Las nucleares se defienden

Decir que la energía nuclear sale barata es un disparate. No hay que olvidar los altísimos costes iniciales de la inversión, los del desmantelamiento tras su vida útil y los de asegurar los riesgos, con independencia de que ocurran accidentes o no.

Las nucleares se defienden

Uno de los argumentos más ‘graciosos’ que he leído recientemente acerca de las bondades de la energía nuclear es más o menos el siguiente: una vez construidas las plantas y en funcionamiento, el coste de la electricidad producida es mínimo, puesto que el uranio que se requiere es barato proporcionalmente; además se puede almacenar fácilmente debido a su escaso volumen, de modo que garantiza la independencia energética ante los posibles vaivenes políticos del día a día; por último, no genera CO2 ni ningún otro tipo de gas dañino para la atmósfera. Por comparación, las centrales de gas que están substituyendo a las nucleares, requieren un combustible caro, difícil de almacenar, contaminante, y que frecuentemente requiere ser importado de países inestables, como ejemplo, Ucrania y Rusia.

Un argumento económicamente ‘ingenuo’

Desde el punto de vista de un economista, la ‘ingenuidad’ de este argumento es sorprendente: ¿cómo es posible olvidarse del coste inicial de la inversión? Es un elemento básico a tener en cuenta en cualquier plan, junto con los costes operativos. Y si lo tenemos en cuenta, el coste de la nuclear se dispara: el precio de la electricidad de la última central planeada en UK, por ejemplo, se calcula que será el doble del de mercado. Por contra, el coste de construcción y plazos de una central de gas son mucho menores, y el precio final de la electricidad es mucho más barato. Además, las nucleares generan muchísimos residuos y gases tóxicos en su construcción, y para terminar, está pendiente de resolver el problema del almacenamiento de los residuos altamente tóxicos que generan: por tanto, simplemente producen otro tipo de contaminación, posiblemente incluso peor, y en conjunto son extraordinariamente caras. Y respecto a la independencia, la oferta de uranio está bastante concentrada en el mundo, en gran medida en exrepúblicas soviéticas y Canadá.

Pero todavía hay más. Si el argumento es que el coste de operación es bajo, y que el combustible es fácilmente almacenable y ofrece independencia energética, ¿cuál es la ventaja respecto a la solar, o la eólica? El coste de generación de las renovables es cercano a cero, especialmente la fotovoltaica, y el combustible está siempre ahí, y no depende de la oferta exterior. Claro, pero las renovables son intermitentes, argumentará el defensor de la nuclear, mientras que esta ofrece energía constantemente. Pero esto es otra vez un problema, porque la demanda de energía es muy variable, mientras que la nuclear genera energía constante, y no es posible modificarla a corto o muy corto plazo: el problema, por tanto, es el opuesto a las renovables, y si bien es cierto que esto es un problema técnico real, las nucleares también lo tienen, aunque por razones opuestas.

¿Y los riesgos?

Y siguiendo con los costes, ¿qué ocurre con los riesgos? Los accidentes, ocurran o no, tienen que ser asegurados, y las aseguradoras privadas cubren solamente un volumen determinado, que como se ha demostrado en los accidentes ocurridos, es muy insuficiente. Y entonces, ¿quién cubre, y por tanto paga, el siniestro si ocurre? Pues evidentemente el Estado, es decir, los sufridos consumidores a través de impuestos.

Una pregunta es, en consecuencia, por qué muchos estados insisten en esta fuente energética. Y, ‘alas’, los residuos de las centrales se pueden usar y usan para construir armamento atómico. Es fácil observar superficialmente la alta correlación entre países con energía nuclear y armamento atómico: un ejemplo reciente es el Reino Unido con su insistencia en una central extraordinariamente más cara que cualquier otra alternativa, incluidas las renovables.

La tozuda realidad

Para terminar, dos observaciones: 1) la sensatez, o simplemente la fuerza de la necesidad, en este caso se está imponiendo, y la energía nuclear, al menos como fuente de generación de electricidad, está desapareciendo en el mundo; 2) la energía nuclear, aunque técnicamente un descubrimiento asombroso de la humanidad, es un descubrimiento fallido en gran medida, y muestra de forma abrumadora que la técnica no es neutra necesariamente, siendo los humanos los que le damos un uso correcto o no. El resultado final de la técnica puede fallar exactamente igual que fallan las, a veces y muy injustamente minusvaloradas, ciencias sociales, incluida por supuesto la economía.

Ignacio Mauleón

Anuncios

Un comentario en “Las nucleares se defienden

  1. Desde la inauguración del enlace de interconexión con Francia no han cesado las importaciones masivas de electricidad francesa que, como bien sabemos, nos venden con un regalito (el uranio de su consiguiente producción). Este coste añadido, ¿lo van a pagar las empresas eléctricas o tendremos que sufragarlo los sufridos y súbditos y esclavos contribuyentes?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s