Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

La solución renovable es posible, pero los fuertes intereses continúan poniendo en peligro la economía, la seguridad y el futuro. Por eso existe Cástor o Fukushima.

Cambio climático y energias renovables

El reciente fiasco del proyecto de almacenamiento de gas en el depósito subterráneo Cástor, está revelando mucho más de lo que pudiera parecer. En primer lugar, que la apuesta de España comenzada por el PSOE y mantenida por el PP, por convertirse en un importador-consumidor-exportador de gas, tiene un fallo gravísimo que nunca se ha querido reconocer: el almacenamiento. Y si esto no es posible, ¿dónde queda la seguridad en el suministro?, ¿y el supuesto respaldo a la intermitencia de las renovables?, ¿qué ocurre si Argelia, país que nos suministra cerca del 50% del gas que importamos, estalla socialmente? Esta última posibilidad es más que real: dominados por un régimen militar dictatorial, presionados por el terrorismo islamista, uno de cuyos objetivos prioritarios reconocidos por ellos es precisamente España, y rodeados por países muy inestables (Libia, Egipto, Túnez… ).

Un segundo aspecto puesto de relieve es que almacenar gas a presión en antiguos pozos de petróleo, o minas abandonadas, en definitiva yacimientos bajo tierra, es enormemente inseguro, y puede provocar seísmos y hasta explosiones. Pero esto, a su vez, implica dos cosas más: 1) la técnica de ‘fracturación hidráulica’ o ‘fracking’, es enormemente arriesgada, pues precisamente se basa en inyectar agua a alta presión con componentes químicos nunca del todo aclarados, y que se sospecha que pueden incluir hasta residuos radioactivos, y, 2) todas las técnicas de recuperación y almacenamiento de carbono, que supuestamente nos permitirían seguir ‘quemando’ combustibles fósiles, aparte de sus enormes costes económicos, presentan un enorme riesgo inesperado que las pone definitivamente en cuestión.

Un panorama alarmante

Si a todo esto añadimos el desastre nuclear de Fukushima, cuya peligrosidad no hace sino aumentar varios años después, y el último informe del IPCC (organismo mundial para estudiar el cambio climático), en el que alertan de que las previsiones han empeorado sustancialmente respecto al análisis presentado hace unos años, el panorama energético empieza a ser alarmante por momentos. En resumen, no podemos apostar ni por el gas ni por la nuclear, y si seguimos quemando carbón y petróleo, la alternativa es aprovechar precisamente el cambio climático para explotar los recursos del Ártico accesibles con el deshielo, y quemar todavía más petróleo (la estrategia de Rusia). Es decir, directos a un panorama con suerte incierto, y muy probablemente catastrófico —el clima no negocia—.

¿Y qué decir de España que no se haya dicho ya? Quizá se pueda añadir que estamos persiguiendo y sustituyendo las renovables, especialmente la solar, y apostando por el gas, comprando por ejemplo el 30% de nuestro suministro a través de una multinacional hispano-catarí al emirato de Catar. ¿Y qué hacen los emiratos árabes con todos estos capitales? Estimado lector, probablemente ya lo has adivinado: invertir masivamente en renovables.

Y siguiendo con España y aunque se trate de una cuestión colateral, el Tribunal Supremo acaba de confirmar que el Estado debe mantener la indemnización de 1.700 millones de euros a le empresa que promueve Cástor si finalmente el proyecto se aparca, tal como estaba estipulado en el contrato firmado en su día. Detrás de esta empresa aparece el nombre de una poderosa constructora, y también un poderosísimo empresario español. Y, ciertamente, parece que la indemnización debería pagarse, pero esto no cuadra del todo con las decenas de miles de reclamaciones presentadas en diversos tribunales españoles por inversores nacionales e internacionales, todas sistemáticamente rechazadas, basándose en disquisiciones inverosímiles acerca del sencillísimo concepto de retroactividad, y literalmente inventándose una supuesta rentabilidad razonable, que está muy por debajo de la evaluación internacional del 10% después de impuestos y de inflación (véanse, por ejemplo, los informes sobre costes renovables de IRENA, los del World Energy Council, o los del Fraunhofer Institute).

Sí hay salida

Finalmente, lo más dramático de esta situación es que hay salida, como se ha puesto de manifiesto en numerosos informes desde hace ya dos o tres años: la solución renovable. Y ya a estas alturas todos, los que estamos a favor y los que se oponen, sabemos por qué no se sigue en algunos países esa vía. Pero, admitámoslo, los grandes cambios económicos y sociales en la historia de la humanidad siempre se han producido con fuertes convulsiones, que desgraciadamente muchas veces han traído consecuencias dramáticas. Esperemos que en esta ocasión surjan líderes capaces de superar el cortoplacismo y facilitar una transición lo más ordenada y pacífica posible.

Ignacio Mauleón

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2 comentarios en “Cástor, Fukushima y el informe del IPCC

  1. Pingback: Demasiado gas | Todo Sobre Energía

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