No es solo cuestión de petróleo

Que REPSOL abandone las prospecciones petrolíferas en Canarias es una magnífica noticia, pero no podemos estar tranquilos…

Prospecciones en Canarias

Foto: Greenpeace

Esta semana hemos conocido que REPSOL ha decidido abandonar sus prospecciones petrolíferas en Canarias, ya que el hallazgo de gas es insuficiente. Ante esta buena noticia para Canarias, para los que estamos a favor de la preservación del medioambiente y para cualquier ciudadano que defienda la democracia frente a la imposición de las mayorías absolutas, tres consideraciones.

La primera es ¿por qué se realizaron las prospecciones? ¿Tenían el Ministerio que dirige el Sr. Soria y la compañía Repsol alguna información adicional a la del Gobierno canario y la de todos los que le precedieron para creer que en esa zona había petróleo cuando nunca antes se había defendido esa hipótesis? A la vista de los resultados es evidente que no, por lo que la primera conclusión debería ser que los responsables de la concesión del permiso de explotación y de sus costes habrían de dimitir.

La segunda está relacionada con la política energética española. El Ministerio de Soria se ha centrado en la búsqueda a ultranza de fuentes de petróleo —de hecho Repsol tiene la posibilidad de realizar prospecciones en otros territorios españoles, y parece ser que se está planteando hacerlo en el Golfo de Vizcaya— cuando el precio de este ha caído en picado, lo que hace todavía más difícil que las extracciones sean económicamente rentables. Ya lo intentó con el fracking y ahora con las prospecciones enfrente de la costa canaria. Pero eso sí, ha negado, niega y seguirá negando la posibilidad de potenciar las fuentes de energía en las que España tiene una capacidad de producción prácticamente ilimitada: la solar y la maremotriz. En vez de apoyar una política que potencie la investigación en este tipo de energías con el objeto de hacerlas competitivas con el resto de fuentes, el Sr. Soria las rechaza y opta por buscar, donde no hay, energías convencionales. Así no es extraño que algunos piensen que la política energética del Gobierno está dirigida no por los intereses de los españoles, sino por los de aquellos que facilitarán a los políticos un sillón en el consejo de administración en cuanto dejen el cargo.

Una acción antisocial

Finalmente, las prospecciones de Repsol y la actitud prepotente del Sr. Soria y su Gobierno han supuesto una malísima campaña de marketing. Para Repsol porque le va a costar desligar su imagen de una acción que no solo no le ha resultado rentable —lo que desde el punto de vista accionarial no dice mucho de sus directivos—, sino, sobre todo, porque aparece unido a una acción antisocial, en contra de lo manifestado por la inmensa mayoría de los canarios. Para el Gobierno y el PP porque han demostrado su verdadero talante y lo poco que les importan la opinión de los españoles y los efectos de su política sobre ellos: los canarios, su Gobierno y los movimientos sociales han puesto de manifiesto claramente su oposición —solicitando un referéndum al que se opuso, lo que nuevamente es una “gran acción” de marketing—; tampoco pareció importarles destruir la principal fuente de riqueza y empleo de Canarias, el turismo.

Repsol podrá corregir su error con campañas de marketing que la unan a la defensa del medioambiente, e incluso con el patrocinio de actividades deportivo/turísticas en Canarias. Pero el Gobierno difícilmente podrá hacer olvidar su actitud. Mal negocio económico, pero especialmente de marketing social.

José Luis Calvo UNED

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El ‘fracking’: ni seguro ni barato

El fracking es una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos, que puede generar graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Fracking

Aunque personalmente creo que casi todo está dicho, de nuevo el fracking parece resurgir en el debate energético. En un reciente post, un articulista favorable en general a las renovables apoya esta técnica, y menciona explícitamente un comentario que hice a su entrada. Por eso vuelvo sobre ello, aunque ya se ha comentado extensamente en posts anteriores de este blog.

Probablemente la manera correcta de abordar la discusión sobre el fracking es empezar por el principio, es decir, un planteamiento general del problema. Y este es, sencillamente, que esta técnica no es más que la última apuesta de una estrategia energética basada en la explotación de combustibles fósiles, contaminantes y finitos por definición. Y que además pueden generar –y han generado como es bien sabido–, graves desequilibrios políticos y económicos en el mundo.

Pero vayamos a algunos detalles para concluir con un argumento que considero incuestionable: la eficacia económica.

Empecemos por los riesgos

La discusión parece ser inacabable, pero los riesgos son precisamente eso, riesgos, y por tanto desconocidos y no previsibles por definición. Quienes los minimizan suelen argumentar que «si se practica con las debidas precauciones…», etc. Lo mismo se dice de la nuclear y ya hemos visto históricamente qué ha ocurrido. Y al hablar de riesgos nos referimos como mínimo a contaminación ambiental, terremotos, y daños a la salud.

Sigamos con aspectos económicos

Se argumenta que el fracking «es competitivo». No sé muy bien a qué se refieren, porque como expongo enseguida hay opciones mucho más eficientes. También se argumenta que puesto que el gas se encontraría dentro del país nos liberaría de la dependencia extranjera. No se puede evitar sonreír ante semejante argumento: el fracking lo van a implementar, en su caso, empresas petrolíferas, que son las que disponen de la tecnología, y o bien son directamente extranjeras –norteamericanas y canadienses en particular–, o están en manos de extranjeros: resultado, las ganancias irán al exterior, de modo que nuestra balanza de pagos se resentirá igualmente que si comprásemos el gas fuera.

Y por último, que el fracking crea empleo. Pero ¿qué clase de empleo? Para aplicar esta técnica se requiere personal muy especializado que no existe en España, de modo que habría que buscarlo en el exterior. El empleo que podría crear sería similar a parte de lo que crea el turismo: camareros, limpiadoras, etc., nada especialmente estable.

Pero, admitamos for the sake of the argument, si se me permite la pedantería, o por hacer de abogado del diablo:

  1. que el deterioro del clima es una invención perversa de ecologistas con oscuras intenciones
  2. que los riesgos del fracking no existen o no están claros, y en todo caso que se pueden controlar
  3. que efectivamente hay mucho gas de esquistos en España.

No cabe duda de que las tres condiciones, por separado, y mucho más en conjunto, es difícilmente creíble que se den. Pero sigamos.

Apostemos por la fotovoltaica

El talón de Aquiles de toda esta argumentación, para los escépticos, es que hoy día hay ya energías renovables mucho más baratas: la fotovoltaica sin ir más lejos, y cada vez lo es más, y además nos da independencia energética, crea empleo muy cualificado, y permitiría a los autoproductores dedicar sus ahorros a otros usos. El binomio despliegue-reducción de costes, es un círculo virtuoso que está dando un resultado espectacular: hoy, ya, 1/2 € el w no es raro, y la caída sigue; por eso tampoco es correcto anteponer la i+D+i al despliegue, estando comprobado además que va paralela al despliegue, y que se desarrolla por las propias empresas. Y lo mismo con la investigación sobre eficiencia.

Para comprobar lo anterior propongo una alternativa: que supriman los pagos por capacidad de las centrales de gas, que devuelvan las enormes subvenciones a las CCC –30 o 40 % en algunos casos de los costes de construcción–, y que asuman con pólizas de seguro privadas a precios de mercado por tanto todos los riesgos que puedan generarse —no como las nucleares que sólo pagan una parte—. Y paralelamente, que se permita el autoconsumo FV con una legislación razonable sobre balance neto, y en particular, que se elimine la persecución gubernamental y las multas. Y por supuesto que se concedan todos los permisos que se soliciten para construir megaparques FV, lo mismo que se conceden permisos de exploración para búsqueda de gas.

Esto pondría ambas técnicas en condiciones de igualdad de oportunidades por así decirlo, es decir, libre mercado. Lo demás es el abuso habitual de los grandes monopolios energéticos, que ni siquiera son nacionales tampoco, pues están todos de una manera u otra en manos extranjeras.

Por último, hay otros argumentos más sutiles, como que se reducen las emisiones de CO2: si se sustituye por carbón desde luego, pero no es el caso en España, pues el carbón no es muy relevante, aunque sí en USA.

¿‘Fracking’ o renovables?

Pero si la opción es invertir en fracking o en renovables, está claro que las renovables son mejores, pues no emiten nada ¿o tampoco así se admite la superioridad renovable?

Y decir que es una energía de transición… Es cierto que esto lo defienden algunos grupos ecologistas como energía de acompañamiento hacia un mundo 100 % renovable. Pero eso podría aplicarse al gas importado que ya está disponible directamente, y no a un hipotético gas que como pronto empezaría a estar disponible dentro de 3 o más años, con suerte.

Por último, que sea una energía de acompañamiento y transición, y aunque entraña riesgos evidentes, podría admitirse siempre que que, 1) no suponga desviar recursos de ninguna inversión renovable, y, 2) que ayude a reducir emisiones de CO2.

Ignacio Mauleón

Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

La solución renovable es posible, pero los fuertes intereses continúan poniendo en peligro la economía, la seguridad y el futuro. Por eso existe Cástor o Fukushima.

Cambio climático y energias renovables

El reciente fiasco del proyecto de almacenamiento de gas en el depósito subterráneo Cástor, está revelando mucho más de lo que pudiera parecer. En primer lugar, que la apuesta de España comenzada por el PSOE y mantenida por el PP, por convertirse en un importador-consumidor-exportador de gas, tiene un fallo gravísimo que nunca se ha querido reconocer: el almacenamiento. Y si esto no es posible, ¿dónde queda la seguridad en el suministro?, ¿y el supuesto respaldo a la intermitencia de las renovables?, ¿qué ocurre si Argelia, país que nos suministra cerca del 50% del gas que importamos, estalla socialmente? Esta última posibilidad es más que real: dominados por un régimen militar dictatorial, presionados por el terrorismo islamista, uno de cuyos objetivos prioritarios reconocidos por ellos es precisamente España, y rodeados por países muy inestables (Libia, Egipto, Túnez… ).

Un segundo aspecto puesto de relieve es que almacenar gas a presión en antiguos pozos de petróleo, o minas abandonadas, en definitiva yacimientos bajo tierra, es enormemente inseguro, y puede provocar seísmos y hasta explosiones. Pero esto, a su vez, implica dos cosas más: 1) la técnica de ‘fracturación hidráulica’ o ‘fracking’, es enormemente arriesgada, pues precisamente se basa en inyectar agua a alta presión con componentes químicos nunca del todo aclarados, y que se sospecha que pueden incluir hasta residuos radioactivos, y, 2) todas las técnicas de recuperación y almacenamiento de carbono, que supuestamente nos permitirían seguir ‘quemando’ combustibles fósiles, aparte de sus enormes costes económicos, presentan un enorme riesgo inesperado que las pone definitivamente en cuestión.

Un panorama alarmante

Si a todo esto añadimos el desastre nuclear de Fukushima, cuya peligrosidad no hace sino aumentar varios años después, y el último informe del IPCC (organismo mundial para estudiar el cambio climático), en el que alertan de que las previsiones han empeorado sustancialmente respecto al análisis presentado hace unos años, el panorama energético empieza a ser alarmante por momentos. En resumen, no podemos apostar ni por el gas ni por la nuclear, y si seguimos quemando carbón y petróleo, la alternativa es aprovechar precisamente el cambio climático para explotar los recursos del Ártico accesibles con el deshielo, y quemar todavía más petróleo (la estrategia de Rusia). Es decir, directos a un panorama con suerte incierto, y muy probablemente catastrófico —el clima no negocia—.

¿Y qué decir de España que no se haya dicho ya? Quizá se pueda añadir que estamos persiguiendo y sustituyendo las renovables, especialmente la solar, y apostando por el gas, comprando por ejemplo el 30% de nuestro suministro a través de una multinacional hispano-catarí al emirato de Catar. ¿Y qué hacen los emiratos árabes con todos estos capitales? Estimado lector, probablemente ya lo has adivinado: invertir masivamente en renovables.

Y siguiendo con España y aunque se trate de una cuestión colateral, el Tribunal Supremo acaba de confirmar que el Estado debe mantener la indemnización de 1.700 millones de euros a le empresa que promueve Cástor si finalmente el proyecto se aparca, tal como estaba estipulado en el contrato firmado en su día. Detrás de esta empresa aparece el nombre de una poderosa constructora, y también un poderosísimo empresario español. Y, ciertamente, parece que la indemnización debería pagarse, pero esto no cuadra del todo con las decenas de miles de reclamaciones presentadas en diversos tribunales españoles por inversores nacionales e internacionales, todas sistemáticamente rechazadas, basándose en disquisiciones inverosímiles acerca del sencillísimo concepto de retroactividad, y literalmente inventándose una supuesta rentabilidad razonable, que está muy por debajo de la evaluación internacional del 10% después de impuestos y de inflación (véanse, por ejemplo, los informes sobre costes renovables de IRENA, los del World Energy Council, o los del Fraunhofer Institute).

Sí hay salida

Finalmente, lo más dramático de esta situación es que hay salida, como se ha puesto de manifiesto en numerosos informes desde hace ya dos o tres años: la solución renovable. Y ya a estas alturas todos, los que estamos a favor y los que se oponen, sabemos por qué no se sigue en algunos países esa vía. Pero, admitámoslo, los grandes cambios económicos y sociales en la historia de la humanidad siempre se han producido con fuertes convulsiones, que desgraciadamente muchas veces han traído consecuencias dramáticas. Esperemos que en esta ocasión surjan líderes capaces de superar el cortoplacismo y facilitar una transición lo más ordenada y pacífica posible.

Ignacio Mauleón

O ‘fracking’ o renovables

La discusión sigue.

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En algunos medios se está presentado como una discusión «entre iguales», por así decirlo. No deja de ser un avance en un país como España, donde se apoya muy favorablemente al ‘fracking’ y literalmente se persigue a las renovables. Pero España es quizá el mejor ejemplo de que son dos opciones radicalmente opuestas, y eso lo ha determinado precisamente el actual ejecutivo, no los defensores de las renovables.

Aparentemente ambas opciones ofrecen ventajas parecidas: empleo, crecimiento, independencia energética, etc. Pero el ‘fracking’, además de costoso y altamente contaminante, no es una apuesta de futuro sino (quizá), la última apuesta de un modelo basado en la energía fósil destinado a desaparecer que intenta rentabilizar al máximo sus inversiones ya realizadas.

Tampoco el gas obtenido por esta vía es una fuente de energía necesaria en la transición a un modelo «más renovable»: por mucho que insistan, cada vez es más evidente que la penetración de las renovables a gran escala es posible, incluso con una red eléctrica no diseñada para ellas.

Por último, hay otras energías renovables que pueden cumplir perfecta y probablemente mejor el complemento de ‘gestionabilidad’, para suplir la intermitencia de la solar y la eólica: la hidráulica (la mejor), como demuestran Noruega y Dinamarca, la biomasa, el biogás (en Alemania hay 3.000 plantas por comparación a 30 en España), e incluso la geotérmica.

Ignacio Mauleón

¿Por qué las energías fósiles?

ENERGIAS_Fosiles

Puede haber y hay muchas justificaciones para las energías renovables.

La primera y quizá más obvia para muchos ciudadanos es contrarrestar el cambio climático. Como esto es una ‘externalidad’ no tenida en cuenta en la generación de energía fósil, el mercado falla, y ese coste hay que cargarlo de alguna manera a las energías fósiles, por ejemplo, subvencionando a las renovables con cargo a las fósiles. Si solo se trata de este aspecto, caben muchas matizaciones, y la primera de ellas es el cuestionamiento del mismo cambio climático. Desde luego, la inmensa mayoría de los científicos involucrados en el tema coinciden en que la probabilidad de que sea cierto y que tenga su origen en la actividad humana es muy alta. Además, habría que considerar cuál sería el coste de no preverlo y corregirlo, si llega a ocurrir efectivamente. En otras palabras, que el riesgo es demasiado alto, y en algún escenario extremo peligra nuestra propia supervivencia como especie.

Renovables y algo más

Pero por otra parte, cabe preguntarse si la única manera de corregir este problema es el desarrollo de la energía renovable, y la respuesta es claramente que no: bastaría con prorrogar y aumentar en lo posible la energía nuclear, sustituir las energías más contaminantes por gas, y aplicar métodos de captura y almacenamiento de carbono.

En este último apartado podría tener un papel importante la reforestación masiva: los bosques, aunque devuelven al medio ambiente el CO2 almacenado al completar su ciclo vital, también permiten alargar el período antes de su descomposición utilizando la madera para otros usos, como construcción y mobiliario. Y durante ese período, el CO2 se va descomponiendo y se absorbe en el océano en un período que oscila entre 30 y 90 años.

Entonces, ¿por qué renovables? Las respuestas son variadas, así como sus razones, económicas, políticas y puramente científicas, aunque todas se entrecruzan.

Razones científicas

En primer lugar las científicas. Los fósiles son combustibles finitos, y en algún momento tienen que acabarse, por alejado que esté dicho momento. Ya ocurre con fósiles conocidos (el petróleo ligero, el gas convencional), y desde luego en yacimientos concretos (en USA, por ejemplo).

Se suele argumentar que siempre aparecen nuevas variantes, como otro tipo de petróleos no convencionales en las profundidades marinas y gases no convencionales  (shale gas). Aunque esto es cierto, de nuevo en algún momento se acabarán.

Pero lo peor es que su capacidad energética resulta cada vez menor, la contaminación que generan cada vez mayor y los costes de extracción más elevados, de modo que se admite que se crearía un problema político de primer orden si su precios descienden, pues las costosas inversiones ya realizadas no serían rentables, y originarían gran inestabilidad política en países productores (Venezuela, Brasil, México, Noruega, Escocia, etc.).

En definitiva: es indiscutible que la época de fósiles baratos se ha acabado, y que a esos precios las renovables van a ser competitivas en poco tiempo, y algunas de hecho ya lo son (por ejemplo la fotovoltaica para autoconsumo, y esta y la eólica para lugares alejados como zonas  rurales e islas). No tener en cuenta esto puede llevar a guerras por los recursos, epidemias y migraciones masivas. No sería la primera vez que ocurre en la historia, aunque esta sí podría ser la definitiva, y de ahí la preocupación por este tema de instituciones tan poco sospechosas de radicalismo como los ejércitos norteamericano y alemán, por mencionar dos casos conocidos públicamente.

Razones económicas

En segundo lugar, las económicas. Para los países importadores, como los europeos, y especialmente España, el coste de importar energía fósil puede alcanzar volúmenes intolerables (4,5 % del PIB todos los años, aproximadamente). Cualquier modelo económico sencillo explica por qué eliminar, o simplemente reducir este volumen, supondría una gran aportación al bienestar de un país. Esto es aún más pronunciado en casos de equilibrio en el desempleo, como puede ser el europeo, y sobre todo el español; es decir, que la economía no sale por sí sola de esa situación de desempleo de los recursos. Se produce una falta de inversión, y en consecuencia, un fuerte desempleo, que solo tiene salida con la introducción de nuevas actividades donde invertir, industriales y de servicios, que además requerirán apoyo público.

En la situación actual, la economía verde, y dentro de ella la energía renovable, es una alternativa obvia mundialmente reconocida a tenor de su crecimiento (el 50% de la capacidad de generación eléctrica añadida en los últimos 4 años es renovable). Aunque efectivamente no es la única alternativa, es una de las más importantes. Debe subrayarse que cualquier empleo generado internamente en un país en estas condiciones es empleo neto, aunque ello suponga una pérdida de empleo en los países exportadores.

Finalmente, tampoco una situación de desequilibrio es necesariamente positiva para los países exportadores, puesto que entraña grandes riesgos.

Razones políticas

En tercer lugar, las políticas. Importar toda la energía, o parte, hace que un país sea dependiente del exterior, lo que implica estar expuesto a todo tipo de presiones políticas y de otro tipo. Los casos de Georgia, Ucrania, y Rumania, que importan grandes cantidades de gas de Rusia, son ejemplos cercanos de este problema.

Resumiendo, las razones para apoyar las energías renovables son al menos las siguientes:

  • Por el agotamiento de los combustibles fósiles, por lo menos a precios asequibles.
  • Para favorecer el crecimiento económico y el empleo, especialmente en países en recesión.
  • Con el fin de asegurar la independencia política.

Y este apoyo es necesario, dado que los mercados internacionales de energía hoy día son cualquier cosa menos capitalistas-competitivos: baste con mencionar que las energías fósiles reciben cuatro veces más subvenciones que las renovables; y aunque generan más energía, algunas, como el carbón, se descubrieron hace más de dos siglos, y cuesta entender por qué todavía reciben subvenciones, mientras se cuestionan las ayudas a la fotovoltaica, por ejemplo, que empezaron hace poco más de una década.

Todas son razones, por supuesto, desde el punto de vista de países que no disponen de grandes recursos energéticos fósiles. Pero incluso los que sí disponen, como es el caso de Arabia Saudí, que es el primer productor mundial de petróleo con gran diferencia, acaba de anunciar su objetivo de consumir principalmente energía de origen renovable, especialmente solar, en poco tiempo.

Solo este hecho debería bastar para obligarnos a reflexionar y llegar a la conclusión obvia de que la pregunta correcta no es: ¿por qué hay que apoyar a las renovables?, sino justamente la contraria: ¿por qué hay que seguir dependiendo de las energías fósiles?

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La maldición del petróleo

El descubrimiento de yacimientos de petróleo, y el consiguiente y probable «mal holandés» (algo que recientemente ha ocurrido en varios países, entre ellos la Venezuela de Chávez), no es necesariamente inevitable, y el mejor contraejemplo es Noruega.

Países que deben servir de ejemplo

En Noruega, país en el que también se descubrió petróleo, se nacionalizó y se decidió invertir las rentas obtenidas de las exportaciones en un fondo público para financiar las pensiones de todos los noruegos. Simultáneamente, Noruega se abastece internamente mediante energías renovables: hidráulica autóctona, eólica importada de Dinamarca, y geotérmica para calefacción doméstica.

Y hay otros ejemplos: Escocia, donde también se encontró petróleo y que todavía lo explota en plataformas marinas, que es actualmente un líder en energía eólica marina; Brasil, que consume fundamentalmente energía hidráulica y etanol para el transporte, en lugar de petróleo, que lo exporta; el emirato de Abu Dabi, que dedica los recursos del petróleo a inversiones exteriores y ha apostado  internamente por el turismo del más alto nivel, la arquitectura vanguardista y la energía fotovoltaica. Incluso Arabia Saudí, el mayor productor mundial de petróleo, está apostando internamente en energía fotovoltaica y en plantas solares de concentración en Marruecos. ¿De qué depende entonces que un país con petróleo se decante por una u otra opción?, pues parece que de factores políticos internos, y del grado de corrupción o transparencia de uno u otro signo del juego político.

¿Y en España?

Según el ministro Soria, que pasa del «todas las energías son necesarias» al «hay exceso de capacidad», la moratoria a las renovables y la continuada persecución contra la solar, especialmente la fotovoltaica, pasando por nuevas concesiones de exploración petrolíferas a Repsol cerca de las islas Canarias, toda la respuesta ha sido que «encontrar petróleo sería una suerte», y que después de todo Marruecos está explorando ya la zona. Hay que decir en un inciso que Canarias está llevando a cabo una lógica protesta, ya que la exploración puede impactar fuerte y negativamente en su turismo, y sabido es que el autoconsumo basado en las energías solares y eólica es más barato que el petróleo.

La maldición del petróleo

En realidad, el petróleo puede convertirse fácilmente en una maldición, como se explicó en el post anterior, «Chávez y el petróleo». Marruecos ya ha relegado sus planes nucleares y petrolíferos para apostar decididamente por la energía solar: la española Acciona acaba de adjudicarse un contrato para una planta termosolar, y existen varias ya en funcionamiento; además, están anunciados concursos internacionales muy voluminosos para invertir en plantas fotovoltaicas sobre suelo.

En definitiva, hemos pasado de ser líderes mundiales en fotovoltaica y otras renovables, a desaparecer por completo debido a la inseguridad jurídica creada por los dos últimos ministros de industria, pasando por la apuesta por energías caducas que se están abandonando en todo el mundo.

Chávez y el petróleo

Chávez heredó una Venezuela corrupta políticamente, que exportaba un volumen alto de petróleo, pero con serios problemas de déficit comercial. Durante los últimos 14 años, la producción y exportación han disminuido en volumen, pero debido al fuerte aumento de los precios originado en el aumento de la demanda mundial, las rentas percibidas por la venta de petróleo han aumentado considerablemente. Ello le ha permitido practicar una política social que desde luego ha tenido algún éxito, como es reducir los niveles de pobreza, y aumentar su influencia en la zona (notablemente, sosteniendo con petróleo a Cuba). Pero, a la vez, el petróleo que se extrae es cada vez más caro, de menor calidad, y también en cantidades menores.

Una política con graves consecuencias económicas

Su política ha tenido otras consecuencias muy graves en el resto de la economía: el peso del sector privado se ha reducido enormemente, a la vez que el sector petrolífero ha aumentado en importancia; dos terceras partes de los bienes consumidos se importan, pagándolos con las rentas del petróleo; la economía sumergida es aproximadamente el 50% del total. En otras palabras, que la Venezuela de Chávez, aparte de otras consideraciones, solo es sostenible económicamente con un aumento sostenido del precio del petróleo, y del consumo mundial, y todo ello suponiendo que dispongan de reservas suficientes, explotables en un plazo corto de tiempo.

A la larga, aumenta el desempleo

Lo ocurrido en Venezuela es una variante exagerada de lo que se dio en llamar ‘mal holandés‘, a raíz del descubrimiento y explotación de petróleo en Holanda alrededor de 1975, consecuencia de los aumentos del precio del petróleo provocados por la OPEP en 1973 y 1977. Muy resumidamente, lo que ocurre es que el sector del petróleo atrae recursos, se revaloriza la moneda, y los costes salariales aumentan en toda la economía, pues tienden a homogeneizarse. El resto de sectores disminuye beneficios y exportaciones, lo que genera desempleo y pérdida de recursos. Suele ocurrir, también, que los gobiernos, como parte de la política de reparto de los beneficios del descubrimiento, subvencionen el consumo interno de derivados del petróleo, lo que favorece el consumo excesivo y el despilfarro. Cuando el petróleo comienza a escasear, las empresas extractoras, dado que poseen las técnicas de perforación, tratan de maximizar su beneficio explotando petróleo y gas no convencionales, cada vez más difíciles de extraer, más caros, y con riesgos mucho mayores de accidentes graves (plataformas marinas, ‘fracking‘, etc.).

Ya hay antecedentes

Con variantes, pero esto es lo que ha ocurrido en las pasadas décadas en un buen número de países, com Libia, Irak, y de manera muy marcada recientemente, Irán y la propia Venezuela. Rusia y Nigeria, son dos ejemplos más que por el momento han evitado el problema exportando gas natural encontrado cerca de los  yacimientos petrolíferos.

El punto final de este oscuro panorama, es que si ahora la demanda mundial se dirige a otras fuentes de energía, como parece ser la tendencia, los precios pueden caer, lo que haría que las costosas plataformas marinas y otras instalaciones dejaran de ser rentables (algunos analistas hablan de un umbral mínimo de rentabilidad de 100 dólares el barril). Ello llevaría a la bancarrota completa de Venezuela.