Apoyo a la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético

El próximo 27 de julio a las 12.30 h en el Congreso de los Diputados, los partidos políticos de la oposición, con el apoyo de sindicatos, consumidores, asociaciones empresariales, ambientalistas y representantes de los movimientos sociales, firmaremos en un acto público nuestro compromiso con el derecho cívico al autoconsumo de energía y la petición de retirada del proyecto de RD de Autoconsumo.

TodoSobreEnergia apoya la iniciativa  de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y publica el documento sobre  EL AUTOCONSUMO Y EL AVANCE HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO ENERGÉTICO SOSTENIBLE, elaborado por UNEF: AUTOCONSUMO_MODELO_SOSTENIBLE

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Hibridízate (y II)

Los vehículos híbridos son el futuro, pero su energía tiene que salir de fuentes renovables y del autoconsumo.

Coches híbridos

En un post anterior, Hibridízate (I), se analizaba esta cuestión desde el punto de vista del consumidor. Ahora consideramos el punto de vista del planificador energético, lo cual requiere un enfoque algo diferente.

Por múltiples razones económicas y medioambientales es una opción clara de futuro y que hay que apoyar con incentivos, dado que los descensos de costes, como en cualquier industria, se obtienen con investigación pero también en gran medida con el despliegue y la implantación.

Electricidad renovable y con autoconsumo

Por las misma razones, no tendría ningún sentido apoyar esta vía de no ser que la electricidad se genere por medio de fuentes renovables: de otro modo se estaría apoyando simplemente un cambio de modelo de tipo de vehículo por otro, sin ninguna ventaja de ninguna clase, ni económica ni medioambiental. En otras palabras, la substitución del petróleo y derivados, por electricidad generada probablemente a partir del gas en el caso español. Además, es también bastante obvio que la opción preferible es que esta energía provenga del autoconsumo, basado en energía renovable por supuesto —fundamentalmente fotovoltaica, y también eólica, aunque esto depende de la disponibilidad de cada una de ellas, obviamente—.

El autoconsumo en este terreno tiene también otras enormes ventajas a considerar. Primero, las baterías de los vehículos cuando no están en uso pueden utilizarse como almacenamiento de energía, ayudando a la estabilidad de la red de distribución eléctrica, y así permitiendo una mayor integración de las renovables en general al acomodar su intermitencia. Y segundo, evitan en gran medida la inversión en costosísimas redes de repostaje, eliminando además las pérdidas de tiempo que conllevarían las operaciones de recarga.

¿Híbridos o eléctricos?

Otro aspecto a considerar es la elección entre híbridos o eléctricos. Aquí puede que lo más conveniente sea apostar inicialmente por el desarrollo de los híbridos, basados en bajos consumos de combustibles tradicionales, y por una combinación de electricidad/diésel, que resulta más económica que con gasolina tradicional. La mejor opción, por supuesto, es que este combustible fuera de origen bio, bien sea biodiésel o etanol.

La opción completamente eléctrica está todavía algo más lejana técnicamente, y apostar sólo por ella puede incluso que ralentice la introducción en general de la electricidad en el transporte individual, pues la experiencia acumulada con los híbridos seguro que será de gran ayuda.

Transporte público y ciudades concentradas

Hay también otras cuestiones algo más generales que deben ser consideradas por el planificador. Por ejemplo, algunos argumentan que esta opción no hace más que prolongar un modelo de transporte que debería abandonarse, o limitarse al menos. Se argumenta, principalmente, que favorece el modelo de ciudad disperso, y que esto conlleva una serie de costes muy importantes de todo tipo frente a un modelo concentrado.

Desde luego es un argumento cierto en parte, pero también lo es que el modelo de ciudad disperso es una opción muy aceptada por la población. Siempre que este coste sea asumible, por tanto, no hay razón para descartarlo. En este contexto, el transporte público, y también basado en electricidad renovable se debe apoyar, y facilitar la disminución del uso de vehículos privados y su sustitución por otros más eficientes, como bicis o incluso motos, eléctricas sin duda.

Hay muchos otros aspectos de esta discusión, y no es este el lugar para abordarlos: baste con señalar que no parece de ningún modo un argumento suficiente para evitar el apoyo al vehículo eléctrico individual, hoy por hoy.

El otro punto, muy relacionado con el anterior, es que la producción y venta mundial de vehículos individuales sigue aumentando sin freno aparente, especialmente en las economías emergentes. Esta tendencia parece imparable, y también es una oportunidad al abrir mercados de exportación para países con industrias maduras, como puede ser precisamente el caso español.

El caso noruego

Una breve nota final para comentar el caso de Noruega, país donde más se ha implantado este tipo de vehículo con gran diferencia.

En este país la electricidad es prácticamente toda renovable-hidráulica, y muy barata, y se ha desplegado una red de repostaje suficiente. Esto hace innecesaria la conveniencia del autoconsumo, pues no es preciso para estabilizar la red, ya que la hidráulica es la energía más gestionable de todas. Y además tampoco se plantea ningún problema económico especial de sustitución de energía fósil e importada por renovable nacional, como es el caso español sin ir más lejos. De hecho, Noruega es el tercer exportador mundial de petróleo, sólo por detrás de Arabia Saudí y Rusia. Eso no les ha llevado, sin embargo, a cometer el error de favorecer su consumo interno, y el precio de la gasolina ronda los 2 € por litro, considerablemente más que en otros países, lo que también ha favorecido la penetración del vehículo eléctrico. El apoyo público a través de una amplia batería de incentivos de varios tipos también es importante, y esto es lo que más han valorado los consumidores. El único punto subrayado en este post que aquí no aparece es la implantación de vehículos alternativos como las bicis o motos, pero puede que las condiciones climáticas lo dificulten. En conjunto, por tanto, nada contrario al análisis efectuado aquí.

Hay que apoyarlo

Desde el punto de vista del planificador energético es una opción que claramente hay que apoyar, bien entendido que debe basarse en energía renovable y generada por medio del autoconsumo hasta donde sea posible. Y finalmente que debe ir acompañada de apoyo a formas alternativas de transporte, como el público y otros vehículos individuales más económicos como la bici, motos eléctricas, o vehículos de pequeño tamaño para desplazamientos cortos.

Ignacio Mauleón

Acordarse de Santa Bárbara cuando truena

Las alarmas se disparan siempre ante la inestabilidad política en los países suministradores de petróleo y gas, pero solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena…

Gas o energías renovables

La escalada de tensión en Iraq, con la consiguiente inestabilidad del mercado del petróleo y aumento inmediato en su precio, otra vez ha disparado todas las alarmas. Si a esto le añadimos la crisis de Ucrania con su amenaza sobre el gas ruso suministrado a Europa, la alarma es todavía mayor. Y aunque algún país como EEUU haya conseguido independizarse relativamente del petróleo del Medio Oriente substituyéndolo por petróleo mejicano y canadiense, no es esta la situación de Europa, fuertemente dependiente de Oriente Medio.

Intereses que ocultan la solución

Ante esto los ojos se vuelven inevitablemente, una vez más, hacia las renovables. Pero de nuevo topamos con los intereses de los grandes grupos energéticos basados en las energías fósiles y nucleares, y en la explotación de mercados cautivos defendidos a ultranza con presiones políticas de todo tipo. Y nos encontramos, una vez más, con la monserga mediática habitual en contra de las renovables: que si son caras, que si suben el precio de la electricidad, que si generan energía inestable, etc.

Un añadido reciente a esta reatahíla es que la pérdida de competitividad europea se debe a la apuesta por las renovables para combatir el cambio climático. Curioso, pues esa supuesta pérdida, en todo caso se basa en la fortaleza del euro, que tampoco ha impedido que las exportaciones alemanas sigan aumentando notablemente, e incluso las españolas.

Los beneficios de las eléctricas, intocables

Pero esta vez la joya la ha puesto J. M. Soria, a la sazón ministro de Industria. En un reciente artículo en El País —edición papel y para suscriptores—, afirmaba que la lucha contra el cambio climático no es sostenible si económicamente no es viable. Pero resulta que las renovables, el instrumento clave en esta batalla, son ya enormemente rentables a corto plazo, incluso excluyendo sus ventajas sobre el cambio climático. Por repetir argumentos archiconocidos: generan empleo directo e indirecto y de alta calidad, reducen el déficit exterior, aumentan la independencia energética, disminuyen la incertidumbre de los precios de la energía fósil, rebajan el precio de la electricidad y un largo etcétera. Pero, ¡ay!, tienen un problema insoluble: atacan la base de los inmensos beneficios de las compañías energéticas tradicionales: ¿por qué sino un decreto sobre el autoconsumo, al que no solo priva de derechos elementales de participación en la red de distribución, sino que lo criminaliza con amenazas de multas millonarias?

Y por último, ¿es que algún economista serio puede discutir el enorme coste puramente económico que está teniendo ya el cambio climático, en forma de variabilidad del tiempo y acontecimientos meteorológicos extremos —inundaciones, sequías pertinaces, ciclones, etc.—, con las consiguientes pérdidas humanas, de cosechas, destrucción de infraestructuras, cortes en el suministro de la electricidad, etc.?

Ignacio Mauleón

Hibridízate (I)

Puede que las campañas a favor de los vehículos híbridos y eléctricos tengan trampas ocultas. ¿Conviene ser cautos antes de comprar un coche que funcione con electricidad?

Coches eléctricos y coches híbridos

Hace algún tiempo que los fabricantes de vehículos están llevando adelante una campaña para favorecer la introducción de la electricidad en general como fuente de energía para el transporte, y especialmente para automóviles individuales (vehículos híbridos y eléctricos). Algunas empresas eléctricas se han sumado a la iniciativa, e incluso han desarrollado acuerdos con fabricantes de vehículos. Y aunque, en principio, desde el punto de vista medioambiental y energético resulta una apuesta muy razonable, hay, o puede haber, trampas ocultas que se intentarán analizar en este post.

La cuestión se puede abordar desde dos puntos de vista más o menos diferenciados: el del consumidor y el del planificador energético. Este primer post se dedica al punto de vista del consumidor individual, y el del planificador energético se analizara en un post próximo.

Punto de vista del consumidor

Desde el punto de vista del consumidor individual, en principio la decisión depende del coste, y aquí hay que considerar tanto el desembolso inicial como los gastos posteriores, principalmente en combustible y mantenimiento, y el kilometraje esperable. Y además, en el caso de estos vehículos, está claro que su utilidad depende mucho de otros factores, como son la facilidad de repostaje, autonomía, etc.

Respecto al desembolso inicial, hoy por hoy en general es alto, aunque suele haber ayudas públicas y también de los concesionarios. De todas formas y en el caso español, para que sean fiables las ayudas públicas deben estar dirigidas a la adquisición del vehículo, dada la enorme inseguridad jurídica al respecto que se ha visto recientemente en el sector energético.

En cuanto al combustible, actualmente y más en España, es arriesgado hacer proyecciones sobre el precio futuro de la electricidad, entre otras cosas porque está muy condicionado por decisiones políticas. Tampoco es fácil predecir el precio de los combustibles tradicionales derivados del petróleo, gasolina y diésel, dado que aunque los factores de los que depende son bien conocidos, la situación mundial es de gran complejidad y no es este el lugar para analizarlos, pues requiere un extenso estudio.

Los aspectos relevantes en cuanto a autonomía y repostaje son mejor conocidos: en general son más utilizables los híbridos, y lo serían mucho más si se permitiera el autoconsumo eléctrico de origen renovable. Y por último, también hay que tener en cuenta que la investigación en este campo es muy activa, de modo que los modelos de vehículos concretos disponibles hoy pueden quedar obsoletos muy rápidamente.

Las campañas de publicidad, desde este punto de vista, no son más que otra estrategia comercial para persuadirnos de las ventajas de estos modelos, y al poco tiempo hacerlo igualmente con las de próximos modelos que seguro que aparecerán en el mercado. No olvidemos que algo de esto es lo que ha pasado con los diésel, y muy especialmente en España, donde se han introducido muy rápidamente, justo para convencernos ahora de que emiten gases muy contaminantes —lo que solo es cierto para los modelos antiguos—, y que es mejor cambiar a híbridos o eléctricos.

Esperar y ver

En conjunto, por tanto, la situación es de considerable incertidumbre. Pasos fundamentales que clarificarían la situación es que se permita el autoconsumo eléctrico con energía renovable, que permita las recargas de baterías a domicilio. Además, un marco creíble de medidas de apoyo público es también casi imprescindible para compensar los altos precios. Y la elección en todo caso debería centrarse en vehículos de pequeño tamaño para trayectos cortos, de modo que no se tenga que depender del repostaje, y sin descartar otras opciones, complementarias o alternativas como bicis, eléctricas o no, y motos híbridas. Y aunque es claro que el futuro va en esa dirección, de no ser que se le vaya a dar un uso intensivo que asegure su rentabilidad en relación a otras opciones muy rápidamente, digamos uno o dos años, lo más aconsejable probablemente es esperar y ver.

Ignacio Mauleón

Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

La solución renovable es posible, pero los fuertes intereses continúan poniendo en peligro la economía, la seguridad y el futuro. Por eso existe Cástor o Fukushima.

Cambio climático y energias renovables

El reciente fiasco del proyecto de almacenamiento de gas en el depósito subterráneo Cástor, está revelando mucho más de lo que pudiera parecer. En primer lugar, que la apuesta de España comenzada por el PSOE y mantenida por el PP, por convertirse en un importador-consumidor-exportador de gas, tiene un fallo gravísimo que nunca se ha querido reconocer: el almacenamiento. Y si esto no es posible, ¿dónde queda la seguridad en el suministro?, ¿y el supuesto respaldo a la intermitencia de las renovables?, ¿qué ocurre si Argelia, país que nos suministra cerca del 50% del gas que importamos, estalla socialmente? Esta última posibilidad es más que real: dominados por un régimen militar dictatorial, presionados por el terrorismo islamista, uno de cuyos objetivos prioritarios reconocidos por ellos es precisamente España, y rodeados por países muy inestables (Libia, Egipto, Túnez… ).

Un segundo aspecto puesto de relieve es que almacenar gas a presión en antiguos pozos de petróleo, o minas abandonadas, en definitiva yacimientos bajo tierra, es enormemente inseguro, y puede provocar seísmos y hasta explosiones. Pero esto, a su vez, implica dos cosas más: 1) la técnica de ‘fracturación hidráulica’ o ‘fracking’, es enormemente arriesgada, pues precisamente se basa en inyectar agua a alta presión con componentes químicos nunca del todo aclarados, y que se sospecha que pueden incluir hasta residuos radioactivos, y, 2) todas las técnicas de recuperación y almacenamiento de carbono, que supuestamente nos permitirían seguir ‘quemando’ combustibles fósiles, aparte de sus enormes costes económicos, presentan un enorme riesgo inesperado que las pone definitivamente en cuestión.

Un panorama alarmante

Si a todo esto añadimos el desastre nuclear de Fukushima, cuya peligrosidad no hace sino aumentar varios años después, y el último informe del IPCC (organismo mundial para estudiar el cambio climático), en el que alertan de que las previsiones han empeorado sustancialmente respecto al análisis presentado hace unos años, el panorama energético empieza a ser alarmante por momentos. En resumen, no podemos apostar ni por el gas ni por la nuclear, y si seguimos quemando carbón y petróleo, la alternativa es aprovechar precisamente el cambio climático para explotar los recursos del Ártico accesibles con el deshielo, y quemar todavía más petróleo (la estrategia de Rusia). Es decir, directos a un panorama con suerte incierto, y muy probablemente catastrófico —el clima no negocia—.

¿Y qué decir de España que no se haya dicho ya? Quizá se pueda añadir que estamos persiguiendo y sustituyendo las renovables, especialmente la solar, y apostando por el gas, comprando por ejemplo el 30% de nuestro suministro a través de una multinacional hispano-catarí al emirato de Catar. ¿Y qué hacen los emiratos árabes con todos estos capitales? Estimado lector, probablemente ya lo has adivinado: invertir masivamente en renovables.

Y siguiendo con España y aunque se trate de una cuestión colateral, el Tribunal Supremo acaba de confirmar que el Estado debe mantener la indemnización de 1.700 millones de euros a le empresa que promueve Cástor si finalmente el proyecto se aparca, tal como estaba estipulado en el contrato firmado en su día. Detrás de esta empresa aparece el nombre de una poderosa constructora, y también un poderosísimo empresario español. Y, ciertamente, parece que la indemnización debería pagarse, pero esto no cuadra del todo con las decenas de miles de reclamaciones presentadas en diversos tribunales españoles por inversores nacionales e internacionales, todas sistemáticamente rechazadas, basándose en disquisiciones inverosímiles acerca del sencillísimo concepto de retroactividad, y literalmente inventándose una supuesta rentabilidad razonable, que está muy por debajo de la evaluación internacional del 10% después de impuestos y de inflación (véanse, por ejemplo, los informes sobre costes renovables de IRENA, los del World Energy Council, o los del Fraunhofer Institute).

Sí hay salida

Finalmente, lo más dramático de esta situación es que hay salida, como se ha puesto de manifiesto en numerosos informes desde hace ya dos o tres años: la solución renovable. Y ya a estas alturas todos, los que estamos a favor y los que se oponen, sabemos por qué no se sigue en algunos países esa vía. Pero, admitámoslo, los grandes cambios económicos y sociales en la historia de la humanidad siempre se han producido con fuertes convulsiones, que desgraciadamente muchas veces han traído consecuencias dramáticas. Esperemos que en esta ocasión surjan líderes capaces de superar el cortoplacismo y facilitar una transición lo más ordenada y pacífica posible.

Ignacio Mauleón

Vehículos eléctricos: el principio del fin del petróleo

Mientras que el petróleo no tiene futuro, los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. 

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“No entiendo por qué la gente se asusta de las nuevas ideas. A mí me asustan las viejas”, John Cage, músico y artista del siglo XX. Esta reveladora frase puede servir para explicar cómo está actualmente el sector del vehículo eléctrico en estos momentos en España, y quizás también en Europa. El vehículo de motor convencional lleva tanto tiempo apegado a nuestro imaginario personal que al ciudadano de a pie aún le cuesta ver las evidentes ventajas del eléctrico. Es algo tan obvio que no nos lo acabamos de creer. Las pocas informaciones que aparecen en los medios de comunicación sobre vehículos eléctricos no ayudan. Que aún no están muy desarrollados, que tienen poca autonomía, que todavía son muy caros… Estos argumentos son peligrosos porque se están convirtiendo en tópicos, pero son fácilmente rebatibles.

El petróleo no tiene futuro

Las grandes firmas llevan años y años desarrollando modelos eléctricos porque saben que el petróleo no tiene futuro y que las Administraciones van a ser cada vez más duras con el tema de la emisión de gases. El vehículo híbrido puede que sea una transición hacia el eléctrico pero no es la solución, la evidencia acabará imponiéndose.

Lo de la autonomía es un argumento un tanto maniqueo. Un vehículo eléctrico tiene menos autonomía que uno de gasolina, cierto. Pero pensemos en los desplazamientos que realizamos la mayoría de nosotros a diario en nuestros vehículos: para ir a trabajar, para ir a comprar… ¿Cuántos kilómetros hacemos al día? ¿Realmente es tan importante la autonomía de un vehículo? Además la investigación e innovación en baterías y sistemas de recarga avanzan a un ritmo parecido al de las nuevas tecnologías.

En cuanto al precio, hay que decir que las diferencias de los vehículos eléctricos respecto a los de gasolina no son desorbitadas, y que está demostrado que el mantenimiento de un vehículo eléctrico es hasta tres veces más barato que el de un híbrido. Si lo comparamos con uno de gasolina, el ahorro es más que evidente. Un vehículo eléctrico apenas incorpora elementos mecánicos, lo que le hace prescindir de revisiones rutinarias de cambio de aceite, filtros, etc.

Crecimiento exponencial en ventas

Las ventas de vehículos 100% eléctricos aumentan cada año. Es cierto que nos movemos en cifras muy reducidas aún, sobre todo en coches. Pero el aumento es siempre exponencial. En 2012 se vendieron en España 22 coches eléctricos y solo en el mes de septiembre de este año ya se llevan vendidas 44 unidades. En motos eléctricas también estamos hablando de aumentos superiores al 100% en ventas respecto al año pasado. Pero todavía no vemos una “invasión” de vehículos eléctricos en nuestras ciudades. ¿Por qué? La mayoría diría que aún es pronto, que se trata de un mercado joven o que es difícil arrancar el sector a causa de la crisis. Pero lo cierto es que ya tardamos y que se trata precisamente de un sector por el que apostar e invertir, porque si algo tienen los vehículos eléctricos es futuro. Y ahora es el momento.

Muchos expertos del sector coinciden en que la irrupción definitiva de los vehículos eléctricos en el mercado particular ha de pasar irremediablemente por tres fases. En la primera fase las administraciones públicas deben apostar claramente por el vehículo eléctrico en sus flotas municipales. Esto ya está pasando. Todavía está por ver si se trata de una apuesta clara o un simple gesto ecologista para ser los más modernos. Pero, por ejemplo, en Barcelona más de la mitad de los vehículos de la flota municipal ya son 100% eléctricos, y hace poco la empresa municipal de transportes (TMB) anunció que disponía de un autobús eléctrico en fase de pruebas para incorporarlo a la linea comercial.

Una segunda fase pasa por que las grandes compañías incorporen vehículos eléctricos en sus flotas. Esto también está pasando aunque en menor medida que en las administraciones. Seur ya cuenta con un servicio de motos eléctricas en Madrid para el reparto de paquetería de menor tamaño.

Y la tercera fase antes de normalizar el vehículo eléctrico entre los particulares pasa por que las pequeñas y medianas empresas incorporen los vehículos eléctricos para sus desplazamientos. Algunas empresas han tenido visión de futuro y ya lo están haciendo.

Todos lo queremos

Según la empresa de estudios de mercado GfK, el 46% de los conductores españoles optaría por un coche eléctrcio en su próxima adquisición. En definitiva, se trata de dejarse llevar por la evidencia y dar el paso hacia el cambio. Más de 100 años apegados al petróleo son muchos y seguro que no va a ser rápido, los vehículos de gasolina no van a desaparecer mañana, pero los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. Así que cuanto antes nos quitemos la venda de los ojos, mejor para todos.

Vehículos eléctricos

100 % renovables no es posible

Se dice a menudo que tener una energía 100 % renovable no es posible, pero ¿es cierto?, y ¿en qué se basan para afirmarlo?

Renovable cien por cien

«100 % renovables no es posible» es algo que con frecuencia se oye en algunos círculos en España, en general próximos al Gobierno y a las multinacionales energéticas que dominan el mercado.

Comencemos por el principio analizando brevemente el contexto del problema energético. En primer lugar, el cambio climático, a juzgar por lo que afirma la inmensa mayoría de los científicos dedicados a su estudio, es un hecho, y amenazador (véanse los recientes informes del IPCC al respecto). Además, recientemente se ha argumentado que la variabilidad por zonas geográficas, y virulencia de los cambios aumenta las emisiones de CO2.

En segundo lugar, la época de los combustibles fósiles baratos se ha acabado. Cada vez es más difícil técnicamente encontrarlos y explotarlos, lo que resulta en un coste creciente y en mayores riesgos en su extracción. Un buen ejemplo de ello es el llamado «gas no convencional», explotable mediante la peligrosísima técnica del fracking, que entraña riesgos que todavía ni siquiera somos capaces de evaluar.

La energía nuclear es cara, peligrosa y no gestionable

La alternativa siguiente es la nuclear, tal como se planteó en sus orígenes después de la II Guerra Mundial en USA, precisamente por quienes sostenían que el petróleo se acababa. Se ha demostrado repetidamente a lo largo de 60 años, sin embargo, que es una energía cara –hoy todavía requiere fuerte apoyo económico gubernamental–, peligrosa, y con multitud de riesgos para la salud y los ecosistemas. Además, no es gestionable –no se puede adaptar a las variaciones de la demanda–, y conlleva el gravísimo peligro añadido de que sus residuos se pueden emplear, y se emplean, para la elaboración de material bélico nuclear. De hecho, muchos analistas consideran que esta es la única razón de los gobiernos para defenderla.

Por último, tampoco hay recursos suficientes. Una buena muestra de la inviabilidad es el caso de China, que es el país que planea una mayor inversión nuclear en el mundo con gran diferencia, y aun así solo aspira a cubrir alrededor del 8 % de su energía con esta fuente. Y respecto a las promesas de energía inagotable a partir de la llamada «fusión nuclear», durante 60 años siguen siendo solamente eso, promesas.

Renovables, la única alternativa

Parece evidente, por tanto, que sea posible o no, la única alternativa que nos queda son las renovables. Y la siguiente pregunta es: ¿son suficientes? Las renovables tienen problemas que no tienen algunas fuentes tradicionales, especialmente su intermitencia y variabilidad. Pero también una enorme ventaja, y es que su oferta es a efectos prácticos ilimitada, gratis, y suficiente en términos agregados para satisfacer la demanda mundial de energía actual, y por muchos años venideros.

Respecto a la variabilidad, sus detractores han exagerado este problema hasta límites fuera del más puro sentido común. El problema se ve muy atenuado cuando se combinan varias, pues su variabilidad es diferente: por ejemplo, la eólica y la solar se complementan en estaciones –más sol y menos viento en verano, y al revés en invierno–, y más sol y menos viento durante el día, y al revés por la noche.

Más todavía, hay muchas fuentes renovables que son perfectamente almacenables y gestionables, como la bioenergía en general, la hidráulica, y algo más lejanas en el tiempo pero cada vez más cerca, la marina y la geotérmica.

Por último el almacenamiento: hay ya medios disponibles, como la hidráulica por bombeo, las sales fundidas de las centrales termosolares, baterías de vehículos, e incluso las células de hidrógeno. Además, la intermitencia de las renovables no es obstáculo para su aplicación en la desalinización de agua marina, y la escasez de agua empieza a ser un problema amenazador. Finalmente, otro aspecto que no se ha mencionado: los parques fotovoltaicos y eólicos se pueden diseñar con un ‘extra’ de capacidad, que se pueda regular y ser retribuido como pagos por capacidad, en lugar de hacerlo a las costosísimas centrales gasistas de ciclo combinado.

Desde luego, hay que diferenciar entre los diferentes usos de la energía –electricidad, transporte y calor–, y tener en cuenta los ajustes en el tiempo y el espacio –a nivel horario, y en zonas restringidas–. Pero con redes eléctricas suficientes que combinen energía de diferente procedencia, y especialmente con el autoconsumo, no parece que vaya a haber graves problemas.

Probablemente es pronto para decir hoy día si la solución 100 % renovable es posible o no, pues esto será una cuestión de experimentación práctica, pero lo que está claro a partir de la experiencia acumulada hasta ahora es que es mucho más viable de lo que se creía. Y si no lo es, razón de más para ahorrar los escasos combustibles fósiles.

El coste de las renovables

La siguiente cuestión clave es cuál es el puro coste económico de esta opción, es decir, su viabilidad económica más allá de que la técnica sea posible.

Hasta hace poco se suponía que la solución renovable solo era posible con fuerte apoyo gubernamental, dados los altos costes de cada técnica concreta, y que iba a ser necesaria una gran inversión en redes eléctricas capaces de transportar energía a grandes distancias –viento del norte de Europa, y sol del sur–. Buenos ejemplos de este análisis son los del WWF en 2011, de GreenPeace, e incluso del UKERC en Inglaterra (UK ERC, Report:S3097_inner 20/04/2009).

La situación hoy día es bien distinta sin embargo: los costes individuales han caído de forma espectacular, especialmente en la solar fotovoltaica, y el autoconsumo demuestra que se puede prescindir en gran medida de las redes eléctricas, con lo cual no se requieren grandes inversiones. No solo eso, sino que el almacenamiento de electricidad en vehículos privados puede ayudar a estabilizar la oferta y demanda de las redes.

Los intereses creados en contra de las renovables

Así, nos encontramos con que la realidad ha ido muy por delante de las previsiones y en la dirección muy favorable a las renovables. No es de extrañar por esto que la reacción de los oligopolios basados en las energías fósiles esté siendo tan virulenta, y estén desplegando tantos esfuerzos en conseguir legislación favorable por procedimientos más que discutibles .

En definitiva, nos encontramos con que los subsidios permanentes a las energías fósiles, después de muchas décadas solo retornan mayor escasez, precios cada vez mayores, e inseguridad de la oferta, mientras que apenas dos décadas de apoyos a las renovables han conseguido todo lo contrario. Más aún, la experiencia acumulada, y todas las simulaciones y estudios científicos realizados al respecto muestran la viabilidad de la solución renovable. Por tanto, decir a día de hoy que una solución renovable no es viable es directamente pura ignorancia, o peor, defender unos oscuros e inconfesables intereses creados, que lastran la recuperación de la economía y nos alejan del futuro, una vez más.

La solución renovable debe ir acompañada de medidas da ahorro y eficiencia, y posiblemente de cambios hacia un modo de vida más sostenible. Pero la discusión no es si la solución renovable es viable o no: es, simplemente, nuestra única opción. La cuestión es por tanto, cómo se lleva a cabo y a qué ritmo, bien entendido que debe ser el máximo posible. Y en particular, cada vez se necesita menos apoyo político; muy al contrario, lo que se requiere es que la política no interfiera como lo está haciendo.

Ignacio Mauleón