la industria se ha sustituido mucho por quema directa de residuos. Todo esto hace que quizá el proceso sea menos urgente, aunque aquí también caben ahorros significativos, especialmente en el sector residencial.

En primer lugar, hay al menos tres formas, o fuentes energéticas, básicas para la generación de calor: biomasa, geotérmica, y termosolar.

La biomasa

La biomasa es quizá la más extendida, y consiste simplemente en quemar material de origen vegetal, en general madera residual suministrada directamente, o más modernamente en forma de pellets, elaborados con procesos industriales algo más complejos, aunque poco. Esto puede hacerse a nivel doméstico en forma de estufas enormemente eficientes, es decir, que aprovechan del 80 al 90 % del poder calorífico de la madera quemada, y que no generan residuos de humo o los canalizan adecuadamente de modo que no afecten a los consumidores. Además, fácilmente se puede combinar la generación de calor ambiental con la obtención de agua caliente, que puede destinarse al uso habitual, y que también puede inyectarse directamente en los tradicionales sistemas de calefacción.

Este procedimiento es «escalable», en el sentido de que puede aplicarse en unidades de pequeño tamaño, viviendas particulares típicamente, hasta en edificios y sector servicios de mayor volumen —hospitales, ayuntamiento, centros comeriales, etc.—. Hay que destacar, que también puede adaptarse a la generación de electricidad con relativa facilidad.

En este proceso de cogeneración se puede primar una u otra energía, aunque lo más habitual es generar electricidad de forma subsidiaria, especialmente si existen otros métodos renovables basados en el autoconsumo para generarla. De todas formas, junto al almacenamiento de electricidad, esta fuente energética proporcionaría la solución definitiva a la intermitencia de la electricidad generada por la FV y la minieólica. Y lo más positivo es que existen ya soluciones comerciales que resuelven todas las posibilidades que se han mencionado, al menos fuera de España, y además a precios competitivos.

La termosolar

La termosolar es la siguiente más conocida para la generación de agua caliente especialmente, aunque su desarrollo ha sido algo desigual y abrupto. En general ha sido aplicada a pequeña escala en el sector residencial desde hace muchos años, cuando empezaron las preocupaciones por la sostenibilidad del modelo energético basado en los fósiles —concretamente en la presidencia de Carter en EE.UU., hace unos 30 años, y en Alemania después del accidente de Chernóbil—. Pero esto en realidad es una ventaja, pues es escalable, es decir, que puede instalarse rápidamente también a gran escala, a diferencia de las energías fósiles que suelen requerir grandes inversiones y solo están disponibles a plazos largos.

Al no haber sido su desarrollo y despliegue masivo, las reducciones de coste han resultado menores aunque podrían serlo en el futuro.

Una ventaja es que mediante bombas de calor puede generar también frío y aire acondicionado en climas soleados, lo que aumenta mucho su eficiencia económica. También puede generar calor directamente, inyectando el agua en los sistemas de calefacción. E incluso podría emplearse para precalentar agua o algún otro líquido, cuya temperatura terminara de subir posteriormente para generar electricidad en una turbina convencional, aunque este proceso esté todavía en fase de exploración.

La geotérmica

Finalmente, la geotérmica de baja temperatura, permite recuperar agua calentada a 40 o 60 grados utilizable en sistemas de calefacción directamente, especialmente si se basan en métodos de suelo radiante. Puede que sea necesario aumentar algo más la temperatura del agua recuperada, lo que puede llevarse a cabo fácilmente por numerosos procedimientos, renovables o no. En cualquier caso puede estar permanentemente disponible, y es también un procedimiento de generación de energía escalable, es decir, que puede aplicarse a gran pero también a pequeña escala. Entre sus inconvenientes puede destacarse que es todavía algo cara, pero esto, como siempre, puede variar rápidamente si se favorece su despliegue, por ejemplo mediante ayudas públicas.

Y por supuesto, aunque no cuadre directamente en este post, no debe desdeñarse el autoconsumo en el transporte, es decir, la generación de electricidad por métodos renovables basados en el autoconsumo, para almacenarla en vehículos privados, automóviles convencionales, motos de todo tipo, e incluso bicicletas.

Ignacio Mauleón

Autoconsumo eléctrico: la visión ‘larga’ (2)

Alternativas para mejorar a largo plazo el autoconsumo energético.

Autoconsumo eléctrico

Aunque en el momento actual la opción de autoconsumo más inmediata, y por la que apuesta casi exclusivamente la industria —o lo que queda de ella—, es la fotovoltaica (FV) con Balance Neto, a plazo algo más largo —pero no mucho—, existen alternativas que se deberían ir explorando por parte sobre todo de empresas del sector renovable, dado que poco apoyo se puede esperar de la legislación actual y futura.

Combinar fuentes de energía

Hay varios puntos en los que es posible mejorar el enfoque del autoconsumo FV. En primer lugar se puede explorar la combinación con otras fuentes de energía, y muy particularmente la minieólica: el viento y el sol no siempre coinciden, con lo que sería factible cubrir diferentes períodos y horas de demanda. Por ejemplo, en la costa hay más viento y es más regular —las brisas marinas—, en verano hay más sol que en invierno, y en todas las épocas hay más viento generalmente durante la noche.

La dificultad todavía es que los costes de la minieólica no han bajado a la misma velocidad que los de la FV, pero es previsible que lo hagan en un futuro próximo si se empieza a implantar, debido a la reducción de costes por la producción a escala, siguiendo el bien conocido proceso habitual en la industria.

Otra fuente energética obvia con la que se puede combinar es la biomasa, que puede producir electricidad con instalaciones muy sencillas y baratas, al menos para consumidores de cierto volumen. A este respecto, el creciente desarrollo y aumento en el consumo y producción de pellets de madera prensada a precio muy competitivo, hacen que esta opción sea cada vez más viable.

Una opción, sin duda, es el biofuel. La gran ventaja de esta fuente es que además resulta ‘gestionable’ a voluntad, es decir, que puede producir energía cuando se necesite simplemente encendiendo o apagando las turbinas, de manera que podría cubrir los desajuste entre producción y demanda de las restantes fuentes renovables.

E incluso se podría ir algo mas allá, y optar por fuentes no renovables como el gas o el diésel, que siempre pueden resultar más rentables que comprar energía a la red, aunque a largo plazo no sean recomendables.

Respecto a la biomasa, por otra parte, si bien es cierto que al quemarse produce CO2, existen métodos de captación y almacenamiento total o parcial de este gas, de modo que el CO2 captado en el crecimiento de la materia vegetal no se devolvería a la atmósfera, y ello haría de esta energía la más respetuosa ambientalmente de todas las renovables.

Una ventaja adicional de la biomasa es que se puede emplear simultáneamente para generar calor, es decir, un proceso de cogeneración; e incluso podría generar frío mediante una bomba de calor, con lo que el proceso sería de ‘tri-generación’.

Soluciones de este tipo ya existen especialmente fuera de nuestro país, y todo es cuestión de que las empresas del sector las desarrollen y ofrezcan de manera viable.

El almacenamiento de la electricidad

En segundo lugar figura de modo especial el almacenamiento de la electricidad. Hoy todavía es complicado, pero si finalmente los vehículos híbridos se implantan, como todo lo hace prever, sus baterías pueden ser utilizadas como almacenamiento, además de que la recarga sería gratis para los autoproductores. Algunos estudios han encontrado que los vehículos privados se emplean menos del 10 % de su vida útil, de modo que la disponibilidad de sus baterías sería muy alta. Por otra parte, se está invirtiendo masivamente en métodos de almacenamiento, tanto por parte de empresas privadas como por gobiernos: en España, por ejemplo, Acciona está desarrollando superbaterías adecuadas para consumidores medios. La Unión Europea, y EE.UU. han destinado también recientemente grandes partidas de gasto a esta investigación.

En tercer lugar, se pueden explorar métodos de lo que se denomina gestión de la demanda, es decir, adaptación de la demanda a la oferta. Por ejemplo, en una vivienda particular que determinados electrodomésticos funcionen cuando la electricidad autoproducida esté disponible —como que la lavadora entre en funcionamiento cuando hay sol—. Esto en el sector industrial y de servicios puede ser más fácil de llevar a cabo, adaptando procesos de producción o de servicio a la generación de electricidad. Con la energía solar resulta más fácil de hacer, dado que aunque es variable, su ciclo es más o menos estable y por ello predecible. Con la eólica es más difícil, dada la dificultad de su predicción, de modo que una tarea complementaria de este aspecto es el desarrollo e implantación de modelos matemáticos y estadísticos predictivos. Con una antelación de 24 horas, y a nivel agregado —por ejemplo, toda España—, estos modelos ya existen y son altamente fiables. El desafío es, por tanto, desarrollarlos con mayor detalle geográfico, y con mayor antelación.

El autoconsumo es ahorro

Las ventajas del autoconsumo eléctrico, en resumen, son numerosas e incuestionables: para los autoproductores puede suponer ahorros muy significativos, más importantes aún si cabe en la situación de grave crisis actual. Y especialmente para las empresas industriales y de servicios, que pueden reducir el coste de la energía eléctrica considerablemente y de este modo ser mucho más competitivas. Para el modelo eléctrico, ayuda a estabilizar la red y permite grandes ahorros en el despliegue e inversión en nuevas redes. Y por supuesto, para la sociedad en general, contribuiría a la disminución del desempleo, al crecimiento, a la reducción de la dependencia energética y el déficit exterior, a la lucha contra el cambio climático, etc.

Necesitamos una nueva legislación

Pero para que se desarrolle es necesario en primer lugar, una legislación sencilla, clara, no obstructiva, y estable, que permita planificar las inversiones, sin las ya desgraciadamente habituales sorpresas retroactivas a las que en España estamos acostumbrados, y no discriminatoria a favor de unos pocos y en contra de la mayoría de la sociedad.

Por parte del sector empresarial también es necesario un esfuerzo en el desarrollo de opciones viables que combinen varias fuentes de energía renovable, y que se desarrollen mejores modelos predictivos. En particular, se debe subrayar la dificultad de evaluar la rentabilidad concreta de cada proyecto, para lo que es necesario el desarrollo de modelos matemático-financieros mucho más detallados y claros que los derivados de simples hojas de cálculo estándar. Y a este respecto hay que ir algo más allá de la simple afirmación generalista de que «es previsible que los precios de la electricidad sigan aumentando»: esto es muy particularmente cierto en España debido a antiguos errores regulatorios que han permitido la aparición y crecimiento manipulado del denominado «déficit de tarifa», y además por el probable aumento del precio de los combustibles fósiles. Pero también es cierto que aquí hay grandes incertidumbres, derivadas de la velocidad del crecimiento mundial y de la substitución de estos combustibles por renovables, pues aunque en España vayamos para atrás, el resto del mundo va aceleradamente en la otra dirección, la renovable y el autoconsumo, que puede llegar a disminuir de forma significativa y a corto plazo la demanda, y por tanto el precio de los combustibles fósiles.

Ignacio Mauleón

O ‘fracking’ o renovables

La discusión sigue.

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En algunos medios se está presentado como una discusión «entre iguales», por así decirlo. No deja de ser un avance en un país como España, donde se apoya muy favorablemente al ‘fracking’ y literalmente se persigue a las renovables. Pero España es quizá el mejor ejemplo de que son dos opciones radicalmente opuestas, y eso lo ha determinado precisamente el actual ejecutivo, no los defensores de las renovables.

Aparentemente ambas opciones ofrecen ventajas parecidas: empleo, crecimiento, independencia energética, etc. Pero el ‘fracking’, además de costoso y altamente contaminante, no es una apuesta de futuro sino (quizá), la última apuesta de un modelo basado en la energía fósil destinado a desaparecer que intenta rentabilizar al máximo sus inversiones ya realizadas.

Tampoco el gas obtenido por esta vía es una fuente de energía necesaria en la transición a un modelo «más renovable»: por mucho que insistan, cada vez es más evidente que la penetración de las renovables a gran escala es posible, incluso con una red eléctrica no diseñada para ellas.

Por último, hay otras energías renovables que pueden cumplir perfecta y probablemente mejor el complemento de ‘gestionabilidad’, para suplir la intermitencia de la solar y la eólica: la hidráulica (la mejor), como demuestran Noruega y Dinamarca, la biomasa, el biogás (en Alemania hay 3.000 plantas por comparación a 30 en España), e incluso la geotérmica.

Ignacio Mauleón

Autoconsumo eléctrico fotovoltaico (1)

Caminamos hacia el autoconsumo energético y urge su regulación.

Autoconsumo eléctrico fotovoltaico

Cuando se habla de autoconsumo energético se hace referencia generalmente a la producción y consumo simultáneo de electricidad de origen fotovoltaico por parte de empresas, sector residencial y edificaciones en general. Ello se debe a las espectaculares y sostenidas caídas en el precio de la energía generada por este procedimiento durante los últimos 30 años, que han llevado a que en la actualidad sea ya más rentable producir y consumir la propia electricidad que comprarla a la red de distribución en numerosos casos. Y además, todo hace pensar que este proceso va a continuar de forma irreversible, a pesar de todas las trabas que se le están poniendo y se le pongan.

Hoy día todavía, su aplicación plantea algunos problemas derivados de dos características inevitables:

1. No siempre hay sol cuando se desea encender la luz, por decirlo gráficamente.

2. La electricidad es difícil y cara de almacenar.

Este desajuste es la fuente principal de problemas, ya que hoy por hoy la única posibilidad de almacenamiento rentable es en la red eléctrica general, es decir, vertiendo la producción no consumida instantáneamente y recuperándola después cuando se consuma. Técnicamente esto no solo no plantea ninguna dificultad, sino que es altamente beneficioso para el funcionamiento general del sistema eléctrico. Por ejemplo, el mayor consumo de electricidad y los precios más altos a lo largo del día coinciden en gran medida con las horas en las que más energía FV se produce, lo que ayuda a bajar los precios y estabiliza el sistema.

El ejemplo reciente de Alemania, donde a final de 2012 se habían instalado 30Gw de paneles solares, equivalentes a 10 o 12 centrales nucleares de tamaño medio (1 Gw), es muy ilustrativo al respecto. Aún más, el exceso de producción de unos puede compensarse con el exceso de demanda de otros consumidores cercanos, lo que evita las pérdidas en el transporte de energía a largas distancias impuestas por el modelo actual de distribución. Y al mismo tiempo, todo este modelo reduce la necesidad de invertir en el despliegue de costosísimas inversiones en redes eléctricas, difícilmente abordables en Europa en el momento actual de crisis.

Regular el sistema

Pero hoy día, y al menos en España, la opinión general es que el autoconsumo FV no es todavía rentable sin una regulación mínimamente favorable. La clave está en el desajuste entre producción y consumo, que puede solventarse con el denominado Balance Neto —Net Metering—, y que en otras palabras implica que los consumidores solo pagan por el consumo en exceso sobre la producción instantánea una parte o nada, siempre que hayan vertido a la red dicho consumo previamente. Y si se producen excedentes, se les retribuyen, todo ello referido a un período concreto, por ejemplo un año. La clave reside, por tanto, en la regulación de estas cantidades.

Un peligro para las eléctricas

Por supuesto, no debería plantearse ningún problema dado lo lógico del procedimiento, pero el problema surge, cómo no, de las grandes eléctricas que ven peligrar una parte de su inmenso negocio. Este problema se viene dando en todo el mundo, y en algunos lugares como California o Alemania tiene una larga tradición, donde llevan cerca de 30 años con esta discusión que, aunque lentamente, se va decantando claramente hacia la opción más rentable y beneficiosa para consumidores y sociedad en general, es decir, el autoconsumo con balance neto regulado de una manera mínimamente favorable.

Al respecto el argumento universal de las grandes eléctricas es que esta solución es «egoísta», pues el consumidor que no la adopte deberá pagar por los costes de la red no asumidos por el autoconsumidor-productor. No vamos a entrar aquí ahora en lo absurdo y casi desesperado de este «argumento», que equivale más o menos a decir que si apagamos la luz para ahorrar estamos siendo insolidarios con nuestro vecino que no la apaga. Y lo mismo si reemplazamos bombillas de alto por bajo consumo, o cualquier otra medida de ahorro eléctrico.

Avance del autoconsumo

Este modelo se está implantando aceleradamente en todo el mundo, y buenos ejemplos son California, Alemania, Brasil, México, Italia, etc. En España actualmente sigue sin desarrollarse, debido a una regulación complicada, confusa, y cambiante, que hace muy costosa y larga su implantación, aunque existen algunos ejemplos pioneros y varias autonomías lo están favoreciendo a pesar del obstruccionismo del gobierno central –especialmente Murcia y Extremadura–. Más aún, estas instalaciones están sometidas al ya desgraciadamente habitual riesgo regulatorio en el sector FV con efectos retroactivos, al que nos tienen acostumbrados los sucesivos gobiernos en este país.

Quizás es oportuno señalar, finalmente, que la reciente ola crítica contra la energía FV en algunos países europeos y especialmente España, no se debe de ninguna manera a su fracaso, sino precisamente a todo lo contrario, su espectacular éxito, que previsiblemente continúe debido al descenso de su coste, lo que hace casi inevitable que el autoconsumo se implante rápidamente de un modo u otro, a menos que se declare directamente ilegal.

Ignacio Mauleón

Renovables y empleo

La inversión en energías renovables tendría efectos inmediatos en la tasa de desempleo y facilitaría el despegue de nuestra economía.

RENOVABLES_Y_EMPLEO

A nadie se le escapa que la situación socioeconómica española es dramática: con una tasa de desempleo superior al 25 %, la única política económica conocida del Gobierno es la reducción del déficit público, tanto por la vía de la disminución del gasto como por la del incremento de los impuestos.

Pero hay alternativas, destacando entre ellas la inversión en sectores nuevos y con futuro, uno de los cuales, a tenor de lo que ocurre en el mundo, es la economía verde y en concreto la inversión en energía renovable. Esta inversión, como cualquier otra, tiene efectos significativos en la economía y el empleo, algunos sencillos de cuantificar y otros más difícilmente. Queremos subrayar que aquí nos vamos a centrar solo en el aspecto diferencial de las energías renovables que otro tipo de inversión no aporta, siguiendo el análisis derivado de modelos económicos rigurosos aplicados internacionalmente, aunque no sea este el lugar para discutirlos en detalle —en concreto, modelos input-output, y modelos keynesianos de demanda, plenamente aplicables, dado el desempleo de recursos—.

Invertir en renovables tiene efectos inmediatos

Los efectos de la inversión se clasifican en directos, indirectos, e inducidos (Renewable Energy Jobs, IRENA 2011).

Los efectos directos de la inversión en energías renovables son inmediatos y claros: se requiere de aerogeneradores, paneles… para lo que son precisos ingenieros, operarios eléctricos, etc. Esto supone creación de empleo directo tanto en la fabricación como en la instalación.

Los efectos indirectos son los derivados de todas las adquisiciones realizadas en el primer paso: por ejemplo, un aerogenerador requiere acero y otros materiales eléctricos y metálicos para su construcción, además de transporte, preparación del terreno, etc., y por supuesto todo el personal requerido en estos procesos.

Estos dos tipos de efectos se pueden medir a través de las ‘Tablas Input-Output’, que están disponibles en la práctica totalidad de los países desarrollados. Y si bien al ser las renovables un sector nuevo la cuantificación de los coeficientes técnicos es complicada, lo que todos los estudios internacionales ponen de manifiesto es que la calidad y cantidad de empleo es mejor y mayor que el generado por otras inversiones: se demandan más empleos y con mayores cualificaciones profesionales, típicamente gran número de ingenieros superiores y operarios eléctricos especializados (véase el citado documento de IRENA).

Además, un punto clave aquí es que se trata de inversión nueva, es decir, que no se trata de sustituir un tipo de inversión por otro para después comparar cuál produce más efectos positivos: la actividad y empleo derivados en este caso son netos directamente —no hay costes de oportunidad—.

Efectos que generan rentas

Estos efectos directos e indirectos generan pagos a los empleados e ingresos a los empresarios, es decir, rentas, que a su vez estos destinarán a ahorrar, a sufragar impuestos y a adquirir otro tipo de bienes en general. Esto es lo que se denomina efectos inducidos, que aunque se sabe que pueden ser muy importantes, la medición concreta es difícil.

En el caso de las renovables, y especialmente en España, es clave tener en cuenta que nuestra dependencia energética del exterior ronda el 90 %: así, cualquier inversión en este sector crea empleos netos en España. Asimismo, la parte de renta dedicada a importar energía ahora se dedicará a adquirir bienes nacionales de todo tipo con los consiguientes efectos multiplicadores en la economía en general. Si además se consigue desarrollar una industria nacional, el efecto se dejará notar en un aumento en las exportaciones de bienes de inversión directamente, por ejemplo, aerogeneradores, o paneles solares. Y no solo eso, también las empresas pueden exportar conocimiento del sector obteniendo contratos en el exterior, como de hecho está ocurriendo, beneficios que al menos en parte revertirán en el país de origen, España en este caso.

Estos dos efectos son particularmente relevantes en las renovables, pues al tratarse de un sector nuevo y en fuerte expansión mundial, las empresas españolas todavía tienen ventaja comparativa.

Está claro, también, que esto solo es válido para los países que primero inviertan en renovables, como ha sido hasta hace poco el español. Debe señalarse asimismo, el ahorro de emisiones de CO2, lo que también supone un descenso en el pago que hay que realizar a Bruselas anualmente por este concepto.

Efectos financieros

Los efectos más difíciles de medir, pero muy importantes, son los financieros. En primer lugar está la cuestión obvia de cómo se financia esta opción activa de política económica. Puede ser vía ayudas estatales o préstamos del sistema financiero. Y aunque si se demanda más crédito en la economía esto supondría un aumento de los tipos de interés, la pertenencia a un área monetaria en la que España representa alrededor del 11 % del PIB, no puede dar origen a un aumento relevante.

Mucho más importante en el contexto actual puede ser el efecto sobre la prima de riesgo: en el momento en que se empiece a crecer y crear empleo, a generar el sentimiento de que España ha optado por una política económica proactiva, el riesgo-país disminuye —aunque solo sea por la reducción de la incertidumbre—, lo que inevitablemente tendrá que ser tenido en cuenta por los inversores internacionales, especuladores o no. Además, el déficit público disminuirá por el descenso de subsidios por desempleo, aumento de impuestos generados por la actividad renovable, etc. Este último efecto, aunque de muy difícil medición, puede llegar a ser enormemente relevante, pues implica que todas las empresas podrán financiarse más fácilmente en los mercados nacionales e internacionales, invirtiendo y creando más empleo y actividad en todos los sectores.

Un último aspecto a tener en cuenta: el autoconsumo residencial y para pymes industriales es ya factible y rentable en casi toda la península y en las islas Canarias y Baleares, de modo que empresas y particulares podrían financiarlo sin necesidad de ningún apoyo estatal ni préstamo bancario. Además, la Comisión Europea acaba de triplicar los fondos dedicados a financiar proyectos de renovación energética de edificios. Es falso e interesado que las renovables son caras y que aumentan los costes energéticos y particularmente el de la electricidad.

En este post solo hemos resaltado los efectos diferenciales de inversión en renovables por comparación a otro tipo de inversión, y es evidente que aunque en algunos casos son de difícil medición, pueden llegar a ser importantísimos. La última pregunta que queda es sencilla: ¿por qué la política energética del Gobierno está en contra de la competencia en el sector y de las energías renovables? ¿Por qué ha optado por imponer barreras administrativas al autoconsumo? ¿Por qué no aprovecha las ayudas europeas? Por qué, por qué, por qué…

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