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Vehículos eléctricos: el principio del fin del petróleo

Mientras que el petróleo no tiene futuro, los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. 

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“No entiendo por qué la gente se asusta de las nuevas ideas. A mí me asustan las viejas”, John Cage, músico y artista del siglo XX. Esta reveladora frase puede servir para explicar cómo está actualmente el sector del vehículo eléctrico en estos momentos en España, y quizás también en Europa. El vehículo de motor convencional lleva tanto tiempo apegado a nuestro imaginario personal que al ciudadano de a pie aún le cuesta ver las evidentes ventajas del eléctrico. Es algo tan obvio que no nos lo acabamos de creer. Las pocas informaciones que aparecen en los medios de comunicación sobre vehículos eléctricos no ayudan. Que aún no están muy desarrollados, que tienen poca autonomía, que todavía son muy caros… Estos argumentos son peligrosos porque se están convirtiendo en tópicos, pero son fácilmente rebatibles.

El petróleo no tiene futuro

Las grandes firmas llevan años y años desarrollando modelos eléctricos porque saben que el petróleo no tiene futuro y que las Administraciones van a ser cada vez más duras con el tema de la emisión de gases. El vehículo híbrido puede que sea una transición hacia el eléctrico pero no es la solución, la evidencia acabará imponiéndose.

Lo de la autonomía es un argumento un tanto maniqueo. Un vehículo eléctrico tiene menos autonomía que uno de gasolina, cierto. Pero pensemos en los desplazamientos que realizamos la mayoría de nosotros a diario en nuestros vehículos: para ir a trabajar, para ir a comprar… ¿Cuántos kilómetros hacemos al día? ¿Realmente es tan importante la autonomía de un vehículo? Además la investigación e innovación en baterías y sistemas de recarga avanzan a un ritmo parecido al de las nuevas tecnologías.

En cuanto al precio, hay que decir que las diferencias de los vehículos eléctricos respecto a los de gasolina no son desorbitadas, y que está demostrado que el mantenimiento de un vehículo eléctrico es hasta tres veces más barato que el de un híbrido. Si lo comparamos con uno de gasolina, el ahorro es más que evidente. Un vehículo eléctrico apenas incorpora elementos mecánicos, lo que le hace prescindir de revisiones rutinarias de cambio de aceite, filtros, etc.

Crecimiento exponencial en ventas

Las ventas de vehículos 100% eléctricos aumentan cada año. Es cierto que nos movemos en cifras muy reducidas aún, sobre todo en coches. Pero el aumento es siempre exponencial. En 2012 se vendieron en España 22 coches eléctricos y solo en el mes de septiembre de este año ya se llevan vendidas 44 unidades. En motos eléctricas también estamos hablando de aumentos superiores al 100% en ventas respecto al año pasado. Pero todavía no vemos una “invasión” de vehículos eléctricos en nuestras ciudades. ¿Por qué? La mayoría diría que aún es pronto, que se trata de un mercado joven o que es difícil arrancar el sector a causa de la crisis. Pero lo cierto es que ya tardamos y que se trata precisamente de un sector por el que apostar e invertir, porque si algo tienen los vehículos eléctricos es futuro. Y ahora es el momento.

Muchos expertos del sector coinciden en que la irrupción definitiva de los vehículos eléctricos en el mercado particular ha de pasar irremediablemente por tres fases. En la primera fase las administraciones públicas deben apostar claramente por el vehículo eléctrico en sus flotas municipales. Esto ya está pasando. Todavía está por ver si se trata de una apuesta clara o un simple gesto ecologista para ser los más modernos. Pero, por ejemplo, en Barcelona más de la mitad de los vehículos de la flota municipal ya son 100% eléctricos, y hace poco la empresa municipal de transportes (TMB) anunció que disponía de un autobús eléctrico en fase de pruebas para incorporarlo a la linea comercial.

Una segunda fase pasa por que las grandes compañías incorporen vehículos eléctricos en sus flotas. Esto también está pasando aunque en menor medida que en las administraciones. Seur ya cuenta con un servicio de motos eléctricas en Madrid para el reparto de paquetería de menor tamaño.

Y la tercera fase antes de normalizar el vehículo eléctrico entre los particulares pasa por que las pequeñas y medianas empresas incorporen los vehículos eléctricos para sus desplazamientos. Algunas empresas han tenido visión de futuro y ya lo están haciendo.

Todos lo queremos

Según la empresa de estudios de mercado GfK, el 46% de los conductores españoles optaría por un coche eléctrcio en su próxima adquisición. En definitiva, se trata de dejarse llevar por la evidencia y dar el paso hacia el cambio. Más de 100 años apegados al petróleo son muchos y seguro que no va a ser rápido, los vehículos de gasolina no van a desaparecer mañana, pero los vehículos eléctricos ya están aquí, y por suerte, para quedarse. Así que cuanto antes nos quitemos la venda de los ojos, mejor para todos.

Vehículos eléctricos

Renovables y ahorro: 1 + 1 = 4

El REN21, una organización internacional independiente dedicada a analizar y publicar informes sobre el estado y  la evolución prevista de las renovables en el mundo, ha publicado recientemente su Renewables Global Status Report para 2011. En él se destaca que, pese a la crisis europea y las inseguridades en los mercados financieros mundiales, la inversión mundial en energías renovables creció un 17 %. Más concretamente, en electricidad y por cuarto año consecutivo, la mitad de las nuevas inversiones lo fueron en energía renovable, y precisamente en Europa en su mayor parte.

Renovables: más por menos

Este año, además, el informe apunta un nuevo aspecto. Cuando se establecen objetivos para renovables suelen ir acompañados de recomendaciones simultáneas sobre ahorro de energía en varios frentes. Pero en el caso de las renovables, no se trata simplemente de la sustitución de energías fósiles y nuclear convencionales por renovables, sino que son precisamente las renovables las que permiten obtener los mismos servicios energéticos con menor volumen de energía. En otras palabras, más por menos.

Hay dos ejemplos inmediatos de cómo ocurre esto:

  1. El autoconsumo
  2. El transporte

El ahorro del autoconsumo

El ahorro se produce por dos razones, y la primera es que se evitan las pérdidas por el transporte de energía a través de las redes eléctricas, que pueden llegar a suponer el 10 o el 15 % de la electricidad total, y que se pierde en generación de calor no recuperable. Pero es que, además, se evita el despliegue de costosísimas redes y su posterior gestión, siempre compleja.

Dada la intermitencia de las renovables, esta solución generalmente tiene que ir acompañada de dispositivos de almacenamiento energético para adaptarlas a los patrones de la demanda. En el caso del autoconsumo estricto, los excedentes no pueden ser almacenados en la red ni tampoco vendidos. Pero existen ya métodos cada vez más asequibles y eficientes de almacenamiento en pilas tradicionales de ion-litio, y se están desarrollando rápidamente las pilas de hidrógeno y el almacenamiento en depósitos de aire comprimido, lo que puede llegar a garantizar el suministro durante algunas semanas.

El ahorro del transporte

En el transporte de personas y mercancías el ahorro se produce porque el motor de combustión tradicional, por más eficiente y avanzado que sea, pierde el 80 % de la energía generada en calor no recuperable. En el caso del motor eléctrico, por contraste, esta pérdida se reduce al 20 %. Más todavía, se están investigando y desarrollando activamente soluciones renovables para el transporte marítimo. De hecho, existen ya diseños que utilizan las velas tradicionales con paneles fotovoltaicos incorporados, e incluso extensas velas que podrían desplegarse a gran altura, empleando nuevos materiales para su diseño y enlace con las embarcaciones (de hecho, alguno de estos diseños están ya funcionamiento en Australia).

Y finalmente, y si tenemos en cuenta que un dispositivo de almacenamiento para la energía generada en régimen de autoconsumo pueden ser los propios vehículos híbridos o eléctricos privados, el ahorro es doble: 1+1=4.

Cuesta trabajo creer que personas con poder decisorio, y a las que se les suponen unos conocimientos básicos de economía, no entiendan argumentos tan sencillos y las innumerables ventajas de las renovables.