Renovables y empleo

La inversión en energías renovables tendría efectos inmediatos en la tasa de desempleo y facilitaría el despegue de nuestra economía.

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A nadie se le escapa que la situación socioeconómica española es dramática: con una tasa de desempleo superior al 25 %, la única política económica conocida del Gobierno es la reducción del déficit público, tanto por la vía de la disminución del gasto como por la del incremento de los impuestos.

Pero hay alternativas, destacando entre ellas la inversión en sectores nuevos y con futuro, uno de los cuales, a tenor de lo que ocurre en el mundo, es la economía verde y en concreto la inversión en energía renovable. Esta inversión, como cualquier otra, tiene efectos significativos en la economía y el empleo, algunos sencillos de cuantificar y otros más difícilmente. Queremos subrayar que aquí nos vamos a centrar solo en el aspecto diferencial de las energías renovables que otro tipo de inversión no aporta, siguiendo el análisis derivado de modelos económicos rigurosos aplicados internacionalmente, aunque no sea este el lugar para discutirlos en detalle —en concreto, modelos input-output, y modelos keynesianos de demanda, plenamente aplicables, dado el desempleo de recursos—.

Invertir en renovables tiene efectos inmediatos

Los efectos de la inversión se clasifican en directos, indirectos, e inducidos (Renewable Energy Jobs, IRENA 2011).

Los efectos directos de la inversión en energías renovables son inmediatos y claros: se requiere de aerogeneradores, paneles… para lo que son precisos ingenieros, operarios eléctricos, etc. Esto supone creación de empleo directo tanto en la fabricación como en la instalación.

Los efectos indirectos son los derivados de todas las adquisiciones realizadas en el primer paso: por ejemplo, un aerogenerador requiere acero y otros materiales eléctricos y metálicos para su construcción, además de transporte, preparación del terreno, etc., y por supuesto todo el personal requerido en estos procesos.

Estos dos tipos de efectos se pueden medir a través de las ‘Tablas Input-Output’, que están disponibles en la práctica totalidad de los países desarrollados. Y si bien al ser las renovables un sector nuevo la cuantificación de los coeficientes técnicos es complicada, lo que todos los estudios internacionales ponen de manifiesto es que la calidad y cantidad de empleo es mejor y mayor que el generado por otras inversiones: se demandan más empleos y con mayores cualificaciones profesionales, típicamente gran número de ingenieros superiores y operarios eléctricos especializados (véase el citado documento de IRENA).

Además, un punto clave aquí es que se trata de inversión nueva, es decir, que no se trata de sustituir un tipo de inversión por otro para después comparar cuál produce más efectos positivos: la actividad y empleo derivados en este caso son netos directamente —no hay costes de oportunidad—.

Efectos que generan rentas

Estos efectos directos e indirectos generan pagos a los empleados e ingresos a los empresarios, es decir, rentas, que a su vez estos destinarán a ahorrar, a sufragar impuestos y a adquirir otro tipo de bienes en general. Esto es lo que se denomina efectos inducidos, que aunque se sabe que pueden ser muy importantes, la medición concreta es difícil.

En el caso de las renovables, y especialmente en España, es clave tener en cuenta que nuestra dependencia energética del exterior ronda el 90 %: así, cualquier inversión en este sector crea empleos netos en España. Asimismo, la parte de renta dedicada a importar energía ahora se dedicará a adquirir bienes nacionales de todo tipo con los consiguientes efectos multiplicadores en la economía en general. Si además se consigue desarrollar una industria nacional, el efecto se dejará notar en un aumento en las exportaciones de bienes de inversión directamente, por ejemplo, aerogeneradores, o paneles solares. Y no solo eso, también las empresas pueden exportar conocimiento del sector obteniendo contratos en el exterior, como de hecho está ocurriendo, beneficios que al menos en parte revertirán en el país de origen, España en este caso.

Estos dos efectos son particularmente relevantes en las renovables, pues al tratarse de un sector nuevo y en fuerte expansión mundial, las empresas españolas todavía tienen ventaja comparativa.

Está claro, también, que esto solo es válido para los países que primero inviertan en renovables, como ha sido hasta hace poco el español. Debe señalarse asimismo, el ahorro de emisiones de CO2, lo que también supone un descenso en el pago que hay que realizar a Bruselas anualmente por este concepto.

Efectos financieros

Los efectos más difíciles de medir, pero muy importantes, son los financieros. En primer lugar está la cuestión obvia de cómo se financia esta opción activa de política económica. Puede ser vía ayudas estatales o préstamos del sistema financiero. Y aunque si se demanda más crédito en la economía esto supondría un aumento de los tipos de interés, la pertenencia a un área monetaria en la que España representa alrededor del 11 % del PIB, no puede dar origen a un aumento relevante.

Mucho más importante en el contexto actual puede ser el efecto sobre la prima de riesgo: en el momento en que se empiece a crecer y crear empleo, a generar el sentimiento de que España ha optado por una política económica proactiva, el riesgo-país disminuye —aunque solo sea por la reducción de la incertidumbre—, lo que inevitablemente tendrá que ser tenido en cuenta por los inversores internacionales, especuladores o no. Además, el déficit público disminuirá por el descenso de subsidios por desempleo, aumento de impuestos generados por la actividad renovable, etc. Este último efecto, aunque de muy difícil medición, puede llegar a ser enormemente relevante, pues implica que todas las empresas podrán financiarse más fácilmente en los mercados nacionales e internacionales, invirtiendo y creando más empleo y actividad en todos los sectores.

Un último aspecto a tener en cuenta: el autoconsumo residencial y para pymes industriales es ya factible y rentable en casi toda la península y en las islas Canarias y Baleares, de modo que empresas y particulares podrían financiarlo sin necesidad de ningún apoyo estatal ni préstamo bancario. Además, la Comisión Europea acaba de triplicar los fondos dedicados a financiar proyectos de renovación energética de edificios. Es falso e interesado que las renovables son caras y que aumentan los costes energéticos y particularmente el de la electricidad.

En este post solo hemos resaltado los efectos diferenciales de inversión en renovables por comparación a otro tipo de inversión, y es evidente que aunque en algunos casos son de difícil medición, pueden llegar a ser importantísimos. La última pregunta que queda es sencilla: ¿por qué la política energética del Gobierno está en contra de la competencia en el sector y de las energías renovables? ¿Por qué ha optado por imponer barreras administrativas al autoconsumo? ¿Por qué no aprovecha las ayudas europeas? Por qué, por qué, por qué…

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3 comentarios en “Renovables y empleo

  1. Pingback: El verde más allá del billete | Investigación F. ciencias (UNAM)

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