Una proposición alemana

Los costes sociales de la austeridad empiezan a ser insoportables. Aunque traten de convencernos de que no hay solución, sí la hay: los sindicatos alemanes han lanzado una propuesta de inversiones.

Proposición Alemania contra la crisis

La política de austeridad a la que se está sometiendo a la Europa del Sur, recortes indiscriminados y significativos del gasto público y aumento generalizado de impuestos, no está consiguiendo sus objetivos, reducir el déficit y la deuda pública, sino más bien al contrario. La razón es sencilla: se reduce la actividad, y por tanto la recaudación, y aumenta el desempleo y los gastos asociados por su cobertura. Nadie parece saber dónde acaba, si es que lo hace, este círculo vicioso que puede acabar por engullir todo nuestro modelo económico y social. Y aunque podamos estar de acuerdo en que era necesario un recorte, no se está haciendo de modo imparcial, y se está perjudicando a la parte más vulnerable de la sociedad y aprovechando para favorecer a una minoría al imponer un modelo muy concreto de sociedad. El resultado es que los costes sociales empiezan a ser insoportables.

Sí se puede

Quizás lo peor es que están intentando convencernos de que no hay alternativa, y casi están consiguiendo anestesiar a la sociedad. Pero la hay. Y precisamente en este caso viene de Alemania, el país impulsor principal de la política de austeridad, y no del gobierno, ni de los empresarios, sino de los sindicatos. Y curiosamente, la propuesta no es un conjunto de reivindicaciones sindicales habituales, sino una propuesta de inversiones (DGB Confederation of German Trade Unions, Un Plan Marshall para Europa). El punto de partida es que se considera que Europa tiene todos los recursos económicos, financieros y humanos disponibles para salir de esta situación y volver a una senda de crecimiento sostenible que garantice «el modo de vida europeo», y todos los valores de nuestra sociedad.

La propuesta consta de dos apartados: 1) capítulo de inversiones, y 2) propuesta de financiación. Respecto a las inversiones, proponen dedicar aproximadamente el 60 % del total a energías renovables, y del resto, un elevado porcentaje a temas relacionados. Por ejemplo, renovación energética de los edificios —ahorro y reconversión al consumo de renovables—, transporte —electrificación y transporte público—, gestión y aprovechamiento de residuos urbanos, y gestión del agua. Otros capítulos muy importantes son las inversiones en redes de fibra óptica y telecomunicaciones en general, biotecnología, etc.

Respecto a las renovables, se destaca la generación distribuida y redes inteligentes —en otras palabras, autoconsumo con balance neto especialmente—, almacenamiento, el despliegue conjunto de todas ellas, aprovechamiento energético de residuos, etc.

Mención especial merece la gestión del agua: en Europa, y en el mundo en general, hay una escasez importante que va a ir en aumento. Dado que cerca del 70 % de la población vive en las proximidades de las costas, este es un campo especialmente adaptable a la aplicación de la energía renovable: la desalinización, que no requiere una energía constante y puede hacerse con una energía intermitente que no necesita almacenamiento, como precisamente es la renovable.

Fondo para la recuperación

El talón de Aquiles de esta propuesta y similares es la financiación pues está claro que el Estado no puede hacerlo directamente. La propuesta incorpora un mecanismo de financiación detallado y viable, y aquí estriba una de sus grandes aportaciones. Se señala, en primer lugar, que en Europa hay un volumen muy importante de liquidez que no se invierte porque no existen alternativas claras, seguras, y aceptablemente rentables. Esta liquidez está colocada hoy día en gran parte en efectivo —monedas y billetes—, depósitos bancarios a corto plazo, e incluso deuda pública. Todo este volumen se podría canalizar hacia las inversiones propuestas si se garantiza la seguridad y se ofrece una rentabilidad aceptable. Y esto puede hacerse estableciendo un Fondo para la recuperación, como una institución europea independiente, directamente controlada por el parlamento europeo y no dependiente ni de la banca ni de los gobiernos nacionales. Dicho fondo recibiría las aportaciones y las invertiría, gestionando también directamente los pagos de intereses.

Otra línea de financiación sería la tasa Robin Hood, o tasa Tobin, aceptada ya por 12 países europeos, aplicada a las transacciones financieras: parece completamente justificado además en este contexto, que quien nos ha traído a la actual situación, la especulación incontrolada de bancos y sistema financiero en general, sea quien contribuya a la solución, al menos algo, y especialmente dado que se niegan a prestar a la economía real, en particular a las pymes.

Finalmente, y aunque esto pueda ser más discutible, proponen un impuesto del 3 % para patrimonios individuales superiores a medio millón de euros, y superiores a un millón para matrimonios —impuesto a los ricos—. Este último punto puede generar mucha más controversia, pero también se admitirá que es el sector de la población que mejor está sorteando la crisis: en España sin ir más lejos, el número de ricos está aumentando mientras que la inmensa mayoría de la población, trabajadores, funcionarios, profesionales —médicos, profesores, jueces, etc.— y clases medias altas y bajas, la están pagando literalmente con sueldos inferiores y mayores impuestos.

Se supone dentro de esta propuesta, también, que la seguridad y rentabilidad garantizadas permitirían una financiación con muy baja prima de riesgo, y que  se generaría un volumen importante de inversión privada atraída por las nuevas oportunidades, etc., en otras palabras: efectos multiplicadores. Es interesante poner números a la propuesta. Utilizando los multiplicadores fiscales de la OCDE y estimaciones del volumen de financiación que podría generar directa e indirectamente dicho Fondo, el PIB europeo podría aumentar rápidamente y estabilizarse en una senda de crecimiento del 3 % sostenible a largo plazo. Además, se generarían de 10 a 11 millones de empleos directos, solo con las inversiones propuestas y en un plazo relativamente corto. También nos permitiría resolver el problema de falta de recursos energéticos y reducir a cero las importaciones de energía, lo que tendría ventajas políticas adicionales incuestionables.

Plan de inversiones

Por otra parte, esto es lo que permitiría abordar definitivamente el problema de las cuentas públicas: más actividad significa mayor recaudación fiscal, menores gastos en la cobertura por desempleo, y menores primas de riesgo. Y con el tiempo, estabilización de la deuda pública y reducción de su volumen. Y aunque esto no esté dentro de la propuesta, parece cada vez más claro que el problema no reside en un «mercado de trabajo inflexible», con muchos privilegios laborales, etc.: las reformas supuestamente liberales introducidas solo han conseguido aumentar el desempleo a niveles insoportables. El problema reside, más bien, por el lado de la demanda de bienes, y el gran freno está en la falta de competencia favorecida por monopolios y oligopolios de todo tipo (reconocido por el presidente de la Comisión Nacional de la Competencia), que están presentes en absolutamente todo nuestro modelo económico actual, y que nada tiene que ver con la tan falsamente cacareada libertad de mercado y capitalismo competitivo. Para los lectores que conozcan siquiera algo del sistema energético esto no será ninguna novedad, desde luego.

Este plan, sorprendentemente viniendo de los sindicatos, y precisamente alemanes, incide en este punto y de manera muy concreta: el mercado de bienes en general, y la ausencia de demanda. Y no proponen reivindicaciones directamente sindicales, sino un plan de inversiones, especialmente en energías renovables. Y por último, y esta es la aportación más importante, proponen un novedoso sistema de financiación perfectamente factible y detallado.

Políticas cortas de miras

Hay varias reflexiones finales que pueden hacerse. En primer lugar, cada vez hay más voces a favor de las renovables: los países emergentes, especialmente Latinoamérica, Obama y los EE.UU., Arabia Saudí y Oriente Medio, los países del norte y sur de África, y por supuesto la mayoría de los países europeos, y ahora también los sindicatos más poderosos de Europa. En segundo lugar, y si es tan obvio ¿quién o qué lo está impidiendo?, y la respuesta es también clara: monopolios y oligopolios de todo tipo, que se resisten a la competencia con todo tipo de medidas, incluidas presiones directas a los gobiernos que estos en muchos casos aceptan. Pero esta política es similar a la de la austeridad. A corto plazo les permite mantener sus gigantescos beneficios, pero si la sociedad y la economía continúan empobreciéndose, más pronto que tarde no quedarán consumidores que puedan adquirir sus productos y servicios.

Ignacio Mauleón

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Un comentario en “Una proposición alemana

  1. La competencia no es la solución, sino el problema. Es el error básico de un sistema llevado al límite y agotado. De ahí que la solución que proponen los sindicatos sea una banca pública (con otro nombre) que limite el poder del capital para salir de la espiral asesina de la competencia. Los detentadores de las grandes masas de capital jamás querrán hacer una revolución como la planteada por los sindicatos, porque simplemente les perjudica. Y no entiendo tampoco porqué es discutible el impuesto para las grandes fortunas ¿Es menos discutible la existencia de Paraísos fiscales y de organismos como las SICAV?

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